ADVERTENCIA: El siguiente capítulo contiene LEMON

Los juegos de Hawkeye

A pesar de la reprobación en la mirada de Hawkeye, no tenían otra opción. Habían venido en coche porque estaban relativamente cerca de Ciudad del Este, pero se les había hecho tarde y además había comenzado a llover. Ninguna de las dos era buena compañía para conducir. No les quedó más opción que pasar la noche en una posada del pueblo, la cual, convenientemente, sólo tenía una habitación disponible.

-No creo que sea correcto que compartamos habitación, General. - Hizo fuerte énfasis en su rango mientras debatían frente a la dueña del lugar, se veía ciertamente preocupada por lo que podría darse a entender.

-Sé que no es lo más adecuado Capitán, pero no tenemos otra opción. No podemos conducir a casa con esta lluvia. - La veía contrariada, entendía su posición, pero realmente no tenían opción. No se iba a arriesgar a manejar con este clima y morir estúpidamente en un accidente de coche que podía evitarse pasando la noche en el lugar.

-Disculpen la intromisión. - Habló tímidamente la señora amable que manejaba el lugar, que había visto en silencio toda la discusión. - Señorita, no debe preocuparse, en la habitación hay un sofá. No tienen por qué compartir la cama si a usted la incomoda. - Salvado por la amabilidad de esa mujer, con la discusión previa y ese comentario, se podían asegurar que nadie se haría ideas erróneas (aunque no lo eran realmente) y podían pasar la noche tranquilos.

- ¿Lo ve Capitán? No hay nada de qué preocuparse, además sabe que yo jamás la tocaría. - Por como Riza frunció las cejas, supo que ese comentario no le cayó en gracia, aunque haya sido por aparentar distancia. Antes de que le dispare, tomó las llaves que le ofrecía la dueña y comenzó a subir hacía la habitación, Hawkeye lo seguía de cerca, pero en silencio, y aún con una expresión de enfado que estaba empezando a asustarlo.

La habitación no era muy grande, pero era acogedora realmente. Efectivamente había un sofá, pero ninguno de los dos podría dormir en él muy cómodamente. La cama era aceptablemente grande, podrían dormir perfectamente acurrucados, así que no había problema.

Se deshizo de su saco que estaba algo húmedo por la lluvia, y también de la chaqueta del uniforme. Vio como Riza lo imitaba sin dirigirle la palabra, tendría que esforzarse para quitarle el enojo, ciertamente el comentario había sido innecesario. Comenzó a desabrocharse la camisa y cayó en la cuenta de algo interesante, por lo que se pintó la mejor sonrisa pícara que tenía para dirigirse a su hermosa acompañante.

-Ahora que lo pienso, no hemos traído ropa de dormir, así que tendremos que dormir en ropa interior, Riza. O también podríamos dormir desnudos. -

-Si General, ya lo sabía. - Torció el gesto cuando lo llamó por su rango y de esa manera tan fría, estaban solos y dudaba que alguien los escuchara, podía tratarlo como siempre hacía en la intimidad. Pero lo había omitido a propósito, estaba molesta y quería que él lo notara. Se acercó con cuidado y posó las manos en su cintura, ella ni siquiera se inmutó.

- ¿Puedo ayudarla a quitarse eso, Capitán? - Ella le retiró las manos y se alejó unos pasos, para terminar de sacarse la camiseta.

-Puedo sola, General. - Lo miró con desdén, mientras él sin quererlo desvío su mirada algo más abajo de su rostro. Le encantaba la ropa interior que solía usar, no era para nada del estilo que se esperaría en una mujer de su carácter, y eso lo excitaba demasiado. Decidió volver la atención a esos ojos filosos que lo observaban.

-Perdóname Riza, ese comentario que hice fue innecesario, lo reconozco. Quería sonar distante para erradicar cualquier sospecha, pero me pasé, lo lamento. - Ella le sostuvo la mirada sin hacer ninguna expresión.

-Está bien, lo entiendo. - Cruzó los brazos justo debajo de su busto, haciendo que este resalte, sospechaba que lo había hecho intencionalmente. -Voy al baño. - Él asintió.

Mientras ella seguía en el baño se quitó los zapatos y el resto de la ropa, para recostarse en la cama, le dolía la espalda de estar tanto tiempo de pie, los problemas de trabajar sentado todo el día. Cerró los ojos para relajarse, escuchó cómo se abría la puerta del baño y los pasos de Riza, que por cómo sonaban, estaba descalza. Abrió los ojos para verla y agradeció como pocas veces antes haber recuperado su vista luego del Día Prometido.

Estaba con el cabello suelto, y solo cubierta por la ropa interior que traía. De color negro, que contrastaba de una manera espectacular con esa piel clara que tenía y con el cabello rubio manteca. Tenía un ligero rubor en las mejillas, supuso que por el recato que la caracterizaba. Pero en sus ojos no había esa vergüenza adorable que solía haber cuando estaban en situaciones así, sino algo que no supo descifrar con exactitud, pero podría acercarse a un aire desafiante.

-De verdad que eres un regalo para la vista así. - Riza se acercó a la cama y se subió sin mediar palabra, se sentó en su regazo y cuando él estaba llevando las manos hacía esa cintura definida, ella se las sostuvo de las muñecas. Llevó sus manos a los lados de su cabeza y las agarró firmemente poniéndose al nivel de su rostro, el cabello rubio le caía en la cara. La miró desconcertado.

- ¿Qué haces? - Intentaba fijarse en sus ojos, pero el escote descubierto era demasiado tentador.

-Vamos a jugar un juego, General Mustang. - Su rango y su apellido nunca habían sonado tan bien.

- ¿Qué juego, Capitán Hawkeye? - Le preguntó entre intrigado y excitado. Ella tomó en sus manos algo que parecía ser su pantalón, con agilidad, lo utilizó para atarle las muñecas entre sí y al cabezal de la cama, estaba totalmente a merced de Riza Hawkeye. Miró la atadura, atónito y luego se fijó en ella, que le sonreía desde sus piernas con malicia. Se acercó a su cuello y lo lamió para luego morderlo, mañana habría definitivamente una marca en ese lugar. Subió hasta su oreja y luego de mordisquear su lóbulo, le habló con el tono de voz más sensual que había escuchado en toda su vida.

-Usted va a ser mi juguete, y yo haré con usted lo que yo quiera. Ese es el juego General. - Barajó por un momento haberse golpeado la cabeza durante el viaje y estar soñando mientras en realidad estaba inconsciente en una cama de hospital. Esto distaba mucho de la Riza Hawkeye a la que estaba acostumbrado. No era una amante negligente, todo lo contrario de hecho, tenían una perfecta sintonía. Al igual que en la vida en general, no necesitaban palabras para saber lo que el otro quería. Se preguntó si esto era lo que lograba por hacerla enojar, tal vez debería hacerlo más a menudo.

Riza le echó el cabello para atrás y capturó su boca en un beso hambriento, intenso, lo dejó sin aliento. Le ardían las manos por no poder ponerlas en su cuerpo, no poder tomar esa cintura ni tomarla de la nuca para profundizar el beso. Cuando lo soltó, comenzó a recorrer su pecho con su boca, la sensación era magnífica, la humedad de sus labios lo hacía estremecer y no podía evitar que algún leve gemido escape sus labios. Siguió bajando, llegó a su abdomen y la sensación ya amenazaba con volverlo loco. Su corazón empezó a latir muy fuerte cuando ella tomó sus calzoncillos y los deslizó por sus piernas, dejó salir un jadeo desesperado cuando vio que esos ojos chocolate lo miraban con deseo. La vio lamerse los labios y se preguntó qué haría a continuación. La respuesta llegó por sí sola cuando Riza se llevó su miembro a la boca. Gimió muy fuerte, nunca creyó sentir la boca de Riza justo en esa parte de su cuerpo, ella lo miró con algo de reproche sin desatender lo que hacía y entendió lo que quiso decir, había sido ruidoso.

-Lo lamento. - Le dijo entre jadeos, ella bajó sus párpados a modo de aprobación y siguió con lo que estaba haciendo.

Era algo inexplicable, la calidez, la humedad, los movimientos de su lengua. Temía por su propia cordura, moría de ganas de enredar sus dedos en los mechones rubios que caían cerca de su abdomen. Cuando Riza decidió que era suficiente (aunque él discrepaba) retiró su boca, tenía los labios algo hinchados por lo que había estado haciendo, y la hacía ver más sensual que nunca. Se puso de pie frente a la cama y se deshizo de su ropa interior.

-Para que vea que soy justa General, así no es el único totalmente desnudo. -

-Usted es muy benevolente. - Le respondió con sarcasmo.

Se sentó de nuevo sobre él, podía sentir la humedad que había entre sus piernas, los muslos apretados a sus lados. No creyó que estar atado fuera gran problema, pero ahora veía la "tortura" a la que quería someterlo, no poder ponerle las manos encima se estaba tornando insoportable. Riza lo besó de nuevo, mordiendo delicadamente su labio inferior. Se acomodó para introducirlo en ella y comenzó a moverse suavemente, gemía despacio, y él solo podía pensar en que quería enterrar sus dedos en esos muslos que lo rodeaban.

Ella comenzó a aumentar la velocidad y la intensidad de sus movimientos, cada vez aguantaba menos.

-Por favor, Riza. - Le suplicó entre gemidos, de verdad necesitaba sentirla, sentir cada parte de su cuerpo.

- ¿Qué es lo que quieres? - Le preguntó dulcemente con la voz quebrada por la excitación, ella lo sabía, claro que sabía lo que él quería, le gustaba ese papel de torturadora que había adoptado.

-Quiero...Necesito tocarte. Por favor, suéltame. - Se detuvo y parecía meditar su petición, por su mirada parecía que ella también necesitaba que la toque. Lo desató con cuidado, él aprovechó para poder mirar sus pechos sin pudor. Cuando estuvo libre se frotó las muñecas, lo había atado con bastante fuerza, se las había dejado rojas. La vio todavía sentada en él y ya no aguantó más. Primero la agarró fuerte de la nuca y de la cintura para besarla con urgencia, ella lo sujetó del rostro y se movía despacio para no dejar de lado lo que estaban haciendo. Llevó la mano que estaba en la cintura femenina más abajo, acarició el muslo que tanto lo llamaba y afirmó su agarre en su trasero para ayudarla a moverse, para hacerlo más intento, él siempre quería más de ella.

Besó su cuello, dejó su propia marca como ella hizo en el suyo. La sintió gemir más fuerte y supo que estaba al límite, él también, así podría dejar de aguantarse. Alzó la vista, no quería perderse sus expresiones faciales, que lo empujaron más a la recta final.

Ella explotó primero y en seguida, él se dejó ir dentro de ella, recostó la cabeza en su hombro agotado y ella acariciaba su pelo mientras relajaba su respiración. Se alejó para mirarla y ella le regaló una sonrisa espectacular, de esas que nadie tenía el privilegio de ver.

-Te amo. A veces me impresiona todas las cosas que me haces sentir. - Ella le sonrió con dulzura y le apartó el cabello de la frente para besarlo ahí.

-Yo también te amo. Y tú también me haces sentir cosas increíbles, Roy. -

La recostó con cuidado en la cama para besarla en los labios, ahora con calidez y ternura. Cubrió sus cuerpos con las sábanas y la estrechó contra él. Eran esos momentos en los que se sentía realmente afortunado, aunque conociéndola, ella diría que la suerte no tenía nada que ver, que habían sido las decisiones las que los fueron uniendo en el camino. Él discrepaba, consideraba que el hecho de que ella sintiera lo mismo que él desde el principio, había sido suerte, tal vez la única vez que la tuvo en la vida.

-Deberíamos dormir ya. - La voz de Riza sonaba somnolienta.

-Tienes razón, espero que nadie haya oído nada. - No pudo evitar reírse.

-No es gracioso, Roy. - Ella trataba de esconder su propia risa.

-Ya ya, vamos a dormir que hemos gastado demasiadas energías con tu juego maligno. -

-Eso le pasa por hacerme enojar, General. -


Otra semana, otro capítulo! Esta vez vine con otro lemon (Vieron que les dije)

No hay mucho más que decir, espero que lo disfruten. Gracias por sus comentarios 3

Nos leemos la próxima!