Manos
"Y mis manos no están limpias
quizá nunca lo estén,
pero aún pueden llevarte a casa
cuando estés lista para dormir"
Pasado el shock inicial, la noticia del embarazo había resultado ser una suerte de bálsamo para sanar un poco sus heridas y su agotamiento.
Él en ocasiones tambaleaba, sintiendo que no era merecedor de todo esto, pero ver la sonrisa de Riza mientras apoyaba la mano en el vientre que comenzaba a abultarse hacía que todo pareciera correcto.
Sus personas más cercanas también compartían profundamente su felicidad. Rebecca Catalina había llorado histéricamente al grito de que iba a ser tía mientras abrazaba a Riza. Havoc y Breda bromeaban respecto a cómo le enseñarían a conquistar chicas si era un niño, y como la protegerían de los "muchachos aprovechados" si era una niña. Incluso Acero había dado sus felicitaciones con suma sinceridad y sin provocaciones infantiles hacia su persona.
Aún le dolían las costillas un poco de recordar el abrazo que el Coronel Armstrong le había dado, alegando que como Riza no podía recibir un abrazo "de la familia Armstrong", él tenía que recibirlo por los dos.
Pero ciertamente, la reacción que más lo conmovió fue la de Grumman. El Führer seguía negándose a comunicarle a Riza de su parentesco, aunque sus defensas bajaron un poco con la noticia.
- ¿Voy a ser… bisabuelo? - Mustang asintió sonriéndole con simpatía.
-No.- Grumman se corrigió. - Voy a ser abuelo. El abuelo postizo del hijo de mi más querido subordinado y su esposa. -
- ¿Señor está seguro que...? -
-Sí, eso es suficiente felicidad para mí, General. - La sonrisa que estaba semi oculta por el bigote le confirmó que estaba siendo sincero.
El primer problema derivado del embarazo, surgió cuando Riza comenzó a cursar el quinto mes de gestación, y coincidía con una visita a Ishval que ya tenían programada.
Después de años trabajando en la reconstrucción, gran parte del pueblo los recibía con afecto, uno que ambos creían no merecer pero que no estaban dispuestos a rechazar, eso sería ser malagradecidos.
Y no estaban en posición de ser mal agradecidos con los ishvalitas.
Él quería que ella se quede en Central. El viaje en tren, el calor del desierto, no eran condiciones para que una mujer en su estado soportara, y Knox decía que ella debía cuidarse más.
-No voy a quedarme aquí mientras tú vas a Ishval. Es mi asunto también. -
-Sé perfectamente que es tanto tuyo como mío, pero no estás en condiciones de viajar tanto, y menos a un lugar así. -
Riza estaba muy molesta. Podía verlo en sus ojos y en la leve curvatura en sus cejas. Tenía sus manos en el vientre. Notó que siempre que estaba nerviosa recorría su vientre con sus manos.
-Yo necesito estar contigo, cuidándote. -
-En este momento, necesito que te cuides tú. Havoc irá conmigo, además, sabes que las cosas están muy tranquilas, no tienes que preocuparte. -
La vio dudar, pero finalmente ceder. Riza no querría que nada malo pasara por forzar su cuerpo a condiciones y trabajo poco cómodos. Ya estaba acercándose el momento de pedir la baja temporal por maternidad, ambos lo sabían.
Esa noche regresó tarde a casa por quedarse terminando algo del papeleo referente a la visita a Ishval. Riza se había marchado antes, estaba algo cansada y de nada servía que estuviera en la oficina, él podía encargarse.
Hayate lo recibió alegremente al pasar por la puerta, dando brincos y moviendo su cola mientras lo acompañaba dentro de su hogar.
-Hola Hayate, ¿y Riza? - El can ladró y comenzó a trotar hacia su habitación, donde supuso estaría su esposa.
En efecto, Riza estaba sentada en la cama, dándole la espalda a la puerta. Traía un camisón azul claro, y el cabello que había cortado hacía poco por comodidad estaba llegando a rozar sus hombros.
-Hola cariño. -
Nada.
- ¿Riza? Respóndeme. - Se acercó a ella un poco apurado, un poco asustado. Los ojos de su esposa estaban clavados en el suelo, sus manos empuñadas a los lados de su cuerpo como si se estuviera forzando a mantener alejadas de algo… ¿Pero de qué?
-Riza, estoy aquí. - Su esposa genuinamente no se había percatado de su presencia, porque cuando escuchó su voz la vio sobresaltarse.
El impulso la hizo llevar sus manos al vientre abultado, pero las detuvo en el camino y volvió a empuñarlas.
Y ahí se dio cuenta.
Siempre que está nerviosa recorre el vientre con sus manos.
Pero ahora no lo estaba haciendo. Y algo le decía que estaba luchando con todos sus impulsos para no hacerlo.
-Lo siento, no escuché que habías llegado. ¿Todo bien? -
-No, no está todo bien ¿Qué te sucede? -
-Nada… ¿Por qué lo dices? -
Estaba arrodillado frente a ella para poder estar a su altura. Llevó las manos al vientre de Riza, ella se volvió a sobresaltar levemente pero nunca movió sus manos de los lados de su cuerpo. Apretaba tanto los puños que podía ver como sus nudillos estaban blancos.
- ¿Por qué no quieres poner tus manos en tu barriga? Lo haces siempre, sobre todo si estás algo nerviosa. -
Riza le sostuvo la mirada por unos momentos. Luego suspiró, como reconociéndose derrotada, porque nada que dijera podría distraerlo de lo que sucedía.
-Es que hoy estuvimos hablando de Ishval, y mis manos…- Esos ojos chocolate estaban llenándose de lágrimas. - ¿Cómo voy a tomar a nuestro hijo con las mismas manos que usé para matar a tantos ishvalitas? -
Temía que tarde o temprano esto iba a pasar. A él le había pasado varias veces en los últimos meses, pero había mantenido el tópico alejado de Riza para no contaminarla con esas ideas, ella estaba tan feliz. Estúpido de su parte creer que ella no llegaría sola hasta ahí.
Su primera idea fue decirle que la suciedad y la sangre en las manos de ella en nada se podían comparar con la que había en las suyas. Pero eso solo lograría sumergirlos a ambos en un aura oscura que era preferible evitar. Por ellos dos y por el bebé que estaba dentro de Riza.
Optó por otra estrategia.
Tomó las manos de Riza entre las suyas y las besó, ella sólo lo observaba atenta, analizando sus movimientos.
- ¿Cómo le diré que lo o la toqué con estas manos, Roy? -
Se sentó en la cama junto a ella, aún con sus manos entrelazadas.
-Le dirás que esas manos salvaron a su padre muchas veces, cuando se pone en peligro por ser un idiota impulsivo-
Secó las lágrimas de las mejillas de su esposa.
-Le dirás que salvaron a Havoc y que protegieron a Falman. Que recogieron a un pequeño perro que alguien dejó en la calle un día de lluvia. - Pudo ver como comenzaba a esbozar una sonrisa.
Besó su frente y luego llevó las manos de Riza junto con las suyas a su vientre.
-Que abrigaron a un pequeño alquimista cuando casi muere en el medio de una calle empapada. -
La sonrisa de su esposa se agrandó ante el recuerdo del mayor de los Elric.
-Y le dirás que lo amas o la amas, y que eso es lo único que importa. -
Las lágrimas seguían resbalando, pero al menos llegaban hasta una dulce sonrisa que decoraba el rostro de Riza.
-Gracias. -
-Mentiría si te dijera que ideas similares no pasaron por mi cabeza, pero hice lo posible por alejarlas, para poder disfrutar esto, contigo. ¿Si? Podemos hacer esto. Todo estará bien, confía en mí. -
-Siempre confío en ti.-
Soy lo peor del mundo! Espero me puedan perdonar por tanta ausencia, es que la facultad ha estado un poco pesada y me costaba relajarme lo suficiente como para escribir, y no me gusta hacerlo "por obligación"
Esto me vino de la nada cuando supe que un conocido iba a ser papá, traté de plasmarla en seguida para que no se me vaya. Espero que les guste!
Gracias por seguir apoyandome siempre, a pesar de mis ausencias! Gracias de verdad
