Ino se mantiene fiel a su palabra. Llevamos veinte minutos en la fiesta y aún no se ha separado de mi lado, y eso que su novio le ha estado suplicando que baile con él desde el momento en el que llegamos.
Me siento como una idiota.
—Bueno, esto es ridículo. Vete ya a bailar con Deidara. —Tengo que gritar para hacerme oír por encima de la música, que, sorprendentemente, es bastante decente. Esperaba ritmos electrónicos cutres o temas vulgares de hip-hop, pero el que está a cargo del equipo de música parece tener afinidad por el rock indie y el punk británico.
—Nooo, está bien —grita Ino—. Me quedo aquí tranquilamente contigo.
Claro, porque quedarse aquí contra la pared espiando a la gente como una friki extraña, viendo cómo me agarro a la botella de Evian que he traído de la residencia de estudiantes, es mucho más divertido que pasar el rato con su novio.
El salón está hasta arriba de gente. Montones de chicas y chicos de las distintas hermandades. Pero esta noche hay mucha más variedad de la que se suele encontrar en una de estas fiestas. Veo a varios estudiantes de artes escénicas junto a la mesa de billar. Algunas chicas del equipo de hockey sobre hierba charlando junto a la chimenea. Un grupo de chicos, que casi seguro son de primero, de pie junto a la barra. Todos los muebles están contra las paredes de friso de madera creando una pista de baile improvisada en el centro de la habitación. Allá donde miro, veo a gente bailando, riendo y hablando de cosas sin importancia.
Y la pobre Ino está pegada a mí como si fuésemos velcro, incapaz de disfrutar ni un segundo de la fiesta a la que ELLA quería ir.
—Vete —le ordeno—. En serio. No has visto a Deidara desde que empezaron los parciales. Te mereces pasar un poco de tiempo de calidad con tu chico.
Ino duda.
—Estaré bien. Katie y Shawna están ahí mismo, voy a ir a charlar con ellas un rato.
—¿Estás segura?
—Por supuesto. He venido aquí para socializar, ¿recuerdas? —Sonriendo, le doy un pequeño cachete en el culo—. ¡Fuera de aquí, nena!
Me devuelve la sonrisa y comienza a alejarse, después sostiene su iPhone y lo mueve en el aire.
—Mándame un SOS si me necesitas —dice en voz alta—. ¡Y no te vayas sin avisar!
La música ahoga mi respuesta, pero Ino comprueba cómo asiento antes de que ella se apresure hacia el centro de la sala. Veo su cabeza rubia zigzagueando entre el gentío hasta que llega junto a Deidara, quien se muestra feliz y la arrastra hacia la multitud de bailarines.
¿Lo ves? Yo también puedo ser una buena amiga.
Solo que ahora estoy sola y las dos chicas a las que había planeado pegarme como una lapa están charlando con dos chicos muy guapos. No quiero interrumpir el máster en ligoteo, así que busco entre la gente a alguna persona que pueda conocer —incluso Cass sería un regalo para la vista en este momento—, pero no descubro ninguna cara familiar. Ahogo un suspiro y me atrinchero en mi pequeño rincón para pasar unos minutos observando a la gente.
Cuando varios chicos miran en mi dirección con un interés descarado, me maldigo a mí misma por permitir que Ino eligiera mi modelito para la noche. Mi vestido no es indecente ni mucho menos, es solo un vestido verde de tubo hasta la rodilla con un escote modesto, pero marca mis curvas más de lo que me permite sentirme cómoda, y los tacones negros que he elegido a juego hacen que mis piernas parezcan mucho más largas de lo que realmente son. No dije nada del conjunto porque quería llamar la atención de Sasori, pero al desear hacerme visible en su radar, no pensé en todos los otros radares en los que yo podría aparecer. Tanta atención me está poniendo nerviosa.
—Hola.
Vuelvo la cabeza cuando un chico guapo con el pelo castaño ondulado y unos ojos de color azul claro se acerca sigiloso hacia mí. Lleva un polo y sostiene un vaso de plástico rojo en la mano. Me sonríe como si ya nos conociésemos.
—Eh... Hola —respondo.
Cuando se da cuenta de mi expresión desconcertada, su sonrisa se ensancha.
—Soy Konohamaru. Tenemos clase de Literatura Británica juntos.
—Ah, ya. —Sinceramente, no recuerdo haberlo visto antes, pero hay unos doscientos estudiantes en esa clase, por lo que todas las caras se confunden entre sí cuando pasa un tiempo.
—Eres Skura, ¿verdad?
Asiento con la cabeza, cambiando el peso de una pierna a otra, incómoda, porque su mirada ya ha bajado a mi pecho unas diez veces en los cinco segundos que llevamos de conversación.
Konohamaru hace una pausa como si estuviera intentando pensar en algo más que decir. A mí tampoco se me ocurre nada; soy supermala en la charla superficial. Si fuera alguien en el que yo estuviera interesada, le preguntaría por sus clases, por si tiene un trabajo o no, o qué tipo de música le mola, pero la única persona que me importa en este momento es Sasori y él todavía no ha aparecido.
Que le ande buscando entre la multitud me hace sentir como una auténtica imbécil. La verdad sea dicha, Ino no es la única que se pregunta de qué voy. Yo también me lo pregunto a mí misma. Y es que, ya en serio, ¿por qué estoy tan obsesionada con ese tío? Él no sabe que existo. Y, para empezar, es un deportista universitario. Para eso ya podría estar interesada en Sasuke Uchiha, por el amor de Dios. Por lo menos se ofreció a salir conmigo.
Y cómo no, en el instante en el que pienso en Sasuke, el mismo rey de Roma entra por la puerta.
No esperaba verlo esta noche, así que inmediatamente agacho la cabeza para que no me descubra. Tal vez si me concentro lo suficiente pueda mimetizarme con la pared que hay detrás de mí y no sepa que estoy aquí.
Por suerte, Sasuke no percibe mi presencia. Se detiene para hablar con un par de chicos y después camina tranquilamente hacia la barra al otro lado, donde de forma inmediata revolotean media docena de chicas que baten sus pestañas y se suben las tetas para conseguir su atención.
A mi lado, Konohamaru resopla.
—Por Dios. Llega el «superhombre del campus» y lo mismo de siempre. Qué coñazo, ¿eh?
Me doy cuenta de que también está mirando a Sasuke y el desprecio en su rostro es inconfundible.
—¿No te cae bien Uchiha? —digo con sequedad.
—¿Quieres la verdad o la versión oficial?
—¿La versión oficial?
—Sasuke es un miembro de esta hermandad —explica Konohamaru—. Así que técnicamente eso nos hace «hermanos». —Hace el gesto de comillas con las manos—. Y un hombre Sigma ama a TODOS sus hermanos.
Tengo que sonreír.
—De acuerdo, así que esa es la versión oficial. ¿Cuál es la verdad?
La música sube así que se inclina más cerca de mí. Sus labios están a centímetros de mi oído cuando él confiesa:
—No puedo con el tío ese. Su ego es más grande que esta casa.
Mira qué cosas, he conocido a un alma gemela. Otra persona que no lleva en la cartera el carnet de miembro del Equipo Sasuke.
Pero la sonrisa cómplice que le ofrezco claramente toma el camino equivocado, porque los ojos de Konohamaru se entrecierran seductoramente.
—Entonces... ¿quieres bailar? —pregunta arrastrando las palabras.
No. En absoluto. Pero justo cuando abro la boca para decir que no, vislumbro un fragmento de color negro con el rabillo del ojo. Es la camiseta negra de Sasuke. Mierda. Me ha visto y se dirige hacia nosotros. A juzgar por su paso decidido, está listo para la batalla otra vez.
—Claro —dejo escapar, agarrando ansiosamente la mano de Konohamaru—. Bailemos. Una lenta sonrisa se expande por su boca.
Oh, oh. Quizá he sonado demasiado ansiosa.
Pero es demasiado tarde para cambiar de opinión, porque me está llevando hacia la pista de baile. Y vaya suerte la mía: la canción cambia en el mismo momento que llegamos. Los Ramones han dado paso a un tema de Lady Gaga. Y no es una canción rápida, es la versión lenta de «Poker Face». Genial.
Konohamaru planta las dos manos en mis caderas.
Un instante después, reticente, me agarro a sus hombros y empezamos a balancearnos con la música. Es todo superincómodo, pero al menos logró evitar a Sasuke, quien nos mira ahora con el ceño fruncido y las manos enganchadas en las trabillas de sus pantalones vaqueros azules desteñidos.
Cuando nuestras miradas se encuentran, le lanzo una media sonrisa y un gesto de «así es la vida» e inmediatamente entrecierra los ojos como si supiera que estoy bailando con Konohamaru para evitar tener que hablar con él. Acto seguido, una rubia muy guapa le toca su brazo y el contacto visual se rompe.
Konohamaru gira la cabeza para ver a quién estoy mirando.
—¿Conoces a Sasuke? — Su tono de voz suena un poco más que cauteloso. Me encojo de hombros.
—Está en una de mis clases.
—¿Sois amigos?
—No.
—Bueno saberlo.
Sasuke y la rubia salen de la habitación en ese momento y yo me doy unas palmaditas en la espalda mentales por el éxito de mis tácticas de evasión.
—¿Vive aquí con vosotros? —Dios, esta canción es eterna, pero estoy intentando mantener una conversación, porque siento que es mi deber acabar este baile después de haberme mostrado tan «entusiasta» al respecto.
—No, joder, no — responde Konohamaru —. Él tiene una casa fuera del campus. Se pasa el rato presumiendo de ello, pero te apuesto a que es su padre el que paga el alquiler.
Yo arrugo la frente.
—¿Por qué dices eso? ¿Su familia es rica o algo así?
Konohamaru parece sorprendido.
—¿No sabes quién es su padre?
—No. ¿Debería?
—Es Fugaku Uchiha. —Cuando el surco de mi frente se hace más profundo, Konohamaru lo explica mejor—. El delantero de los Rangers de Nueva York. Dos veces campeón de la Copa Stanley. Una leyenda del hockey.
El único equipo de hockey del que conozco algo es el Blackhawks de Chicago, y eso solo porque mi padre es un hincha absoluto y me obliga a ver los partidos con él. Por lo tanto, mi conocimiento de un hombre que jugó para los Rangers ¿cuándo, hace veinte años? es cero. Pero no me sorprende escuchar que Sasuke viene de la realeza del hockey. Se nota que esa actitud de creerse superior a todo el mundo le viene de cuna.
—Me pregunto por qué Sasuke no fue a la universidad en Nueva York —digo educadamente.
—Uchiha padre terminó su carrera profesional en Boston —explica Konohamaru— Creo que la familia decidió quedarse en Massachusetts después de que se retirara.
La canción, gracias a Dios, llega a su fin y me apresuro a disculparme diciendo que tengo que ir al baño. Konohamaru me hace prometerle que bailaré con él otra vez, después me guiña un ojo y se aleja hacia la mesa de beer pong.
Dado que no quiero que sepa que he mentido sobre lo del baño, sigo con mi farsa del pis y salgo del salón para merodear un rato por el hall de entrada, que es donde me encuentra Ino unos minutos más tarde.
—¡Ey! ¿Te lo estás pasando bien? —Sus ojos brillan y sus mejillas están enrojecidas, pero sé que no ha estado bebiendo. Se comprometió a mantenerse sobria y Ino nunca rompe sus promesas.
—Sí, supongo. Pero creo que me voy a ir a casa pronto.
—¡Eh, no, no te puedes ir aún! Te acabo de ver bailando con Konohamaru Sarutobi. Parecía que te estabas divirtiendo.
¿En serio? Supongo que soy mejor actriz de lo que pensaba.
—Es guapo —añade con una mirada cargada de intención.
—Bah, no es mi tipo. Demasiado pijo.
—Bueno, conozco a alguien que SÍ es tu tipo. —Ino sube y baja las cejas antes de bajar la voz a un susurro burlón—. Y no te des la vuelta porque acaba de entrar por la puerta.
Mi corazón despega como una cometa en una tormenta de viento. ¿No te des la vuelta? ¿Acaso la gente no se da cuenta de que decir eso garantiza que el otro haga exactamente lo contrario?
Giro mi cabeza hacia la puerta principal y luego la giro otra vez a donde estaba porque, AY, DIOS, Allie tenía razón. Por fin Sasori ha aparecido.
Y puesto que el vistazo que he echado ha sido demasiado fugaz, confío en Ino para que me informe de lo que me he perdido.
—¿Está solo? —susurro.
—Está con algunos de sus compañeros de equipo —me devuelve el susurro—. Ninguno de ellos ha traído a ninguna chica.
Hago mi mejor actuación de una persona que está hablando tranquilamente con su amiga y que no está, en absoluto, colada por el tío que tiene a unos pasos de distancia. Y funciona, porque Sasori y sus amigos nos sobrepasan a Ino y a mí y su ruidosa risa es engullida rápidamente por una ráfaga de música.
—Te has puesto roja —se burla Ino.
—Lo sé —me quejo en voz baja—. Joder, este enamoramiento es superabsurdo, Ino. ¿Por qué permites que me avergüence a mí misma de esta manera?
—Porque yo no creo que sea para nada absurdo. Y no tienes que avergonzarte, es muy sano. —Ino me agarra del brazo y empieza a arrastrarme de vuelta al salón. El volumen del estéreo es más bajo, pero el zumbido de la animada charla sigue tronando por la habitación.
—En serio, Saku, eres joven y guapa, y yo quiero que te enamores. No me importa con quien sea, siempre y cuando... ¿por qué te está mirando Sasuke Uchiha?
Sigo su sorprendida mirada y ahogo otro gemido cuando los ojos negros de Sasuke se quedan fijos en los míos.
—Porque me está acosando —me quejo. Sus cejas se disparan.
—¡¿En serio?!
—Sí, bastante. Ha suspendido Ética y sabe que a mí me salió bien el examen. Me está pidiendo que le dé clases particulares y el tío no es capaz de aceptar un no por respuesta.
Suelta una risilla.
—Creo que es posible que seas la única chica que le ha rechazado en su vida
—Si el resto de la población femenina fuese tan lista como yo...
Miro por encima del hombro de Ino y escaneo la habitación en busca de Sasori; mi pulso se acelera cuando lo descubro junto a la mesa de billar. Lleva unos pantalones negros y un jersey de punto gris, y su pelo está despeinado y le cae sobre su amplia frente. Dios, me encanta ese estilo «me acabo de caer de la cama» que lleva. No va tan engominado como sus colegas, ni se ha puesto la cazadora del equipo de fútbol americano como el resto.
—Ino, ¡mueve ese precioso culito y ven aquí! —grita Dedara desde la mesa de pimpón—. ¡Necesito una pareja para jugar!
Un bonito rubor florece en sus mejillas.
—¿Quieres ver cómo les damos una paliza al beer pong? Pero sin cerveza —añade rápidamente—. Deidara sabe que esta noche no bebo.
Otra oleada de culpa me golpea.
—Pues vaya diversión —le digo sonriendo—. Si se juega al beer pong hay que tomar cerveza.
Mi amiga niega firmemente con la cabeza.
—Te he prometido que no voy a beber.
—Y yo no me voy a quedar aquí mucho tiempo —respondo—. Así que no hay ninguna razón por la que no puedas ponerte un poco pedo.
—Pero yo quiero que te quedes —protesta.
—¿Qué te parece si hacemos esto? Yo me quedo media hora más, pero solo si te permites pasártelo bien de verdad. Sé que hicimos un trato en primero, pero ya estás liberada; no puedo permitirlo más, Ino.
Cada palabra que digo va muy en serio; detesto de verdad que me tenga que cuidar como a una niña pequeña cada vez que salimos. No es justo para ella. Y después de dos años en Briar, sé que me ha llegado el momento de bajar la guardia, al menos un poco.
—Vamos, quiero ver cómo me enseñas esas habilidades tuyas en el beer pong. — Me agarro de su brazo y ella se ríe mientras la dirijo hacia donde están Deidara y sus amigos.
—¡Sakura! —dice Deidara con entusiasmo—. ¿Quieres jugar?
—No —respondo—. Solo vengo a animar a mi mejor amiga.
Ino se une a Deidara en uno de los lados de la mesa y durante los siguientes diez minutos soy testigo del partido más intenso de beer pong del universo. Pero durante todo ese tiempo estoy muy al tanto de lo que hace Sasori, quien charla con sus compañeros de equipo al otro lado del salón.
Al rato me alejo de la mesa de pimpón porque, esta vez de verdad, necesito ir al cuarto de baño. Hay uno en la planta baja cerca de la cocina; hay una cola inmensa y tardo un siglo en entrar. Hago mis cosas rápidamente, salgo del baño y me choco contra un duro pecho masculino.
—Deberías mirar por dónde vas —dice una voz grave. Mi corazón se detiene.
Los ojos oscuros de Sasori brillan divertidos cuando coloca su mano en mi brazo para mantenerme en equilibrio. En el instante en que me toca, el calor abrasa mi piel y provoca un escalofrío que eriza el vello de mi cuerpo.
—Lo siento —tartamudeo.
—No pasa nada. —Sonriendo, acaricia su pecho—. Todavía estoy entero.
De repente me doy cuenta de que ya no hay nadie esperando para usar el baño. En el pasillo estamos solo Sasori y yo y, Dios mío, está aún más bueno de cerca. También es mucho más alto de lo que creía y tengo que elevar la cabeza para mirarlo a los ojos.
—Estamos juntos en Ética, ¿verdad? —pregunta en ese tono de voz profundo y sexy que tiene.
Asiento con la cabeza.
—Soy Sasori.
Se presenta como si fuera de verdad posible que alguien en Briar no supiera su nombre. Pero su modestia me parece adorable.
—Soy Sakura.
—¿Qué tal te fue en el examen?
—He sacado un 10 —admito—. ¿Y tú?
—Un 7.
No puedo ocultar mi sorpresa.
—¿En serio? Supongo que somos los afortunados. Se ha cargado a todos los demás.
—Creo que eso nos hace inteligentes, no afortunados.
Su sonrisa hace que me derrita. En serio. Soy un charco de baba en el suelo incapaz de apartar la mirada de esos magnéticos ojos oscuros. Y huele de maravilla, a jabón y aftershave de limón. ¿Estaría fuera de lugar si pego mi cara a su cuello e inhalo?
Eh... sí. Lo estaría.
—Y... —Intento pensar en algo inteligente o interesante que decir, pero estoy demasiado nerviosa como para ser ingeniosa en este momento—. Juegas al fútbol americano, ¿eh?
Él asiente con la cabeza.
—Juego de receptor. ¿Te gusta? —Un hoyuelo aparece en su barbilla—. El juego, quiero decir.
No me gusta, pero supongo que podría mentir y fingir que me gusta su deporte. Solo que es un paso arriesgado, porque podría empezar a hablarme de rollos técnicos y no sé lo suficiente sobre fútbol americano como para mantener una conversación sobre el tema.
—No mucho —confieso con un suspiro—. He visto un partido o dos, pero la verdad, es demasiado lento para mi gusto. Da la sensación de que jugáis cinco segundos, después alguien toca un silbato y os quedáis esperando durante horas hasta que empieza la siguiente jugada.
Sasori se ríe. Su risa es genial. Grave y ronca y la siento hasta en los dedos de los pies.
—Sí, he oído esa queja antes. Pero cuando estás jugando, es diferente. Es mucho más intenso de lo que parece. Y si estás implicado personalmente en un equipo o en ciertos jugadores, se pillan las reglas mucho más rápido. —Inclina la cabeza—. Deberías venir a uno de nuestros partidos. Apuesto a que te divertirías.
Ay, madre. ¿Me acaba de invitar a uno de sus partidos?
—Eh, sí, quizá pueda...
—¡Akatsuna! —Interrumpe una fuerte voz— ¡Estamos arriba!
Los dos nos volvemos para ver cómo un gigante rubio asoma la cabeza por la puerta del salón. Es uno de los compañeros de equipo de Sasori y parece extremadamente impaciente.
—Voy —responde Sasori y a continuación me lanza una sonrisa tristona mientras da un paso hacia el baño—. Vaya... Big Joe y yo estamos a punto de darles una paliza al billar, pero antes tengo que ir al lavabo. ¿Hablamos luego?
—Claro. —Mantengo un tono de voz relajado, pero no hay nada de relajación en la forma en la que mi corazón se acelera.
En cuanto Sasori cierra la puerta detrás de él voy de regreso a toda prisa al salón con las piernas temblorosas. Me muero de ganas de contarle a Ino lo que acaba de suceder, pero no me es posible. Nada más entrar en la habitación, el metro noventa de Sasuke Uchiha y sus noventa kilos bloquean mi camino.
—Harunys —dice con entusiasmo—. Eres la última persona a la que esperaba ver aquí esta noche.
Como de costumbre, su presencia hace que mi guardia se vuelva a colocar en su lugar.
—¿Sí? ¿Y eso?
Se encoge de hombros.
—No pensaba que las fiestas de hermandades fueran de tu estilo.
—Bueno, no me conoces, ¿recuerdas? Es posible que vaya a fiestas de hermandades todas las noches.
—Mentira. Te hubiera visto aquí antes.
Cruza los brazos sobre su pecho, una postura que hace que sus bíceps se tensen. Veo la parte inferior de un tatuaje que asoma desde la manga de su camiseta, pero no puedo ver qué es, solo que es negro y que parece complejo. ¿Unas llamas?
—Entonces, en cuanto a lo de las clases particulares..., he pensado que deberíamos sentarnos para establecer un calendario.
La irritación se dispara por mi columna vertebral.
—Tú no te rindes, ¿verdad?
—Jamás.
—Pues deberías empezar a hacerlo, porque no te voy a dar clase. —Me distraigo.
Sasori ha vuelto a entrar en la habitación, su cuerpo esbelto se mueve a través de la multitud mientras se abre camino hasta la mesa de billar. Está a mitad de camino cuando una chica de pelo castaño le intercepta. Para mi desgracia, se detiene a hablar con ella.
—Vamos, Harunys, ayuda a un pobre chaval —suplica Sasuke.
Sasori se ríe de algo que la chica dice. De la misma manera que se estaba riendo conmigo hace un minuto. Y cuando ella toca su brazo y se acerca apoyándose en él, Sasori no retrocede.
—Mira, si no quieres comprometerte con todo el semestre, por lo menos ayúdame a pasar este parcial. Te deberé una.
Ahora mismo a Sasuke no le estoy prestando ni la más mínima atención. Sasori se inclina hacia la chica para susurrarle algo al oído. Ella se ríe, sus mejillas adquieren un tono rosáceo y mi corazón se desploma a la boca de mi estómago.
Estaba tan segura de que habíamos tenido, no sé, una conexión, pero... ¿ahora está coqueteando con otra persona?
—Ni siquiera me estás escuchando —me acusa Sasuke—. Pero, ¿a quién estás mirando?
Aparto mi mirada de Sasori y de la castaña, pero no lo suficientemente rápido. Sasuke sonríe cuando se da cuenta de hacia dónde miraba.
—¿Cuál es? —pregunta.
—¿Cuál es quién?
Inclina la cabeza hacia Sasori y a continuación la desplaza a la derecha donde veo a Konohamaru hablando con uno de sus compañeros de hermandad.
—Sarutobi o Akatsuna. ¿A cuál de ellos te quieres zumbar?
—¿ZUMBAR? —vuelve a tener mi atención—. Puf. ¿Quién dice cosas así?
—Vale, ¿lo digo con otras palabras? ¿A cuál de ellos te quieres follar, o tirar, o echar un polvo? ¿O hacer el amor, si es que es lo que te mola?
Aprieto los dientes. Este tío es gilipollas. Como no respondo, él responde por mí.
—Akatsuna —decide—. Te vi bailando con Sarutobi antes y está clarísimo que no te derretías por él.
Yo ni confirmo ni niego. En vez de eso, me separo un paso más de él.
—Buenas noches, Sasuke.
—Odio tener que decírtelo, pero no va a pasar, Harunys. No eres su tipo.
El cabreo y la vergüenza inundan mi vientre. Uau. ¿Realmente acaba de decir eso?
—Gracias por el consejo —dijo con frialdad—. Ahora, si me disculpas...
Intenta cogerme el brazo, pero avanzo abriéndome paso a empujones y lo dejo atrás. Busco rápidamente a Ino por la sala, pero me paro en seco cuando la veo enrollándose con Deidara en el sofá. No quiero interrumpirles, así que me giro sobre mis talones y me dirijo hacia la puerta principal.
Mis dedos están temblorosos cuando le escribo un mensaje a Ino para hacerle saber que me marcho. La contundente afirmación de Sasuke, «no eres su tipo», resuena en mi cabeza como un deprimente mantra.
La verdad es que es exactamente lo que necesitaba oír. ¿Y qué si Sasori habló conmigo en el pasillo? Está claro que no significaba nada porque un instante después se dio la vuelta y se puso a flirtear con otra persona. Es hora de que me enfrente a la realidad. Sasori y yo no vamos a llegar a nada, y no importan las inmensas ganas que yo tenga de que pase.
Ha sido una estupidez por mi parte venir aquí esta noche.
Oleadas de arrepentimiento me atraviesan mientras salgo de la casa Sigma hacia la fresca brisa de la noche. Me arrepiento de no llevar un abrigo, pero no quería cargar con él toda la noche y pensé que podía lidiar con el frío de octubre durante los cinco segundos que se tardan desde el taxi hasta la puerta principal de mi casa.
Ino me devuelve el mensaje cuando llego al porche. Se ofrece a salir fuera y hacerme compañía hasta que llegue el taxi, pero le ordeno que se quede con su novio. A continuación saco el número del servicio de taxi del campus; estoy a punto de marcar cuando escucho mi nombre. Una exasperante variación de mi apellido, más bien.
—Harunys. ¡Espera!
Bajo los escalones del porche de dos en dos, pero Sasuke es mucho más alto que yo, lo que significa que su paso es más largo, y me alcanza enseguida.
—Venga, espera. —Su mano me agarra el hombro.
Subo los hombros para deshacerme de su mano y me doy la vuelta para mirarlo.
—¿Qué? ¿Tienes ganas de insultarme un poco más?
—Mi intención no era insultarte —protesta—. Solo estaba informándote de un hecho.
Eso duele.
—Dios. Gracias.
—Joder. —Parece frustrado—. Te he vuelto a insultar. No quería hacerlo. Mi intención no es ser un cabrón, ¿vale?
—Por supuesto que no es tu intención. Pero simplemente lo eres. Tiene el descaro de sonreír, pero su humor se desvanece rápidamente.
—Mira, conozco al tío ese, ¿vale? Uno de mis compañeros de piso es amigo de Akatsuna, así que ha estado en casa un par de veces.
—Me alegro por ti. Puedes pedirle una cita entonces, porque a mí no me interesa.
—Sí que te interesa. —Suena muy seguro de sí mismo y lo detesto por eso—. Lo único que estoy diciendo es que a Akatsuna le gusta un tipo concreto de tía.
—Está bien, voy a seguirte el rollo un rato. A ver, ¿cuál es su tipo? Y no lo pregunto porque esté interesada ni nada parecido —agrego a toda prisa.
Sonríe con complicidad.
—Ya, ya. Por supuesto que no. —Se encoge de hombros—. Lleva en la uni ¿cuánto tiempo?, ¿casi dos meses? Hasta ahora le he visto enrollándose solo con una animadora y dos chicas de la hermandad Kappa Beta. ¿Sabes lo que me dice eso?
—No, pero lo que me dice a mí es que malgastas demasiado tiempo controlando con quién salen otros tíos.
Ignora la pulla.
—Me dice que Akatsuna está interesado en chicas con un cierto estatus social. Resoplo.
—Si esto es otra oferta para hacerme popular, creo que paso.
—Mira, si quieres llamar la atención de Akatsuna, tienes que hacer algo drástico. — Hace una pausa—. Así que sí, te estoy volviendo a ofrecer que salgas conmigo.
—Pues yo vuelvo a rechazarlo. Ahora, si me disculpas, tengo que llamar a un taxi.
—No, no hace falta.
La pantalla de mi teléfono se ha bloqueado otra vez por no usarlo, así que escribo rápidamente mi contraseña para desbloquearlo.
—En serio, no hace falta —dice Sasuke—. Puedo llevarte a casa.
—No necesito que me lleve nadie.
—Eso es lo que hacen los taxis. Te LLEVAN a los sitios.
—No necesito que me lleves TÚ —rectifico.
—¿Prefieres pagar diez dólares para ir a casa antes de aceptar que yo te lleve gratis?
Su comentario sarcástico da justo en el blanco. Porque sí, sin duda confío más en que un taxista del servicio interno de taxis del campus me lleve a casa que en que lo haga Sasuke Uchiha. No me meto en coches con extraños. Punto final.
Los ojos de Sasuke se entrecierran como si hubiera leído mi mente.
—No voy a intentar nada, Harunys. Es solo llevarte a casa.
—Vuelve a la fiesta, Sasuke. Tus hermanos de fraternidad probablemente se están preguntando dónde estás.
—Créeme, no les importa una mierda dónde estoy. Su único interés es encontrar una chica borracha en la que meter la polla.
Mi gesto es de repugnancia.
—Dios. Eres asqueroso, ¿lo sabías?
—No, solo digo la verdad. Además, no estoy diciendo que yo busque eso. No necesito emborrachar a una mujer para que se acueste conmigo. Vienen a mí sobrias y dispuestas.
—Enhorabuena. —Gruño cuando me arrebata el teléfono de la mano—. ¡Oye! Para mi asombro, gira la cámara hacia su cara y hace una foto.
—¿Qué haces?
—Ahí lo tienes —dice devolviéndome el teléfono—. Si quieres, envíales a todos tus contactos un mensaje con esa cara tan sexy para informarles de que te llevo a casa. Así, si apareces muerta mañana, todo el mundo sabrá quién lo hizo. Y si quieres, puedes tener el dedo en el botón de llamada de emergencia todo el tiempo por si tienes que llamar a la policía. —Exhala un suspiro de exasperación—. Bien, ¿puedo, por favor, llevarte a casa?
Aunque no estoy entusiasmada con la idea de esperar fuera un taxi sola y sin abrigo, pongo una última pega.
—¿Cuánto has bebido?
—La mitad de una cerveza. Levanto mis cejas.
—Mi límite es una —insiste—. Mañana por la mañana tengo entrenamiento.
Mi resistencia se desmorona ante su expresión sincera. He oído un montón de rumores sobre Sasuke, pero ninguno que implique alcohol o drogas, y el servicio de taxi del campus es famoso por tomarse su tiempo en aparecer, así que, pensándolo bien, no me voy a morir por pasar cinco minutos en un coche con este tío. Si se pone pesado, puedo perfectamente quedarme en silencio y ya está.
O, mejor dicho, CUANDO se ponga pesado.
—Muy bien —cedo—. Me puedes llevar a casa. Pero eso no quiere decir que vaya a darte clases particulares.
Su sonrisa es el paradigma de la vanidad.
—Eso ya lo discutiremos en el coche.
Espero les gustara.
No olviden Comentar.
Un Abrazo
🌸 🍅NO OLVIDEN QUE ESTO ES UNA ADAPTACIÓN SIN ANIMO DE LUCRO, LA HISTORIA ORIGINAL NO ME PERTENECE, SOLO LA TRAIGO A USTEDES EN FORMA DE NUESTRA PAREJA FAVORITA.🌸 🍅
