Remordimientos

Se despertó con dificultad, le dolía un poco la cabeza y el cuerpo, sobretodo la parte baja. Sonrió con arrogancia al recordar el porqué.

Habían ido a una fiesta, a pesar de que Riza se mantenía reacia a ir, terminó por convencerla. Bebieron, bailaron y se la pasaron en grande, hasta que ella se le acercó sugerentemente para susurrarle en el oído "Vámonos a casa a seguir con la fiesta" y él aceptó gustosamente. Estaban algo ebrios, los dos, por lo que llegaron a los tropezones a la cama. Ni siquiera recordaba cuánto tiempo estuvieron haciéndolo, solo sabía que habían caído dormidos ni bien finalizaron.

A pesar de los dolores musculares, cierta parte de su cuerpo estaba en condiciones para repetir lo de la noche anterior. Y le pareció una idea estupenda.

Se volteó hacía Riza con la intención de despertarla para saber si le apetecía lo mismo que a él, pero en cuanto la vio su estómago dio un vuelco, borrando su sonrisa de un golpe. El deseo que lo recorría fue rápidamente reemplazado por la culpa.

Riza estaba recostada dándole la espalda, desnuda. Ella siempre se tomaba el trabajo de colocarse alguna camiseta o camisón para dormir, pero anoche estaba tan agotada que simplemente se durmió. Y entonces ahí estaba su espalda, la primera cosa que vio esa mañana. Esas horribles cicatrices le devolvían la mirada desafiante, y el monstruoso tatuaje que invadía esa piel nívea parecía reírse de él.

Tragó el nudo que se le había formado en la garganta, no podía despegar los ojos de la espalda de su compañera. Recordó lo furioso que se sintió al ver como Berthold Hawkeye había marcado a su hija para siempre con la investigación de la, según sus propias palabras, "alquimia más poderosa de todas". Si se hubiese enterado con su Maestro aún vivo, probablemente habría sucumbido a la necesidad de golpearlo y reclamarle lo que había hecho. Años después, él se convirtió en lo mismo que Berthold Hawkeye. Los recuerdos de Riza Hawkeye bajo sus llamas lo torturaban de sobre manera. Le dolía más haberla dañado a ella que cualquier otra cosa que haya hecho con su alquimia, aunque fuera egoísta pensar así. Y le pesó más luego de tener que usar su alquimia para salvar su propia vida, cuando sintió las llamas sobre su piel, quemando su carne, entendió por completo el calvario al que sometió a la mujer que ama.

Se sentó en la cama abatido y suspiró con tristeza. Aparentemente el suspiro bastó para despertar a Riza. Trató de componer su estado, los ojos se le comenzaban a humedecer. Ella se revolvió un poco entre las sábanas para finalmente voltearse a verlo. Le sonrió con tanto amor que Roy Mustang tuvo que esforzarse para no llorar.

-Hola. - Le dijo con dulzura ella, con la voz todavía ronca de haber dormido. Hasta que se percató de su estado de desnudez y su rostro cambió a uno de preocupación.

-Lo siento, me quedé dormida y olvidé vestirme. -

-No tienes que sentirlo. Debo acostumbrarme a… verlas. -

Ella se sentó para acercarse a él y se sintió tan avergonzado que escondió su rostro entre sus manos. Estaba marcada de una manera inexplicable. El tatuaje, en el caso de ser visto, podría justificarse como una mala decisión en un viaje exótico. Pero las quemaduras...Esas no tenían justificativo ante un ojo desconocido. Muchos años atrás creía que fue Berthold quien condenó a su hija a la soledad al darle tal carga; pero en realidad había sido a él. Después de todo ¿Cómo le explicas a un hombre que tienes la espalda tatuada y desfigurada por quemaduras sin espantarlo? Eso le hizo pensar en otra cosa. ¿Y si Riza Hawkeye no lo amaba realmente, y estaba con él porque era el único al que no necesitaba explicarle lo que pasaba? No la culpaba si era así, y se conformaría con que lo eligiera por esa razón, pero era un trago muy amargo.

-Imagino que deben haber sido un problema para poder relacionarte con otras personas. - Riza lo miró extrañado por el tópico que había abordado seguramente.

-En el único momento que alguien podría verme sin camiseta era la Academia, y debía cuidarme de todos modos por el tatuaje que me dio mi padre. Las quemaduras no fueron un gran cambio. -

-Hablo de cuando querías…- No pudo terminar la oración, entre lo doloroso de pensar en haber afectado tanto su vida y los celos era demasiado. Afortunadamente ella lo entendió.

-Pues, ya sabes qué pasó en la Academia. Tuve que ocultar mi espalda esa vez, aun con el tatuaje, no es algo que una chica de 18 años pueda explicar fácilmente. Y, sinceramente, no he tenido muchas situaciones similares con alguien que no fueras tú. - La pregunta le daba vueltas en la cabeza, era estúpida, lo sabía; pero necesitaba tanto saber.

- ¿Estás conmigo sólo porque no tienes que darme explicaciones sobre tu espalda? - Vio incredulidad en esos ojos color chocolate.

- ¿Qué dices Roy? Si sabes que te amo, te he amado desde que era una adolescente. No pienses cosas así. - Ella tomó su mano y puso la otra en su hombro, mientras lo acariciaba suavemente. Él se mordía el labio para no llorar, pero fracasó terriblemente. Explotó.

- ¡Es que no deberías Riza! No deberías amarme, te he hecho tanto daño. - Escondió el rostro en la mano que ella no sostenía.

Era contradictorio. Amar tanto a alguien, que ese alguien te ame, pero que una parte tuya siempre te diga que no la mereces. Que tienes que dejarla ir. Intentó, por Dios que lo hizo, pero era simplemente imposible. Deseó de corazón que ella no lo amara, aunque doliera como una daga, que encontrara a alguien que la cuidara y le diera lo que él no podía (al menos en ese entonces).

Con un ágil movimiento, Riza se sentó sobre sus piernas y quitó la mano que le cubría el rostro, tomándola entre las suyas y besándola. Secó sus lágrimas con sus pulgares y besó sus ojos, él solo la dejó hacer.

-No digas eso. No vuelvas a decir eso, por favor. El amor no es algo de deber o no deber, simplemente es. Me enamoré de ti cuando éramos unos niños, y eso no cambió ni va a cambiar. Deja de castigarte por mis cicatrices, yo te las pedí, las necesitaba. Me liberaste de una carga terrible ese día. Y lo que dices, de ocultarme, aún sin ellas debería hacerlo, lo que mi padre me dejó no es algo fácil de explicar o de mostrar. -

-Soy un monstruo Riza, debí negarme rotundamente. - Intentaba serenarse, pero no podía dejar de llorar.

-No te llames "monstruo" porque eso no es verdad. Obedeciste mi petición. Tal vez, sin esas quemaduras, yo habría tomado una decisión demasiado drástica para borrar ese conocimiento. - Roy se sintió asustado de solo pensar en esa "decisión drástica", seguramente la misma que afirmó tomaría luego de matarlo a él, esa vez que casi se pierde a sí mismo.

-Yo no hubiese permitido que…- Ella lo calló con un suave beso en los labios.

-Basta de hablar sobre esto. No quiero que sigas pensando en cosas como esas. Yo te amo, quiero que seas feliz con lo nuestro, a veces me cuesta creer que podamos estar viviendo nuestra relación con tanta facilidad tan pronto. Pensé que tomaría décadas. Pensé que nunca sucedería. Pero aquí estamos, entonces deja de castigarte mi amor, por favor. - Había una súplica tan sincera en sus ojos.

No sería sencillo despegarse de esos pensamientos, pero Riza tenía razón.

Hace algún tiempo no habrían imaginado que podrían estar compartiendo una casa, la vida. Construyendo un hogar que sea de los dos. No era justo contaminar su felicidad con eso, ni para ella, ni para él, ni para lo que sea que había permitido que esto sucediera.

Se abrazó a Riza para enterrar el rostro en sus pechos, sentir su piel y percibir su olor, ella acariciaba su cabello con dulzura. Levantó la cabeza para cruzar sus ojos con los suyos y ella le volvió a sonreír con el mismo amor que cuando recién despertó, pero está vez él le regresó otra sonrisa.

-Prometo que voy a empezar a alejar esas cosas de mi mente. Intentaré ser menos duro conmigo mismo, y disfrutar lo que tenemos. - Ella asintió satisfecha. Él la levantó por la cintura para recostarla en la cama y colocarse encima de ella. Besó su cuello y sus clavículas mientras ella le acariciaba la espalda.

-Te amo tanto, fui tan afortunado de que me hayas elegido. -

-La suerte no tiene nada que ver, Roy. Yo también te amo.-


Otra semana, otro capítulo! (Esta vez no me atrasé vieron?)

Definitivamente si hay algo que (creo) Roy elegiría cambiar es lo que sucedió con Riza y su espalda. En el animé (Brotherhood) ella le suplica que la queme y él se muestra reacio, pero termina cediendo a sus súplicas; pero aun asi estamos seguros de que se siente sumamente culpable de haberle hecho algo tan doloroso. Eso quise ilustrar acá, más adelante tengo en preparación un cap que habla de cuando le realiza las quemaduras.

Espero que les guste, gracias a quienes leen y dejan sus comentarios 3 me llenan de alegría! Nos leemos la próxima