Familia
"Papi" escuchó en un susurro y sintió el peso de una pequeña mano en su hombro. Abrió los ojos con pesadez, siempre había sido de sueño pesado pero esa vocecita lograba despertarlo, no importaba qué tan profundamente dormido estuviera. Se encontró con esos dos ojos color chocolate mirándole en la oscuridad.
- ¿Qué sucede? - Preguntó somnoliento. Veía inquietud en esos ojos marrones que lo habían despertado.
-Es que tengo miedo, no quiero estar solo. - Ya eran varias veces que pasaba lo mismo. Su hijo estaba acostumbrado a dormir junto a Hayate. Desde que nació Maes, el can se había convertido en su guardián, dormía junto a la cuna cuando era bebé y luego cuando creció, compartían la cama. Tristemente, los años pasaban de manera cruel para los animales, y el pobre Black Hayate enfermó gravemente debido a su edad y los había dejado hace algo más de una semana.
Había estado junto a su esposa en situaciones terribles, la muerte de su padre, Ishval, soportar quemaduras en su propia piel, creerlo muerto; pero nunca había visto a Riza llorar tanto como el día que tuvo que despedirse del perro que la acompañó tantos años, y él debía admitir que también se sentía muy dolido. Pero su hijo Maes era el que se llevaba la peor parte.
- ¿Extrañas a Black Hayate? - El niño asintió.
-Es que cuando yo tenía miedo en las noches él se daba cuenta y se acurrucaba más conmigo, y yo así me sentía a salvo. Pero ahora yo…- Los ojitos se le llenaron de lágrimas y comenzó a hacer un pequeño puchero.
-Shh campeón, no llores. Te entiendo, es normal que extrañes a Hayate, pasó muy poco tiempo. Mamá y yo también lo extrañamos. - Acarició el pelo de su pequeño hijo, negro azabache y liso como el suyo, era la perfecta combinación de ambos.
-Ven, acuéstate conmigo. - Maes le respondió con una sonrisa mientras se acomodaba colgado de su cuello y sobre su pecho, por suerte el pequeño de 5 años no pesaba tanto.
-Gracias papi. - Le agradeció mientras le daba un beso en la mejilla. Era un niño cariñoso, costado bastante alentado por el "Tío Alex", como se refería al Coronel Armstrong. Acomodó bien a su niño sobre su pecho para cubrirlo con las sábanas. Roy había vuelto a cerrar sus ojos, cuando la voz de su hijo captó su atención.
-Hola Mami. - Giró la cabeza y se encontró con otros dos ojos chocolate que observaban la escena. Veía algo de reprobación mezclada con ternura, Riza intentaba que Maes no se acostumbrara a meterse en la cama de ellos, pero entendía lo que le sucedía de momento.
-Hola mi rey ¿Qué haces encima de tu padre? -
-Tenía miedo y estaba solito, mami. - El rostro de su esposa se suavizó, la maternidad era un costado de Riza Hawkeye que nunca creyó conocer, pero que definitivamente le sentaba a la perfección.
-Entiendo, por hoy está bien, pero vas a tener que acostumbrarte a dormir sin… Hayate. - La voz femenina se quebró levemente al referirse a su perro que ahora ya no estaba entre ellos. Maes asintió sobre su pecho. Riza se acercó a besarle la frente a Maes y a darle un beso en la mejilla a él.
-Bien, ahora vamos a descansar que mañana hay mucho que hacer. -
Cuando percibió que su hijo se había dormido volvió a observar a la mujer a su lado.
- ¿Cuándo te despertaste? -
-Cuando abrió la puerta de nuestra habitación. - Sonrió, los sentidos de esa mujer eran algo de temer.
-Está bastante afectado con el tema. Tal vez, deberíamos buscar otro perro. - Lo dijo con cautela, sabía que Riza no estaba lista para recibir a otro perro, la muerte de Hayate todavía estaba muy en carne viva en ella.
-Tal vez…-
- ¿Aún no estás lista cierto? - Ella negó con la cabeza y luego observó a Maes que dormía profundamente en su pecho.
-No, no lo estoy. Pero él lo necesita, no puedo ser egoísta, seguro me encariñe fácilmente con el perro. -
-Seguro que sí. -
Definitivamente, a Riza Hawkeye la maternidad le calzaba a la perfección.
…
Había estado tan ocupada estas semanas que no se había percatado que algo había faltado.
Algo no había venido.
Hizo los cálculos mentalmente, seis semanas, casi siete. Eso había pasado desde la última vez que tuvo su período. Había notado algunas otras cosas, le venían mareos de la nada, náuseas. Había atribuido todo al estrés del trabajo.
Casi se desmaya finalmente cuando el doctor le comunicó que estaba embarazada, dado sus síntomas y por lo que vio al revisarla.
No podía ser. No, simplemente no podía.
Se encerró en el baño a procesar la información. Escuchaba a Hayate gimotear desde afuera. Se sentía una carga, faltaba tan poco para llegar a la cima y ella agregó una piedra en el camino. Rompió en llanto, la idea de irse para no estorbar cruzó su mente. ¿Y si él no quería esto, justo en este momento? Nunca se lo diría, él no era así. Tampoco tenía excusas para irse y dejarlo, jamás lo permitiría, la buscaría en cualquier lado.
Escuchó la puerta de la casa abrirse y a Hayate ladrar, era Roy. Su corazón se detuvo un segundo, estaba aterrada por comunicarle la noticia. Ni siquiera sabía que había ido al hospital, aprovechó que él tenía una reunión a la que ella no podía asistir para irse.
- ¿Riza estás en casa? - No le respondió. Intentaba ahogar los sollozos contra la palma de su mano. Tocó la puerta del baño, el sonido la sobresaltó.
- ¿Estás ahí cariño? - Tragó saliva y respiró hondo para tratar de que su voz saliera lo más normal posible.
-Si, en un momento salgo. - Se olvidaba que estaba hablando con Roy Mustang, no podía engañarlo.
- ¿Qué te sucede? - Abrió la puerta del baño, ella no podía ni mirarlo a los ojos.
- ¿Estuviste llorando Riza? ¿Acaso te sientes mal? - La miraba tan preocupado y eso la hizo sentir peor, no pudo reprimir el llanto.
-Lo siento. -
- ¿Qué sientes? - Se había arrodillado para estar a su nivel, ya que ella estaba sentada sobre la tapa del inodoro. Le había tomado las manos, ella seguía sin poder mirarlo directamente.
-Entenderé si quieres que me vaya para no estorbarte, no voy a enojarme. - El rostro de Roy estaba entre consternado y confundido.
- ¿Qué dices? Yo nunca voy a querer que te alejes de mí. - Eso solo logró aumentar el caudal de su llanto, pensaba en cómo cambiaría la opinión de su esposo cuando le dijera lo que sucedía.
-Estoy embarazada, lo siento tanto. - Al fin se atrevió a mirarlo, le debía al menos esa valentía. Estaba pasmado, seguramente procesando lo que acababa de oír.
- ¿De verdad estás… Embarazada Riza? - Ella asintió, había embarrado el camino de la manera más estúpida.
-Esto es...Inesperado. Espera ¿Creías que te dejaría ir estando embarazada? - Roy se veía molesto, portaba una mueca de disgusto.
-Es que es un estorbo, justo ahora que…- No pudo seguir porque él la cortó.
- ¿Qué clase hombre crees que soy? - Por el tono de su voz, estaba verdaderamente enfadado. Había dejado de llorar y lo observaba, él se había puesto de pie frente a ella. Tenía los puños apretados, lo vio apretar los ojos y respirar hondo intentando serenarse. Se agachó un poco y le tomó de los hombros para mirarla directo a los ojos.
-Sé que esto no estaba en nuestros planes, menos ahora. Pero pasó, está pasando, mejor dicho. Y créeme que fuera de la sorpresa, me siento feliz. No vuelvas a pensar cosas como esa. - Eso la sorprendió.
-¿De verdad estás feliz?-
-Sí, muy feliz de hecho. Eres la única mujer con la que querría hacer esto. Pero quiero que tú también estés feliz. - Con esas palabras se calmó un poco. Quizás fue algo fatalista. Roy la amaba, y aunque no era lo ideal, sabía que ella era más importante que su meta, jamás permitiría que estuviera lejos de él. Nunca había deseado hijos, creía no merecerlos (ambos lo creían), como tampoco se creían merecedores de ser felices juntos, pero estaban juntos hace 5 años y casados hace casi 4. Y ahora estaban esperando un hijo. La vida les sonreía a pesar de haber causado tanto dolor.
-Estoy un poco alterada aún, pero la idea me agrada, y sé que cuando me tranquilice también me sentiré feliz. -
Roy la tomó entre sus brazos y la levantó del inodoro. La miró sonriente, iluminado, no pudo evitar sentirse dichosa.
-Perdón por haber pensado esas cosas. - Él negó con la cabeza y acarició su rostro, la besó con dulzura en los labios.
-Ahora tienes que cuidarte más, tienes que comer mejor. -
-Lo sé, el médico ya me lo dijo. Que tengo que ser cuidadosa por mi edad. - Rodó los ojos, ese comentario le había molestado, era una mujer joven, podía llevar adelante un embarazo.
-Bien, entonces seremos cuidadosos. No pienso perderle pisada Riza Hawkeye, aprendí de la mejor. - La hizo reír. Se sorprendía como lograba cambiar todo con unas simples palabras, era un don natural, un poder especial que él tenía sobre su persona.
Eran escasos, pero los momentos en los que podían sentirse como solamente un hombre y una mujer viviendo su vida juntos era satisfactorios. Olvidar por un rato los pecados, las cosas pendientes, se sentía muy bien.
Otra semana, otro capítulo! O más bien 2 en 1. Como la otra vez, para no dejarles un capítulo muy cortito, fusioné dos con la misma temática en uno!
Probablemente algunos no concuerden conmigo, pero yo siento que en un primer momento, un embarazo en esa relación podría considerarse un "problema", sobretodo a ojos de Riza que se preocupa demasiado porque Roy no pierda los ojos del objetivo común. Diganme qué opinan
Como siempre, muchas gracias por los comentarios, me hacen muy feliz y me alientan mucho a seguir.
Nos leemos la próxima!
