En voz alta
"Elizabeth fue arrebatada por otro hombre"
Esa frase dicha ante su tía y sus empleadas, era su forma de comunicar que se encontraba en Jaque por el actual Führer, ese que decía llamarse King Bradley pero que no era nada más y nada menos que otro homúnculo. Se había llevado lejos a todos sus hombres en realidad, excepto Havoc, que justamente había resultado herido y paralizado; pero mientras Fuery, Falman y Breda estaban sirviendo en otros rincones del país (Con sus respectivos riesgos, ya que Amestris estaba en pie de guerra por todas sus fronteras), ella estaba bajo el mando directo de Bradley, volviéndola la más vulnerable y, básicamente había planteado el Führer, su correa para mantenerlo a raya.
"Tú eres diferente, porque ella es importante para ti"
Le dijo con gesto altivo Bradley. Lo tenía atrapado. Sacarle a su mejor subordinada, su guardaespaldas, era un golpe certero, claramente lo dejaba en una posición poco privilegiada. Pero había algo más allá del sentimiento de acorralamiento, de la sensación de derrota inminente que le pesaba en todo el asunto. Había sentido algo parecido hace tiempo, años ya, y ella también estaba involucrada.
Miedo, eso era. ¿Miedo a la derrota? No, él sabía cómo salirse con la suya incluso en esta situación, sería difícil no lo negaría, pero aun así tenía las posibilidades de salir victorioso. Miedo a que algo le suceda a ella se dijo a sí mismo. Ya lo había sentido, cuando la vio frente a él en Ishval, rifle en el hombro y mirada de asesina en las pupilas (Justo como él). El sentimiento de no saber qué sería de él si algo le sucedía a ella, también lo había sentido cuando ella volaba de fiebre producto de las quemaduras que le hizo a su espalda… Miedo, miedo y culpa. Porque en la situación actual, en Ishval y cuando sufrió las quemaduras en su espalda, estaba él; indirecta o directamente causante de la cercanía de ella a la muerte.
La muerte de Hughes había dolido, dolía aún demasiado; pero no se dejó vencer por ello, sino que lo uso de motor para llegar al fondo de lo que estaba sucediendo en el ejército (Y vaya que sucedían cosas). La sola idea de que Riza Hawkeye corriera el mismo destino, lo hundía. Estaba seguro que sin ella en el mundo él no podría seguir hacía adelante, ella lo regañaría de saber que pensaba eso, pero era cierto. Se preguntó por qué, nunca creyó que pudiera sentir que si la vida de alguien se apagaba la suya dejaría de tener sentido. Había escuchado a mucha gente decir cosas así, incluso a su amigo respecto a su esposa… Y esa asociación le sirvió de respuesta a su pregunta.
Cuando compartía el techo con Riza y el Maestro, se encontraba a sí mismo pensando demasiado en ella, incluso observándola demasiado. Lo atribuyó a la edad y a la convivencia.
Cuando se despidió de ella para irse a la Academia militar había sentido algo especial, pero guardó con cariño los besos en su interior y se conformó con considerarla "su primera amiga".
Cuando la tuvo por primera (y única) vez, la sensación había sido gloriosa, como si le hubiese faltado algo todo este tiempo y finalmente lo encontraba; se convenció a sí mismo de que se iba sin ella porque no estaba enamorado de Riza ni Riza de él, simplemente confiaban en el otro como para hacer algo así.
"Cuida a mi hija"
Su Maestro le había pedido muriendo en sus brazos.
Cuando cruzó sus ojos con los de Riza en medio de ese infierno que solía llamarse Ishval, lo poco que quedaba de su alma se retorció. Su mente le decía que era por faltarle la palabra al hombre que le había enseñado la alquimia que ahora usaba de un modo tan… atroz.
Cuando quemó su espalda, las lágrimas le mojaban el rostro. Se decía a sí mismo que era por lastimar a la única amiga que tenía, pero su mente gritaba algo que él se negó a escuchar.
"Si así lo desea, lo seguiré hasta el infierno"
Todos los años que habían pasado, ella firme a su lado. Convencido absurdamente que era simplemente por una meta en común, que se lo debía a ella por haber usado el secreto de su espalda de una manera imperdonable… Pero ahora, ahora todo estaba más claro.
Coronel idiota. Casi podía escuchar la voz de Acero en esas palabras, pero era su boca de la que habían salido. Amas a Riza Hawkeye más de lo que te atreverías a admitir en voz alta, se dijo a sí mismo, riéndose de la ironía de que, de hecho, lo había dicho en voz alta pero no había nadie que lo oyera por la calle.
Buenas! Otra semana más les traigo un nuevo agregado a esta colección.
En esta ocasión quise urgar un poquito en como Roy Mustang acepta (o vuelve a aceptar) lo que siente por Riza, es cortito! Pero espero que les guste, gracias a quienes siempre me acompañan, esto es por ustedes! Nos leemos la próxima semana 3
