Terrores Nocturnos
Abrió los ojos y la vio recostada boca abajo en la cama, no podría apoyarse sobre su espalda en algún tiempo, no con las quemaduras que le hizo. No recordaba haberse dormido, tenía que estar despierto para cuidarla, había volado de fiebre toda la noche. Estiró su mano para tocar su frente y ver si la fiebre había bajado, se sobresaltó al notar que estaba muy fría. Y se aterró al no notar la respiración chocando contra su muñeca.
- ¿Riza? Riza reacciona por favor. -
Movió un poco su rostro. Nada. Llevó la mano a su espalda para sostenerla y voltearla, cuando apoyó la mano en su pecho notó que no había latidos. Su rostro estaba relajado, tranquilo. Pero no respiraba.
- ¡Riza, Riza! Por favor, por favor te lo suplico. - Hundió su rostro en su cuello mientras lloraba.
Cuando volvió a abrir los ojos estaba en un lugar oscuro y sucio, que reconoció al instante como el lugar donde habían luchado el Día Prometido. Miró al frente y la vio. En el sucio suelo rodeada por un charco de sangre. Fue corriendo hasta ella para tomarla entre sus brazos.
- ¡Teniente hábleme! - Ella no respondió, tampoco lo miró. El miedo se apoderaba de él, no atreviéndose a comprobar por sí mismo lo que sospechaba. Solo seguía llamándola a gritos desesperados que ella no respondía ni respondería.
-Por favor Riza, te lo suplico. - La aferró más contra él y apoyó frente en su cabeza.
Volvió a abrir los ojos y esta vez estaba oscuro, se dio cuenta que estaba en su cama y estiró la mano para prender la luz de noche. Su respiración estaba agitada, su piel cubierta en sudor. Se sentó con pesadez y sostuvo su cabeza con las manos.
- Solo fue una pesadilla, ella está bien. - Se decía a sí mismo, cada noche desde ese desagradable incidente en Ishval, desde el día que regresaron, varias noches por semana lo asaltaban las mismas pesadillas, extrañamente ninguna acompañada de imágenes de ese día, sino de situaciones del pasado que creía superadas. Pero no, el terror a perderla nunca había sido superado.
A pesar del convencimiento la inquietud no desaparecía, siempre pensaba en llamarla para corroborarlo, pero prefería no alarmarla. Esperaba a llegar al cuartel en la mañana y respiraba aliviado cuando la veía al entrar en la oficina, sentada trabajando.
Esto sería más fácil si pudiera pasar las noches con ella.
Abrió los ojos y él estaba desplomado en el piso, había usado una cantidad desmesurada de energía para acabar con ese homúnculo. Estaba herido, aún no entendía cómo había llegado hasta ahí.
- ¡Coronel, Coronel! - Se acercó a él para asistirlo, pero notó que él no respondía. Alphonse estaba parado a su lado expectante.
-Coronel, respóndame por favor. - Nada. Riza comenzó a inquietarse, puso la mano en el cuello de él para notar que no tenía pulso. Se desesperó, volvió a derramar lágrimas como hace unos momentos.
- ¡Roy, por favor! Te lo suplico Roy. - Apoyó la cabeza en su pecho para sollozar.
Volvió a abrir los ojos y se encontró en el lugar donde ocurrió el Día Prometido. Edward, el Coronel y algunos más había sido arrastrados a la guarida de Padre y, luego de unos momentos que parecieron eternos, lograron salir de ahí, el Coronel estaba en los brazos de Alphonse.
- ¡Coronel, Coronel! - Sus gritos salían desesperados y dolían por la herida en su garganta.
-El Coronel no va a responder, lo lamento mucho. - Le dijo la mujer de cabellos negros con mucho pesar en la mirada. Pudo escuchar a Al susurrar "Perdón Teniente" cuando lo dejó a su lado en el suelo. Había fallado fatídicamente en su tarea y las consecuencias estaban frente a ella.
-Roy, te lo suplico por favor. - Le pidió mientras lloraba y tomaba su rostro entre las manos.
Abrió los ojos otra vez, escuchó a su lado los quejidos de Black Hayate. Prendió la luz y lo vio observándola con sus ojos caninos llenos de preocupación. Estaba agitada, cubierta en sudor.
- Solo fue una pesadilla, él está bien. - Después de lo que pasó en su primera visita a Ishval para la reconstrucción, varias veces en la semana era perturbada por estas pesadillas, sorprendentemente ninguna con los hechos de ese día en particular, sino de cosas del pasado que creían enterradas. Pero no, el recordatorio de esas veces que había fallado en su tarea de cuidar su espalda nunca desaparecen.
A veces pensaba en llamarlo, pero siempre se sentía tonta con la idea. Esperaba paciente a la mañana siguiente verlo entrar por la puerta de la oficina y suspiraba aliviada antes de saludarlo.
Esto sería más fácil si pudiera pasar las noches con él.
Una semana más, traigo un nuevo agregado a esta linda colección que estoy armando!
Personalmente, no estoy del todo feliz con este capítulo, no sé si se termina de entender lo que quiero transmitir, pero no me gusta descartarlos. El incidente del que se habla ya lo tengo relatado en otro cap que voy a subir.
Espero que a ustedes si les guste! Gracias a persefomina que siempre me lee y relee y me deja palabras muy lindas 3 Gracias por el apoyo
