Aniversario
Se sentía emocionada como una adolescente mientras se preparaba. No podía evitarlo, nunca había tenido la oportunidad de alistarse para algo como esto. Incluso compró un vestido azul marino muy hermoso que había visto y le gustó al instante.
Él se había puesto la camisa que ella le obsequió para la ocasión. Clásica, de color verde oscuro. Le sentaba a la perfección con su piel. Se miraba al espejo satisfecho con su aspecto (como de costumbre).
-Me gusta mucho el color de esta camisa, le has dado en el clavo. Gracias. -
-No es nada, sabía que te quedaría bien. - Volteó a verla y sonrió. Ella estaba terminando de aplicarse algo de maquillaje, nunca lo hacía, pero quería hacer algo distinto. Se dejó el cabello suelto, el vestido tenía mangas cortas y cubría su espalda por completo, se ajustaba en la cintura y la falda era tipo lápiz.
-Ese vestido es muy hermoso. Te queda a la perfección. - Sintió como los brazos masculinos le rodeaban la cintura y Roy Mustang invadió todos sus sentidos. Se giró para verlo de frente y se perdió brevemente en ese rostro algo infantil que acariciaba y besaba desde hacía un año, era increíble cómo pasaba el tiempo. Lo besó dulcemente en los labios.
-Creo que deberíamos irnos o llegaremos tarde al teatro. - Roy asintió apenas separado de su rostro.
Caminaban de la mano por la ciudad, sin miedo. Hace un año no habrían imaginado que podrían darse ese lujo tan pronto, parecía tan lejano. Luego del teatro fueron a cenar. Los llevaron a su mesa, el lugar era lindo, sencillo y elegante. Comieron y bebieron mientras reían recordando viejos tiempos, anécdotas de cuando vivían juntos bajo el techo de su padre, de cuando compartían tiempo con los otros miembros de su equipo, cuando Edward y Alphonse aparecían por el Cuartel.
-Voy un momento al baño, enseguida regreso. - Lo observó levantarse y llevar su saco, eso le pareció raro. Vio como algunas miradas femeninas se posaban en Roy Mustang mientras se encaminaba al baño, pero le restó importancia, los celos no eran una parte importante de su personalidad. Dio unos tragos a la copa de vino, hasta que oyó que se acercaba de nuevo y se sentó en su lugar.
- ¿Te parece si compartimos algo de postre? Se me antoja algo dulce, pero preferiría que no comamos demasiado. - Sonrió con picardía y se acarició levemente la barbilla, para luego entrelazar los dedos con la mano de ella que descansaba sobre la mesa.
-Me agradaría algo con chocolate. - Acarició la mano que ahora descansaba unida a la suya, mientras Roy hizo un gesto con su mano para llamar al camarero. Le pidió el postre que quería y notó que le guiñó el ojo. No dijo nada, tal vez le había parecido simplemente, o solo había sido un movimiento involuntario.
Al cabo de unos minutos el camarero se acercaba a su mesa con una bandeja que depositó entre los dos. A Riza casi se le detiene el corazón, cuando notó que detrás del platillo se asomaba la esquina de una caja de terciopelo negro. ¿Acaso Roy iba a…? Le había dicho terminantemente que no quería que fuera en público, pero ahora dudaba de poder cumplir la amenaza de negarse. Empezó a ponerse nerviosa, ansiosa. Y él lo notó.
-No tienes que poner esa cara de susto, no es lo que crees. - Se sobresaltó ante la voz de su pareja. Roy tomó la caja y Riza vio que no era cuadrada como las que portan anillos, sino alargada. Roy la abrió, y ante sus ojos apareció un bello brazalete de oro blanco que había visto en una joyería hacía unas semanas. Lo había amado cuando lo vio, pero no había dicho una sola palabra al respecto.
- ¿Cómo supiste que me había gustado? No dije nada. - Él sonrió con autosuficiencia.
-Te conozco. Lo observaste por más segundos de lo normal, y además una leve sonrisa se te asomaba, así que supe que era de tu agrado. Feliz aniversario, mi amor. - Se sentía emocionada, no solo por el regalo que era hermoso sino por todo, por cada segundo a su lado en este año tan agitado que habían pasado.
Roy le colocó el brazalete con cuidado y le besó la muñeca. Su rostro también lucía emocionado, observaba la muñeca con el brazalete puesto como si fuera una ensoñación.
-Gracias, es bellísimo. -
-Es perfecto para ti. Ahora, terminemos el postre y vayamos a casa. - Riza asintió con una sonrisa.
Se dirigieron a casa sin apuro, caminando bajo la luz de la luna, en paz. Se detenían de vez en cuando para besarse y reírse.
Una vez en su hogar, fueron directo a su habitación. Ella se sentó en la cama a observarlo quitarse el saco y el chaleco. Suspiró y captó su atención.
-Déjame ayudarte a quitarte los zapatos. - No pudo negarse porque él ya estaba arrodillado frente a ella y deshaciéndose de uno de sus zapatos mientras acariciaba la pantorrilla con suavidad. A diferencia de lo que imaginaba, teniendo en cuenta a los demás hombres que conocía, la debilidad de Roy Mustang no eran los pechos grandes; sino las piernas, o al menos las suyas.
-De verdad te asustaste cuando viste la caja del brazalete. - La pinchó con una sonrisa jocosa en los labios.
-Creí que habías ignorado mi segunda condición alevosamente, solo fue eso. -
-Dijiste que, si lo hacía así, me dirías que no y me dispararías. Y cariño, no puedo arriesgarme a que me digas que no.- Ella sonrió, tal vez había exagerado con su reacción. Y con su amenaza.
-Yo también prefiero algo más íntimo, donde estemos solo los dos. Como, por ejemplo, ahora mismo. - Continuó Roy quitándole el otro zapato.
-Sí, algo así estaría bien. -
-Bueno, ya que estamos de acuerdo…- Roy se paró y se acercó al cajón de la mesa de noche, tomó algo que Riza no llegó a ver.
- ¿Qué haces? - Mustang volvió a ponerse frente a ella y arrodillarse como cuando estaba quitándole los zapatos. Sostenía algo entre sus manos y lo veía nervioso. Respiró hondo y finalmente le enseñó en una de sus manos una pequeña caja cuadrada de terciopelo rojo. Su corazón empezó a latir como un loco.
-Ábrela. - Roy le entregó la caja a ella, que la observaba sin poder creerlo. La abrió con lentitud. Dentro había un anillo con 4 pequeñas piedras. Hermoso. Simple, elegante y bello.
-Oh Roy es tan hermoso. - Su voz sonaba débil, estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar. Él tomó sus manos entre las suyas y respiró hondo para comenzar a hablar.
-Riza. Mi primera amiga, mi primer amor, mi único amor, mi protectora, mi Verdad… Mi reina. - La voz de Roy también sonaba quebrada, se notaba que trataba de mantener la compostura.
- ¿Te casarías conmigo? - Riza se echó a llorar, esto era más de lo que alguna vez soñó. Más de lo que alguna vez creyó que merecía. Movió su cabeza afirmativamente varias veces hasta que la voz al fin pudo salir de su garganta.
-Si, por supuesto que sí. - Él dejó escapar algunas lágrimas y un suspiro aliviado, como si de verdad creyera que ella se negaría. La tomó de la nuca y la besó enérgicamente. Tomó el anillo para colocarlo en el dedo anular, ahora todo tenía forma.
-Te prometo que tendrás la boda de tus sueños. -
-No es que alguna vez haya soñado con eso, Roy. Podemos hacerlo yendo a ver al juez y ya, no es necesario nada más. - Él se sentó junto a ella en la cama, sosteniendo sus manos.
-Es necesario lo que quieras tú. Si quieres que solo vayamos a ver a un juez, haremos eso. Si quieres una gran boda, haremos eso. Por favor, no dejes de lado tus deseos, no en esto. - Tal vez no estaría mal, hacer realmente lo que quisieran por una vez. Una boda pequeña no haría daño.
-Tal vez… Algo sencillo. Con invitados y una pequeña fiesta...Y un vestido, aunque no sé si puedo casarme con vestido. - Su ahora prometido sonrió ilusionado y le acarició la mejilla para luego besar sus labios.
-Lo que mi Reina desee, se hará. -
Otra semana, otro capítulo! Me atrasé bastante esta vez, pido mil perdones, espero compensarlo con el capítulo.
Y tenemos el primer aniversario, y la propuesta! No hay mucho que explicar supongo, quise que fuera fiel al estilo, no me imaginaba algo pomposo con gente desconocida aplaudiendo.
Espero que les guste, gracias por siempre acompañarme con sus palabras 3 Nos vemos la próxima!
