Interludion

Su historia

Corría su Segundo año de secundaria, las pacificas nubes surcaban los cielos con pasibilidad en el inmenso mar celeste del infinito cielo. Hikigaya yacía allí de espalda contra el verdusco césped, su uniforme rasgado y sus moretones del rostro hablaba de su precario estado habiendo sido apaliado por estereotipo de matones, en un intento por ayudar a un chico intimidado por ellos, se usó así mismo como sacrifico, ya era una costumbre para él, nada de otro mundo, el chico, poco tonto corrió apenas vio la oportunidad de huir, nunca se volverían a encontrar, nunca lo hacía, esta vez no sería diferente.

-Por suerte tengo varios uniformes de repuesto-

Se dijo así mismo mientras se reincorporaba, tomando su mochila con rumbo previsto hacia los baños para poder así cambiarse, el alumnado a su alrededor le habrían paso como las aguas del mar rojo, susurrando a su espalda fantástica historia sobre su comportamiento vil, ¡ja! Solo un montón de viejas chismosa cotorreando entre sí, no saben más que repetir lo que otros han dicho, pero bueno, no era de importancia para él.

Dentro de uno de los cubículos del baño, procedió a cambiarse. Su fornido y resistente cuerpo mostraba aquí y allá violetas mancha testigo de dolor.

-Esta vez será más difícil de esconder-

Se dijo así mismo contemplando sus moretones, pensando en la perorata que le daría Komachi, por estar metiéndose donde no debía. Ella le diría que decirle a un profesor sería la mejor formar de actuar, y tal vez lo seria en un mundo perfecto, la verdad es que en la mayoría de los casos solo amonestaría insinceramente a los matones, para después desechar los problemas debajo de la alfombra, donde pulularían atormentando a otros en su sombra, y a aquellos que si les importaban lo suficiente como para hacer algo no tenían el poder de cambiar la misántropa del hombre, y allí entraba él, él podría cargar con todo dolor, después de todo, si no era él, ¿Quién lo haría?, arrogantes e ingenuos pensamientos, que, inconscientemente prefería ignorar dándole así un sentido de ser, un sentido de deber, un sentido de realización, en el sin sentido de las cosas.

Con su nuevo uniforme un tanto arrugado por estar guardados en su mochila puesto, acudió de nuevo a su salón de clase, tomando su lugar en la parte más alegada de este recinto, sin advertir su presencia a ninguno de sus compañeros o eso creía él.

-Hey, Hikigaya-

Llamo una de sus compañeras, de sedosa cabellera de hilos castaños que descendía suavemente hasta la altura de sus hombros y sus vibrantes ojos canela brillaban con imperativa energía en su rostro esculpido en mármol, como su esbelta figura femenina adornada con su uniforme de marinerita le otorgaba una belleza única, su nombre susurrado en el aire escapo de mis labios inconscientemente, orimoto, como los santos ángeles dicho, su relación extraña era, no tan legos como para ser un desconocido, no tan cerca como para llamarla un amigo, conocido tal vez sería la mejor forma de describirla, ya había pasado medio año desde que comenzó a interactuar con ella, una interacción salido de la nada.

- ¿Dónde te habías metido?, y ¿qué pasa con todos eso moretones? -

Dijo acariciando mi rojiza mejilla, y contra toda mi voluntad, mi corazón acelero con ritmo asiduo ante el inesperado toque, ¿por qué hacía esto?, ¿Por qué insistía tanto en nuestras interacciones?, en mí, alguien condenado al ostracismo eterno, eran preguntas que carcomían mi mente, en busca una respuesta lógica a su ilógico comportamiento.

-Estaba librando una batalla contra un payaso con complejo de revolucionario-

Dije en broma en un intento de cambiar la conversación y tan bien-

-Pfff, jajajaja-

Soltó una carcajada, melodiosa voz me embeleso, eso era lo que estaba buscando, sin advertirlo había tomado un gusto a su voz, una adicción peligrosa, que me había llevado hasta el fondo en busca de cualquier cosa que pudiera hacerla sonreír, era como Sun Wukong atrapado en su palma

-Acaso eres una especie de vigilante nocturno-

Respondió ella entre risas

-Quien sabe-

Respondí encogiéndome de hombros en un claro intento de finiquitar esta conversación, su mente le gritaba que debía alegarse de ella acabar esta extraña relación, pero su corazón estúpido órgano del cual los romancistas atribuían los sentimientos, nublaban mi juicio en la espesa bruma del sentir humano.

-Oh si, Hikigaya-

Exclamo la vibrante chica golpean la palma de su mano con su puño.

-Podrías prestarme tus apuntes de literatura, estoy un poco atrasada-

Suplico con ojos de cachorro, el cínico en mi interior alegaba que no debía hacerlo, que posiblemente solo era alguien conveniente para ella, pero mi irracional sentimientos lo aislaba en campos de concentración especialmente dedicado a tales pensamientos.

-Claro-

Respondí estúpidamente ansioso de reconocimiento de su parte, de sentimientos que negaba inútilmente germinar, verdaderamente soy idiota tropezando una y otra vez con la misma piedra, una definición de locura, lo sabía y a la vez lo ignoraba.

-Gracias Hikigaya, sabía que podría contar contigo-

Anuncio con una dentuda sonrisa de oreja a oreja, pude sentir mis mejillas calentarse, mientras el tirano de mi corazón clamaba victoria sobre mi razonar yo.

-Todos a sus puesto-

Anuncio el maestro entrando al aula.

-Bien, abramos luego Hikigaya-

Contemple su espalda mientras partía, sumido en un onírico sueño, al momento de tomar asiento, una de sus amigas sentado al lado suyo pareció cuestionarle algo, orimoto solo asintió en confirmación ante cuales fueran sus palabras.

…..

El crepúsculo se cernía sobre el mundo, en los últimos momentos de su inefable fin. Mi Rocinante, fiel compañera ahora se hallaba libre del yugo del establo de aluminio y de acero donde reposaba, a mi lado me acompañaba sin queja alguna mientras me disponía de marchar a mi casa.

-Hikigaya-

Llamaron a mis espaldas, al instante la reconocí.

-Orimoto-san-

Respondí posando mi atención de donde provenía aquella familiar voz. Allí se hallaba la fuente de mucha de mis raras preocupaciones, la joven que había nombrado.

-Creí que tenías horas de club-

Cuestione.

-Bueno si, debería, pero Haku sempai, dijo que lo cerraría temporalmente así que estoy libre-

Respondió sin demora frunciendo el puente de su nariz levemente, algo que solía hacer cuando algo la molestaba.

-Veo, quieres ¿qué te acompañe hasta la estación? -

Cuestione cambiando de tema, sabiendo que el cierre temporal de su club la perturbaba un poco.

-Claro que me gustaría-

Respondió sin demora.

-A pesar de todo, estas hecho todo un caballero, no es cierto Hikigaya-

me sentí incomodo ante esa imagen que parecía tener de mí, cuando en verdad tenía motivos ulteriores detrás de escena, ignorando mi debacle golpeo su codo contra mi costilla juguetonamente.

-B…bueno tengo que serlo mi madre me adoctrino demasiado bien-

Me escude con tales palabras sabiendo que no eran ciertas, mientras seguía su ritmo pausado de caminata con rumbo hacia la estación donde tomaría el tren a su hogar.

-Hikigaya, ya oíste la nueva canción de BTS-

Dijo matando el silencio entre nosotros, sacando su celular inteligente de su bolso con un par de audífonos.

-No-

Respondí, observando con curiosidad lo que estaba haciendo

-Sí, eso pensé, ten-

Dijo extendiéndome uno de sus audífonos mientras ponía a reproducir cierta canción en su lista de reproducción, tal acción tuvo como consecuencia que tuviera que acercarse demasiado para mi culposo gusto, el olor del su perfume penetro mis fosas nasales junto con el olor a vainilla de su castaña cabellera. Ante tal situación no pude prestar atención a la canción, tampoco es que hiciera el intento, sus hipnóticos labios color cereza me tenían a todo con cada movimiento mientras parecía tararear aquella canción. ¡Oh!, tiempo, dama cruel que avanzaría sin reparo alguno, ignorante de nuestra inherente apatía del cambio de las cosas, avanzarías sin importarle los desastres, las perdidas, los deseo de todo aquel victima suya.

Con la estación de trenes a la vista supe que esto marcaria mi interacción con ella por el día de hoy, ya que no solía hablar con ella mucho vía mensaje, lamentándome del corto momento por el que estuve a su lado.

-Y ¿Qué te pareció? –

Cuestiono orimoto, sacándome de mi ensueño

-Fue buena-

Mentí con una respuesta que sabía que la complacería

- ¡verdad que sí! -

Respondió con los ojos de un fanático.

-Llegamos-

Pesimistamente.

-Oh si-

Respondió ella con un leve decaimiento en su acto.

-Hasta mañana Hikigaya, disfrute nuestra caminata-

Con esas palabras desapareció entre la multitud, dejándome allí confundido sin saber cómo sentirme, ¿que era esta molestia que estaba sintiendo?, ¿cuál era ese deseo de decirle las palabras prohibidas?, ¿porque estaba tan melancólico?, ¿Qué ganaba ella de todo esto?, ¿acaso copiar debes en cuando mis notas era suficiente incentivo para que interactuar conmigo?, ¿acaso podría haber una razón?, no, siempre hay una razón, pero …..tal vez ella, no acaso no has aprendido nada, pero… y si, si, de mí.

….

Al día siguiente le pedí un poco de su tiempo. Me encontraba ahora contemplando el atardecer, sombras moribundas acechaban el aula en ausencia de la luz, siendo testigos de nuestras dos figuras, orimoto me miranda con una sonrisa conflictiva, con la premonición del saber del porque estaba allí, dicha sonrisa que pase desapercibida, borracho bajo los efectos de los sentimientos y ciego con los lentes de tintes color de rosa.

-Orimoto-

(suspiro)

-Gracias por venir

Dije lánguidamente.

-No tienes que agradecerme Hikigaya, te debo mucho-

Respondió con su usual humor rutilante.

-En todo caso de que querías hablar-

(Suspiro)

-No sé cómo decir esto, así que seré breve, me gustas por favor sal conmigo-

Le reveré con una formal reverencia, extendiendo mi brazo derecho en espera que lo tomara, cave de más decir que dicho toque nunca llego

-Lo siento Hikigaya yo-

-Jajajaja, en verdad lo hiso-

Dicha burla descoloco a ambos.

-Chika tu-

Dijo una confundida orimoto, ante la intrusa chica que estaba en la entrada del salón franqueada por otras dos con celulares en mano.

-No puedo creerlo, en verdad lo lograste orimoto-

-Chicas que hacen aquí-

Respondió Orimoto con nerviosismo

- ¿Cómo qué hacemos?, estamos viendo como ganas nuestra apuesta-

-Apuesta, que apuesta-

Pregunte confundió mientras sentía como un hueco se habría en mi pecho atreves de un miedo preconcebido.

-la apuesta para hacer que tu espeluznante creído sele confesara a Kaori-

La verdad me golpeo, pero extrañamente no sentí nada, solo un profundo vacío.

- ¿Es eso cierto orimoto? -

-Claro que sí, ¿Por qué otra razón crees que alguien como Kaori, se acercaría a un espeluznante como tú? -

Intervino la tal Chika mientras sus dos esbirros asentían en confirmación

-Cierra el pico que no te pregunte-

Respondí con todo el veneno que pude posando mi mirada sobre el grupo de chicas que habían interrumpir, visiblemente asustadas retrocedieron un paso, una ventaja de tener mis ojos

-Dime que no es verdad orimoto-

Estúpidamente quería ignorar toda prueba que apuntaba a la veracidad de las palabras de la tal Chika, intentándome aferrarme a lo que orimoto diría. Pero su respuesta nunca llego, solo aparto su culpable mirada de mí.

-Ya veo-

(Suspiro)

-Si me disculpan me retiro-

Con eso dicho me dispuse a irme

-Hikigaya-

Me detuvo

- ¿Qué? -

Respondí sin mirarla, y sin más dicha me retire de esa sombría aula dejando atrás algo, aunque no sabría bien que. Desde ese día la evité activamente como la peste misma, sin querer escuchar nada proveniente de ella, retrospectivamente era algo obvio, solo que no quise verlo, aunque tampoco quise culparla, no podría hacerlo, así que me empeñe en olvidarla también un infructuoso intento, topándome con ella inadvertidamente con ella, mirándola ahora el fantasma de mi pasada venia de nuevo a morderme el trasero.

Me gustaría decir que me hice una cuenta en fictionpress me pueden buscar como el Posho, por si les gustaría leer la historia y poema de estoy subiendo allí con eso dicho

Gracias por leer