SPOILER ALERT: Los sucesos de este capítulo son a continuación del final de la película "Conquistador del Shambala" la cual sigue el final del animé del 03. El que desee verla puede saltearse el cap o leerlo si no le molesta el spoiler, para el que no quiera verla, le comento que al final de esta, Alphonse acompaña a Edward en nuestro mundo.

No sigue correlación con el resto de los caps, vendría a ser un UA. Espero que les guste a pesar de ser algo diferente.


El otro lado de la Puerta

Luego de los incidentes que terminaron con Al junto a él del otro lado de la puerta, decidieron recorrer ese país, reflejo de su Amestris natal, llamado Alemania.

De momento estaban de paso en una ciudad llamada Frankfurt, ubicada al este del país. Se encontraba sentados fuera de una pequeña y rústica posada donde pensaban pasar esa noche. De pronto se oyeron gritos femeninos y vieron correr a un hombre con un bolso en sus manos. Un robo. Edward no pudo con su genio y salió en persecución del delincuente, alcanzó escuchar un "Hermano!" proveniente de la voz de Alphonse, pero no se detuvo.

- ¡Ey, devuelve eso! - El tipo ni siquiera se volteó a verlo, Ed aceleró su carrera.

Finalmente lo alcanzó y pudo empujarlo al suelo, una vez encima de él, le quitó el bolso de la mujer de las manos.

-Deberías aprender a no molestar a las personas. - El delincuente gruñó molesto. Ed sintió varias pisadas acercándose detrás de él. Uno era un policía que se adelantó a arrastrar al hombre. Oyó una voz femenina que pudo sonarle familiar, supuso que la dueña del bolso.

Se volteó con los ojos cerrados. - Aquí tiene señorita. - Estiró su brazo orgulloso de haber llevado a cabo ese pequeño acto heroico.

-Te lo agradezco mucho, pero podrías haberte lastimado. -

-No es nad…- Abrió los ojos antes de terminar la oración, y se quedó atónito. - ¿Teniente? -

La mujer de cabello rubio y ojos marrones torció la cabeza con curiosidad. Era definitivamente la Teniente Hawkeye. Bueno, no era ella, ciertamente no podía ser ella… Pero era su "contraparte" de este mundo.

-Creo que me confundes con alguien. -

-Ehh sí, lo siento mucho. No fue nada recuperar su bolso señorita. -

-Señora Müller, mi nombre es Renata Müller. ¿Tú cómo te llamas? - Le sonrió con dulzura, le recordó a la sonrisa de la Teniente.

-Mi nombre es Edward Elric, señora. - Sentía las mejillas ardiendo.

Alphonse se acercaba corriendo hacía donde estaban.

- ¡Hermano! No te alejes corriendo así. - Paró en seco en cuanto posó sus ojos en la mujer delante de ellos. Los ojos de su hermano se abrieron como platos y parecían inundados de lágrimas. Al siempre había tenido una inclinada preferencia por la Teniente, como el afecto de un niño a su madre.

-Tu hermano es muy valiente pequeño, gracias a él recuperé mi bolso. -

Al solo logró asentir tragando saliva. Ambos no podían dejar de mirarla. Traía el pelo suelto y vestía ropa civil, de las que usaban las mujeres en ese país, bonitas y femeninas. Lejos de la imagen de la Teniente enfundada en ese estructurado uniforme azul de militar. Sonreía mucho, sus rasgos no portaban la rectitud que le conocían tan bien.

-Tal vez me equivoque, pero intuyo que no son de aquí ¿No es así? -

-No se equivoca, somos de bastante lejos. - Respondió Alphonse.

- ¿Tienen dónde hospedarse? Puedo llevarlos conmigo, también les daré comida. Mi esposo estará encantado de conocerlos, más luego de lo que hiciste, Edward. -

-No querríamos molestar. -

-Para nada, vengan, vamos. -

La siguieron sin chistar. Aún notaban en ella esa autoridad amable que le habían conocido hace tiempo.

Caminaron algunas calles hasta dar con una casa modesta, pero en buen estado. Renata los hizo entrar, y fueron recibidos por un perro mediano y de color negro con blanco. Sonrieron ante la coincidencia.

-Hans, abajo. Lo siento, es algo efusivo. - Los dos Elric le quitaron importancia al asunto. -Tomen asiento, voy a preparar algo caliente para que beban, mi esposo llegará en cualquier momento. -

Hicieron como Hawk...Bueno, Renata dijo. La casa era pequeña, pero acogedora, ciertamente tenía el toque femenino, pero a la vez estaba llena de libros, cosa que captó su atención.

- ¿De qué trabaja su esposo? - Preguntó Ed quitado de la pena, no se paró a pensar en si había sido atrevido al preguntar tan directamente algo así. Muy propio de él.

-Es profesor de ciencias. Por eso hay tantos libros. - La mujer les depositó dos tazas de café en la mesa. - Si quieres, cuando él llegue puedes preguntarle por alguno que te interese en particular, estará dichoso de compartir eso. -

Terminaron de beber el café, y Ed se excusó para ir al baño. Frente al espejo se observaba sin dar crédito de lo que estaba pasando. Había conocido a los Hughes, Gracia y Bradley de este mundo; pensó que simplemente era casualidad, y ahora Hawkeye, ¿acaso también…? Los ladridos del perro los sacaron de sus pensamientos, decidió que debía volver al comedor, seguramente el esposo de la señora Müller habría llegado.

Cuando llegó al comedor, lo primero que vio, fue el rostro de asombro mal disimulado de su hermano menor; arqueó la ceja intrigado, pero toda su curiosidad fue disipada en cuanto el hombre que acaba de llegar se dirigió a él.

- ¿Este es el héroe del día entonces? - La voz masculina lo interpeló, y él tuvo que contenerse para no saltar en el lugar. Tuvo ganas de gritarle como siempre hacía, pero se contuvo. De pie frente a él, estaba una versión desestructurada de Roy Mustang. Llevaba pantalones marrones, una camisa y un chaleco.

Le sonreía. No con esa sonrisa deliberadamente impregnada de arrogancia que le veía cada vez que pasaba por el cuartel. Sino, con una sonrisa fresca y sincera.

-Sí, es él, Edward Elric. - Respondió por él la mujer rubia, dado que se había quedado sin habla.

-Mucho gusto, soy Richard Müller. - Le estrechó la mano y él le devolvió el apretón por pura inercia.

-Un gusto, señor. - A diferencia del Mustang que conocía, este llevaba el pelo prolijamente peinado hacía atrás y por supuesto no contaba con esos característicos guantes de color blanco.

-Renata me dijo que se quedarán con nosotros. -

-Solo será por esta noche, no queremos molestar. - Esta vez fue Al quién habló. Richard Müller hizo un gesto despreocupado con la mano.

-No es molestia, siempre hay lugar para alguien más. - Por extraña razón, eso le había recordado a Maes Hughes. Y ver una actitud de ese hombre en uno con el aspecto de Roy Mustang, sobrepasaba sus niveles de excentricidad.

Tímidamente se decidió a preguntarle a Müller por los libros que tenía, y tal como su esposa afirmó, estaba encantado con comentarle todo lo que tenía para leer. Incluso le dijo que en su estadía podía tomar el que quisiera para leer y que si alguno le gustaba mucho se lo obsequiaba. En ese momento cayó en la cuenta de que, a pesar de ambos ser alquimistas, nunca tuvo una conversación real sobre eso con Roy Mustang. Solo hablaron de la piedra filosofal, nunca de su formación, de ideas, libros, nada. Pasaron horas sin darse cuenta, hasta que Renata los llamó a cenar. Al la había ayudado con la cena, se veía muy feliz.

La comida estaba deliciosa, le hizo recordar un poco a la que su madre les cocinaba.

- ¿Ustedes viajan solos? Son algo jóvenes. - Cuestionó Richard observándolos detenidamente.

-Sí, solo nosotros. - Respondió Ed.

- ¿Y sus padres? -

-Ambos murieron hace tiempo. Así que solo somos Al y yo. - Pudo percibir algo de ternura en los ojos de ambos adultos frente a él.

-Imagino que es difícil. - Aportó Renata mientras les servía más comida. - Pero al menos se tienen entre ustedes.

- ¿Dónde piensan ir luego? - Preguntó el hombre de cabello oscuro, tal vez intentando alivianar el ambiente que se había formado.

-Sinceramente no lo hemos pensado. - Ed se tomó el mentón. Ciertamente no había pensado en eso.

-Si esperan alguna temporada, podríamos irnos los cuatro juntos, podemos pensar algún destino. - Soltó Richard, se removió incómodo. Algo parecía afectarle.

- ¿Piensan irse de la ciudad? - Quiso saber Alphonse.

-Pensamos irnos de Alemania. - Respondió Renata con seriedad y convicción. Ante la mirada curiosa de ambos, Richard Müller comenzó a hablar.

-Una guerra va a desatarse en cualquier momento. No solo en Alemania, pero aquí será peor. Sobre todo, para gente que no… Encaja de cierto modo. -

Edward había notado desde que quedó atrapado de este lado de la puerta que la discriminación abundaba en ese país. No que Amestris fuera muy pacífico, pero aquí la cosa iba dirigida a cualquiera que no respondiera a cierto estándar. Y Richard Müller no respondía a ese estándar, de hecho, estaba bastante alejado. Había notado en su momento que Roy Mustang era distinto que otros Amestrianos, su color de piel, la forma de sus ojos, pero nunca vio que fuera agredido por ello (tal vez por temor a su reacción), en este lugar la cosa de seguro era diferente. Solo era un profesor. Y Hawkeye era solo una esposa y ama de casa. Así que corrían peligro si alguien decidía hacerles daño.

-La gente aquí se enfoca demasiado en las diferencias. No importa que tan educados sean. - La joven mujer torció el gesto como si evocara el recuerdo de alguien en particular. Su esposo acarició su mano con dulzura.

-Tu padre no me odiaba porque era diferente, me odiaba porque me quería robar a su hija. -

- ¿Están casados hace mucho? - Preguntó Al con curiosidad. Ciertamente eran jóvenes, como los Mustang y Hawkeye que conocían.

-Nos casamos hace 7 años, cuando ella cumplió 18. Yo lo hubiese hecho antes, pero ella se hacía la difícil. - Richard adoptó una pose gallarda propia del Coronel que habían conocido hace unos años y dejado del otro lado de la puerta. Renata rodó los ojos.

-No les mientas a los invitados cariño. Deberías decirles que te morías de miedo de pedirle permiso a mi padre. -

-Bueno, te recuerdo que cuando empezó a asesorarme con mi tesis me dijo que si me acercaba a ti me dejaba sin pelotas. -

Conversaron hasta terminar de cenar y Renata los llevó a su habitación.

Transmitían una felicidad que no coincidía con el recuerdo que ellos tenían de sus dos contrapartes.

Mustang y Hawkeye eran dos personas muy jóvenes y con buen corazón, pero siempre perseguidos por culpas y malos recuerdos.

Renata y Richard, en cambio, eran personas simples. Se dieron cuenta que se amaban y concretaron su amor. Tan simple y tan claro como eso

Él y Al cuando inicialmente conocieron a Hawkeye y Mustang creían que eran marido y mujer, lo creyeron bastante tiempo hasta que supieron que los militares no podían casarse entre sí. Una ley absurda para Ed, como muchas reglas de los militares, innecesarias y absurdas. Verlos de esta manera era refrescante.

Recordó cuando conoció a los Hughes en este mundo. Se sorprendió de ver que aun en otra realidad se enamoraron el uno del otro, como si ese amor fuera una fuerza que trascendía y atravesaba esa dichosa puerta que separaba su mundo de este.

-Hermano, sé que no son el Coronel y la Teniente. Pero me hace muy feliz verlos así, felices y en paz. - Dijo Al casi en un susurro desde su cama. Edward coincidía; algo en su interior le decía siempre que entre Mustang y Hawkeye había algo más de lo que se podía ver a simple vista, nunca se arriesgó a decir que era amor… Pero siguiendo la lógica que había visto con los Hughes, algo le decía que sí. Sonrió.

-Sí, es agradable ver que el Coronel bastardo no viva malhumorado. -


Otra semana, otro capítulo! Algo distinto esta vez, salí un poco de mi zona de confort que suele ser el canon de Brotherhood. Y además con el punto de vista de Edward! Si les gusta, podría hacer uno desde su punto de vista pero con la historia que venimos contando.

Cuentenme: Vieron Conquistador del Shambala? Les gustó? A mí personalmente NO me gustó, siento que era sumamente innecesaria y odio lo que hacen con el personaje de Mustang, pero me sirvió de excusa para un fic de universo alternativo jaja.

No la hago más larga, espero que les guste, y si no, no se preocupen que la próxima semana volvemos a la programación habitual!

Nos leemos la próxima!