Libres al Fin

Cuando regresó a la oficina después de que el Führer se retiró, vio a Roy sentado en su escritorio con una sonrisa de satisfacción y una mirada ilusionada. Parece que Grumman había traído buenas noticias.

- ¿Todo bien con Su Excelencia, General? - Cuando posó sus ojos en ella, su rostro se iluminó, parecía un chiquillo contento, no pudo evitar sonreír.

-Sí, todo más que bien Capitán ¿qué estuvo haciendo este rato? - Apoyó sus codos sobre la mesa y descansó su mentón en sus manos. A Riza le intrigaba saber qué había hablado con Grumann.

-Fui a practicar tiro, Señor. ¿Qué noticias trajo el Führer? - Él seguía mirándola risueño, y a ella le incomodaba ignorar el porqué.

-Oh nada importante, parece que solo quería conversar, acérquese un poco por favor. - Ella se acercó al escritorio, y él inesperadamente le tomó del brazo y acercó su cara a la de ella. Se sobresaltó tratando de recordar si había cerrado la puerta tras de ella al entrar a la oficina, podrían verlos así.

-Esta noche iré a tu casa luego de salir, así que espérame ¿sí? Ahora vamos a terminar el trabajo de hoy Capitán. - Riza quedó aturdida por la actitud, si siempre iba a su casa, no entendía el aviso tan emocionado, pero obedeció y se dispuso a trabajar lo que quedaba del día.

Había llegado a su casa del trabajo hacía unos momentos, se había quitado la chaqueta del uniforme para pasear a Hayate, lo veía emocionado por salir así que lo hizo antes de terminar de cambiarse. Después de un rato paseando volvieron a casa, y antes de poder por fin quitarse el uniforme, tocaron la puerta, era algo temprano para que fuera Roy así que se acercó despacio a la puerta con una mano en su pistola.

- ¿Quién es? - Preguntó calmada, para no levantar sospechas.

-Soy yo preciosa, no te preocupes. - Se sorprendió de que llegara tan temprano, solía venir más tarde para evitar que alguien lo viera. Le abrió la puerta, él estaba en pantalón y camisa de vestir y traía un ramo de flores en la mano. Eran unas flores blancas y sencillas, como a ella le gustaban, ella odiaba las rosas porque le parecían impersonales y Roy Mustang era el único que lo sabía. La tomó en los brazos y la besó en los labios, tenía puesta esa colonia que a ella le gustaba tanto.

-Gracias por las flores, no eran necesarias. No me llegué a cambiar porque salí con Hayate a pasear, pero en seguida regreso. - Quiso alejarse, pero él la tomó desde atrás y la arrimó a su cuerpo, dejó las flores en la mesa. Puso un brazo al nivel de su cuello, tomando su hombro izquierdo y el otro rodeando su cintura para posar la mano en su cadera derecha.

-No necesito que sea "necesario" comprarte flores, solo las vi y quise traerlas, sé que te gustan. - Sentía la respiración de Roy en su oído, tomó el brazo que rodeaba su cuello y lo acarició, ese tipo de cercanía con él le fascinaba, sentía los latidos de su corazón en su espalda, el calor de su cuerpo. Estiró su otra mano para acariciar el rostro masculino y susurró un "gracias" que él respondió con un beso en su cabeza.

-Estaba pensando que mañana podríamos salir a cenar y luego ir a bailar ¿qué dices? - Ella solo se rio como respuesta, sabía que eso no podían hacerlo, estaban recluidos a la intimidad de la casa de ella o la de él. A veces era difícil pero no le daba importancia, se tenían y eso era lo que importaba.

-Pero no te rías mujer, responde la invitación. - Le reclamó riéndose en su hombro.

-Me encantaría, pero sabes que no es posible. -

-Yo creo que es bastante posible. Todavía no te dije sobre qué conversé con Grumman ¿quieres saber? - No entendía a qué venía lo que hablaron, pero era buena excusa para salir del tema incómodo de la cena.

-Cuéntame. - Le besó el brazo que aun la sostenía por los hombros con dulzura.

-Bueno, el viejo estaba muy interesado en mi opinión sobre un decreto que tenía pensado firmar y anunciar al volver a Central. Si yo decía que sí, lo firmaba, sino lo destruía. - Eso era raro realmente, sabía que el actual Führer le tenía aprecio a su General, pero eso era un poco excesivo. No veía nada que pudiera decretar el Führer que pudiera depender exclusivamente de la opinión de Mustang, excepto una cosa.

- ¿Era un decreto sobre Ishval? - Lo sintió negar con la cabeza en su hombro.

- ¿Entonces? ¿Qué necesita tu opinión directa? - Él le dio un beso en el hombro y otro en el cuello, y acercó sus labios a su oído tanto que sentía el roce.

-Mm nada, solo era un pequeño decreto que elimina las leyes de fraternización, nada importante. - Riza abrió los ojos como platos, y su corazón se detuvo un segundo para luego empezar a latir a mil por hora. Al fin pudo librarse de sus brazos y mirarlo de frente, él tenía una sonrisa espectacular pintada en la cara y ella todavía no creía lo que había oído.

-Si es una broma, no es nada graciosa Roy. -

-No es una broma, jamás haría una broma con eso. - Riza sintió como los ojos se le llenaban de lágrimas y se arrojó de nuevo a sus brazos. Tanto tiempo negándose a estar juntos por esas malditas leyes, estos 7 meses jugando a las escondidas, con encuentros cortos, era agotador por momentos, aunque nunca dejaría esto. Ahora… Ahora podían estar juntos sin miedo, disfrutar de estar juntos toda la noche, amanecer juntos, salir y entrar al trabajo juntos… Salir como las demás parejas.

-Un momento, ¿por qué Grumman quería tu opinión precisamente sobre eso? ¿Acaso él sabía algo? - Roy se rio nervioso, y se rascó la nuca.

-Ehh, digamos que él intuía que sentía algo por ti. - Le frunció el ceño, siempre tan irresponsable.

-Explícame eso Mustang. -

-Bueno... Una vez me preguntó qué tipo de mujeres prefería y tal vez te describí con demasiada...Exactitud y él enseguida supo de quién hablaba. Ya sabes, es un viejo astuto. - Rodó los ojos, pero enseguida sonrió y lo besó suavemente en los labios. La tomó de la mano y se sentó en la silla, y ella aceptó gustosamente sentarse en su regazo. Rodeó su cuello con sus brazos y lo observó, ahora entendía esa expresión que tenía en el trabajo.

-Ahora ya puedo imaginarte en vestido de novia sin deprimirme, créeme, era un problema. - Estalló en carcajadas y él la contemplaba sonriente. Ella nunca se había permitido fantasear con algo así, pero ahora podría hacerlo.

- ¿El galán del ejército piensa en matrimonio? Pobres secretarias, vas a romper sus corazones. - Ahora fue él quien carcajeó y a continuación la besó intensamente.

-Daño colateral, no creo que te preocupen mucho los corazones de las secretarias. - Le besó la frente, pero se puso seria.

-Bueno, si vamos a hacer esto, tengo dos condiciones Roy Mustang. -

-Te escucho, Riza Hawkeye.-

-Primero: Nada de comportamientos inadecuados en el trabajo. - Por más ausencia de leyes, había que mantener la profesionalidad, y no servía alimentar chismes morbosos por los pasillos del cuartel.

-Vas a tener que definir "inadecuado" porque mis estándares son un poco altos, hay muchas cosas que considero adecuadas y los demás no.- Sonreía con picardía, había nacido para ser un galán, no había remedio.

-Por eso usaremos mi definición de "inadecuado", sé que es lo mejor. - Él asintió, estaba de acuerdo en que era importante no interferir con sus propias metas.

- ¿Cuál es la otra condición preciosa? -

-Si se te ocurre pedirme matrimonio de manera pomposa y rodeados de desconocidos que aplaudan, no solo diré que no, sino que te disparo. - Quiso parecer seria, pero la risa se escapó de sus labios.

-Tranquila, ese no es nuestro estilo, prometo que cuando lo haga será como corresponde. Y que conste que dije "cuando" y no "si". - Riza no pudo evitar sonrojarse y sonreír, besó las manos de Roy mientras él acariciaba su rostro. Por primera vez desde que se conocían, se permitían hacerse ilusiones juntos, ni siquiera cuando eran jóvenes y aun ilusos, la vida siempre se había encargado de que no pudieran pensar en esas cosas.

-Ahora, yo también tengo una condición. - La tomó del mentón para que lo mire directo a los ojos, ella levantó las cejas intrigada.

-Quiero que lo antes posible te mudes a mi casa, no quiero estar separados más tiempo, y tu departamento es muy pequeño. El mío es más confortable para los dos. -

-Para los tres, sería más correcto. - Mustang abrió los ojos aterrado y palideció 5 tonos, quiso reírse, no pretendía sonar así, ni mucho menos asustarlo, pero la expresión de su rostro era hilarante.

- ¿Qué...Qué tercera persona te refieres, Riza? - Podría jurar que las manos de Roy temblaban sobre su cuerpo. Evitaba estallar en risa en la cara de su pobre compañero.

-De Hayate, Roy. Black Hayate vivirá con nosotros, te estabas olvidando de él. - Roy suspiró y volvió a su color normal, parecía estar liberando oxígeno que tenía retenido en los pulmones. Lo besó en la mejilla, como perdón por el pequeño susto.

-Tienes razón, lo había olvidado. Perdona Hayate, amiguito. - El pequeño can ladró detrás de ellos como respuesta.

Se abrazaron con fuerza, al fin tenían algo que siempre habían querido, la libertad para amarse sin tener que pedir disculpas ni ocultarse.

-Te amo mucho, Riza. -

-Yo también te amo mucho Roy. -


Una semana más, un capítulo más! Acá estoy de nuevo sumando tesoros a la colección.

Este fic es continuación de "Acercamientos Inadecuados", ya una vez fuera las leyes, el asunto era comunicarselo a Riza. Creo que logré la imagen que quería de esto.

Me inspiré en un dibujo hermoso que me regaló una amiga mía 3 Espero les haya gustado, gracias por estar siempre!