Advertencia: La siguiente historia contiene LEMON.
Jugando con Fuego
4 meses habían pasado desde el Día Prometido. 3 meses y medio habían pasado desde que su Superior comenzó a jugar con fuego.
Los hechos de ese día tan particular tampoco habían pasado por alto para ella, incluso tiempo antes cuando esa homúnculo llamada Lujuria se jactó de haber terminado con la vida de Roy Mustang, ella llegó a la conclusión de lo que sentía. Estaba enamorada de Roy Mustang, desde hacía demasiado tiempo, pero no podía dejar que eso se meta en el camino. Él, en cambio, parecía no poder concebir que las cosas siguieran como siempre habían sido, rozando incluso la imprudencia de acercarse demasiado en horas de trabajo y frente a sus subordinados.
-No puedo seguir fingiendo que nada pasa Hawkeye, no después de todo lo que pasó-. le repitió tantas veces en estos meses, que a veces creía que ya lo escuchaba en su cabeza. Lo decía con cansancio, tal vez hasta con pesar. - Si, si puede General. Y lo tiene que hacer, mejor busque alguna mujer que disfrute de su compañía esta noche, como siempre ha hecho. - Ante esa respuesta era que él se molestaba, pero guardaba silencio el resto del día y dejaba en paz la temática. Eso era lo mejor, las cosas tenían que seguir el curso que siempre habían tenido, él enfocado en la cima y ella cuidando su espalda. Esperaba que el capricho de su General por derribar la barrera entre los dos desapareciera pronto, seguro lo haría. No sabía cuán equivocada estaba.
Ya faltaba poco para el quinto mes desde el Día Prometido. Afortunadamente Mustang había dejado de lado el tema de "ellos", aunque seguía sintiendo una extraña energía cada vez que estaba con él, como si algo le exigiera estar más cerca. Ella también se estaba cansando de fingir que nada pasaba, pero era la firme de los dos, no podía permitirse flaquear. Ya estaba por meterse en su cama, cuando tocaron la puerta. El reloj marcaba las 23:15, solo una persona iría a verla a esta hora, barajó la posibilidad de dejarlo afuera y fingir que estaba dormida pero conociéndolo, no se marcharía.
-General, es muy tarde ¿Qué hace aquí?
-Buenas noches, Capitán, lamento molestarla.- Había algo en su voz que le decía que estar en un ambiente cerrado a solas con él no terminaría bien, pero no logró negarse. Lo dejo pasar, caminaba con porte de determinación e incluso un poco de arrogancia, como el que usa siempre para enfrentar a la milicia.
-¿Podría decirme por qué viene a mi puerta a esta hora señor? ¿Qué es tan importante que no puede esperar a mañana en la oficina?.- Sus ojos se posaron en ella, y la hicieron temblar, había un brillo de decisión y esperanza que la regocijaba e inquietaba en partes iguales.
-Estoy harto Riza. Harto de cómo es nuestra vida, harto de tenerte todos los malditos días conmigo pero ninguna noche, harto de buscar en todas las mujeres que me cruzo en esta vida algo que llene el vacío que tengo hace más de una década. Te amo, y ya no estoy dispuesto a dejarlo pasar.-
Riza tuvo que apoyar su espalda contra la pared porque su mundo se tambaleó por unos segundos. Mustang hablaba con tanta decisión que se sentía intimidada ¿Cómo decirle que no ahora? Todo lo que había escuchado era maravilloso pero no, no podía ser. Roy debe haber perdido la cabeza definitivamente, lo que no hizo la ceguera lo hicieron sus sentimientos irresueltos. Se tragó el nudo que se le formó en la garganta y trató de parecer serena como siempre.
-Está ebrio General. No debería decir cosas como esas, se puede arrepentir luego.-
-De hecho, no tome una sola gota de alcohol en semanas Riza. Todo lo que acabo de decir es cierto, y lo he dicho en pleno uso de mis facultades mentales.-
Estaba tan aturdida que no se percató que él se le había acercado peligrosamente. Ella seguía contra la pared y entre sus cuerpos había menos de 30 centímetros de distancia, el olor de su colonia le llegó a las fosas nasales y casi pierde la compostura.
-Le recuerdo que las leyes de fraternización siguen existiendo. No creo que le convenga ser degradado o sancionado por algo así.-
-Leyes ¿eh?.- una risa sarcástica escapó de sus labios y recién ahí ella se percató de que la distancia entre ellos se había achicado todavía más.- ¿Quieres que hablemos de leyes preciosa? Si mal no recuerdo, también hay una ley en contra de los golpes de estado, y aquí estamos, después de haber llevado uno a cabo. También podría asegurar que fingir la muerte de una miembro de la milicia va contra la ley; y ocultar información sobre cómo un alquimista estatal perdió sus extremidades también. Nos hemos venido saltado algunas leyes hace rato en beneficio de otros, ¿sería tan malo que ahora las saltemos por nosotros mismos?- Trataba de buscar en su mente más excusas, esas eran las que siempre se había ensayado por si esto sucedía (esperaba que tarde o temprano sucedería), era inútil, no había más peros. No podía refutar lo que decía, por primera vez era él quien la dejaba sin palabras y no al revés. Él había puesto una mano en su mejilla y acariciaba su pómulo con el pulgar. Ella también estaba harta. Harta de no poder descansar entre sus brazos, harta de fingir que los comentarios sobre la fama de él con las mujeres no dolían (aunque era eso, fama, más que realidades). El ejército ya les había arrebatado demasiado, ¿sería tan malo saltarse una ley tan absurda y anticuada?
-¿Qué me dices Riza? ¿Tomamos este pequeño desvío juntos?.- Se perdió en su sonrisa como se había perdido la primera vez que lo vio cruzar la puerta de esa descuidada casa del Este, diciendo que quería ser alquimista. A veces se sorprendía del tiempo que había pasado.
-Yo siempre voy a confiar en tus decisiones, claro que te acompañaré también en este desvío. Pero debes prometer que es el único que habrá.
-Lo prometo. Sino, ya sabes qué hacer. -
Él juntó sus labios con los de ella, se sumergieron en un beso profundo, intenso. Ella llevó sus manos a las solapas del saco y se deshizo de él dejándolo caer al suelo. Metió sus manos debajo de su camisa, acarició su abdomen, incluso la zona cicatrizada por las quemaduras que debió efectuar él mismo, con su propia alquimia. Él sostuvo sus manos un momento en el lugar donde estaban. - ¿Estás segura que quieres… hacer eso? No es necesario que sea ahora, podemos hacerlo en otro momento. - Ya no podía esperar, cortó la soga de la polea y ahora no había manera de detener la caída. - Lo necesito y sé que tú también. - Él asintió y finalmente soltó sus manos para dejarla hacer, aventurandose también a recorrer su cuerpo con sus manos, sus manos eran grandes, pero tan delicadas para acariciar.
La camisa de él acompañó al abrigo en el suelo, y la de ella terminó sobre la mesa donde él la arrojó; se sentía tan bien el peso de su cuerpo presionando contra el de ella, él besando su cuello y ella acariciando su espalda. Su mano se abrió paso dentro de su pantalón de dormir y ella se sobresaltó. - Quiero que estés lo más preparada posible. - su mano siguió descendiendo hasta que encontró lo que quería, sentir que estaba ahí era increíble, y no pudo contener el gemido cuando hizo presión en el lugar preciso. Su propia mano fue a parar al pantalón de Roy, se sonrojó cuando sintió lo duro que estaba, lo acarició un poco y percibió cómo él dejaba escapar un gemido tenue en su oído.
-Yo estoy listo hace rato, pero aún no termino contigo. - y mientras capturaba su boca para un beso intenso y húmedo, un dedo entró en ella; el gemido esta vez fue más sonoro y él lo atrapó con su boca. Con un dedo exploraba dentro de ella y con el pulgar acariciaba su punto más sensible, su boca fue descendiendo por su cuello, sus clavículas, hasta llegar hasta sus pechos; Riza cada vez gemía más, acariciaba la espalda de Roy y enterraba los dedos en sus cabellos azabache, estaba por llegar al punto más alto cuando él se detuvo. Llevó sus dedos a la boca para limpiarlos y luego le dedicó una sonrisa que logró que de sus labios escape un suspiro excitado. - ¿Lista para el siguiente paso? - Ella lo besó con profundidad y se colgó de su cuello, a la vez que él la tomaba desde los muslos y la cargaba. No dejó su boca ni por un segundo de camino al cuarto, hasta que la sentó en la cama, se quedó de pie observándola, y ella no pudo evitar sonreírle, recordó cómo se sonrojaba cuando lo veía andar sin camisa por la casa, él no se daba cuenta de lo que generaba solo con hacer eso. - Ha pasado mucho tiempo desde aquella vez. - Él estaba deshaciéndose de sus pantalones y le sonrió con nostalgia. - Si, ha pasado mucho. Pero todavía lo recuerdo bastante bien, aunque algunas cosas son diferentes. - Claro que lo eran, sus cuerpos lo eran, no sólo por los años que habían pasado sino por las cicatrices que cargaban. Se acercó a besarla y sintió como la recostaba para luego deshacerse del pantalón y la ropa interior que volaron por alguna parte de la habitación, se quitó los calzoncillos ante su mirada expectante. Se posicionó entre sus piernas, le dio un beso en la frente y otro en los labios, y finalmente entró. El contacto tan profundo les robó un gemido a los dos, acomodó sus piernas a los lados de la cintura masculina y él llevó una mano a su espalda para acercar su pecho al suyo; las estocadas eran firmes pero lentas, querían que el roce entre sus cuerpos fuera el máximo posible. Una unión perfecta, eso era, como si sus cuerpos hubieran sido diseñados para pertenecerse. Ella enredaba los mechones oscuros entre sus dedos y con la otra mano apretaba su espalda; él comenzó a aumentar la velocidad de sus movimientos y Riza sentía que se acercaba la explosión.- Voy a…- Un gemido atorado en la garganta le impidió terminar la frase, sintió como el cuerpo de Roy se tensaba levemente, él también estaba llegando al límite.- Hazlo, te alcanzo en un momento.- Le sonrió y afirmó el agarre en su espalda, mientras Riza sintió definitivamente la cumbre, gimió algunas veces hasta que un gemido más fuerte salió de su garganta; inmediatamente Roy aumentó la velocidad de sus embestidas hasta que lo oyó gemir, percibió algo caliente en su interior y pudo sentir los músculos de la espalda relajándose bajo sus manos, él se giró para quedar de lado y la arrastró a ella para que su cabeza quedara apoyada en su pecho. Riza ya había saltado la barrera y no pensaba volver, ya nadie la sacaría del lugar de donde no debió haberse ido: Los brazos de Mustang.
-Gracias. -
- ¿Por qué me agradeces? -
-Por seguirme una vez más. - Le besó la cabeza con dulzura mientras la aferraba más entre sus brazos, tal vez estaría pensando lo mismo que ella, no sería raro después de todo.
-Sabes que siempre lo haré. -
Este es mi primer Lemon! (Probablemente no el último) la verdad nunca había escrito algo así, traté de hacerlo de la manera que a mi me gusta leerlo, con mucho condimento sentimental.
Espero que les guste, y gracias por todos los comentarios y los favs 3 de verdad me alientan un montón a seguir escribiendo
