Capítulo 4:
Cerca de las cinco de la mañana, despertaron a Sakura para reanudar el camino hacia la aldea. La Kunoichi tomó sus cosas y se las puso encima.
Poco después, ya se encontraban corriendo por una explanada.
La Kunoichi observaba con ojos preocupados a su compañero de equipo, su fiebre había empeorado, al punto que Aburame se había ofrecido a cargarlo. Sin embargo, está oferta, fue rápidamente rechazada por el rubio que corrió todo ese tiempo con sus propias piernas, a pura fuerza de voluntad.
Decir que la pesca, había sido más que un empujón para que las defensas de Yamanaka, se desplomaran y den paso a la fiebre, era decir poco. Esta vez, no iba a cometer el error de expresar con palabras sus preocupaciones. Más bien, iba a almacenarla en su mente.
No creía posible que se detengan. Si continuaban a ese paso continuo, a más tardar el medio día, iban a estar llagando a Konoha. Así que lo único que le quedaba a Sakura, era desear que el chico se agote para que Aburame pueda cargarlo, o que soporte lo suficiente hasta llegar.
Corrieron por horas. Pero como lo había supuesto, cerca del medio día, el equipo hoja comenzó a familiarizarse con el camino. Esa era la calle principal, que daba a las puertas de la aldea. La felicidad en los rostros de los cuatro, fue patente.
Luego de varios días fuera, habían llegado finalmente.
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Una vez que cruzaron las amplias puertas de entrada a la aldea, Morino se detuvo y giró para dar instrucciones a su equipo.
— Adelántense, y vayan al centro médico.
— Líder de escuadrón, ¿Usted que hará? — consultó Aburame.
— Iré a informar nuestra llegadaa las autoridades y a pedir una reunión con la Hokage, para tratar el estado de la misión. Así que vayan y curen sus heridas, que todavía hay un informe que hacer.
— Entendido.
Los dos ninjas y la Kunoichi, obedecieron la orden y se dirigieron al centro de salud. Al llegar, un grupo de médicos, se acercaron a ellos y los guiaron a distintos habitáculos para tender las heridas de cada uno.
Poco después, Sakura salió de su habitáculo con el fin de reunirse junto a sus compañeros, pero al poner el pie fuera, se chocó con un torso vendado; al levantar la vista vio que se trataba de Aburame. Él ninja de los insectos, bajó la cabeza para identificar, a la torpe criatura que osó chocar con él. Se encontró primeramente con el inconfundible cabello rosado de la Kunoichi en su equipo. Él la miró, adivinando sus intenciones, por lo que ignorando sus gestos de disculpas, le hizo un ademán con la cabeza para que lo siga y reanudó su andar.
No tardaron en llegar junto a Yamanaka para hacerle compañía. Cuando entraron, encontraron al ninja sensor, acostado sobre la camilla y con suero fisiológico colgando del brazo.
Yamanaka, al ver la reacción de sus compañeros, les comentó que lo habían dejado en observación por unas horas nada mas. De ese modo, podrían evaluar si los antibióticos y demás fármacos que le habían suministrado, lograban el efecto deseado.
Sakura oyó con atención mientras se acercaba a la camilla. Ya no quedaba rastro de alguna quemadura en su piel. Sin duda, sus colegas médicos, habían hecho un excelente trabajo.
— Veo que ustedes tampoco se libraron de las vendas.
Sakura, Aburame y Yamanaka, giraron la cabeza en dirección a la entrada, al oír la voz de Morino. El hombre apenas tenía un pequeño adhesivo sanitario en el área del pómulo. Su brazo parecía estar recuperado por completo.
Morino caminó unos pocos pasos, entrando definitivamente al pequeño espacio; y les informó que la Hokage, los citó a presentarse esa misma tarde. Así que, una vez que les dieran el alta, irían a prepararse para dicha reunión.
Dos horas más tarde, un médico entró para revisar el suero de Yamanaka y se encontró con el equipo completo. Aprovechando la situación, suministró ninjutsu médico a los que necesitabanlas últimas curaciones y les dio el alta.
De salida al hospital, Sakura fue detenida por sus colegas y superiores. Ellos la felicitaron por el trabajo médico realizado en sus compañeros. La joven Kunoichi, se alegró mucho por el reconocimiento. Despidiéndose, corrió para alcanzar al grupo.
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Al terminar el informe, Sakura pensó en ir a bañarse a su casa, pero cambió de idea, cuando escuchó a su estómago rugir con furia por el hambre.
Decidió mejor, ir al mercado por unas manzana. Compró 3 de color verde. Se demoró un instante, porque tuvo que insistirle a la vendedora que le cobre lo que iba a llevar. Pensó seriamente, en que hacer luego. Ir a su solitaria casa, no estaba dentro de sus planes. Dándose la vuelta, caminó en dirección al edificio principal del Hokage. Iba a esperar en el corredor hasta la hora de la reunión; no faltaba mucho para eso.
En el mercado, e incluso de camino al edificio, bostezaba de sueño. Estaba cansada y necesitaba una buena ducha. Sin embargo, por mucho que quisiera tirarse de palomita al agua, debía rechazar la idea, ya que hacerlo multiplicaría sus ganas de acostarse a dormir. Echándose ánimos, mejor pensó, que ya faltaba poco para la reunión y una vez que esa acabe, seria libre de retirarse a su casa. Con la velocidad de un raitón atravesaría las calles y luego de darse su merecido baño, iba a caer en coma por al menos diez horas.
Observó el cielo. Comenzaba a notarse las tonalidades naranjas del atardecer; los niños que salían de la academia caminaban en compañía de sus compañeros a sus respectivos hogares. Algunos la saludaron, otros hablaban entre ellos animados.
La atención de Sakura, siempre terminaba quedando, en esas madres que esperaban afuera por sus hijos. La mirada tierna con la que éstas, recibían a sus retoño en brazos y los conducían de regreso a casa, escuchando sus relatos sin fin, provocaban en la Kunoichi, más que simple curiosidad.
La comisura de sus labios, se levantaron hacia arriba en una sonrisa.
No le entristecía ver esa escena. Tampoco le provocaba sensaciones negativas, por la falta de sus padres. De alguna manera, tenía en Tsunade-sama, más que una maestra y con el afecto que ella le demostraba, podía llenar ese vacío.
La imagen, más bien, le parecía tierna. Sentía que ella misma, seria una madre así de amorosa y dedicada con su bebé, en el futuro.
Y aunque con diecisiete años, resultaba pronto para estar pensando en esas cosas; no le importaba. No iba a limitar sus sentimientos por una idea moralista. Solo rogaba al cielo, una cosa, y esa era: poder protegerlo de cualquier peligro, hasta que él solito pueda caminar hacia sus propias metas y ya no la necesite.
Mientras la mamá, se alejaba cargando a su enérgico hijo, Sakura se giró y continuó caminando. Sacó una manzana de la bolsa y comenzó a comerla. Si lo pensaba bien, siempre se refería a su futuro hijo, como un él. Y aunque, no le molestaría que fuese niña, se encontraba constantemente pensándolo como un varón. Se imaginó también, que Tsunade-sama, seria una abuela sumamente cariñosa y sobreprotectora.
Ante ese pensamiento, un gesto se armó en los labios de Sakura.
A su mente llegó el recuerdo, de la orden que le dio al equipo hoja. Esa bendita orden de protegerla. Ni siquiera podía imaginar, la cantidad de veces que lo habría hecho.
Tarde o temprano, iba a tener que tocar ese asunto con su maestra. No se iba a sentir bien, yendo a misiones de ese modo; como si fuese una carga adicional para el grupo de turno.
Ella ansiaba poder demostrar su valor en el campo. No creía justo, tampoco, que su maestra le niegue esa posibilidad.
Chistó, deteniéndose cerca del cesto de residuos orgánico y tirando el desechó de la manzana.
Parecía una burla, lo que pensaba. Quería que dejen de protegerla, y así poder demostrar que podía valerse por sí misma; pero Kisame por poco y la mata. Que impotente se sintió en ese momento. No, aún se sentía así.
Tomó otra manzana y la llevó a la boca, dándole un mordisco.
Había una cuestión dando vueltas en su cabeza, hace día y medio.
No dejaba de preguntarse, ¿Que estaríanhaciendo dos Akatsuki en la frontera que une la aldea del sonido a Konohagakure?
Acaso, ¿Estarían ahora dentro del país del fuego? ¿O solo tuvieron la mala fortuna de cruzarlos en el camino y ahora los miembros de Akatsuki, estaban dentro del país del trueno?
Por mucho que deseara que la segunda opción fuese la correcta, no tenía ninguna certeza para alguna de sus interrogantes.
La inquietaba mucho pensar que Akatsuki podría estar intentando entrar a la aldea. Podía parecer paranoica, pero esa posibilidad era factible.
Cruzó las puertas del edificio y siguió hasta llegar a la oficina de la Hokage. No habían llegado sus compañeros aún. Se recostó contra la pared y siguió comiendo su manzana. Ya era casi la hora, así que no iba a pasar mucho, hasta que los viera aparecer.
Pasado un rato, se percató que alguien venía del lado derecho del pasillo; levantando la cabeza vio a la asistente de su maestra, cargando unas carpetas fuertemente protegidas entre sus brazos y pecho. Se la veía concentrada pensando en alguna cosa. – Shizune-san. – la saludó.
La mujer giró, buscando la familiar voz que la llamaba y halló a la pelirosa mirándola con una sonrisa en el rostro. — Sakura, ¿Qué haces ahí? — Preguntó, la Kunoichi. No podía entender porque estaba sola en el corredor y no adentro de la oficina con ellas. Sakura no necesitaba anunciarse con la quinta o con ella; era libre de entrar si así lo quería. —Tsunade-sama, llegó temprano, pasa. — la animó Shizune, haciendo un movimiento de cabeza para que la acompañe.
— Le agradezco Shizune-san, pero voy a esperar a que mis compañeros lleguen así entramos todos juntos.
Los ojos de Shizune, se apartaron de Sakura y observaron algo por detrás de ella. –¿Esos de ahí? – preguntó, manteniendo la vista sobre lo que había a su espalda.
La Kunoichi volteó y vio a tres hombres con semblante serio, caminar hacia ellas. Uno de ellos llevaba en su mano un papel enrollado.
— Precisamente. — afirmó, Sakura.
— Bien, en ese caso, me adelantaré para avisar a Tsunade-sama, que el equipo hoja ha llegado. Espérame aquí, ya vuelvo.
Ellos por su parte, vieron a una sensual mujer de cabellera corta y negra, de pronunciado escote copa C y llamativos labios color rojo; observarlos por un efímero instante. Luego, la hermosa mujer le dedicó algunas palabras a la hija del cuarto y desapareció tras la puerta.
Los tres embelesados Shinobis, supieron que se trataba de la preciosa Shizune, la consejera y mano derecha de la Quinta Sombra de Fuego.
— Es una pena que esa dama, tenga ojos solo para un hombre que no está interesado en ella. — se lamentó, Aburame.
Los otros dos, no aportaron nada, pero estuvieron de acuerdo con el comentario.
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Shizune, acababa de cerrar la puerta, cuando un fuerte estornudo la sacudió.
Tsunade, se sorprendió.
— Deberías cubrirte un poco el pecho, vas a terminar enfermándote. — le aconsejó, sin apartar la vista del importante papel que leía.
La asistente, se cubrió un poco con las carpetas en sus manos, avergonzada.
— Tsunade-sama, el equipo hoja, liderado por Morino Ro, a llegado y espera afuera.
— Diles que entren, por favor.
Tsunade apartó la vista del informe que estaba leyendo y se acomodó un poco las gafas, mientras observaba al equipo de búsqueda que había escogido, entrar a la oficina. Los cuatro se detuvieron a un metro del escritorio de la rubia. Morino se adelantó y caminó hacia la mesa; dejó el pergamino, sobre ésta y volvió a su lugar nuevamente.
La quinta, observó el rollo de papel sobre su escritorio, un momento.
— Buen trabajo. — los felicitó, Tsunade. Levantó el papel del escritorio y se lo entregó a su asistente. —Shizune, llévalo al departamento de investigación de inmediato. — la mujer de cabello corto, obedeció a la orden y salió de la oficina.
Al cerrarse la puerta, los ninjas comenzaron a explicarle a la Hokage, los detalles de la misión y el motivo de la demora.
— …Yamanaka Fūjin, logró hacer el intercambio de mentes, cuando capturamos a uno de ellos. — le informó, Morino, omitiendo la parte donde los mataban a todos, incluyendo al ninja de la nube que habían capturado para extraerle la información. — Nos dijo todo lo que vio. Esos ninjas pertenecientes a la aldea de la nube, trabajaban para alguien que se oculta en Kirigakure. Él fue quien les dio la orden de ir por el pergamino.
No sabemos de quién se trata, pues esos ninjas lo vieron portando en todo momento, una máscara. Aunque supieron reconocer inmediatamente esos tenebrosos ojos. El hombre enmascarado, es un portador del Sharingan.
Sería justo considerarlo, una amenaza de rango S. — finalizó, Morino.
— ¿Esto es así, Yamanaka Fūjin?
— Si, Hokage-sama. Este hombre le dio instrucciones precisas de como entrar a nuestra aldea a esos ninjas. Para mi no hay duda, de que nuestro enemigo, alguna vez fue un miembro de la aldea. — El ninja sensorial hizo una pausa, debatiéndose entre decir, o no, lo siguiente. Posó sus ojos verde-agua, sobre los de la Hokage y finalmente lo soltó, esperando no estar cometiendo un error al contar información clasificada delante de todos. — Mientras buscaba dentro de su mente, me encontré en una gran sala; contigua al departamento de investigación. Lo vi avanzar hacia el lugar donde se guardan todos los pergaminos con Jutsus Prohibidos y tomar el que creó el Segundo Hokage: Tobirama Senju.
— Ya veo. — Tsunade se mostró pensativa e inquieta, aunque intentaba fingir normalidad. — Creo que no está demás, recordarles que queda prohibido que salga de aquí, lo que se habló en esta reunión, verdad?
— Entendido, Hokage-sama. — respondieron los cuatro, con voz clara.
—Bien. Equipo hoja, hicieron un buen trabajo. Quedan disueltos hasta nuevo aviso. Cada cual, vuelva a su equipo original y retome sus actividades. —
— Entendido, Hokage-sama. — repitieron a coro, Sakura, Aburame y Yamanaka.
— Hokage-sama… — llamó, el capitán. Queriendo resolver una inquietud, antes de que termine la reunión. — En el informe que le di, detallé un encuentro que tuvimos con dos miembros de Akatsuki. Ellos nos abordaron a la salida de la aldea del sonido. En un primer momento, pensamos que fueron contratados para recuperar el Jutsu Prohibido. Sin embargo, no fue así. – el hombre hizo una pausa. — Dada la ubicación del encuentro y sumado el hecho de que no estaban detrás nuestro, me atrevo a decir, que todo apunta a que esos dos criminales, podrían estar en el país del fuego.
Al escuchar la suposición de su compañero, Sakura levantó la cabeza y lo observó; luego a Tsunade. Él estaba diciendo en voz alta, lo que ella había estado pensando. Le interesaba mucho, conocer la respuesta que tenía para dar su maestra.
Tsunade, en cambio, tras ponerse de pie y observar por la ventana brevemente, solo ofreció una solución un tanto simple. — Enviaré centinelas a peinar la zona.
Una vez que el escuadrón se retiró, Tsunade se quitó las gafas y masajeó el puente de su nariz. Soltó un profundo suspiro.
Sopesó la información que había recibido y también las sospechas de Morino.
Había alguien extremadamente peligroso allá afuera, que estaba detrás del Edo Tensei y que era portador del Kekkei Genkai del casi extinto clan Uchiha.
La inquietaba no saber más, o al menos tener una buena pista. Se preguntó, ¿Qué estaría tramando ese sujeto?
Para empezar, ¿Quién era?
Solo dos miembros de ese clan quedaban con vida. Uno era Uchiha Itachi y el otro Uchiha Sasuke.
Uchiha Sasuke, era un ninja de nivel chunin, activo en la aldea y miembro del equipo siete. Él nunca mostró ninguna conducta extraña o sospechosa. Sin embargo, es un miembro de ese clan y portador del Sharingan; también es un hombre habilidoso y tiene a su favor el poder moverse libremente por la aldea. En el peor de los casos, podría ser un informante.
Su hermano mayor, Uchiha Itachi, en el pasado había sido un prodigioso líder Anbu en Konoha. Ahora era un criminal de Rango S, perteneciente a la organización criminal llamada Akatsuki. Él tiene pleno acceso a la aldea, por un acuerdo hecho con ella.
De hecho, Morino estaba en lo correcto al suponer que miembros de Akatsuki, estaban dentro del país del fuego. Ella estaba esperando su llegada, para recibir información clasificada.
El enemigo conoce muy bien Konoha. Como entrar sin ser detectado y como salir, por lo que es correcto pensar que, es o fue, un miembro de la aldea. Por lo pronto, enviaría dos equipos encubiertos, a vigilar cada movimiento de Uchiha Sasuke y Uchiha Itachi.
También se le ocurría, por su experiencia como médico, que no necesariamente debía tratarse de un miembro del extinto clan. Cualquiera podía quitarle los ojos a algún Uchiha -aunque lo veía difícil- e injertárselos con ayuda de algún médico calificado. Nadie tenía la plena certeza, que solo dos Uchihas quedaran con vida. Quien sabe, quizás podría haber algún Uchiha desertor, como lo fue la madre de Uchiha Izumi. Que al casarse con un hombre que no era del clan, los mismos miembros Uchiha, la despojaron de su honor y la echaron de la aldea. Si eso sucedió en el pasado, quizás deberían haber más Kekkei Genkai, por ahí.
Ahora mismo saldría rumbo al departamento de inteligencia, para cambiar los sellos que protegen la aldea de intrusos y reforzaría la vigilancia en los diferentes puntos de las murallas.
Si esa amenaza, estaba detrás del Edo Tensei, no iba a pasar mucho para que un nuevo ataque tuviera lugar. En el mejor de los casos, lo vería mostrar la cara.
Esa era otra cuestión a tener en cuenta. Cuando tomó en sus manos el papel, lo sintió distinto a los demás pergaminos. Por ello, lo envío inmediatamente a investigar. No dudaba del buen trabajo del equipo hoja, sabía que si el pergamino resultaba ser falso, solo había un lugar donde podía estarse ocultando.
Los ojos de la Hokage se pasearon por las casas de la aldea, sin detenerse en ninguna en particular. Luego observó sus descartadas gafas y se las colocó.
Salió de la oficina, rumbo al departamento de inteligencia.
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Sakura salió de la oficina con muchas mas preguntas de las que tenía, cuando había entrado.
Conocía de sobra a su maestra y sabía que la respuesta corta que les había dado, fue mas que nada para dar fin a la reunión.
Seguramente necesitaba quedarse sola, para poder pensar con mayor claridad el próximo paso.
Confiaba en el buen juicio de su maestra y sabía que al cavo de unos minutos, la Hokage saldría a reforzar la seguridad en la aldea y a buscar la forma de cazar al maldito enmascarado.
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Hasta acá el capitulo cuatro.
Espero que lo hayan disfrutado. :)
