Kimono

Sumary: Sora está preocupada porque falta poco para el desfile de modas y, aunque tiene su kimono terminado siente que todavía le falta algo y no sabe qué es.

—¿Estás tratando de probar si tienes poderes psíquicos? —le preguntó Taichi con tono burlón.

Sora no pudo evitar sobresaltarse. Su novio había estado al lado de ella durante un largo rato, pero no había sido consciente de su presencia hasta que lo escuchó hablar. El susto que experimentó fue reemplazado rápidamente por enojo.

—¡No estaba haciendo eso! ¿Quién haría algo así?

—Cuando era niño intenté volar como Goku, me hice varios raspones, pero estoy seguro de que lo hubiera logrado si me hubieran enseñado a usar el ki.

La mirada de Sora volvió a posarse sobre el vestido. Tenía la sospecha de que Taichi quería animarla, pero no creía que fuera suficiente. No necesitaba distracciones, necesitaba terminar el kinomo antes de la fecha límite. Revisó los patrones, había incluido todo lo que planeó en sus diseños originales. En su momento se había sentido satisfecha con su idea, pero esa sensación desapareció cuando vio el resultado final.

—Ponte esto —le ordenó a Taichi.

—Sé que no sé mucho de moda, pero creo que eso es un poco femenino para mí.

—Se supone que debe serlo, es un kimono de bodas… para el desfile al que fui invitada —agregó al ver la reacción de Taichi —. Se supone que ya está terminado, pero creo que le falta algunos detalles.

—A mí me parece que así está más que bien, incluso me gustaría que lo usaras en nuestra boda.

Sora se sonrojó. No era la primera vez que Taichi le hablaba de boda, pero no podía evitar reaccionar de ese modo. No era que le desagradara la idea, por el contrario, incluso habían hablado de vivir juntos, el problema era que tenía miedo. Pensar en matrimonio la hacía pensar en divorcio y temía que ese fuera el destino para ambos y que el amor que se tenían no sería suficiente.

—¿Sabes qué diría Mimi si lo viera? —Taichi continuó hablando.

—¿Qué le falta brillo? —preguntó Sora un tanto indecisa. La idea de ponerle brillo había pasado por su cabeza, pero no estaba segura de si debía colocarlos en la faja o utilizar una flor en su lugar.

—Tal vez, pero creo que definitivamente querría usarlo para su boda. Ella es tu fan número uno.

Sora sabía que Taichi no decía eso solo para animarla. A Mimi le gustaba comerciar con cosas que le parecían bonitas y sus vestidos habían estado en su catálogo de ventas incluso desde antes que decidiera dedicarse formalmente a la confección o especializarse en kimonos matrimoniales.

—Yo le pondría unos guantes de esos que van desde el codo, pero que no tienen dedos y son de red, también una falda más corta.

Sora intentó imaginar lo que Taichi había sugerido, pero no pudo. Las risas le impidieron seguir visualizando el vestido.

—No creo que sea lo más apropiado para una boda o para un kimono.

—Entonces le dibujaría una cancha de futbol o cortaría los lados para que puedan verse las piernas y sea más fácil caminar.

Sora negó con la cabeza. Todas esas ideas le parecían terribles y se lo hizo saber a Taichi. Trató de explicarle sobre el diseño de los kimonos, pero después de unos minutos supo que era una mala idea. Se sintió un poco molesta, pero no demasiado al recordar que ella solía hacer lo mismo cuando le hablaba de derechos y leyes.

Observó su vestido una vez más y pensó que Taichi no se veía mal en él. Le pidió que lo modelara y no pudo resistir el impulso de tomarle una fotografía sin que él se enterara.

—¿Qué piensas? ¿Crees que tengo futuro como modelo?

—Creo que ya sé lo que le falta —comentó Sora divertida. Prefería no decirle a Taichi que no tenía ninguna gracia a caminar y enfocarse en el diseño de su kimono y en la idea que su novio le había dado indirectamente.