Acercamientos Inadecuados

Cuando le dijeron que Grumman había venido desde Central a "resolver algunos asuntos" supo que uno de esos asuntos sería encontrarse con él, con casi 100% de probabilidades de que fuera para jugar al ajedrez y conversar de lo que estaba avanzando en Ishval.

-Es raro que el Führer haya venido hasta aquí ¿No lo cree señor? - Le dijo Hawkeye mientras terminaban rápidamente el papeleo antes de que Grumman llegue, ya que la reunión sería en oficina privada de Roy. Ciertamente no era propio de ese viejo zorro moverse de Central, pero lo tenían sin cuidado sus intenciones, era imposible que lo perjudiquen. - Si, puede ser Capitán, pero no creo que debamos preocuparnos. Seguramente estaba aburrido en Central, ya sabe cómo es su Excelencia. - Hawkeye asintió lentamente, y él se tomó la libertad de observarla detenidamente, podía hacerlo a diario, pero nunca era suficiente.

- No sé si se lo dije Capitán, pero usted está cada día más bella, me impresiona. - La susodicha se sonrojó violentamente al mismo tiempo que le dedicaba una mirada de reproche.

- Le dije que no debe hacer esa clase de comentarios aquí General, guarde la compostura. - Le encantaba ponerla nerviosa, eso era algo que le gustaba mucho de Riza, no aceptaba los cumplidos con vanidad, sino que solía ponerse roja como un tomate y avergonzarse como una niña pequeña.

-Créame que guardo mucho mi compostura Capitán. Si no fuera así usted estaría sin ese molesto uniforme y recostada sobre el escritorio, mientras yo...- Lo sobresaltaron los dos golpes en la puerta, tal vez guardarse los comentarios indecentes también sería adecuado, alguien podría oír detrás de la puerta. Su Capitán se había levantado a abrir a quien estaba tocando, mientras le dedicaba una de sus miradas por ser un bocón. El interruptor del momento "Mustang boca floja" era nada más y nada menos que el Führer, Riza lo saludó solemnemente y Mustang hizo lo mismo.

-No es necesario tanto saludo para este viejo, descanse Capitán. Y General usted también. - Roy había notado que siempre que Grumman veía a su Capitán, una expresión de algo que le parecía ser nostalgia cruzaba su rostro, nunca se atrevió a preguntar, asumió que tal vez esa nieta que siempre le ofrecía en matrimonio tendría una edad similar y al viejo se le hacía delicado ver a una chica tan joven en una institución como el ejército. Mustang le indicó a Riza que se tomara el rato libre mientras él se reunía con Grumman, y este se sentó en la silla del General.

-Es un gusto verlo su Excelencia ¿Qué lo trae al Este? - Mustang notó que Grumman traía un sobre debajo del brazo, el cual apoyó sobre el escritorio. Se acomodó los anteojos y lo miró como si lo estuviera analizando.

-Me han comentado que has estado manteniendo acercamientos inadecuados con tu asistente, la Capitán Hawkeye. - Si hubiese tenido diez años menos (y algunos rangos menos) Roy se hubiese desmayado en el instante que escuchó "acercamientos inadecuados", trató de que su rostro no mostrara el terror que lo recorría. Cómicamente, su mayor miedo no era el castigo que le pudiera imponer Grumman, ya que sabía que sería benevolente y comprensivo; su mayor miedo era que una vez que Riza Hawkeye supiera esto no permitiría que su relación siga, y la sola idea de ya no tenerla en ese aspecto de su vida era desolador.

- ¿Quién le ha comentado eso Señor? Si se puede saber. - Dependiendo de su respuesta, tal vez podría negar todo, no sería raro que alguno de los que tanto lo detestaban inventen eso (aunque no era mentira) para desacreditar su persona. Era su oportunidad.

-Madame Christmas fue muy amable de comentarme eso. - Ok, esa respuesta NO la esperaba y era la peor que pudo escuchar. Ciertamente no podía negar algo dicho por Madame, Grumann sabía bien que si decía algo es porque lo sabía. Pero ¿por qué Madame le había contado de eso? No tenía sentido.

-Sé que te preguntas porque Madame me aportó esa información. Fue simplemente porque yo le pregunté sobre la Capitán Hawkeye, quería saber cómo se encontraba. y ella me informó que algo sucedía entre ustedes. - Grumman le había preguntado a Madame sobre Riza, eso era más extraño aún.

- ¿Por qué le preguntó a Madame cómo estaba la Capitán? - Iría con cautela, pero quería saber qué estaba pasando. Podría jurar ver nerviosismo en los ojos del líder del país.

-Yo me preocupo por todos mis subordinados, sobre todo por los que salvan al país de una catástrofe. - "Me preocupo por todos mis subordinados" Roy mismo había usado esa frase en incontables ocasiones para negar cualquier insinuación de su preferencia excesivamente marcada por la, por aquel entonces, teniente de cabello rubio y ojos chocolate.

-Le pido que no me subestime su Excelencia, puede confiar en mí. - Vio a Grumman suspirar derrotado y con un dejo de tristeza.

-Mustang ¿Alguna vez te conté que yo tuve solo una hija? - Roy negó con la cabeza, lo único que sabía es que tenía una nieta, por las numerosas veces que le insinuó desposarla y él se negaba cortésmente. El matrimonio no lo atraía demasiado, solo había una mujer por la que daría ese paso y ni siquiera podía hacerlo.

-Murió muy joven mi pobre niña, y nunca fue realmente feliz. Creo que gran parte es culpa mía, pero también lo fue del que era su esposo. No era un mal hombre, pero la alejó de mí, y se alejó de ella por su trabajo. Mi yerno era alquimista. - La tristeza en las palabras de Grumann le calaban muy hondo. Alquimistas que dejaban todo lo que los hacía personas por la alquimia, él de primera mano conoció a alguien así, su Maestro había despreciado a su hija e incluso la había marcado por amor (no, obsesión sería más adecuado) con su investigación.

-Mi hija nunca fue feliz. No puedo permitir que mi nieta pase por lo mismo Mustang, no si está en mis manos que pueda ser feliz. - Le dijo su viejo amigo y mentor con determinación. Ahora se sentía confundido, ¿qué tenía que ver la felicidad de la nieta de Grumman con Riza? No lo interrumpió por respeto a sus emociones, pero simplemente parecía que desvariaba… O siguiendo la línea de ver a su nieta reflejada en Hawkeye, había ido muy lejos. Quiso preguntarle pero antes Grumman siguió hablando.

-Mi Elizabeth era muy hermosa. Cabello rubio manteca y unos ojos marrones con un reflejo rojizo que la hacían imponente. Mi nieta es igual, pero con un poco de la dureza de su padre. - De pronto la mente de Roy empezó a unir piezas. Rubia, ojos marrones, un padre alquimista, Elizabeth. Por segunda vez en poco rato, sintió que iba a desmayarse, tuvo que sentarse en uno de los sillones de su oficina por el golpazo de la información.

-No puedo creerlo… Hawkeye, es su… ¿nieta? ¿Esa nieta que tanto me insistía que tome como esposa? - Se sentía un poco enojado por haber rechazado tantas veces la propuesta, si sabía que era ella aceptaba sin dudarlo en la primera proposición.

- Pero ella me dijo que no tiene familia, que sus padres se habían alejado de sus familiares y nunca supo de ellos. - Recordó sus palabras frente a la tumba de Berthold Hawkeye "podré arreglarme por mi misma" le había dicho ella.

-Y es cierto, mi hija desapareció para irse con Berthold Hawkeye. Supe de su muerte gracias a que mandé informantes a buscarla, Hawkeye nunca me lo dijo, ni me dijo de la existencia de Riza. Ella no sabe quién soy, para ella soy tu amigo cercano y nada más… Y tiene que seguir así. - Mustang intentó protestar, ella siempre había estado sola, sería maravilloso que sepa que no está sola en el mundo.

-Pero su Excelencia, ella debería…- Grumman lo cortó alzando su mano y mirándolo fijo, ahí notó que la filosa mirada de Riza no era herencia de Berthold Hawkeye.

-No quiero que se sepa de mi vínculo con ella y empiecen las habladurías, sabes que cualquier excusa es buena para esa gente. - Tuvo que darle la razón. Él mismo era testigo de cómo atribuían el rango de Riza a una relación (claramente sexual, no cabía en la mente de esa clase de gente otra cosa) con él. Lo enfurecía y asqueaba en partes iguales, que solo por ser mujer tuviera que soportar que desacrediten sus habilidades como militar de esa manera, pero a ella parecía tenerla sin cuidado.

-En cuanto a lo que te decía de que quiero que sea feliz, he traído esto. Quiero saber qué opinas, depende de ti. - Le acercó el sobre de papel marrón y Roy lo abrió con curiosidad ¿qué podría ser que dependiera de su persona? ¿Algo sobre el nuevo Ishval? ¿Sobre el régimen de alquimistas estatales? Nada de eso podía influir en la felicidad de Riza, bueno, tal vez buenas noticias para Ishval sí. Cuando por fin posó sus ojos sobre ese papel, su corazón comenzó a latir tan rápido que creyó que se le saldría del pecho, le sudaban las manos, no sabía si comenzar a reír o lanzarse a llorar como un niño pequeño que recibe un regalo que siempre esperó. En sus manos, había nada más ni nada menos que un decreto para abolir las leyes que prohíben las relaciones entre miembros de la milicia. Era una de sus metas, para cuando llegara a Führer, de hecho, pensaba que sería lo primero que haría, aún con el uniforme de gala puesto firmaría ese decreto, dijeran lo que dijeran los demás.

-Si me dices que estás dispuesto a estar con ella siempre, y que esto no es una aventura con gusto a peligro, firmaré ese documento aquí mismo y cuando llegue a Central lo anunciaré. Si no estás seguro, te pido por favor que con tus manos destruyas ese documento… Y jamás volverá a ser redactado, al menos no por mí. - Roy no tenía ni qué pensarlo, había querido tener a Riza para él desde hacía tanto que no podía recordar, incluso cuando era un adolescente estudiando alquimia fantaseaba con la idea de tener una bella esposa de cabellos rubios, y todo lo consecuente con eso, aunque esos pensamientos los guardaba muy profundo.

-Quisiera vivir varias vidas más para amar a su nieta y devolverle todo lo que hizo por mi señor. Si existe otra vida, otro mundo, estoy seguro que volvería a enamorarme de ella… Todas las veces necesarias. - Sin darse cuenta su voz sonaba más débil, y podía sentir la emoción en su pecho atravesada. Si no tuviera una imagen que mantener se habría echado a llorar de la emoción delante de Grumann. Este le quitó la hoja de las manos y la firmó con una sonrisa satisfecha.

-Muy bien Mustang, te confío lo más preciado que le queda a este viejo zorro como yo. Hazla feliz, te lo suplico, yo sé que eres capaz. - Se levantó de la silla mientras guardaba la hoja de nuevo en el sobre, Roy lo imitó. Grumann se acercó a estrechar su mano con un poco más de afecto, mientras lo tomaba del hombro con suavidad; antes de irse apretó un poco el agarre, sobresaltando al joven general.

-Si llegas a hacerle daño muchacho, te voy a degradar a Sargento y mandarte a limpiarle las botas a la General Armstrong mientras tu trasero se congela en Briggs ¿Entendido? -

-Entendido señor, no se preocupe. - Si lo que amaba a esa mujer no era suficiente, la amenaza de ser el subordinado de la Reina de Hielo bastaba para cumplir su palabra. Grumann se despidió finalmente, saliendo por la puerta de la oficina. Roy se sentó en su silla aturdido, alegre y confundido. Se echó a reír mientras algunas lágrimas caían sobre sus mejillas.

-Oh Riza, esto sí que no lo vas a ver venir mi Reina. -


Buenas noches! Otra semana más dejandoles un nuevo capítulo de esta colección.

Dudo que exista fan de FMA que no odie las leyes de Fraternización, así que me dí el lujo de deshacerme de ellas en este one-shot, traté de que suene "factible" y no tan delirante, espero haberlo logrado.

Gracias a quienes me dedican sus palabras y su tiempo, me hacen muy feliz, esto es para ustedes!