Al verla con la espalda desnuda ante él, recordó con tristeza la última vez que la había visto así.

Le había enseñado la investigación de su Maestro, plasmada en líneas rojizas sobre su piel nívea. Creyó que era lo más atroz que una persona podía hacerle a alguien que quería. Pero él estaba a punto de hacer algo peor.

Desde que puso un pie en la casa, se arrepintió de haber accedido a esto. Pero esos ojos marrones se lo habían suplicado, y había notado que no era muy bueno negándose a ellos.

-Escucha Riza, no voy a quemar todo el tatuaje. Solo me desharé de las partes cruciales, sin ellas es imposible descifrar el código. - Riza se volteó a verlo, la disconformidad estaba pintada en su rostro. Ella quería que quemara la totalidad del tatuaje, para él, eso era un sufrimiento innecesario. Incluso podría matarla si hacía algo así.

- ¿Está seguro, Mayor? -

-Sí, confía en mí. Nadie podrá sacar nada de él. -

Hawkeye asintió y volvió la vista al frente. Le hizo saber que estaba lista para lo que se venía. Él dudaba estarlo, pero no había vuelta atrás.

Se ajustó los guantes y observó detenidamente el tatuaje para visualizar dónde quería quemarlo, para hacer el daño justo y necesario, ni más ni menos. El punto más importante era en el lado izquierdo de la espalda, era la parte más grande, sin ella, gran parte del código quedaba inutilizado.

Respiró profundo, tragó el nudo que se le había formado en la garganta, y sin apartar los ojos chasqueó sus dedos. Cuando el fuego tocó la piel de Riza, esta dejó escapar un quejido ahogado, parecía negada a gritar, a externalizar lo que dolía hasta que los nervios quedan inutilizados. Él, por su parte, tuvo que esforzarse para mantenerse de pie y no devolver el contenido de su estómago cuando el olor de la carne quemada llegó a sus fosas nasales. Sintió una lágrima rodar por su mejilla derecha, mordió sus labios para no llorar, no estaba en posición de eso.

-Riza…-

-Estoy bien, continúe, por favor. -

Esa mujer frente a él no dejaba de sorprenderlo con su fortaleza. Ya no eran solitarias lágrimas las que corrían por sus mejillas, sino una lluvia que no podía contener. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano sin guante para continuar.

Fijó sus ojos en los otros puntos. Uno cerca de su omóplato derecho y otro un poco más abajo. Solo eso y terminaría con esto. Suspiró, y chasqueó los dedos una vez, y luego otra. El cuerpo de Riza se tensó, mientras ella volvía a ahogar un grito. Le agradeció la piedad de no gritar ni llorar como debería estar haciéndolo, no podría soportarlo, era un egoísta. Se acercó con pasos lentos hacia ella.

-Ya terminé, ya no sirve de nada. - La vio suspirar y dejar caer su cabeza.

-Gracias, Mustang. - Era definitivamente el "gracias" más amargo que escuchó en su vida. La voz de ella estaba entrecortada, drenada por el dolor.

-Voy a cubrir las heridas, podrían infectarse. - Ella asintió, y él se acercó con el bolso de provisiones médicas que había traído. Cubrió con cuidado los sectores donde la piel había sido devorada por las llamas, la carne estaba el rojo vivo. Algunos recuerdos de la última vez que habían estado juntos y solos lo alcanzaron, pero en seguida eran reemplazados por el olor a carne quemada. Le colocó su camisa con los botones hacia atrás para cubrir su pecho sin tocar su espalda.

-Tengo frío. - Le miró el rostro y notó que sus ojos estaban vidriosos y sus mejillas demasiado sonrojadas.

-Te llevaré a tu cama, ¿de acuerdo? -

-Sí, claro. -

Se colocó frente a ella y se agachó a su altura.

-Coloca tus brazos alrededor de mi cuello. - Riza obedeció. Y él la levantó desde los muslos para cargarla sin tocar las quemaduras. Su frente estaba sobre su hombro y pudo percibir que estaba de una temperatura más alta de lo normal. Fiebre. Eso era malo.

La sentó en la cama y ella se acostó boca abajo, con el rostro apuntando hacia él. Si la fiebre subía significaba que las quemaduras se estaban infectando, y si eso sucedía, debería llevarla a un hospital. Se las veía bastante negras explicando por qué ella tenía la espalda así.

Se acercó una silla a la cama y se sentó, dispuesto a observarla toda la noche. Riza se durmió al poco rato, pero la fiebre había subido y ahora deliraba en sueños.

"Padre, por favor me duele mucho"

Roy escondió el rostro entre sus manos y dejó de aguantar las ganas de llorar.

Maldecía a su Maestro, se maldecía a sí mismo, maldecía a la cadena de hechos que lo habían llevado a estar en esta situación. La maldecía a ella por haber seguido su estúpido sueño y unirse al ejército, y se volvía a maldecir a sí mismo por habérselo contado en primer lugar.

La fiebre no bajaba y dudaba que fuera hacerlo. Levantó levemente las vendas para observar las heridas y no se veían nada bien. Comenzó a desesperarse, no sabía qué hacer. Si la llevaba a un hospital, Riza lo mataría, habría que responder demasiadas preguntas, quedaría expuesta ante demasiados desconocidos. Y él...Él debería explicar cómo habían ocurrido esas horribles quemaduras. Decidió en ese momento que, si a ella le sucedía algo, él no saldría de esa casa con vida tampoco.

Por fortuna, se le ocurrió que había alguien a quién podía llamar para aconsejarlo, aunque no sería bien recibido. Rebuscó su libreta entre sus cosas y pasó las hojas hasta dar con el número.

- ¿Quién demonios llama a esta hora? - La voz inconfundible a tabaco le respondió.

-Dr. Knox, soy...Roy Mustang. Necesito ayuda. - Su interlocutor gruñó con desagrado al darle su nombre.

-Ishval terminó, muchacho. ¿Qué es lo que quieres a esta hora? -

- ¿Cómo…? - Ni siquiera quería decirlo en voz alta. - ¿Cómo puedo tratar una quemadura que comienza a infectarse? -

- ¿Qué demonios hiciste ahora? ¿No aprendiste en Ishval que tenías que matarlos al quemarlos? Evitarías cosas como esas. - Si había algo que caracterizaba a Knox, era que carecía de tacto para hablar de las cosas. No lo culpaba. Se habían conocido porque él le proveía cuerpos quemados para experimentos e investigaciones. Había dejado de tocar pacientes vivos hace tiempo.

-Por favor, solo dígame qué hacer. - Knox suspiró. Seguramente notaba la desesperación en su voz.

-Está bien, pero deja de involucrarme en las cosas que haces. -

Anotó todo lo que Knox le dijo. Le agradeció y colgó.

La trató como el doctor le había indicado. Logró bajarle la fiebre, pero ella seguía dormida. Se quedó sentado junto a ella toda la noche, observándola dormir. Cada hora que transcurría se sentía peor. Cuando finalmente la vio removerse para despertarse, trató de componer su aspecto. Ella abrió pesadamente los ojos y se enfocó en él.

- ¿Estuvo ahí toda la noche? -

-Sí, te estuve cuidando. ¿Cómo te sientes? -

-Estoy bien, no era necesario que se quede cuidándome. - Ella se sentó en la cama y sostuvo la camisa que cubría su desnudez.

- ¿Quieres desayunar algo? - Él ya había preparado la bandeja en la mesa de noche. Se la colocó sobre la cama y ella comenzó a comer con tranquilidad.

- ¿Usted ya desayunó? -

-No, no tengo apetito. -

-Puede irse cuando guste, yo estaré bien sola, Mayor. Tiene que volver al trabajo. -

-Me quedaré hasta que hayan sanado un poco las quemaduras. Hay que tratarlas y tú no puedes hacerlo sola. Son solo algunos días.-

Terminó el desayuno en silencio. Él solo la observaba. Sentía tantas cosas al mismo tiempo, no lograba entender ninguna de ellas.

- ¿Qué hará ahora? - Le preguntó ella, sacándolo de su estado de meditación. Él la miró sin entender a qué iba, y ella reformuló.

-En la tumba de mi padre me dijo que quería ser un pilar de este país. Crear un mundo donde todos sean felices. ¿Aún cree que eso es posible? -

Ah sí, esas malditas palabras que escaparon de su boca y llevaron a Riza a donde nunca debió estar.

-Aun quiero poder proteger a todos, pero ahora sé que no bastará con morir como basura al lado del camino. De hecho, tengo que mantenerme vivo mucho tiempo si quiero llegar a donde tengo que llegar. - Riza lo miró con una ceja arqueada, curiosa por su declaración. Solo con Hughes había compartido su nueva meta, más dura y tardía que su sueño infantil, pero ciertamente mucho más realista.

-Pienso llegar a lo más alto Riza. Desde ahí, puedo hacer de Amestris un país pacífico. -

-Suena un camino bastante largo, Mayor. -

-Lo será. Solo necesito conseguir a las personas correctas para que me acompañen en él. -

Riza asintió suavemente. Esperaba oír de sus labios que ella dejaría todo. Que nunca más volvería a poner sus manos sobre un arma, ni volver a enfundarse en ese uniforme azul.

Deseaba decirle que dejara todo atrás. Pero se contuvo porque no se consideraba con derecho a hacerlo.

Las heridas de Riza tardaron unos cuantos días más en sanar, solo se marchó cuando no eran necesarias ya las curaciones, ni la ayuda.

Dos semanas después estaba en su nuevo despacho en el Comando del Este, con su recientemente otorgado cargo de Teniente Coronel. Cuando la puerta se abrió para dar paso a una mujer de cabello rubio corto, enfundada en su uniforme azul, ostentando su cargo de Teniente Segunda.

Volvió a maldecirse a sí mismo por haber dejado salir sus palabras de ambición.


Otra semana, otro capítulo! Esta vez quise tocar un tema delicado que sinceramente, me hubiese gustado ver un poquitito más en el animé o en el manga. Vi muchos fics que hablan de esto y cada cual tiene su headcannon, hay quienes creen que esto pasó ahí mismo en Ishval, yo soy de las que cree que eso sería un poco anti sanitario, así que opté por lo que les acabo de contar. No quise hacerlo muy angst pero espero que logre transmitir lo que Roy sintió con todo eso.

Espero que les guste, y gracias por su apoyo constante, esto es para ustedes! Nos leemos la próxima.