Maes

Estaba tan inquieto que notaba que estaba fastidiando a su acompañante.

-Jefe, todo va a estar bien, cálmese. Me pone nervioso a mi. -

-Qué fácil para ti decirlo Havoc. -

No quería ser desagradable, ya que los había molestado a él y a Rebecca Catalina a estas horas cuando se encontró con la situación entre manos.

Riza ya tenía una barriga enorme, pero el momento del parto no parecía llegar. Eso ya lo preocupaba, sabía de los riesgos que eso implicaba, pero ella le restaba importancia e incluso bromeaba al respecto.

-Nadie puede dudar que es un Mustang, no importa cuánto le pida que haga las cosas a tiempo no está dispuesto o dispuesta a hacerlas. -

-No me parece algo para reírse, Riza. -

-Yo no me estoy riendo, Roy. - Y después de eso se reía suavemente.

Ya corrían dos semanas de atraso cuando la voz ligeramente elevada de Riza captó su atención desde el baño.

-Se me rompió la fuente. - Le dijo ella observando el suelo, ahora totalmente mojado. Él hizo uso de todo su entrenamiento para no entrar en pánico y ocuparse de llevarla al hospital; antes de salir llamó a Havoc y Catalina para que los encontraran allí.

Y aquí estaban, esperando desde hace 5 horas, cuando se llevaron a Riza a sala de partos, pero no le permitieron acompañarla. Él quería estar con ella, necesitaba asegurarse que estaba bien. El miedo a la "venganza" de la Verdad por todo lo que había hecho lo invadía. Ambos habían tomado muchas vidas (él muchas más que ella) ¿y si decidían arrebatarle a su hijo o a ella, o a ambos en retribución? Tenía que alejar esos pensamientos de su cabeza, ella estaría bien, el niño o la niña que traería al mundo también. Havoc pareció adivinar sus pensamientos.

-Hawkeye es muy fuerte, estará bien. Y seguramente esa criatura sea tan duro como ella. -

-Sí, tienes razón Havoc. -

-Y testarudo como usted. -

-Gracias por el cumplido Havoc. - Le dijo con sarcasmo, arrancando una carcajada del rubio sentado a su lado. Oyó unos pasos por el pasillo y divisó la figura de Rebecca regresando con tres cafés. Le entregó uno a él, otro a Havoc y se sentó muy cerca de este último a beber el suyo.

- ¿Aún no han salido a comunicar nada? - Roy negó con la cabeza para luego darle un sorbo a la bebida caliente entre sus manos. En ese momento se abrió una de las puertas que daban a maternidad, para mostrar la figura de una doctora de mediana edad. Se levantó de la silla de un salto. La mujer le sonrió con dulzura lo que logró calmarlo un poco.

- ¿Usted es el General Mustang verdad? -

-Sí, soy yo. ¿Todo está bien? -

-Más que bien. Su esposa está un poco cansada, pero nada más. Y su hijo está perfectamente sano. - Su hijo. La palabra resonó en su cabeza como un eco, sonrió sin casi darse cuenta, su corazón se serenó por fin.

-Su esposa nos pidió que no lleváramos al bebé a la sala donde están los demás, se veía bastante preocupada por eso. Dado su posición, pude hacer que se quede con ella en la habitación. Puede pasar a verlos usted por el momento, las demás personas deberán esperar a mañana. -

Se volteó a Havoc y Catalina que sonreían detrás de él. Havoc lo abrazó con afecto y le palmeó la espalda.

-Felicidades jefe. Dele mis saludos a Hawkeye, mañana vendré con Breda a visitarla. -

-Dile a Riza que la quiero mucho, y que muero por ver a mi sobrino ¿sí? - Le pidió Catalina agarrando su brazo, él asintió con alegría. Una vez se despidió de las dos personas que lo soportaron en la espera, se encaminó a ver a Riza y a su hijo.

Abrió la puerta de la habitación con lentitud, y se encontró con una imagen que jamás pensó que vería en su vida. Por poco se echa a llorar. Riza estaba sentada con la espalda en el respaldo en la cama, acunando a una pequeña cosita que desde lejos no podía apreciarse qué era. Su rostro mostraba agotamiento, pero sonreía mientras observaba a su hijo con ternura y alivio.

- ¿Eres tú Roy? - Por supuesto ella había detectado su presencia en seguida, no importa qué tan agotada estuviera, Riza Hawkeye seguía siendo Riza Hawkeye. Terminó de ingresar a la habitación y ahora le sonreía a él con amor.

- ¿Cómo estás? -

-Bastante agotada, pero él está bien y eso es lo que importa. -

- ¿Así que tenemos un niño? - Riza asintió lentamente y él se acercó del todo a la cama. Tomó asiento en una silla que estaba junto a ella y se arrimó más para ver a su hijo. Era tan pequeño. La piel pálida como la de ambos, y una mata de cabello negro le cubría la cabecita.

-Tiene tu cabello, eso me gusta. - Comentó su esposa. Él asintió.

-Me gustaría ver sus ojos, ojalá tenga los tuyos. Sería una combinación perfecta ¿no crees? - Ahora fue ella quien asintió. Sin decir una palabra, ella le acercó al pequeño para que lo cargue, y él estiró sus brazos para tomarlo y atraerlo a su pecho, sosteniendo la cabeza con cuidado. No podía dejar de contemplarlo. Estaba despierto pero tranquilo, parecía cómodo con su presencia; uno de sus miedos era tener que tocar a su hijo con esas manos que tanto mal habían hecho, pero ahí estaba. Con un niño propio en sus brazos como creía tan lejano, y junto a la mujer que creía imposible. Le costaba creer que era verdad, tenía miedo de despertarse en cualquier momento y estar sólo en su cama. Apoyo dos de sus dedos en el pequeño tórax del bebé para poder sentir ese corazoncito latiendo, lo invadió la emoción y el alivio.

-Tenía mucho miedo que algo les sucediera. - Le dijo sin despegar la vista de su pequeño hijo. Sintió los ojos de Riza posados en él.

-Yo también tenía miedo por él, por eso no quise que se lo lleven de mi lado. - La miró a los ojos y ambos entendieron lo que significaba para ellos. El miedo que los perseguía.

-Tenemos que escoger su nombre. - Dijo Riza finalmente, para sacarlos de los pensamientos negativos. Habían tenido meses y no habían elegido ningún nombre, ni para niño ni para niña.

-Mm no lo sé. Mi padre se llamaba Richard, pero apenas lo recuerdo, no tendría sentido cargarlo con ese nombre. - En seguida se le cruzó la imagen de su maestro, su hijo jamás llevaría el nombre de Berthold Hawkeye.

-Michael es un bonito nombre. Andrew también. - Aportó ella. Roy se mostraba dubitativo. Era algo importante, su hijo cargaría ese nombre toda la vida.

-Sí, supongo que son bonitos nombres. -

-Estaba pensando en otro nombre. Uno con más significado, para que cuando crezca y quiera saber qué significa se sienta orgulloso de tenerlo. - Roy tenía un dedo capturado en la mano de su pequeño hijo, y miró a Riza intrigado.

-Es el nombre de un soldado que murió por querer ayudar a los demás. Un hombre valiente, inteligente y sensible. Así como su padre, pero un poco más modesto. - Iba a reírse de lo último, pero no pudo. Él había pensado en llamarlo así, pero desechó la idea porque le parecía injusto para Riza que su hijo llevara el nombre de un amigo suyo, pero ella siempre lo leía a la perfección.

- ¿Segura que quieres llamarlo así? -

-Sí, es un lindo nombre, y va bien con su apellido. Creo que es la mejor opción. - Sus ojos empezaron a humedecerse, se sentía un tonto por emocionarse por algo así. Le devolvió el pequeño a Riza y se limpió las lágrimas que empezaban a asomarse. La observó y ella se veía tan feliz sosteniendo a su hijo. Acarició su pelo y besó su frente.

- ¿Mañana vendrán los demás? - Roy asintió.

-Sí, mañana todos vendrán a conocer al pequeño Maes Mustang. -


Otra semana, otro capítulo! Perdón por el pequeño retraso.

Como ven, acá tenemos el nacimiento del pequeño Maes Mustang (no me esforcé nada para el nombre, lo sé), espero que les guste!

Gracias por siempre comentar y leer 3 me hacen muy feliz, nos leemos la próxima!