Rehenes

Era la primera vez que pisaban Ishval desde el día que la Guerra de Exterminio terminó. Todavía recordaba a Bradley en la cima de un edificio admirando la obra terminada del ejército de Amestris, satisfecho, años más tarde supieron las razones de todo eso. Pero ninguna razón era suficiente.

Ahora habían regresado para intentar devolverle a esa tierra algo de lo que le habían arrebatado, nunca sería suficiente, no alcanzarían múltiples vidas para devolverle la vida a Ishval, pero no tenía sentido lamentarse por lo que ya sucedió, lo importante era ver hacia adelante y asegurar un buen futuro para los ishvalanos restantes y los que vendrían.

Su Capitán estaba nerviosa, podía percibir que algo se revolvía en su interior, y él no estaba mucho mejor. Ese era el lugar donde perdió su Humanidad, aunque fuera solo por el tiempo que duró la guerra, la perdieron. No, se les fue arrebatada cuando les ordenaron exterminar a toda persona de cabello blanco y ojos rojos que se cruzara.

Los esperaban Miles y Scar, que serían una suerte de emisarios para transmitir algo de confianza en ese pueblo tan castigado.

-Un gusto verlos, General Mustang, Capitán Hawkeye. - El hombre de Briggs les dedicó el saludo militar, mientras Scar se mantenía callado y observando, no esperaba una cálida bienvenida de su parte.

-Descanse Comandante ¿Cómo ha estado todo por aquí? - La reconstrucción había comenzado pocas semanas después del Día Prometido, él aún no había recuperado su vista y ya había enviado a buscar personas dispuestas a trabajar, y había pedido (o más bien ordenado) a sus subordinados que le leyeran toda la información posible sobre esa tierra desértica. Claro, no esperaba que todos los recibieran con alegría y los brazos abiertos.

-Bien a grandes rasgos General. Aunque hay un grupo de hostiles que en ocasiones ha saboteado algunas construcciones, nada que impidiera seguir adelante. - Vio una mueca de preocupación en el rostro de su subordinada, ella que tanto lo acompañaba. Comenzaron a caminar para dirigirse al pequeño centro de operaciones que habían dispuesto ahí, para revisar cualquier petición de los trabajadores, entre ellos el Dr. Marcoh que ayudaba con los enfermos por lo que siempre había necesidad de insumos médicos.

-Bien, en cuanto llegue a Ciudad del Este enviaré todo esto para aquí. Ahora quisiera dar una recorrida, vamos Hawkeye. - Riza parecía querer negarse, pero de todas maneras lo siguió. Comenzaron a caminar por lo que empezaba a ser una ciudad, todo iba bastante bien para solo haber empezado hace dos meses.

-Señor ¿le parece prudente que hagamos esto sin la compañía de Miles o Scar? - Ahí estaba la voz de su razón, a la que, para ser francos, pocas veces le hacía caso. Entendía las preocupaciones de su Capitán, pero hacerles daño a ellos solo perjudicaría a los ishvalanos, serviría de pretexto a la lacra que aún quedaba de los seguidores de Bradley para volver a atacarlos.

-Hawkeye, estoy seguro que la gente aquí no nos aprecia, y no confía en nosotros. Pero son conscientes de que sería perjudicial para ellos hacernos algo, tranquilícese. – No tenía sentido darle vueltas al asunto, nada sucedería. Sin percatarse se habían alejado bastante del centro de operaciones, prácticamente estaban en pleno desierto, en su opinión así era más seguro, no había escondites… Estaba bastante equivocado.

Antes de que pudiera reaccionar, se encontraban rodeados por 5 hombres ishvalanos armados, con rifles de dudosa calidad, pero no por eso menos dañinos. Hawkeye, atenta como siempre ya tenía desenfundada un arma, sin apuntarle a nadie, pero a mano. Él, en cambio, en un intento de mostrar una imagen pacífica, había salido sin sus guantes de ignición; podía realizar alquimia sin círculo, cortesía de la Verdad que le había sacado su vista, pero aún necesitaba la tela para obtener las chispas necesarias. Se maldijo a sí mismo.

-Un poco lejos de su madriguera, militares. Si creen que van a tomar por idiota al pueblo ishvalano otra vez, están muy equivocados. –

-No hagan esto, solo le darán la razón a los que quieren exterminar lo que queda de Ishval. No perjudiquen a su gente así, piensen en el futuro de su pueblo. -Habló con tono conciliador. Alzó las manos para mostrar que estaba desarmado, tal vez fue otra mala decisión.

-Oye, tú eres el Alquimista de Fuego, entrabas al campo de batalla chasqueando los dedos e incendiabas todo a tu paso. Pero te falta algo… los guantes que usabas ¿Así no eres tan peligroso cierto? ¿Qué harás ahora? - Afortunadamente, parecían no saber que, si un alquimista puede transmutar fuego, puede transmutar cualquier cosa. Hawkeye estaba a su espalda, sosteniendo su arma lista en caso de necesitarla, pero la notaba nerviosa, Riza Hawkeye nunca estaba nerviosa.

- ¿Cómo se le ocurrió salir sin sus guantes Señor? ¿Y por qué demonios no me lo dijo? - La voz le temblaba, tenía razón, dejó de lado su seguridad y la de Riza por un poco de imagen positiva, como si eso hiciese una real diferencia. Uno de sus atacantes dio algunos pasos hacia ellos y Riza enseguida le apuntó directo a la cabeza. En ese instante, dos dirigieron sus rifles hacía él, y los otros dos restantes le apuntaban a Riza. No había manera de salir de esa situación, Hawkeye seguramente se cargaría al que se estaba acercando, pero los otros 4 abrirían fuego en el momento que eso sucediera.

-Será mejor que bajes el arma, rubia, no tienes oportunidad, dudo que seas tan buena desde cerca… Ojo de halcón. - Fácil jactarte cuando tienes 4 personas armadas apuntando a dos prácticamente sin escapatoria, no lo señaló para no adelantar los hechos.

-Vendrán con nosotros. –

-Si quieren un rehén llévenme a mí, ella es solo un Capitán. –

-Esto no es cuestión de posiciones, alquimista. Vienen los dos. - Riza continuaba apuntando, hasta que uno de los que estaba apuntándole a él se acercó rápidamente y lo golpeó en el estómago, obligándolo a caer de rodillas, y así apoyar el cañón del rifle en su coronilla.

- ¡General! –

-Arroja el arma o le daré orden de disparar. - Riza se deshizo del arma sin meditaciones, el hombre que se había acercado la tomó del brazo. -Vamos, hagan caminar al alquimista. -

Los llevaron a lo que parecía ser una guarida, era una de las tantas casas que quedaron en ruinas luego de la guerra. Algo muy dentro de él le decía que la idea de estos hombres no era negociar un rescate por ellos con el ejército, le rezaba internamente al Dios en el que no creía que Scar y Miles se dieran cuenta de su tardanza. Los obligaron a sentarse en el suelo, y extrañamente no le inmovilizaron las manos "idiotas" pensó para sí, en cuanto se distrajeran podría fácilmente transmutar algo para sacarlos de ahí, una leve sonrisa atravesó su rostro y pareció ser demasiado obvia para uno de sus captores, dado que este se posicionó detrás de Riza apuntando a su cabeza.

-Si haces algún movimiento disparo, alquimista. - Estaba acorralado. Todo era su culpa, esa bendita idea de salir a recorrer y su más bendita idea de hacerlo sin los guantes que lo hacían tan letal. Si solo su vida corriera peligro le daría bastante igual, pero había arrastrado a Riza al peligro… De nuevo.

El que parecía ser el cabecilla de estos hombres, se agachó frente a él. Hacía mucho no veía una mirada con tanto odio, y acompañada de ese iris de color rojo, el miedo abría paso a la vergüenza. Merecía todo el odio que le reflejaban esos ojos color sangre.

- ¿Qué se siente ser el indefenso ahora General Mustang? -

-Por favor, no hagan esto. Me ha costado demasiado convencer al ejército de ayudar a Ishval, si algo sucede, van a cancelar la reconstrucción… O incluso peor, podrían querer terminar lo que se empezó en la Guerra de Exterminio. - Este hombre le pegó un puñetazo en el rostro, aturdido escuchó a Riza gritar su rango y a continuación al hombre que la apuntaba decirle que cerrara la boca.

-No nos amenaces. -

-No es una amenaza, yo no quiero que eso suceda ¡Entiéndanlo! Nosotros estamos aquí porque queremos ayudar. - Iban a golpearlo de nuevo cuando una voz se escuchó desde afuera. Era Scar, seguramente acompañado de Miles, por fortuna habían notado su tardanza.

-Sé que tienen al General Mustang y a la Capitán Hawkeye ahí, salgan para poder conversar por favor. No tienen otra opción, si se notifica su desaparición, en menos de lo que creen tendrán la ciudad llena de militares no muy contentos. - Vio el reflejo de duda e impotencia en el rostro de su atacante, que le hizo una seña a sus hombres para que fueran con él, el único que se quedó fue el que seguía apuntando a su subordinada. Tardaron un rato que pareció ser una eternidad, Riza solo miraba al suelo y él no podía dejar de mirarla ¿Estaría pensando que es un idiota por haberlos expuesto a algo así?

Regresaron a la casa los demás hombres acompañados de Scar, parecían asustados.

-Puede irse General Mustang. - Escupía las palabras, claramente la derrota no le sabía bien. Habían dejado sus armas afuera, tal vez como muestra de confianza para Scar… O por miedo a Scar, no podía culparlos, el tipo era imponente. Roy se incorporó con algo de dificultad, le dolían los golpes que le habían dado.

-Gracias por recapacitar señores, y tienen mi palabra que esto no saldrá de aquí. Vamos Hawkeye. - Le extendió la mano para que se levantara, y ella estaba a punto de tomarla hasta que la voz del líder resonó.

-Dije que usted podía irse. Dispara Bal. - Su respiración se detuvo. No, no podía pasar eso. Las imágenes de ella en el piso lleno de sangre del Día Prometido volvieron como bofetadas, no podía irse de ahí sin ella.

Por alguna maravilla del destino, o una segunda (o más bien tercera) oportunidad del Cielo, el rifle no disparó, seguramente estaría lleno de arena y su mala calidad lo había inutilizado. Scar había alcanzado el brazo del sujeto y lo hizo explotar en un instante, mientras él se había arrojado sobre Riza aterrado, ella temblaba y se había aferrado a él.

Los otros miembros de la banda tenían el rostro horrorizado al ver como Scar con solo "tocar" el brazo de su compañero lo había destrozado.

-El trato era liberar al General y a la Capitán. Tomen el brazo de su compañero como una advertencia. Al próximo, le apuntaré a la cabeza. -

Miles los ayudó a incorporarse, pidiéndoles múltiples disculpas por no haber insistido en acompañarlos en su paseo. Mustang le restó importancia, era su culpa no de Miles que las cosas hayan terminado así, y la posibilidad de que terminaran peor. Otra vez por su culpa Riza casi muere, otra vez la llevó al peligro sin ponerse a pensar. Abusaba de su fidelidad y de su protección. No se atrevió a pedirle disculpas hasta que llegaron a Ciudad del Este al otro día.

-No me tiene que pedir disculpas General, usted no nos capturó, fueron esos hombres. Todo salió bien al final, y la reconstrucción de Ishval no se vio afectada, eso es lo que importa. -

No, eso no era lo que importaba. Creyó que el peligro de perderla para siempre ya había pasado después de la batalla contra los homúnculos, pero se equivocó.

Esa situación límite sólo reforzó más su idea de quererla en ese aspecto de su vida que siempre se habían negado, por culpa, por las leyes, por lo que fuera. No pararía hasta que Riza fuera suya, como debió serlo desde que eran más jóvenes e ingenuos.


Buenas! Otra semana más, otro one-shot para esta colección.

Este fic está ubicado previo a Terrores Nocturnos, es la situación que desencadenaría las pesadillas.

Espero que les guste, es un poco menos Royai, pero lo consideré necesario para establecer ciertos sentimientos en ellos dos. Nos leemos la próxima.