Capítulo 2

Un encuentro predestinado o mera casualidad.

El agua caía a cantaros de la regadera recorriendo su tonificado cuerpo a causa del entrenamiento físico auto impuesto que había nacido de aquel incidente, envolviéndose así mismo en un fuerte abrazo, en pro de intentar suprimir sus recuerdos indeseados, pero sus intentos eran más que infructíferos, después de todo, entre más te fuerces a olvidar algo, más difícil se volverá hacerlo, tal crueldad es la naturaleza de la mente humana, empeñada en recordar los agrios momento de la vida, en un intento de prevenir que sucedieran de nuevo y aprender de ellos, aunque eso no evita del todo, que vuelvan a suceder u olvidemos lo aprendido, después de todo, el humano es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra, por suerte ese bastardo fue capturado por las autoridades, y juzgado pertinentemente por más de 12 caso de abuso, era un pensamiento que lograba tranquilizarlo.

Hikigaya Hachiman levanto la vista hacia la regadera, el agua chocaba con su poco agraciado rostro, estaba consciente de que no había sido bendecido por una buena genética, pero tampoco se podía catalogar como mal visto, sino fueran por sus peculiares ojos, pasaría como cualquier hombre común, aunque nunca lo admitiría, en especial ante cualquier fémina que intentara degradarlo por su apariencia, además me gustaban estos ojos podridos de pez muerto, ya que me habían ayudado a convertirme en lo que soy.

Cerrando la pluma de la regadera el flujo del agua ceso, lo siento agua chan fue divertido mientras duro, no eres tu soy yo.

Era hora de alistarme, tomando mi toalla de baño emprendí mi camino hacia mi habitación, para completar los preparativos previos para partir hacia la escuela, los cuales eventualmente se volverán una rutina, mi uniforme de Sobu High, descansaba pulcramente sobre mi cama, pero no recordaba haberlo sacado del closet, una leve y cariñosa sonría, espeluznante para un tercero se esbozó en mi rostro.

-Esos son unos cuantos puntos Komachi-

Se dijo así mismo, colocándose su uniforme el cual era ni demasiado holgado ni demasiado ajusto, le quedaba perfecto, saliendo de mi cuarto descendiendo por las escálelas me dirigí hacia el comedor, allí una enérgica Komachi, en esperaba con el desayuno que ella misma había preparado, aunque me molestaba un poco su elección de ropa, la cual solo consistía en una camisilla sin mangas esmeralda con unos shorts beige, y sobre ella un delantal blanco teñido un poco con comida, que de frente provocaba la elución óptica de un delantal desnudo.

- ¡oh!, como me veo-

Cuestiono Komachi con dicha dando una vuelta completa con la elegancia de una bailarina, ¡oh! Voz eres la más hermosa hermanita del mundo si no fuéramos hermanos, me declararía, y seria rechazado inmediatamente, tengo que ser realista después de todo.

-Sí, si eres la más linda de todas-

Respondí con un poco de actuado desinterés, no necesitaba aumentar su ego más de lo que ya está.

- ¡Uh!, si lo dices así suena poco sincero, gomi-chan-

Respondió Komachi con el ceño fruncido, ¡oh!, esa mirada se siente bien, ¡espera que!, ¡nooooooo!, me niego a ir por el camino del masoquismo, mi nombre no es Taro Sadou.

-Toma tu desayuno oni-chan-

Si eso pensaba mi pequeña hermanita, pero hay un problema, el amo y verdadero señor de la caza, Kamakura sama esta en mi puesto, ¡oh! Gran y misericordioso señor que me honras con tu presencia, por favor escucha la súplica de este indigno súbdito, y concédeme mi lugar para tomar mi pan de cada día, mental mente predique hacia mi verdadero señor, Kamakura me observó con mirada escrutiñadora, evaluándome para ver si era digno.

-Miau-

No se dio a esperar su respuesta, la cual en su infinita sabiduría cuestionaba, ¿qué me darás a cambio?

¡Oh!, Kamakura-sama, este fiel sirviente, le dará un tazón de la mejor comida para gato Don Cat, y un tazón de leche deslactosada y tibia como le gusta, aparentemente complacido con mi respuesta Kamakura-sama me dio la bendición de entregarme mi lugar.

-Oni-chan, deja de jugar con ka-kun y toma tu desayuno que Komachi, puso todo su amor en él, ¡kyaa!, esos son muchos puntos Komachi-

-Si son un montón de puntos-

Dije mientras tomaba asiento y devoraba mi desayuno.

Saliendo de mi hogar me dirigí hacia la escuela en mi querido Rocinante, mi fiel corcel de acero, era aún temprano en la mañana, las únicas almas que deambulaban por las calles eran los penitentes esclavos asalariados dirigiéndose al metro u la parada de autobuses más cercana, mientras los más privilegiados conducían en sus automóviles, además de una extraña chica de cabellera castaña y pijama con corazones rosados, paseando a su perro un Dachshund marrón, pero te preguntaras, Hikigaya, ¿qué hace dirigiéndote a la escuela tan temprano?, no, pues no me importa, lo diré de todo modos, lo hago ya que tengo que presentar el discurso de apertura para el estudiantado, por haber logrado obtener el primer puesto en los exámenes de ingreso, las ventajas de tener mucho tiempo libre para estudiar, supongo, aunque preferiría no tener tal honor, sobre todo por esa Sensei de literatura moderna que estuvo a cargo mío para preparar el discurso de antemano, decir que era entrometida era un eufemismos, me hostigo hasta que escribiera un discurso donde exaltaba el trabajo duro el compañerismo y la magia de la amista, ha voy a vomitar arcoíris, como se llamaba, Hisoka, Hyomi, Hyrasake, al diablo la llamare súper woman shonen, como si fuera a predicar tales tonterías, tengo mi propio discurso personal que dar, ¡wuajajajaja!.

- ¡sable! –

El lamento de aquella extraña chica como el rechinar de los neumáticos de una limosina negra que se acercaba, me sacaron de mi malvado monologo, mi cuerpo demostrando tener conciencia propia me obligo a lanzarme antes de siquiera pudiera procesar lo que estaba pasando, te maldigo cuerpo, tomare nota, ¡deshonra para tu familia!, ¡deshora para tu vaca!, ¡espera es mi propia familia!, con el perro en mi poder, pude divisar la expresión de sorpresa del viejo conductor, que en un intento de evitar el inevitable lo inevitable, había accionado el freno del vehículo, pero era tarde, no se detendría a tiempo, y yo no podría escapar, en un intento de amortiguar el golpe todo lo que se pudiera salte mientras aseguraba mi cabeza junto al perro que tenía entre brazos y contraía mis piernas en el aire, (se hiso bolita), mi espalda impacto directamente en el parabrisas de la limosina, pude escuchar el resquebrajamiento del cristal, así como el dolor atenuado por la adrenalina de mi cuerpo, por surte la limosina había perdido suficiente velocidad, disminuyendo la fuerza del golpe, aun así fue suficiente para mandarme despedido 4mts de distancia del coche.

-Estas bien-

Escuche de fondo mientras me intentaba levantar un tanto aturdido, por suerte mi uniforme solo se había ensuciado un poco, pero aun tenia al perro entre mis brazos, el cual no paraba de moverse e intentar lamer mi rostro, (suspiro), espero que Kamakura no vea esto.

Antes de poder levantarme del todo sentí un temeroso y suave agarre en mi brazo, y un nauseabundo sentir broto en mi como una ira primigenia.

- ¡No me toques! -

Vociferé con todo lo que mi voz, irregular, igual que mi respiración, me permitió, apartando a su vez aquella mano invasora.

-L.… lo siento-

Llego una lamentable disculpa a mis oídos, y poniendo atención a su fuente, la vi, la misma chica extraña que había estado paseando a su perro, sus ojos estaban acuoso, seguro al borde de las lágrimas, pero tenían un toque de preocupación y miedo cuando capto mi mirada.

- ¡Eres su dueña, ten más cuidado para la próxima! –

Le di una fuerte reprimenda mientras le entregaba a su animal, ella lo acepto con un aspecto un tanto temblorosa, bien, el miedo le enseñara a tener más cuidado con su mascota la próxima vez, con eso me dispuse a partir.

- ¡Hey! chico está bien-

Llego a mis oídos la voz madura de un hombre adulto, podría imaginarme que se trataba del chofer de la limosina.

-Si-

Respondí sin voltearme dirigiéndome hacia donde había dejado mi fiel Rocinante.

-Chico es mejor esperar un momento para-

- ¡no! –

Respondí interrumpiendo al hombre mayor.

-No tengo nada porque esperar ni el tiempo, y déjeme decirle que no pienso pagar por el parabrisas de su coche, ya que el semáforo estaba en rojo y usted iba con un claro exceso de velocidad cerca de una zona peatonal-

- ¡Que!, no es eso niño, deberías esperar la ambulancia para que te revisen correctamente-

Respondió el anciano con fervor.

-Ya dije que estoy bien-

-(suspiro) los chicos de hoy-

Reprocho el anciano y sin más que decir monte mi corcel y me fui de ahí lo más lejos posibles o eso esperaba, solo dos cuadras después mi respiración se había vuelto demasiado errática y el dolor se había acentuado más con la adrenalina fuera de mi sangre, obligando a descansar en un banco cercano.

-(suspiro)-

Solté un largo y agotador suspiro, el dolor era mayor de lo que esperaba, elevando mi mirada hacia el cielo matutino, parece que no poder llegar a tiempo e impartir mi sabiduría con todos los estudiantes, una verdadera lástima.

-Disculpa-

Capto mi atención la misma tenue voz de disculpa de antes, que quera ahorra.

-Si-

Respondí poniendo mi atención a la fuente de la voz, y allí estaba ella, la misma chica de antes, no lo había notado antes, pero era bastante atractiva, tenía una inusual tonalidad de ojos cafés, que bajo cierta luz podría llegar a ser incluso rosados, y su cabellera castaña en un peinado de bollo enmarcaba su agraciado rostro, y como guinda del pastel, un nada modesto cofre, ¡era la legendaria japonesa con senos grandes!, ¡pensaba que solo era un mito!, ¡el pokemon legendario esta frente a mí!, ¡y no tengo mi pokebola!, oh dios las chicas de hoy en día se desarrollan demasiado rápido ¿verdad?, (suspiro) ya me estoy espaciando.

-Yo quería agradecerte por salvar a mi sable y disculparme por todo lo que paso-

Dijo la chica acercando al susodicho animal cerca de su pecho, vamos eso es claramente una violación hacia la decencia publica, donde está un oficial cuando se necesita.

-De nada, si eso es todo mejor que te vayas-

Respondí con un tono poco amistoso, pero la chica ni se inmuta.

-Este, me preguntaba si había algo que pudiera hacer para compensar lo sucedido-

Oh esas palabras, había visto suficiente material de investigación para saber cómo terminara esto, ¡uf! como si esta mierda pasara, pero ya que estaba dispuesta iba a aprovechar

-(suspiro), dime-

Corte rápidamente asiéndole un gesto con la mano para que entendiera que le estaba preguntándole su nombre, acción que la confundió por unos segundos antes de darse cuenta a lo que quería llegar.

- ¡Ah!, Yuigahama, mi nombre es Yuigahama Yui-

Respondió con un renovado espíritu, de donde saco tanta energía tan repentinamente.

-Bien Yuigahama-san, conoces alguna máquina expendedora cercana donde venda café-Max, te agradecería que me compraras uno, ya que estoy un poco adolorido como para levantarme actualmente, te pagare por ello claro está-

Cuestione tronándome los huesos de la espalda y el cuello con un fuerte sonido, ¿debería ir al hospital?, nah, estaré bien, probablemente.

-Café-Max, ummmm…-

Dubitativamente Yuigahama los pensó por unos segundos, hasta que pareció encontrar la respuesta, juro por Kamakura-sama que vi un bombillo encenderse sobre su cabeza.

-Es ese café demasiado dulce que viene en una lata amarilla cierto-

-Ese mero-

Respondí afirmativamente.

-Y bien conoces algunas-

- ¡Sí!, espera aquí no te vayas a ir quieres-

-No te preocupes dudo mucho poder hacerlo por un rato-

Respondí con un leve sarcasmo.

-Bien no me tardo-

Dijo mientras se daba media vuelta y empezaba a alejarse, solo dio unos cuantos pasos antes de volverse hacia mí.

-Disculpe, podrías cuidar a sable, mientras voy-

-Supongo que si-

Respondí brevemente

-Sable se un buen chico y no le causes problemas-

Le dijo a su mascota mientras me hacía entra de él, y con eso el manojo de energía que era Yuigahama se perdió de mi vista, dejándome solo con sable.

-Tu dueña tiene demasiada energía no crees-

Sable por su parte solo respondió ladrando animadamente mientras intentaba lamer mi rostro.

Si de tal dueño tal mascota.

Poco tiempo después volvió con una lata de café-Max en la mano y en la otra una de limonada.

-Toma-

Me dijo mientras me hacía entrega del café-Max, yo por mi parte intente pagarle por mi bebida, pero ella se negó fervientemente, bien por mí, las cosas saben mejor cuando son gratis, y así un silencio incomodo cayo entre nosotros mientras tomábamos nuestras bebidas, el único ruido era el ladrido puntual de sable, una vez termine mi bebida me dispuse a irme ya había perdido demasiado tiempo.

- ¡Eh!, ya te vas-

Cuestiono una sorprendida Yuigahama, al verme levantarme y comenzar a alejarme sin decir nada.

-Sí, se me hace tarde-

Respondí rápidamente.

-Pero todavía falta media hora para que inicie la escuela, y esta lastimado-

Como sabia ella sobre ello, bueno no importaba.

-Tengo algo que hacer, además pasare por la enfermería cuando llegue-

Respondí un poco molesto, y sin decir más comencé a irme de nuevo antes de ser nuevamente detenido

- ¡Espera! –

Llamo afanada.

-¿Que?-

-¿Podrías decirme tu nombre?-

-¿Por?-

Cuestione inquisitivamente.

-Yo, solo quisiera saberlo-

Respondió con nerviosismos y un leve sonrojo en su piel blanca almendra.

-Yuigahama-san, déjeme decirle algo, mi nombre es irreverente-

Interpuse un breve silencio para que las palabras se asentaran

-Y sabes ¿Por qué? -

-No-

-Porqué se lo puedo asegurar que no nos volveremos a vernos u interactuar entre nosotros, yo ayude a su perro y tú me ayudaste, estamos a manos, no se tiene que ver obligada a interactuar conmigo por un superficial de deuda, en cuanto a porque le pregunte el suyo, no se preocupe, porque soy malo con los nombres, y le aseguro que la olvidare rápidamente, es igual con todos-

Musite lo ultimo

Yuigahama se quedó allí mirándome como si fuera de otro planeta junto a su perro, parecía que quería decir algo, pero ante que lo hiciera la interrumpí con el remate final.

-Adiós Yuigahama san-

Y sin decir más subí a mi Rocinante y me fui lo más rápido que pude, con la certeza que nunca la volvería a ver, y esto lo sabía por experiencia, ¡oh! Pero que tan equivocado estaba.