Amigos
Volvió a la habitación luego de salir del baño y él la esperaba en la cama leyendo un libro, mientras acariciaba las orejas de Hayate que se había acostado junto a sus piernas. Exhaló con fuerza, ya le había dicho que no quería que acostumbre a Hayate a subirse a la cama, pero nunca le hacía caso. A pesar de esa nimiedad, esto de compartir con él todas las noches le resultaba muy agradable. Él tuvo razón al decir que en su casa estarían más cómodos, ahora que había terminado de mudarse lo veía.
Roy cerró el libro y le pidió a Hayate que se bajara, el can obedeció y se marchó a dormir seguramente en el sofá que había en la sala de estar.
-Ven, te estaba extrañando. –
Roy le daba palmadas al colchón invitando a recostarse junto a él. Ella se acercó para acomodarse a su lado. Esa calidez cotidiana que los envolvía siempre la relajaba.
- ¿Te gusta la casa? Admito que nunca le he prestado mucha atención, si hay algo que quieras cambiarle dímelo, podemos pintar o lo que tú quieras. -
-Me gusta como está. Además, es probable que nos transfieran a Central en algún momento, por lo que no valdría la pena modificar mucho la casa. –
Roy acariciaba su pelo mientras asentía. Su meta era llegar a Central (otra vez), así que la casa era lo de menos. Cuando se muden definitivamente a Central sí podrían darse esos lujos. Roy la había rodeado con su brazo y atraído a su pecho, podía sentir sus latidos calmos.
-Estaba pensando que ya es momento de contar lo nuestro. –
Aun cuando Grumman había eliminado las leyes de fraternización, alegando la necesidad de mostrar que los militares "también son humanos", ellos no habían informado de su relación a nadie de su entorno. Sinceramente le resultaba algo delicado, había aguantado por años las insinuaciones de Rebecca y no veía cómo le haría entender que ahora estaban juntos, pero en el pasado nada había sucedido, sería imposible. Pero eran sus amigos, les debían esa confianza después de todo lo sucedido, se sentirían traicionados de seguir escondiendo las cosas.
-Tienes razón, aunque debo prepararme mentalmente para informarle de la Teniente Catalina, ya puedo oír sus gritos histéricos. - Roy se rio, seguro concordaba en que Rebecca no sería nada prudente con su reacción.
-Seguro Breda y Havoc han apostado, me pregunto cuál de los dos ganará. - Era absurdo negar que sus subordinados más cercanos intuían algo, probablemente ni se sorprenderían. A pesar de lo discretos que siempre habían sido con la extensión de su relación, había ocasiones en que las cosas salían a flote. El hecho de que Bradley la eligiera a ella como rehén directo, la manera en que Roy se preocupaba excesivamente por ella, como le permitía que lo tratara como si fuera la superior y él el subordinado que tenía que obedecer. En retrospectiva, lo suyo era el secreto peor guardado del país.
-También me gustaría contarle a Winry y a los Elric, seguro se alegrarán mucho. - Comentó Riza. Winry era una muchacha tan dulce, estaba segura que su reacción sería muy alegre, la reconfortaba tener gente así a su alrededor.
-Sí, seguramente. Sé de alguien que también se alegraría mucho por esto. - Pudo percibir nostalgia en su voz, no tuvo que voltear a verlo para saber qué le ocurría, ni mucho menos que dijera el nombre para saber de quién hablaba.
Todavía recordaba las llamadas recurrentes en horas de trabajo. Las pocas veces que el teléfono suena en la oficina desde entonces, a veces espera escuchar a Roy suspirar con cansancio dando a entender que es su amigo otra vez llamando para hablar de su hija y su esposa. Pero ya no más, desde hace tiempo.
-Creo que él supo que algo sucedía desde que nos vio en Ishval, ese idiota era muy perceptivo. Aunque nunca podría adivinar la profundidad del asunto. –
Se había alejado de su pecho para observarlo, tenía una sonrisa melancólica en los labios. Afortunadamente, ya no se hundía en la tristeza cuando recordaba a Maes Hughes, había logrado aferrarse a los recuerdos agradables en lugar de al vacío de su pérdida.
-Es bastante probable. Era un hombre inteligente y sensible, por eso se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor con tanta facilidad. –
Riza no lo consideraba su amigo, pero si lo respetaba mucho, y sabía que era un hombre con el que se podía contar en cualquier circunstancia. Y había notado que su esposa Gracia era igual, ambos eran hospitalarios y amables.
-Nunca me lo dijo, pero creo que cada vez que me decía que consiga esposa hablaba de ti. Es algo que tengo pendiente con él ¿sabes? Me arrepiento de no haberle contado lo que sentía, de no haberle contado todo lo que pasó entre nosotros dos, podía confiar en él. No debí escondérselo. - Su expresión se ensombreció, los remordimientos a veces lo alcanzaban. Lo besó en la frente y le tomó la cara entre las manos para que la mire.
-Yo no creo que Maes Hughes haya necesitado palabras para comprender la profundidad de lo que tú sentías. Como dices, cuando nos vio en Ishval él comprendió muchas cosas aún sin escucharlas de tu boca. -
- ¿Tú crees? -
-Definitivamente, te conocía mejor que nadie. Si quieres, podríamos ir a contarles a Gracia y Elicia cuando estemos por Central. Ellas también estarán muy felices. - Su rostro se iluminó, como si las palabras de ella le sacaran un gran peso del pecho, ahora fue él quien le tomó el rostro y la besó, pero con intensidad y agradecimiento.
-Me agrada la idea. Pero, te estás equivocando en algo sobre Hughes. –
Levantó la ceja con intriga.
- ¿En qué? -
-Él me conocía mucho, pero, tú eres quien más me conoce, hasta el último rincón de mi alma. –
Le regaló la mejor sonrisa que pudo imaginar y no pudo evitar sentirse conmovida. Era cierto si lo pensaba, a veces parecían conectados no solo por sus mentes sino por sus almas. Era mutuo, nadie sabía lo que había en su interior más que Roy Mustang, hasta podría asegurar que lo sabía mejor que ella misma, porque sabía saltear sus barreras y descifrar sus escondites.
Se acomodaron entre las sábanas un junto al otro, ella le daba la espalda y él la rodeaba con sus brazos.
-Abrazarte a ti es mucho mejor que hacerlo con una almohada, mil veces mejor. -
-Imagino que lo es. -
-Puedo escuchar en mi mente la voz de Acero al saber lo nuestro y ya me estoy fastidiando. - No pudo evitar reírse. Ed era otro caso como el de Rebecca, su reacción era impredecible, lo único que cabía esperar es que sería, como mínimo, escandalosa.
…
...
Rebecca la dejó prácticamente sorda de un oído al contarle.
- ¿ESTÁS JUGANDO CONMIGO RIZA HAWKEYE? -
-Rebecca, si me echan del ejército por falta de audición por tu culpa, te asesinare. No estoy jugando contigo. No te lo dije antes porque era peligroso con las leyes de fraternización, entiendo si estás enojada, pero espero que me entiendas. - Estaban sentadas en la mesa de un café de la ciudad, como les gustaba reunirse. Fue inteligente y eligió una mesa afuera, para que su amiga no destrozara las copas y tazas del lugar con su reacción.
- ¿Pero entonces antes también te estabas acostando con él? ¡Lo sabía! Y tú negándolo. - Suspiró con cansancio ante la pregunta, ya esperaba eso, ahora venía la parte de explicarle las cosas.
-Ya te dije que no. No negaré que mis sentimientos estaban, pero nunca pasamos de la línea de lo platónico hasta luego del Día Prometido. - Rebecca no pareció satisfecha con la explicación, pero aparentemente prefirió dejar el tema por la paz.
-Entonces ¿Cuánto hace que están juntos? -
-Creo que serían unos nueve meses, si mis cálculos no me fallan. - Habían sido 7 largos meses en la clandestinidad, jugando a las escondidas, separándose a deshoras, y 2 meses desde que Grumman firmó el decreto que los liberó por fin. El Führer fue muy astuto con sus justificaciones para deshacerse de las leyes, convenció a una gran parte de la milicia, aunque por supuesto quedaba una porción ultra conservadora que lo veía como el apocalipsis, si tan solo supieran que vivieron uno de verdad hace poco más de un año.
-Grumman fue bastante oportuno sacando las leyes ahora que lo pienso ¿No crees Rizz? - Ahí estaba el costado perspicaz de su amiga, se esperaba esto. Después de todo era mucha "casualidad", Rebecca como buena parte del ejército sabía del favor que tenía el actual líder del país por su superior.
-Sí, la verdad que sí. Su Excelencia sacó ese decreto en el momento ideal. - Su amiga sonrió con ironía, pero dejó el tema en paz.
-Me alegra saber que eres feliz amiga, Roy Mustang no es mi persona favorita, pero se nota que ustedes se aman, y eso me pone feliz. En serio. -
-Gracias Rebecca. - Se sonrieron con sinceridad y afecto. Eran distintas como el Sol y la Luna, pero la amistad que sentían era indudable. Regresó a beber su té satisfecha de la conversación, pésimo error.
-Bueno, ahora dile a Mustang que se apresure que ya quiero sobrinos eh. Yo no tengo hermanos así que depende de ti Riza. - Se ahogó con lo que estaba tomando, Rebecca Catalina siempre daba en el clavo para incomodarla. La escuchó reírse a carcajadas por su reacción. Era incorregible.
Otra semana, otro capítulo! Este tiene como dos partes, para no darles dos capítulos muy cortitos, preferí hacerlo así; prometo que haré otro contando como Mustang le cuenta a sus otros subordinados de la relación con Riza.
Espero que les guste, gracias a quienes siempre dejan reviews, me hace muy feliz saber que disfrutan lo que escribo.
Nos leemos la próxima.
