Rendición
Havoc y el Coronel se habían dormido hacía un rato, luego de que los atendieran. Una vez la adrenalina de la situación había bajado, el agotamiento les había ganado. Pero ella no lograba descansar.
Estaba de pie cerca de la cama de su superior. Había pedido que los colocaran juntos para poder vigilarlos a ambos, no sabía si en cualquier momento alguien podría colarse a terminar lo que ese homúnculo con forma femenina no pudo. Observaba la respiración pausada de su Coronel, tenía las facciones relajadas, en contraste con el rostro agotado y dolorido que tenía antes de llegar al hospital.
Deslizó su vista por el cuerpo masculino cubierto por las sábanas blancas y se detuvo en el lugar donde lo había herido y donde tuvo que usar sus propias llamas para cerrar la herida y parar la hemorragia. Eso debió dolerle horrores, ella recordaba lo que había dolido cuando le pidió que queme su espalda, hasta que los nervios dejan de servir el dolor es agónico, y luego el entumecimiento es más que molesto. Solo un hombre fuerte y con determinación como Roy Mustang podría hacerse eso a sí mismo para sobrevivir. Luego se fijó en el dorso de la mano derecha que descansaba sobre el abdomen, ahora marcada por un círculo de transmutación tallado en la piel; torció el gesto con un poco de tristeza, él que nunca quiso marcarse permanentemente por la alquimia ahora tenía ese círculo que aún cicatrizado se sabría qué es.
"Tendré que matar dos sacrificios en una noche"
Un escalofrío le recorrió la espalda cuando recordó la voz de esa mujer diciendo esas palabras. Recordaba a la perfección como la sangre de su cuerpo se sintió más pesada cuando ató cabos y entendió qué quería decir. Perdió todo autocontrol en ese momento, exhibió debilidad ante un enemigo y malgastó una cantidad de balas de la que evitaba ser consciente aún sabiendo que no podía hacerle daño.
Lloró. No recordaba la última vez que había llorado. No fue cuando su padre murió, de eso estaba segura. ¿Cuándo entonces? Ah sí. Pensó con resignación. Cuando Roy dejó su casa para empezar la academia militar. Había llorado toda la noche, hasta el punto de darle dolor de cabeza; y luego de que él subiera al tren, lloró todo el camino de vuelta a su casa.
Quiso morir en ese momento. No le importaba si ese homúnculo la atravesaba en ese momento, al notarse desarmada, simplemente se arrodilló y aceptó su destino. De no ser por Alphonse, estaría muerta. De no ser por la fortaleza del Coronel, ella estaría muerta y habría arrastrado a Al al mismo destino. Todo porque ella se rindió.
No concebía la idea de vivir en un mundo sin Roy Mustang. Había estado en su vida más años de los que habían estado sin conocerse. Y a pesar de haber querido enterrar sus sentimientos muy profundo y guardarlos bajo siete llaves para no enfrentarlos, era de esperar que en una situación tan límite como la de esa noche, se escaparan de cualquier contención que ella pudiera construir.
Lo amaba. No recordaba cuándo había empezado a ser así, si fue cuando lo vio ilusionado suplicando a su padre que lo aceptara de alumno o cuando lo aceptó como parte de su vida cotidiana en esa casa avejentada donde creció. Trató de sacarlo inútilmente de su cabeza cuando se fue a la academia, pero todo avance cayó por tierra cuando lo volvió a ver, enfundado en su recién entregado uniforme militar. Ni siquiera Ishval había logrado deshacerse de lo que sentía por ese hombre. Lo creía con firmeza, hasta que lo vio en la mira de su rifle y sintió todo lo que no podía sentir desde que había sido enviada al desierto.
¿Qué sentiría él? Tal vez tampoco había olvidado las viejas costumbres. Sacudió la cabeza para desechar esas ideas. No importaba que sintieran el uno por el otro, estaba prohibido, entorpecería todos sus planes. Y estaban ante un amenaza demasiado grande como para pensar en eso, cualquier cosa podía pasar y poner en evidencia sentimientos demasiado profundos solo traería problemas.
Volvió enfocarse en cómo dormía su superior. Tendría que explicarle lo que pasó antes que llegara él, no había tenido tiempo, no estaría feliz de saber que había dejado de defenderse.
Acercó su rostro un poco más al de él, despejó su frente con cuidado para no despertarlo y le depositó un suave beso. Recién cuando se incorporó se dio cuenta que estaba conteniendo la respiración. Tomó la chaqueta manchada de sangre que estaba en la silla, y se sentó en el suelo con ella en las piernas. La abrazó y a pesar de la sangre todavía tenía su olor. Era lo más cerca de abrazarlo que estaría.
Otra semana, otro capítulo! Un poco cortito, la respuesta a "La muerte del Inmortal" basicámente.
Espero que les guste, y gracias por siempre darme su apoyo, todo es para ustedes!
