El jugador

Summary: Haru es un tipo extraño, o al menos eso era lo que Taichi pensaba cuando lo conoció.

Advertencia: Universo alterno.

Haruka era un tipo extraño, o al menos eso era lo que pensaba Taichi. Había demostrado ser el más aplicado en el campamento. Siempre era el primero en levantarse y también elo último en acostarse. Entrenaba hasta altas horas y tenía una resistencia más alta, mayor al promedio, pese a su contextura delgada. Solía evitar las duchas cuando estaban ocupadas y constantemente parecía que le dolía la espalda.

Un día tuvo que salir en medio de uní de los partidos de práctica y Taichi supo que algo andaba mal. Haruka podía ser extraño, pero amaba el fútbol y siempre daba más que el 100%, incluso durante las prácticas. Decidió seguirlo y grande fue su sorpresa cuando lo encontró en los vestidores.

La espalda de Haruka tenía unas marcas que le parecieron dolorosas. No sangraban, pero tenían un tono rosado y la inflamación era más que notoria.

—¿Estás bien? Puedo ayudarte con el ungüento.

Haruka cubrió su pecho y fue en ese momento que notó algo que había ignorado al enfocarse en las marcas de la espalda. Haruka tenía cintura. Esta era demasiado estrecha para pertenecer a un hombre y menos a uno tan robusto como lo era Haruka.

—¡No me mires!

Taichi cubrió sus ojos de inmediato. Aquella voz era demasiado femenina y le resultaba evidente que Haruka, si ese era su nombre, también lo era.

—Descuida, tengo los ojos cerrados y no vi nada. Te vi correr y me preocupé.

Taichi abrió los ojos cuando estuvo seguro de que Haruka estaba vestida. Nuevamente tenía su aspecto robusto y varonil. Taichi se sintió como un tonto al no notar sus facciones, en ese momento le parecían tan femeninas que no podía entender cómo lo había ignorado por tanto tiempo.

—Entiendo si me delatas —era evidente que Haruka estaba conteniendo su enojo y vergüenza.

—¿Y perder a nuestro mejor jugado?

Haruka se mostró sorprendida.

—Planeo retirarme mañana, es el último día de la apuesta. Haru es mi hermano gemelo y es él quien debería estar aquí.

—Más motivos para no delatarte, pero te pondré una condición.

—¿Cuál? —preguntó la mujer con cautela.

—Que me digas tu nombre y aceptes entrenar conmigo.

—Esas no dos condiciones —la pelirroja se veía más tranquila —, pero acepto, me gusta tener a alguien que sea un desafío. Mi nombre es Sora.

Taichi y Sora regresaron al entrenamiento. Varios de los compañeros se mostraron preocupados, pero Taichi se encargó de calmarlos y convencerlos de que todo estaba bien. Sus excusas no eran muy buenas, pero era Taichi y la idea de que él pudiera mentir era incluso más absurda.