Capítulo 3:
—¡Escuchen, cómanse unas cuantas píldoras del soldado y prepárense! ¡Vamos a partir cuánto antes; este lugar no es seguro! — ordenó Morino, mientras desenrollaba un mapa sobre el suelo y marcaba con su dedo índice la ruta a seguir. – Al caer la noche, deberíamos estar llegando a este cruce. Ahí acamparemos. – indicó en un tono de voz más bajo, cuando su equipo estuvo cerca.
Los dos shinobis y la Kunoichi médico, observaron la línea trazada y asintieron.
Llevaban corriendo varias horas entre los árboles; y por debajo de la pendiente. La claridad comenzaba a bajar en intensidad y daba paso gradualmente a la noche.
Se desplazaban en completo silencio, siendo la cautela y el sigilo, sus principales aliados en ese momento.
Sakura corría por detrás del grupo, flanqueando el lado derecho, a su vez Aburame que iba a su lado, lo hacía con el izquierdo y delante de ellos, Morino y Yamanaka, guiaban el camino y cubrían el frente.
No hubo una orden para que cada miembro, tome el lugar que le correspondía en la formación, pero tampoco había necesitad de hacerlo, porque ellos sabían que eso era lo que debían hacer para no ser tomados por sorpresa.
La sincronía era perfecta, ya que los tres hombres habían trabajado en equipo en otras misiones de riesgo. Sin embargo, cabía la posibilidad, de que la formación fuese deficiente. Y es que, el integrante que le agregaron a esa misión, no tenía nada de experiencia en el campo y por ello, se sentían con la carga adicional de velar también por los espacios vacíos que no pudiese llenar la Kunoichi.
Ninguno de los cuatro puso en palabras este pensamiento, pero de alguna manera, lo sabían.
Las capas de viaje que llevaban puestas, ondeaban a causa del fuerte viento helado que se levantó tras la lluvia. Era natural que sucediera, ya que la corriente de aire estaba arrastrando las nubes grises hacía otro sector. Con algo de suerte, en la madrugada, lograrían verse estrellas sobre el cielo.
De pronto, la mano de Yamanaka se levanto y cerró en un puño. Todos lo entendieron y detuvieron la marcha en completo silencio. Bajaron de los árboles. El rubio de coleta, observó a Morino y le señaló una dirección en lo alto de la pendiente y sobre el comienzo del puente que debían cruzar.
Ninguno de los cuatro alcanzaba a ver los shinobis que estaban arriba, pero Yamanaka podía sentirlos y con eso bastaba.
El rubio indicó, con sus dedos la cantidad de shinobis sobre el puente: cinco en total.
Sin demora, Morino tomó el mapa y lo abrió con el fin de buscar un desvío. Seguidamente delineó la ruta a seguir en su cabeza, y le indicó con un gesto de mano, a su equipo que lo siga hacia la derecha. Iban a bordear por esa zona hasta llegar al otro puente. Por fortuna, para los cuatro no se hallaba lejos.
Aburame que se había puesto en posición de lucha y mantenido alerta, al ser detenido por la habilidad sensorial de Yamanaka, escondió los kunai. Observó que la Kunoichi médico había optado por imitar su accionar y cubría la retaguardia. —Tch. — volvió la vista al frente y corrió siguiendo al grupo.
Sakura guardó sus cuchillas prestadas y los siguió. Mientras avanzaban, observó la espalda de Aburame con desconcierto. Ese sonido, obviamente había sido hacía ella, pero no entendía el motivo. ¿Podría ser que le molestó que ella imitara su acción? No creía que la respuesta sea así de infantil.
Dejando de lado las actitudes de su compañero de equipo, Sakura desvío su mirada y la ubicó justo por detrás del camino andado. Su desconfianza, se disipó cuando comprobó que nadie los seguía; se alegró un poco. Le pareció bien cambiar de camino y evitar a los shinobis que estaban en el puente. Objetivamente, esa era la decisión más sabia a tomar. De ese modo, se evitaba un nuevo enfrentamiento que los demore todavía más.
Al llegar, comenzaron a buscar el lugar ideal para descansar. Encontraron idóneo, un árbol viejo de enormes raíces que sobresalían de la tierra y formaban entre ellas una especie de refugio.
Sakura no daba crédito de lo que pensaba en momentos como ese, sin embargo, le pareció demasiado conveniente encontrar algo así. Dejó de lado su incredulidad, junto con su capa mojada y mochila de viaje; y se apresuró a llegar junto a su capitán.
Yamanaka y Aburame, se despojaron también de sus capas y mochilas, amontonándolas cerca de las cosas de Sakura y siguieron sus pasos hasta llegar junto a Morino.
Los tres atendieron las indicaciones dadas para cada uno: a Sakura se le encargó ir por leños y armar la fogata, a Yamanaka pescar la cena en el arroyo y a Aburame preparar la comida.
Sakura levantó la mano, preocupada.
—Capitán, no creo que sea una buena idea que Yamanaka-san, realice esa tarea.
Los Shinobis, la observaron, con interrogante.
—¿Por qué motivo?
—Pues... — comenzó diciendo. — Porque pescar en el arroyo, implicaría meterse al agua a buscar los peces… su herida por si sola, le va a causar fiebre en algún momento del viaje; hacer lo que usted le pide va a acelerar el proceso.
Morino escuchó cada palabra con atención, mientras una mano alcanzaba su barbilla a modo de entendimiento.
—¿Tu que opinas, Yamanaka-san?
La pregunta lo tomó por sorpresa, asique con pequeños movimientos de mano, Yamanaka respondió. — Ah… no. No me molesta hacerlo.
—Bien. — sin más, Morino, se giró dando por finalizado el tema.
— Sakura cayó un momento, no podía encontrar las palabras adecuadas que quería usar para que el equipo la entienda. Además, le preocupaba, que Yamanaka se estuviese sobre exigiendo en su condición. Finalmente, y al no hallar las palabras adecuadas, decidió soltar lo que tenía en la cabeza por el momento. — Va a obstaculizar mi trabajo. Estoy para curar al equipo cuando lo necesite, sin embargo… este daño que se hará, será intencional y eso, es jugar con mi trabajo como médico.
—Dime una cosa, — intervino, Aburame. — tu sabes sacar peces del agua con velocidad?
Sakura observó a Aburame, quien le preguntaba directamente.
—No.
—¿Sabes cocinar?
—… — Sakura, no respondió. Comenzaba a notar el error en sus palabras anteriores.
—Yo tampoco se pescar. Pero se cocinar algo improvisado y rápido con los ingredientes que tenga cerca. Yamanaka no sabe cocinar, pero tiene habilidad con lo que le mandaron a hacer. Supongo, que tú qué no sabes pescar y que seguramente tampoco cocinar, querrás ofrecerte para sustituirlo, pero de ese modo, serás tú quien estará obstaculizando nuestro trabajo. El capitán ordenó el rol de cada uno en función de lo que sabemos hacer. ¿Porque crees que Yamanaka no tiene problemas con eso? Él es consciente de que tarde o temprano tendrá fiebre, pero es el único que puede hacer tal labor con rapidez. — Sakura observó al rubio, y este asintió. — Te voy a pedir, ninja médico, que antes de ofrecer tu opinión, evalúes todas las posibilidades. Recuerda, que todos estamos heridos y queremos volver cuánto antes a la villa y que no solo tu trabajo es valioso.
Ante esas contundentes palabras, Sakura se inclinó y ofreció sinceras disculpas.
—Lo siento mucho. — acto seguido, se giró marchándose a buscar los leños.
—¿No crees que fuiste un poco duro con ella? — cuestionó, Yamanaka. Su mirada clara mostraba cierta pena por la Kunoichi.
—Me parecieron palabras justas para que entienda la situación — respondió, el ninja de los insectos a Yamanaka. Su mirada no estaba sobre el rubio, sino sobre la ruta que tomo la Kunoichi al marcharse.
La arrogancia con la que había soltado esas palabras, hiriendo el orgullo de los presentes, que estaban trabajando para completar la misión con igual esmero que ella, lo molestó profundamente. Como si su labor de médico, fuese lo único necesario para completar la misión.
—Tiene mucho que aprender sobre la vida Shinobi. — dijo finalmente Aburame, observando a su compañero y dando por zanjado el asunto.
Yamanaka, asintió, entendiendo finalmente el motivo tras esas palabras.
Morino que hasta el momento, se había mantenido al margen, apartó la vista del papel en el que escribía y observó a los dos jóvenes.
—La misión casi termina. Deberían ser un poco más pacientes. — Dejando la pluma sobre el tintero, Morino observó esta vez a Aburame. — La molestia que vienes cargando, es porque Yamanaka decidió proteger a Sakura en vez de priorizar la misión, pero bien sabes que esa era la misión primera que nos dio la Hokage. Yamanaka solo siguió las órdenes que nos fue dada.
Aburame no refutó. Y es que en efecto, su molestia había sido esa. Escuchar que Yamanaka decidió quedarse a luchar, en vez de buscar una brecha y huir con el pergamino, había causado que odie aún más esa misión. Porque en circunstancias diferentes, ese predicamento nunca hubiera existido. Lo primordial habría sido devolver el pergamino a la aldea. Las pérdidas, eran variantes consideradas dentro de la misión. Sin embargo, en esta, tenían que salvar el valioso papel y además, velar por la hija del cuarto.
—Si, lo siento, líder de equipo. — Yamanaka inclinó la cabeza. — Haré mi mejor esfuerzo.
—Yo también, líder de equipo. Es solo que, fue muy difícil, tener que cumplir la misión y estar al pendiente de la Kunoichi. Es más sencillo, cuando el protegido sabe que se lo está cuidando. Esto de tener que protegerla en secreto por orden de la Hokage, se torna en un peso adicional. Esa chica, no es consciente ni siquiera de eso.
—Si, lo sé. Sé que ninguno esperó que la quinta decidiera unir a esta misión a su protegida y que nos ordenara cuidarla. Sin embargo, los contratiempos también hacen a la vida del Shinobi. — animó Morino a los jóvenes. Poco después, las cejas del hombre mayor, se juntaron. —Espero de corazón, que en algún momento la Hokage, se de cuenta el daño que le está causando a esa niña, al no permitirle una formación ninja dentro de la aldea. Espero que no suceda, pero ¿Qué será de esa jovencita, si un día Tsunade-sama le llega a faltar? ¿Podrá enfrentar las adversidades del mundo Shinobi?
—Estando dentro de la caja de cristal donde la mantiene protegida la quinta, lo dudo mucho. Es de completo conocimiento en la aldea, que esa Kunoichi solo hace misiones diplomáticas, ni siquiera sale a misiones reales con su equipo.
—En el fondo, da algo de pena.
Aburame y Morino, asintieron, estando de acuerdo con las palabras de Yamanaka.
Cómo Aburame lo había dicho, el ninja sensor no tardó mucho en volver con los peces del arroyo. Sacó dos truchas grandes y las descamó al lado de su compañero. Una vez limpias y sin viseras, se las entregó a Aburame.
El ninja de los insectos, sin demora, cortó los peces y los agregó al guisado.
Al encontrar el pergamino de invocación, que contenía instrumentos de cocina e ingredientes dentro, en vez de herramientas ninjas, Yamanaka comenzó a bromear al respecto, molestando solo lo justo, a su compañero de equipo.
Morino que habiendo terminado de escribir las coordenadas en las que se encontraban ahora mismo y avisando del éxito de la misión, ataba a la pata de un ave ninja, la pequeña nota que iba en dirección a la aldea de la hoja; se sonrió ante las bromas que soltaba el alegre rubio.
Quizás la felicidad, se debiese a que iban a comer pronto, o por el hecho de que pese a los contratiempos, la misión había sido positiva, pero el buen ánimo se sentía en el aire.
Sentada cerca de ellos, Sakura los observaba con mirada alegre, mientras curaba completamente sus heridas con su ninjutsu médico. Sin embargo, decidió deliberadamente, no participar. Creía que era mejor así, ellos se conocían y llevaban muy bien; no quería arruinar el ambiente con algún comentario fuera de lugar.
El guisado había sido exquisito. Cada uno comió en silencio su porción. Una vez terminado; buscaron un lugarcito dentro del refugio que le proporcionaban las raíces para descansar; usaron las mochilas como almohadas y las húmedas capas como mantas.
Antes de acostarse, fueron con Sakura para curar completamente las heridas que quedaban. Por su parte, la ninja médico, había pedido permiso para tomar la primera guardia.
Las primeras horas de vigilancia, transcurrieron lentas, pero en ese tiempo, pudo ver cómo las nubes fueron alejándose y las estrellas aparecieron en lo alto, brillando con intensidad. Dejó escapar un audible suspiro, deseando que su mente se limpiara con igual rapidez, mientras recordaba, la conversación que tuvieron sus tres compañeros sobre ella, cuando la creyeron lejos.
Había decidido volver sobre sus pasos, para buscar la capa de viaje y protegerse del frío, cuando le llegó lo que decían.
No se sorprendió realmente, de lo que pensaban, solía creer que todos la veían de la misma manera. Sin embargo, le dolió un poco, enterarse hasta que punto Tsunade-sama, la priorizaba.
Solo al escucharlos, pudo entender el porque de la molestia de Aburame, o la decisión de Yamanaka de quedarse a pelear en vez de irse, incluso las órdenes de Morino, para mantenerla por detrás de la formación en todo momento.
Ni siquiera acudieron ganas de llorar. Solo se sentía vacía. Porque había estado esforzándose en toda esa misión y ellos parecían, no notarlo. Solo veían en ella una carga, una chica que no le ponía nada de empeño y que solo estaba dificultando la misión.
Nadie parecía querer notar, sus ganas de progresar como ninja y demostrar su valor.
Llevó ambas manos al rostro, desanimada.
La madrugada no tardó en llegar. Pronto su relevo iba a plantarse delante de ella. Se fijó en la posición de la luna, podía estimar que debía ser entre las tres o las cuatro. Sakura recostó la espalda sobre el tronco de un árbol. Suspiró con profundidad, mientras sus ojos se apartaban del cielo.
La mirada jade de la Kunoichi, se tornó sería mientras tomaba con cuidado un kunai en sus manos. Alguien estaba cerca.
Podía ser que por su postura, pareciera estar relajada. Sin embargo, se mantenía alerta a los sonidos a su alrededor: el canto de los grillos e insectos característicos del bosque, las ranas, etc. Pero el indudable crujido de una rama, llegó a sus oídos.
Con kunai en mano, se giró para buscar al enemigo, pero se encontró con Yamanaka. El joven al verse apuntado con la pobre cuchilla, simplemente levantó ambas manos y poco después sonrió con ternura ante los reflejos de la joven médico.
—No puedo dormir y pensé en venir a hacerte compañía hasta la próxima guardia. ¿No te molesta, verdad?
—Lo siento. — se disculpó Sakura, bajando el kunai y relajándose. Caminó hacia el árbol donde estaba sentada anteriormente y deslizó su espalda por él volviendo a tomar asiento. Yamanaka imitó su acción, aunque un poco más alejado.
—Tu fiebre ha comenzado.
—Si, aunque no sé decirte en que momento. — respondió el ninja sensor, percatándose que las palabras de ella, fueron dichas en una afirmación.
—Se nota por tus mejillas muy rosadas. — Sakura acarició sus manos, las tenía un poco frías. — Siento mucho lo de más temprano. No quise ser tan…
—Descuida. También puedo entender tus motivos.
Sakura no agregó nada más. Solo le sonrió agradecida, mientras inclinaba levemente la cabeza.
El silencio se hizo por un rato, mientras ambos vigilaban, cada cual a su manera. Sakura se mantenía alerta a los sonidos en el área y Yamanaka peinaba el territorio de extremo a extremo con su habilidad sensorial. No encontró ningún peligro cerca.
Sakura sabía que solo con la habilidad del rubio, era más que suficiente para monitorear el área, pero era necia para algunas cosas, y se negaba internamente, a dejar de aportar su granito de arena. De pronto, la voz del ninja llamó la atención de Sakura.
—¿Puedo decirte algo? — Yamanaka no la miraba. Parecía estar concentrado recorriendo el área. —Pero no a Sakura, más bien, a la ninja médico.
Sakura se llenó de curiosidad. Parecía ser algo serio.—Claro, ¿De que se trata?
—Honestamente, me has sorprendido gratamente. Como médico, lo que se espera de ti, es que no peles. Sin embargo, te arriesgaste por el equipo y le plantaste cara a Kisame. Ese hombre, no es cualquier ninja, creo que ya lo habrás notado. La cantidad de chakra que posee es… sencillamente inmenso. — el rubio se volvió más serio todavía. — En el pasado, tuve que enfrentarlo y fui el único de mi equipo que volvió con vida, y por poco. Imagina mi sorpresa, cuando te vi llegar, donde me enfrentaba al otro Akatsuki. — esta vez, Yamanaka la observó para que pueda ver qué no había engaño en sus palabras. — Lo que quiero decir, es que mostraste mucha valía. Cualidades como esas, merecen ser tomadas en consideración. Y es porque pienso así de ti, que decidí decírtelo. Es bueno, que sepas cuando haces algo bien. Rara vez, cuidar al compañero de equipo, es tomado como algo de importancia. Así que creo que lo que demostraste hasta ahora, está bien. Quizás no me corresponde decir esto pero, continúa avanzando por ese camino y aprendiendo cada día un poco más, y acabarás convirtiéndote en una gran Kunoichi.
Sakura no podía creer lo que escuchaba.
Apartó la vista del ninja y la depositó sobre la hierba a sus pies. Dentro suyo, una batalla se libraba, una que se sentía conmovida por lo que Yamanaka le decía. Pero por otro lado, sus palabras de aliento, se veían manchadas por la falta de confianza en ella. Era como la otra cara de la moneda. Por un lado, la felicitaba por lo demostrado y por el otro, le decía que debía trabajar más duro si quería ser una Kunoichi realmente.
Sin embargo, no podía culpar a Yamanaka por eso. El chico antes de la misión, ni siquiera la conocía, y pese a ello, estaba ahí mismo diciéndole todo eso que había ansiado escuchar por años. Sabía que parte de su consejo, tenía como objetivo, que se aparte de la "caja de cristal" que habían mencionado antes, y que busque su camino ninja. Sonrió internamente, decidiendo ignorar lo negativo y atesorar las palabras de ánimo que le dedicó, así como el consejo.
—Así lo haré. — y sonrió nuevamente agradecida; Yamanaka no había sido el único en llevarse una grata sorpresa en esa misión.
—Dime, ¿Cómo pudiste librarte de Kisame?
Ante la pregunta, la expresión de Sakura, se volvió pensativa, pero gradualmente, se tornó oscura.
—Siendo franca, el enfrentamiento contra Kisame, fue demasiado para mí. Él no es un hombre, es un monstruo. Simplemente me superó. Constantemente me obligó a gastar grandes cantidades de chakra, para intentar nivelar su poder. Nunca tuve chances contra un oponente así. Si llegué hasta donde estabas, en una pieza, fue porque Kisame consideró que tenía más valor buscar su espada que tomar mi vida a cambio. — Sakura soltó una sonrisa ahogada. —Y para conseguir sacarme de encima a ese maldito, tuve que intentar una maniobra más que desesperada. Funcionó bien de milagro. Quedé devastada en unos pocos segundo y él se mostraba entero y mofándose de mi condición. Sinceramente, no sé quién podría hacerle frente a una bestia de ese calibre.
Yamanaka que ahora veía en dirección a su compañero que se había levantado para tomar la siguiente guardia, comentó. — Otra bestia, sin duda. — como ninja sensor, tenía una idea de que ninjas en la aldea podían igualar el poder de Kisame. Pero por el momento, veía poco probable, que la aldea envíe agentes tras Akatsuki.
Al pensar en esa organización, una interrogante, volvió a la mente del rubio. —¿Y dime, porque querías saber si era un katon, el que me provocó esa herida? Eres un ninja médico, se que es sencillo para ustedes determinar ese tipo de cosas. Será, ¿que buscas a alguien en específico?
Sakura se sonrojó un poco, ante el abrupto cambio de tema. Sin embargo, no lo negó.
—De hecho, si. — No obstante, Sakura decidió abandonar esa búsqueda. Era absurdo, por decir lo menos, que le genere curiosidad saber la identidad del ninja que atacó a Yamanaka, solo porque este utilizaba el elemento fuego. Ya lo decía el dicho popular: era como buscar una aguja en un pajar.
Yamanaka no tardó en mudar su expresión a una alegre para acompañar a Sakura. No obstante, esa confesión de la Kunoichi, no le causó ninguna gracia.
Aburame llegó dónde Sakura y Yamanaka; y cambiaron lugares. El rubio decidió quedarse un poco más con su compañero, mientras Sakura caminó directo hacia sus cosas para armar su improvisada cama.
No creía que fuera buena idea acostarse, porque sabía que en breve, iban a ponerse en marcha. Sin embargo, el enfrentamiento contra Akatsuki, la exposición a la lluvia, el correr esa larga distancia estando completamente agotados y sumado a eso, su decisión de tomar la primera guardia, hicieron que ansíe poder cerrar los ojos un segundo al menos.
Hasta aquí el capítulo 3.
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