Amor sin condiciones
Su padre nunca se había interesado realmente en su existencia desde que su madre murió. Había optado por el aislamiento en su estudio, dejándola casi a su suerte en esa descuidada casa que compartían. Tuvo que crecer demasiado rápido, cuando entendió que nadie se haría cargo de ella, nunca más.
El hombre que le dio la vida se convirtió lentamente en una figura atemorizante, se repetía que era su padre, pero el miedo es irracional y difícil de combatir.
Los únicos recuerdos de un Berthold Hawkeye más humano, eran de la temporada en que Roy Mustang se convirtió en su alumno. Esos años que duró el entrenamiento, su padre se abrió levemente, por haber encontrado al fin alguien a quien transmitirle sus conocimientos, su pasión; cosa que jamás intentó con ella.
Pero todo terminó el día que Roy Mustang decidió irse para entrar a la academia militar. Podría asegurar que su padre se hundió aún más en ese pozo donde lo había visto todos estos años desde la ausencia de su madre.
Cuando vino a ella por ayuda con su investigación, quiso negarse. Decirle que, si nunca se había interesado por su existencia hasta ahora, entonces no merecía su ayuda. Pero en el fondo estaba tan desesperada por el amor de su padre… Estaba desesperada por afecto. Con Roy había tenido un amigo, pero ahora él estaba lejos y probablemente nunca volvería a poner un pie en esa casa.
Entonces aceptó, sin preguntar exactamente qué tendría que hacer.
Cuando sintió por primera vez la aguja caliente en la piel de su espalda se odió a sí misma por ser tan estúpida. Nunca creyó que era posible sentir tanto dolor. Las lágrimas empaparon la cama que la sostenía, le dolían las manos de tanto apretar sus puños en las sábanas; y su padre no dijo una palabra en las horas que duró esa tortura. Nunca supo cuántas exactamente, a veces creía que fue un día completo, otras, que solo fue un instante.
Lo que sí recuerda con claridad es la expresión en el rostro de Berthold Hawkeye cuando observó su trabajo terminado. Fascinación, es lo que brillaba en sus facciones, orgullo de sí mismo por haber concluido su investigación finalmente. Sin reparar en el yugo que había puesto en su cuello, la carga que había dejado en su espalda, tanto literal como figurativamente.
Ella volvió a la periferia, mientras la enfermedad a él lo consumió del todo. Hasta que murió en los brazos de su alumno. Por supuesto, esperó a Roy Mustang para irse de este mundo, no a ella, ella no era suficientemente importante como para dedicarle su último aliento. Lejos de sentir un vacío doloroso en su pecho, el vacío que la envolvía era liberador. Ya no más de esa figura atemorizante, de ese desdén que su padre le obsequió desde que su madre estaba enterrada tres metros bajo tierra, justo como él estaba ahora
Su padre solo la había querido con condiciones, si es que la había querido alguna vez.
Cuando era más joven no podía evitar preguntarse qué estaba mal con ella. Qué había hecho para que su padre no quisiera verla.
¿Era acaso su parecido físico con su madre? Ella no tenía la culpa de ser un constante recordatorio de su amor perdido, ella también había perdido a alguien que amaba.
Fue el alumno de su padre el que aclaró su mente, cuando ella vocalizó sus dudas en un momento de debilidad.
"Riza, no hay nada malo contigo. Es él quien se pierde de disfrutar de una hija como tú; siempre lo cuidas, eres respetuosa e inteligente, no tienes nada malo."
A veces era difícil creer en esas palabras. Le llevó años asumir que efectivamente, ella no tenía nada de malo… Al menos no mientras su padre vivió, las acciones que llevó a cabo luego eran un asunto totalmente distinto.
El sonido de las sábanas junto a ella la devolvió al presente, y despegó sus ojos del techo para observar a quién ocupaba el lado opuesto de la cama.
Roy dormía con su cuerpo encarado a ella, tranquilo. Esta noche no había tenido pesadillas, y pudo descansar las horas necesarias. Recorrió con su mirada las líneas de su rostro y de su pecho desnudo. Una sonrisa se le dibujó en los labios.
Su padre la había usado, la había querido solo para darle una carga que no le correspondía. En ese entonces, creyó que ese era el único tipo de amor que podía recibir, sólo ser usada como un pergamino con un contenido demasiado peligroso. Lo creía incluso cuando decidió enseñarle el tatuaje a Roy. Fue él quien con su furia le hizo ver lo errada que estaba respecto al cariño de su padre; y luego, cuando la tuvo entre sus brazos, ella pudo sentir que existía otro tipo de amor.
Roy Mustang nunca le había puesto condiciones para amarla. Nunca supo exactamente cuándo comenzó a amarla, pero sí sabía que siempre había sido incondicional.
La amó con sus inseguridades, con sus cargas y con sus cicatrices. Con la distancia y los obstáculos. Él simplemente la quería a ella, como se lo había dicho tantas veces, incluso si no tuviera la investigación de su padre para entregarle, él seguiría amándola. Había incluso arriesgado su máximo anhelo en esta vida solo para estar juntos.
En ocasiones, las culpas de la guerra se hacían demasiado pesadas y dudaba merecer ese amor, pero era entonces que Roy alejaba todos esos fantasmas de su mente con solo una sonrisa sincera.
- ¿Me veo bien mientras duermo? -
Riza dio un respingo ante la repentina voz de Roy, lo creía absolutamente dormido. Él abrió los ojos lentamente con su clásica sonrisa petulante en el rostro.
-Sabes que puedes tocar todo lo que quieras, no solo tienes que mirar. -
-Creí que estabas dormido. -
-Lo estaba, pero es difícil no sentir tus ojos posados en mí. - Usó su codo para sostener el peso de su cabeza. - ¿Está todo bien? -
Riza asintió y se acercó más a él.
-Sí, todo está bien. - Él le dedicó una mirada suspicaz. -Sólo estaba pensando. -
-Oh, ¿en qué pensabas? - Agrandó su sonrisa coqueta. - ¿Pensabas en mí? -
-De hecho, sí. -
Roy le dedicó una mirada curiosa y la atrajo más hacia él.
- ¿Qué estabas pensando? -
Antes de responder, Riza se deleitó acariciando la mejilla y la mandíbula de Roy. Era su forma de convencerse de que no era un sueño cuando despertaba con él.
-Pensaba… Pensaba en que siempre me has amado sin condiciones. Sin esperar nada a cambio. -
Roy volvió a sonreír, pero esta vez, era una sonrisa cálida y sincera.
-Tú me amas a pesar de todo lo que soy y lo que hago, me has amado incluso cuando era un chiquillo ingenuo, amarte es lo menos que puedo hacer. -
-Eres increíble. - Roy ahogó una risa. - Es cierto, para mí lo eres. -
-Si tú lo dices Riza. -
-Siempre he tenido mejor criterio que tú. - Ahora la risa de Roy fue más sonora.
Él la besó, y ella se acomodó en esos brazos que fueron su lugar seguro por décadas, aun cuando no quería admitirlo, cuando creía que no le pertenecían.
Buenaaas, otra semana, otro capítulo!
Como siempre, agradezco todo el apoyo, no creo que haya mucho que explicar en este capítulo.
Nos leemos la próxima!
