Grumman

Cuando supo lo que pasaba entre Roy Mustang y su nieta no estuvo muy seguro de cómo reaccionar.

Estaba conversando con Madame Christmas, ella le transmitía nueva información que podía serle de utilidad. Él no pudo aguantarse y llevó la conversación a dónde le apetecía.

- ¿Cómo le está yendo al General Mustang en el Este? ¿Ha hablado con él últimamente? - Dada la relación que unía a la mujer frente a él y a su potencial sucesor, sabía que ella estaba al tanto de todo lo que hacía.

-Todo va bien. La reconstrucción de Ishval no ha presentado más incidentes y sigue su curso con normalidad. -

-Me alegra saber eso. Su asistente… ¿Se encuentra bien? - Madame le dedicó una mirada de comprensión.

-Puedes referirte a Elizabeth como lo que es aquí dentro, Grumman, es seguro. - El hombre suspiró, aún tras tantos años de saberlo, decir esa palabra causaba algo extraño en él.

-Mi.…Nieta ¿se encuentra bien? -

-Muy bien por lo que he escuchado. - Dio una pitada a su cigarro y Grumman asintió satisfecho. Cuando se enteró que tenía una nieta, Riza Hawkeye ya estaba enlistada en el ejército y, peor aún, ya había sido enviada a Ishval. Hizo uso de un gran control para no pedir desesperado que sacaran a esa muchacha del campo de batalla ostentando su cargo y su parentesco, pensó en todos los daños para ella. Ya una mujer en la milicia era poco apreciada, pero si además tenía relación directa con un alto cargo era mucho peor. Solo le quedó a esperar que sus habilidades fueran tan buenas como se decía, que la ayudaran a sobrevivir esa terrible guerra. Y así fue.

Madame suspiró pesadamente, como si analizara lo que iba a decir a continuación.

-A Roycito no le va a gustar que te diga esto, pero no puedo ocultarlo con esa cara de idiota que pones cuando piensas en ella. -

- ¿Le sucedió algo? - Se asustó levemente.

-Elizabeth y Roy están juntos. Mantienen una relación clandestina para el ejército. Ya sabes, por esas tontas leyes. - Se sorprendió más de lo que cabía esperar.

- ¿Y se lo contó a pesar de ser un acto ilegal? - La mujer delante de él cerró los ojos y sonrió con arrogancia, le hizo acordar a cierto General que anhelaba seguir sus pasos.

-No te olvides quién soy para ese muchacho Grumman. Nunca me ocultaría algo así. ¿Estás molesto con la noticia? ¿Celoso tal vez, anciano tonto? - Se echó a reír, esa mujer si sabía leer sus pensamientos. Una parte de él si se sentía celoso, era su única nieta, su única familia. No quería que cualquier idiota la use o juegue con ella. Pero siendo realistas, no conocía a nadie mejor para ella que Roy Mustang.

Cuando supo bajo las órdenes de quién iba a estar Riza en el Este, enseguida quiso saber todo de Roy Mustang. Claro que todo era casi de dominio público. El Alquimista de la Llama, el Héroe de la Guerra de Ishval, un chico demasiado joven ostentando un cargo tal vez demasiado alto para su edad, pero lógico para los logros que ya poseía. Como no podía acercarse a Riza Hawkeye, decidió acercarse a él, y al conocerlo mejor, decidió también ayudarlo en este arduo camino que escogió. La carrera a la cima no es sencilla, menos para alguien tan joven.

Descubrió que algo se traía con su nieta cuando, en una conversación casual, le preguntó cómo le gustaban las mujeres y el incauto muchacho describió a su nieta sin darse cuenta.

"Pues, me suelen gustar de cabello rubio, pero con ojos marrones, siento que son más especiales. Rubias con ojos azules en Amestris sobran, pero rubias con ojos chocolates no hay muchas"

Luego descubrió que había aprendido alquimia de su yerno, Berthold Hawkeye. Por lo que dedujo que conoció a su nieta antes de siquiera estar ambos en el ejército. Ella era menor que él, lo que lo hizo preguntarse si no se habría unido a la milicia tras él. No podía saberlo.

Vio que al muchacho le gustaba jugar a ser mujeriego. Solo tuvo que sostener una conversación para saber que solo usaba eso como fachada.

-Noté que tu asistente es muy bonita, y coincide con tu descripción de mujer ideal. Dime ¿Ya te has acercado a ella? - Vio a Roy Mustang pasar de su color de piel normal a uno rojo tomate bastante disimulado.

-Existen las leyes de fraternización, señor. No se permiten las relaciones entre superior y subordinados. -

-Por favor, estamos en confianza Mustang. Créeme que muchos se saltan esa ley deliberadamente para acostarse con sus subordinadas, puedes decirme si es así. - No quería escuchar que Roy Mustang dijera que usaba a su nieta para divertirse, dudaba de su reacción si escuchaba algo así.

-No señor, nunca he roto las leyes de fraternización. - Notó que estaba siendo sincero y dejó la temática en paz. Pensó que tal vez estaba equivocado sobre lo que sentía ese chico por su nieta. Aun así, le gustaba molestarlo con propuestas de matrimonio con ella, las que él rechazaba, por supuesto, no sabía de quién hablaba.

Ahora que sabía que las cosas eran así, supo que tenía que hacer algo.

No podía permitir que su nieta corriera la misma suerte que su hija. Condenar su felicidad por unas leyes anticuadas era imperdonable, él era el Führer, tenía que hacer algo.

La idea llegó como una bofetada. Sería difícil, dudaba que la milicia estuviera muy contenta. Redactó el decreto con todo el detalle posible, para que nada pudiera ser refutado.

Se sintió dichoso cuando Roy Mustang le dijo que haría feliz a su nieta, firmó esa hoja de papel con más alegría de la que había sentido en años. Ni ostentar el más alto rango del país se comparaba. Aún desde la distancia se encargaría de que su nieta fuera feliz como merecía.

Enfrentar a la cúpula de Central con el decreto firmado fue una historia aparte.

"Usted quiere manchar la virtud de esta institución, se ha vuelto loco Su Excelencia."

"Esto será el fin de la milicia."

"Convertirá los pasillos de los cuarteles en burdeles con esto."

Habían sobrevivido una catástrofe y aún seguían siendo así de fatalistas, no entendía cómo. Había notado para su agrado que muchos no se habían pronunciado ni a favor ni en contra, eso era bueno. Hora de convencerlos, aunque después de todo, se haría lo que él quisiera.

-Señores, después de la crisis que ha sufrido este país es necesario un cambio. Revolución. Si bien el pueblo reconoce que la milicia los salvó, también tienen sus dudas respecto a nuestra institución. Tenemos que demostrarles que los militares ya no somos los que exterminaron Ishval, que somos humanos y que, como en cualquier empleo normal, la gente puede relacionarse sanamente. No seamos hipócritas, todos sabemos que esas leyes han sido violadas durante décadas, y sinceramente, no culpo a quienes lo hayan hecho. Es nuestra oportunidad de darle una nueva imagen al ejército de cara al pueblo, no la desperdicien permaneciendo anclados al pasado. - Las miradas estaban fijas en la cabeza del país, algunos mostraban cierta "amistad" con la idea, otros asentían satisfechos, unos pocos (bastantes pocos) seguían con expresión de disgusto.

A pesar de la leve oposición, anunció con entusiasmo la abolición de las leyes de fraternización. Contento porque de verdad creía que era un cambio positivo para la imagen de los militares.

Dichoso porque podría ver a su nieta ser feliz, sin tener que ocultarse para estar con el hombre que ama.


Otra semana, otro capítulo! Esta vez me retrasé un poquito, pido mil perdones.

Acá intenté contar un poquito (evitando tornarme densa) de dónde sale la idea de Grumman de eliminar esas odiosas leyes *sería previo a Acercamientos Inadecuados*

Espero que les guste y cubra un poco sus expectativas. Gracias por leer y dejar sus comentarios, me hacen muy feliz! Nos leemos la próxima