Charla Telefónica

Se había dormido hace unos minutos cuando el escandaloso timbre del teléfono la despertó. Miró el reloj y la intriga de saber quién la estaba llamando (Justo a ella) a estas horas de la noche, pudo más que la indiferencia.

- ¿Hola? -

-Buenas noches Capitán ¿la desperté? - Un leve escalofrío recorrió su espalda cuando reconoció la voz de su superior del otro lado de la línea. Se notaba que había estado bebiendo, pero no en exceso. Y seguramente se encontraba en la seguridad de su hogar, eso era bueno.

-No General, para nada. - Mintió sin saber exactamente por qué. Una parte de ella no quería hacerlo sentir culpable de su desvelo.

-Bien, me alegra. - Roy Mustang hizo una pausa, como si no supiera exactamente para qué llamó.

- ¿Necesita algo General? -

-No, yo solamente estaba pensando…- Se empezó a inquietar. Sabía perfectamente en qué podía estar pensando Roy Mustang últimamente.

Muy poco tiempo después del Día Prometido había notado el cambio de actitud de Roy hacia ella. Siempre había rozado lo inadecuado (inadecuado según las normas militares, al menos) pero desde que habían salido del hospital estaba cruzando peligrosamente los límites impuestos entre los dos.

- ¿No le parece patético que después de estar al borde de la muerte nuestras vidas sigan exactamente igual? - Había cuestionado Roy Mustang de manera espontánea una tarde en la oficina.

-No estamos exactamente igual General, ahora tenemos el proyecto de Ishval y estamos un paso más cerca de su meta, me parece que es un cambio muy importante. - Señaló ella con inocencia, sin saber en realidad de qué hablaba el hombre a metros suyo.

-Ciertamente no me refería a nuestra vida profesional, Hawkeye. -

- ¿Entonces a qué? -

-Nuestra vida, Hawkeye. Hablo de lo que hay entre nosotros. -

-No hay nada entre nosotros, General. - Intentó sonar lo más fría y distante que el latido acelerado de su corazón le permitía.

-Debería. Somos adultos, ya no deberíamos estar escondiendo lo que sentimos como dos adolescentes creyendo en amores imposibles. -

-Señor, deberíamos limitarnos a seguir como hasta ahora. No podemos poner en riesgo lo que logramos. - Roy Mustang hizo el intento de retrucar, pero ella se adelantó. - Mejor busque la compañía de alguna hermosa mujer como suele jactarse que hace. - Lo vio torcer el gesto y guardó silencio por el resto del día. El comentario ciertamente la había molestado, pero no tuvo opción más que ofenderlo para que abandone ese tema por la paz.

Pero Roy Mustang era un hombre perseverante, como podía demostrar su carrera militar, y volvía a la carga cada vez que podía.

Y ahora la llamaba a altas horas de la noche, porque estaba pensando. Y Riza podía adivinar perfectamente en qué.

No quería preguntar, pero tampoco tenía la fuerza de voluntad para colgarle el teléfono.

- ¿En qué estaba pensando, General? -

-Cuando se trata de ti, siempre tengo ideas opuestas de qué debería haber hecho. - Su corazón se aceleró sutilmente al notar la falta de formalidad en la oración de Roy. Como ella se quedó sin palabras, él continuó.

-Hay momentos en los que creo que debí desaparecer por completo de tu vida sin dejar rastros. Como si nunca hubiese existido, ahora estarías en otra parte, viviendo otra vida… Una vida mucho mejor que esta, seguramente. - Suspiró pesadamente antes de seguir. - Otras, desearía haberte llevado conmigo cuando el Maestro murió. Serías mi esposa y las cosas serían muy distintas para ti, por lo menos para ti. - Lo escuchó reír sin ganas. - Serías la flamante esposa del General Mustang, ¿suena bien verdad? -

-O tal vez sería la flamante viuda del Coronel Mustang. No creo que sea necesario recordar cuántas veces lo tuve que salvar de su propia inutilidad, General. - Dejó caer con sinceridad.

Ahora Roy Mustang dejó salir una risa un poco más vivaz, y Riza no pudo evitar esbozar una suave sonrisa ante ese sonido.

-Siempre tienes razón. Aunque si al final del día pudiera volver a ti, sería más cuidadoso con mi vida, créeme. A veces, cuando tengo suerte, en vez de soñar cosas terribles, sueño con eso. Otras tengo mucha suerte y sueño cosas más divertidas. -

-General…- Lo amonestó con la severidad que podía ostentar en el momento. No sirvió.

-Sueño que puedo besarte, todo lo que quiera. Y luego…-

-Creo que es suficiente charla por una noche General. - Sentía cómo le ardían las mejillas, porque recordaba algunas noches afortunadas en las que ella también soñaba cosas así.

- ¿Por qué seguimos haciendo esto? - La voz masculina se tiñó de frustración, le dolía el corazón de escucharlo así.

-Así deben ser las cosas, es el camino que elegimos. -

-Es porque soy un cobarde. Estuve a punto de perderte tantas veces en un mismo día y ni siquiera me atreví a besarte. Cuando me amenazaste con tu arma, debí quitarla de tus manos y besarte ahí mismo. Cuando te tuve en mis brazos con el cuello ensangrentado, debí besarte. Cuando recuperé la vista…-

-Basta General. - Lo amonestó. - No tiene sentido lamentarse por las cosas que pasaron, no podemos cambiar el pasado. -

Su propia voz le sonó a serenidad falseada. Ella misma se arrepentía de no haberse arrojado a los brazos de Roy Mustang cuando lo vio aparecer para deshacerse del homúnculo que se jactaba de haberlo matado; de no haberlo besado cuando lo vio regresar de ese lugar desconocido con sus ojos despojados de luz. Pero no tenía sentido gastar tiempo en una conversación sobre eso, las cosas ya se habían dado de la manera que se dieron.

-Voy a cambiar las cosas para nosotros dos, lo prometo. -

-No necesito promesas de este estilo General, solo promete que seguirá enfocado en la meta. -

-Puedo hacer ambas Hawkeye. Sabes que soy capaz. -

Sí, sabía que era perfectamente capaz.


Pido mil perdones por la ausencia, pero estuve muy complicada con la universidad.

Este tenía preparado para subirles pero necesitaba retoques y recién ahora pude hacerselos, espero que les guste. Gracias por acompañarme, voy a tratar de no volver a faltar.

Nos leemos la próxima.