Berthold Hawkeye
Venía pensando en ello hace varios días, cuando vio la fecha que se aproximaba. Era algo que entre la Academia y la guerra no había podido hacer, ya habían pasado 6 años de la muerte de su padre; y la última vez que estuvo frente a su tumba y la de su madre fue el día que lo enterró.
No es que fuera una persona excesivamente sentimental, pero tenía la necesidad de ir a presentar sus respetos a las tumbas de sus padres, luego de tanto tiempo.
-Coronel, quería avisarle que me ausentaré el día de mañana, voy a salir de la ciudad por asuntos personales. - Roy Mustang la miró extrañado, ella nunca se ausentaba, ni tampoco solía tener asuntos personales, para hacer honor a la verdad.
- ¿Sucede algo? - No tendría sentido ocultarlo, así que optó por decirle la verdad.
-Quiero ir a visitar la tumba de mis padres, no he ido desde el día en que mi padre murió. - Vio una ligera sorpresa cruzar el rostro de su superior, que en seguida recompuso su semblante, aunque estaba ligeramente más serio que de costumbre.
-En ese caso, permítame acompañarla Teniente. -
-No es necesario Coronel, prefiero que se quede aquí trabajando. -
-Insisto, de todos modos, sabe que sin usted esta oficina no avanza. - Riza exhaló con fuerza y cerró los ojos. Lo peor de las palabras de Roy Mustang es que eran totalmente ciertas. Además, tenía su derecho, había sido alumno de su padre, y este lo apreciaba más a que ella. Para evitar más tiempo de discusiones sin sentido que terminarían a favor de su superior, decidió aceptar.
A la mañana siguiente, se dirigieron en tren al pequeño pueblo donde ella había nacido y él se había convertido el alquimista. Cuando bajaron en la estación, muchos recuerdos golpearon su cabeza, en especial la despedida cuando el hombre que la acompañaba se marchó a convertirse en militar. Roy Mustang hizo uso de la conexión de pensamientos que los caracterizaba y puso en palabras lo que ella estaba pensando.
-Este lugar me trae buenos recuerdos, muy buenos recuerdos. - La miró con una sonrisa en el rostro que la hizo recordar peligrosamente a esos años que compartieron el techo. Evitó mirarlo por más tiempo y empezó a caminar para llegar al cementerio.
Habían ido de civil, por lo que llamaban la atención dentro de lo aceptable. Era lógico, en ese pueblo todos se conocían entre sí, pero parecían no recordarla; "Mucho mejor" pensó Riza, no deseaba tener que hablar con nadie que viviera en ese lugar. Si estuvieran con sus uniformes serían un espectáculo que nadie ignoraría, fue buena idea de su superior dejarlos de lado.
Compró dos pequeños ramos de flores para dejar como ofrendas.
Cuando se detuvo frente a la entrada del cementerio, sintió su interior incómodo. No es un lugar al que de por si uno desee ir, pero en este caso era diferente. Venía a visitar a la madre que perdió de tan pequeña que apenas recordaba, y a su padre...Ese que siempre fue tan distante hasta que necesitó algo de ella. Suspiró para tomar fuerzas y avanzar hacia adelante, caminó algunos pasos y notó que Roy Mustang no la seguía. Se volteó a verlo.
- ¿Coronel? - Estaba muy serio, incluso podría decir que se notaba atormentado.
-Yo la espero aquí Teniente, tómese el tiempo que quiera. -
-Usted insistió en acompañarme, ¿lo hizo para quedar esperando fuera? -
-Sí, algo así. - Sonrió, pero era una sonrisa vacía. Aun así, Riza dejó el tema por la paz e ingresó.
Cuando estuvo frente a las dos estructuras de cemento que eran las lápidas de sus padres, se sintió fuera de lugar. Colocó un ramo sobre cada una, y simplemente observó las dos tumbas por un largo rato. Sabía que algunas personas hablaban con los restos de sus seres queridos, pero ella simplemente sentía que no tenía nada que decirles. Prácticamente no los conocía.
A su madre la perdió cuando era una niña pequeña, a veces creía recordar el tono de su voz. Sabía su nombre, por eso lo usaba cuando era necesario encubrirse, un modo de tenerla consigo tal vez. Sabía de su parecido físico, pero poco más que eso.
Su padre… A su padre lo sentía aún más lejano que a su madre, a pesar de haber crecido bajo el mismo techo. Nunca la había tratado con cariño, apenas le hablaba. La única vez que posó ojos en su existencia fue para marcarla irremediablemente.
Fue una mala idea, se dejó llevar por un sentimentalismo que no ostentaba, pero nunca debió acercarse. Sintió mucha amargura, y lentamente se alejó para ir a donde la esperaba Roy Mustang.
Ahí estaba él, parado donde lo había dejado mirando a la nada. Parecía tan amargado como ella, sin siquiera haberse acercado a la tumba del que fue su Maestro. Posó sus ojos en ella y los dos supieron que no estaban bien.
- ¿Listo Teniente? - Ella asintió.
-Sí Coronel, podemos irnos. -
Comenzaron a caminar por el camino que llevaba a la estación de trenes, en silencio, como esa vez hace tantos años. Se sentía intrigada por la actitud de su Coronel de no querer acercarse a la tumba de su padre, así que externalizó su duda.
-Coronel, ¿por qué no quiso acercarse conmigo a la tumba de mi padre? - Roy Mustang se sobresaltó levemente, pero en ningún momento abandonó su postura.
-No quería invadirla en un momento así, eso es todo. -
-No debe mentirme Coronel, usted sabe que tiene tanto derecho como yo en presentarle respetos a mi padre. De hecho, creo que usted era más importante para él que yo. - El interpelado torció el gesto, como si la mención de su padre fuera desagradable. Se detuvo en el medio del camino, la miró con sus ojos oscuros colmados de tristeza.
-No puedo perdonarlo. - Dijo finalmente, casi en un susurro. Riza suavizó un poco sus facciones al verlo así. Iba a hablar pero él la interrumpió.
-No puedo perdonarlo...Y también me muero de la vergüenza, porque sigo enojado con él, pero soy igual, no tengo derecho a estar enojado. Yo también te marqué de manera irreparable. - Sintió un pequeño escalofrío cuando Roy Mustang dejó la formalidad de lado, aunque fuera un segundo. Se sintió algo tonta por no haber imaginado que esas eran las razones de su Coronel para estar así, ella que se jactaba de siempre saber lo que le sucedía con solo verlo.
Se acercó un poco más a él, y tomó su brazo. El contacto hizo sobresaltar al hombre a su lado.
-Tú no eres como él. Él me marcó por egoísmo, tú lo hiciste porque era mi deseo. Eres muy diferente. Él me condenó, y tú me liberaste. - Roy la miró angustiado, bajó la mirada a la mano de ella que le sostenía el brazo y la acarició brevemente. Riza sintió una electricidad recorriendo el cuerpo con el contacto, le recordó otra cosa que había compartido con Roy Mustang en ese pueblo, hace seis años. Él pareció recordar lo mismo porque suspiró con pesadez antes de retirar su mano de encima de la suya, ella hizo lo propio con la mano que lo sostenía del brazo.
-Nunca estaremos de acuerdo respecto a eso. - Sentenció él, desviando la mirada.
-Al parecer no, Coronel. - Volvió a cruzar su mirada con la de ella, ahora se veía más aliviado.
-Será mejor que nos apresuremos o perderemos el tren Teniente. -
-Sí Coronel. -
Y caminaron hacia la estación de tren, por ese camino que recorrieron varias veces en el pasado.
Otra semana, otro capítulo! Uno un poco cortito. Estoy casi segura de que Roy Mustang jamás pudo "hacer las pases" con lo que su Maestro hizo, debió haber sido un shock muy fuerte saber que alguien que admiraba fuera capaz de algo asi. Tal vez en otro momento me extienda un poco más al respecto!
Gracias, como siempre, por su apoyo. Me hace muy feliz saber que lo escribo les gusta! Nos leemos la próxima.
