La Edad

Se reprendió mentalmente por seguir haciendo lo mismo que dijo que debería dejar de hacer. No era correcto. Bajó la mirada al libro que tenía entre las manos, pero pocos segundos después sus ojos estaban de nuevo donde no debían estar.

Pero los cabellos azabaches despeinados del alumno de su padre parecían ser la cosa más interesante del mundo en este momento. Se lo había desarreglado haciendo una muestra algo dramática (según ella) de su frustración con lo que su padre le había mandado a estudiar. Tenía el ceño fruncido y una mueca en la boca, como un niño pequeño, a pesar de ya contar con casi 17 años.

Cuando lo vio por primera vez en la puerta de su casa, no se había sentido muy complacida de tener que aceptar a un extraño a su casa, se sentía algo culpable de admitir que se había sentido aliviada cuando su padre había mandado a Roy Mustang de vuelta por donde había llegado. Pero el muchacho continuó intentando, insistió hasta que su padre consideró que, si era capaz de molestarlo tanto, es porque de verdad quería ser su alumno. Eso había molestado a Riza. Su padre nunca le había prestado atención y ahora acogía a un desconocido para dedicarle su tiempo. Con 3 meses de ver a Roy Mustang recibiendo la atención de su padre, se sintió algo dichosa de no tenerla.

Era un chico muy agradable descubrió con el tiempo, siempre agradecía la comida, se ofrecía a ayudar a limpiar y conversaba con ella en los ratos libres. Al principio era más él hablando y ella escuchándolo, pero poco a poco comenzó a abrirse más con él. Y un día comenzó a verlo más, mucho más.

Comenzó a sentirse extraña cuando sonreía, cuando lo veía salir del baño sin camisa, cuando se arreglaba el pelo con las manos. Esos ojos oscuros como la noche la cautivaban y cuando se daba cuenta que él también la estaba mirando sentía que las mejillas le ardían. ¿Por qué la miraba así? Seguro creía que era una niña tonta por estar haciendo eso, La edad estaba haciendo sus estragos, y Riza no quería lidiar con ellos.

Seguramente Madame le daría una bofetada si viera cómo se estaba comportando.

Ella que lo había educado para siempre ser caballero y respetuoso, no toleraría que viera a una chica menor que él de esa manera. Menos si esa chica era la hija de su maestro.

Cuando la vio por primera vez en la puerta de esa casa descuidada, le pareció una niña muy bonita y misteriosa, lo miraba con cautela, con unos ojos filosos poco propios de su edad. Le costó varios intentos y visitas ser aceptado por el maestro Hawkeye, pero al fin lo había logrado. Y una de las cosas que lo entusiasmaba era conocer un poco más a esa niña que lo recibía cada vez que iba a pedir por favor ser aceptado.

Era muy atenta, se encargaba de todo, incluso de él a pesar de ser básicamente un intruso. Comenzó a intentar entablar conversación en sus ratos libres, al principio era más él contando idioteces de su vida y ella escuchando, atenta; pero con el tiempo ella comenzó a abrirse y contarle un poco de sí misma. Estaba tan sola. Le despertaba mucha calidez y ternura. Pero con el tiempo, comenzó a despertar otras cosas.

Se quedaba prendado observando el brillo de su pelo rubio al sol, su piel nívea, su cara de muñeca. Ella lo atrapó quedarse hipnotizado por esos ojos grandes y marrones que parecían virar al rojo cuando la luz los golpeaba, se sonrojaba, y su corazón se aceleraba mucho. ¿Qué le estaba pasando? Riza solo iba a cumplir 14 años y él se permitía observarla así. La edad estaba golpeándolo muy duro y él no quería tener nada que ver con ello.


Otra semana, otro capítulo! Este es bieen cortito, espero que les guste igual, estoy un poco estresada y no pude escribirles algo más largo y más lindo, mil perdones.

Gracias por siempre apoyarme, ustedes me motivan a seguir! Nos leemos la próxima.