Entró al Cuartel bastante temprano como siempre solía hacer, su superior no llegaría en al menos media hora más. Él se había ido de su casa temprano para alistarse en la suya propia, era un poco agotador tener que manejarse de esa manera, pero no había opción.

Después de dejar sus cosas en la oficina y habiendo revisado la cantidad de trabajo que había para el día, decidió ir a practicar tiro hasta que Roy Mustang hiciera acto de presencia, de todos modos, no podía empezar sin él. Ya en el vestuario, colgó su chaqueta dentro del casillero y tomó su rifle para dirigirse al campo de tiro. Cuando consideró que había pasado suficiente tiempo practicando, supuso que su superior estaría por llegar, así que volvió a los vestidores. Escuchó que había otras voces, pero no les dio importancia mientras dejaba su rifle y se volvía a colocar la chaqueta del uniforme. Hasta que un comentario de una de ellas captó su atención.

- ¿En serio saliste con él? No te creo Clarissa, Roy Mustang nunca se pasa por el departamento de secretaría… ¿Cuándo te invitó? -

-Por supuesto que es verdad Bárbara. Me lo encontré por la calle el jueves en la tarde y me dijo si quería salir el sábado con él. Fuimos a cenar. -

Riza quiso echarse a reír luego de escuchar eso, cuanta imaginación podían tener algunas mujeres. El jueves en la tarde, Roy Mustang estaba bufando ante una pila considerablemente grande de papeleo sobre su escritorio. Ese día salieron del cuartel muy tarde. Y el sábado en la noche…

- ¿Solo cenaron eh? - Le preguntó la otra chica con algo de picardía en la voz.

-Bueno, también caminamos un rato y luego fuimos a su casa. -

- ¿Y luego? -

-Y luego ya sabes… No iba a decirle que no al Alquimista de la Llama. - Las escuchó reírse y quiso estallar en carcajadas.

El sábado en la noche Roy Mustang estaba enredado en las sábanas de su cama, desnudo y gimiendo maldiciones al ejército de Amestris, mientras ella jugaba con él. Estuvo ahí toda la noche del sábado, y ahí se quedó hasta el amanecer del día de hoy, cuando había ido a su casa a prepararse para ir a trabajar. Su costado más malicioso moría de ganas de restregar eso en la cara de la muchacha que clamaba haber pasado por la cama del General, pero su costado sensato le recordaba que seguían existiendo las leyes de fraternización y no valía la pena meterse en problemas por una chiquilla con exceso de imaginación.

De vuelta en la oficina, acomodando algunos documentos no pudo contener más la risa recordando la conversación de esas dos muchachas.

-Es bueno verla reír tan temprano Capitán. - Roy Mustang estaba entrando por la puerta y la miraba divertido desde el marco.

-Buenos días General. - Lo saludó todavía con una sonrisa en los labios, que se agrandó más cuando recordaba que ya le había dado los buenos días hace unas horas, de una manera mucho más satisfactoria.

- ¿Puedo saber que la tiene tan sonriente? ¿Acaso tuvo un agradable fin de semana? - Preguntó con galantería mientras se iba a sentar a su escritorio.

-Oh nada importante General. Por cierto, acabo de escuchar a una muchacha en los vestuarios diciendo que se acostó con usted el sábado, debería ser más discreto. - Su superior parpadeó perplejo, como si estuviera analizando lo que acababa de decir. Cuando al fin lo procesó, se rio y se tiró el cabello para atrás.

- ¿De verdad? - Riza asintió mientras le acercaba los papeles para comenzar el trabajo del día.

-Demonios, esto de imaginarme con usted cuando estoy con otras mujeres se me está yendo de las manos, Capitán. Habría apostado mi vida a que eran sus piernas entre las que pasé el fin de semana. -

-General. - Intentó regañarlo, pero no podía dejar de reírse suavemente.

-Sí ya sé, perdón. - La miró en silencio de arriba a abajo, con esa sonrisa impertinente que solía usar y que siempre lograba desarmarla.

- ¿Se puso celosa, Capitán? Espero no le haya disparado a la pobre secretaria. -

- ¿Por qué debería, General? Yo sabía exactamente dónde estaba y qué estaba haciendo. - Se acercó sutilmente al asiento del General mientras dejaba algunos documentos, se puso a la altura de su oído para poder susurrarle.

-Y también sé cómo lo disfrutaba. - Roy sonrió de lado y deslizó un suave "te amo" mientras acariciaba la mano que apoyaba los papeles sobre el escritorio.

No le admitiría que se sintió un poco molesta de oír esa conversación, no le gustaba que se siguieran alimentando esos rumores sobre su superior, pero debía aceptarlos mientras tanto, ayudaban a que disimular lo que pasaba entre ellos fuera más fácil. Ella confiaba en que llegaría el día en que ya no fueran necesarios, y que lo suyo pasara de ser otro rumor desagradable corriendo por los pasillos a ser lo que era en la realidad.


Otra semana, otro capítulo! Me atrasé un día esta vez, pido disculpas, estuve algo ocupada.

Como avisé en el anterior, este también es más cortito y humoristico. Pero no se preocupen! Ya el de la próxima semana es más intenso (No quiero decir que es lemon pero...)

Gracias por los comentarios tan lindos que siempre me dejan, me hacen muy feliz!

Nos leemos la próxima semana!