LA NOCHE EN QUE HUIMOS EN MOTOCICLETA


Disclaimer: Personajes de J.K. Rowling.

Créditos: Fan art de vagueenthusiast en Tumblr.


¡Feliz cumpleaños, Miss Curie! Este es mi pequeño regalo.


El estruendo de un motor resonó fuera de una desvencijada casa en las afueras de Cardiff. El ruido inmediatamente atrajo la atención de uno de sus habitantes; las cortinas se abrieron para revelar el rostro perplejo de una mujer que llevaba puesto un delantal ensuciado de harina.

—¿Hope? ¿Quién es?

Lyall Lupin se aproximó a su esposa y contempló la enorme motocicleta estacionada en medio del jardín. Las ruedas habían dejado tras de sí el rastro de grandes huellas sobre el césped y también salpicado de barro la parte frontal de la casa y el sendero de piedras de la entrada.

—Asesinó mis flores —se lamentó Hope, observando al muchacho que acababa de bajarse de un salto de la motocicleta. Este se quitó el casco, dejando al descubierto un cabello tan oscuro como el cielo nocturno, y sonrió al matrimonio como si no acabara de despedazar su jardín y embarrar la entrada de la casa. Dio unos pasos hacia ellos y entonces se detuvo para quitar de las suelas de sus botas los restos de unos tulipanes amarillos.

—Sirius Black —Lyall no pudo evitar un tono de censura al pronunciar su nombre. A pesar de que apreciaba a los mejores amigos de su hijo, las resonancias del apellido Black todavía le provocaban cierto resquemor.

Remus se unió a sus padres, sorprendido por el alboroto en un pueblo que siempre se había caracterizado por la tranquilidad de su entorno. Apenas pudo creer la escena que estaba desarrollándose frente a sus ojos. Durante el verano el único contacto que mantenía con sus amigos era a través de cartas, pues vivía lejos de Londres. La casa se emplazaba cerca de un bosque, que constituía su único refugio durante las noches en que se transformaba en un hombre lobo.

Y sin embargo Sirius Black había recorrido una larga distancia para visitarlo, como si fuera cosa de todos los días. Dejando escapar un bufido de incredulidad, salió al encuentro de su amigo.

—El señor Lupin me odia —le dijo Sirius mostrando sus dientes en una sonrisa forzada, ya que el matrimonio aún no apartaba la vista de él—. ¿Qué tal, Lunático?

—¿De dónde la sacaste? —preguntó Remus señalando la motocicleta, sin percatarse de que el tono acusatorio de su voz sonó idéntico al de su padre.

—No creerás que la robé.

—Nunca se sabe contigo. ¿Entonces de dónde sacaste el dinero para comprarla?

—Mi tío Alphard me legó bastante oro —explicó el otro. Su sonrisa se desvaneció y habló con deje de tristeza que sorprendió a Remus, porque no le había contado de ello en sus cartas—. Murió hace unos días y, como no tiene hijos, me dejó casi toda su herencia a mí. Hubieras visto la cara de la vieja bruja cuando lo supo —añadió, de pronto más jovial al referirse a su madre Walburga—. Ya debe haberlo quitado del árbol genealógico.

Aunque hablaba del tema con liviandad, Remus no tenía dudas de que la muerte de su tío debía de haberle afectado de alguna manera. Con la excepción de su prima Andromeda, que había sido repudiada como él, era el único miembro de la familia Black al que le realmente le importaba. Antes de que pudiera manifestarle que lamentaba lo sucedido, Sirius se dio impulso para subirse a la moto.

—¿Quieres ir a dar un paseo?

Las cortinas se habían cerrado, pero ambos sabían que los señores Lupin debían de estar detrás, pendientes de lo que ocurría. Remus tuvo que contener el impulso de reír, porque era otra de esas ideas alocadas que solo se le podían ocurrir a Sirius.

—A mis padres les encantaría que huya contigo en medio de la noche en una motocicleta muggle.

—No hablé de huir, solo de dar un paseo. Vamos.

Ladeó la cabeza hacia donde se encontraba el casco del acompañante, colgado sobre el manubrio, esperándolo a que lo recogiera. Remus no pudo evitar que aquella invitación le resultara tentadora pese a que nunca había sido muy adepto a ese tipo de transporte. Era innegable que Sirius ejercía un poder sobre él al que no podría ofrecer resistencia ni aunque lo deseara. Todavía recordaba lo ocurrido unas semanas antes de que regresaran a casa por las vacaciones de verano. Ambos se habían quedado conversando hasta muy tarde en la Sala Común de Gryffindor, puesto que ambos sufrían de la misma dificultad para concebir el sueño. Sirius acababa de admitir que no estaba seguro acerca del rumbo que tomaría su vida. Los padres de James lo recibieron en su casa y recibió un mejor trato del que Orion o Walburga le dieron nunca, pero ya había cumplido la mayoría de edad y en cuanto concluyera sus estudios tendría que independizarse. Eran pocas las ocasiones en que hablaba con seriedad y se permitía exponer su lado más vulnerable, que escondía tras una de sus sonrisas indolentes que eran tan características de él. Remus estaba a punto de ofrecerle unas palabras de consuelo cuando Sirius apoyó la cabeza en su hombro con naturalidad y las palabras que iba a decir murieron en su boca. Se miraron. El único sonido que se oía era el leve crepitar del fuego de la chimenea que estaba a punto de extinguirse. Esa fue la primera vez que se besaron, pero no la última. A Remus le resultaba desconcertante porque nunca hablaban acerca del hecho de que actuaban como amigos en público y en privado como amantes.

Le habría gustado negarse a su invitación solo para dejarle en claro que era perfectamente capaz de decirle que no, pero sus ojos traslucían pesar y era evidente que no actuaba guiado por un impulso de rebeldía, sino porque necesitaba animarse. Sabía que a la vuelta lo esperarían muchos problemas, pero de todos modos se subió tras él. Se puso el casco sobre la cabeza y echó un breve vistazo sobre su hombro. Su madre le saludaba desde la ventana, y luego vio la mano de su padre que volvía a cerrar la cortina de un tirón. Todavía algo inseguro acerca de su propio accionar, rodeó a Sirius por la cintura, y se sorprendió al advertir que se tensaba.

—¿Sabes conducir? —le preguntó en el mismo momento en que arrancó, pero el estrépito producido por el motor ahogó el sonido de su voz. Sirius aceleró a una velocidad inaudita sobre la calle sin asfaltar, de modo que se alzó un remolino de tierra que provocó que Remus tosiera. Entonces dejó escapar un grito de sorpresa cuando, sin previo aviso, la motocicleta remontó el vuelo; su amigo no le había mencionado que estaba encantada—. ¡Estamos en un pueblo muggle!

Sirius no parecía haber prestado atención a aquel detalle. Pronto, las casas iluminadas del pueblo se convirtieron en pequeños puntos de luz y la luna menguante parecía encontrarse tan cerca que tenía la sensación de que si estiraba los dedos podría tocarla. Remus se aferró a él con más fuerza, sintiendo cómo su corazón latía aceleradamente y la adrenalina corría por sus venas. Debía admitir que, a pesar de su reticencia inicial, era una experiencia más alucinante que volar en escoba.

—¿Te diviertes, Lunático? —En ese momento no podía ver su expresión, pero estaba seguro de que debía estar sonriendo de oreja a oreja.

—Solo… presta atención por dónde vas, Black.

Estaba disfrutando aquel momento de complicidad, pero no pudo evitar recordar algo que simplemente no podía pasar por alto, teniendo en cuenta las circunstancias.

—¿Qué pasó con Mary?

—¿Mary Macdonald?

—¿Acaso conocemos a otra Mary?

—Puedo pensar en al menos dos o tres. Mary es un nombre muy común.

Remus bufó, porque le irritaba cuando utilizaba ese tipo de estrategias para evadir una pregunta. Sin embargo, a los pocos minutos le ofreció la respuesta que quería oír:

—Terminamos.

No le dio mayores explicaciones porque no lo consideraba necesario, y Remus fingió una indiferencia que estaba muy lejos de sentir. Desconocía cuál era su destino, pero se mantuvo en silencio hasta que finalmente descendieron en una calle vacía, y se detuvieron frente a un edificio de aspecto sórdido. Era un motel muggle.

—Estás de broma. —Remus dejó escapar una risa incrédula, aunque no podía negar que le causaba gracia.

—Todavía vivo con los Potter —le recordó Sirius— y este es el único lugar cercano en el que podemos tener algo de privacidad.

La habitación no presentaba un aspecto tan decadente como juzgaron en un principio. Remus consideró que hasta podía considerarlo aceptable. El baño, no tanto. Recorrió el espacio que compartirían por quién sabía cuánto tiempo, preguntándose cuál sería la causa del hermetismo de Sirius, y se detuvo junto a una de las paredes, donde notó que había una mancha indefinida. No tenía interés en descubrir su origen. Cuando se volvió, casi se sobresaltó al encontrarse frente a frente con Sirius, que ahora le dirigía una sonrisa maliciosa mientras lo sujetaba por el cinturón, atrayéndolo hacia sí.

—Se suponía que esto iba a ser solo un paseo —le dijo Remus, sardónico.

—Te mentí.

Solo bastó un beso de Sirius para que olvidara lo desagradable que era aquel lugar.

En la madrugada, los dos cuerpos desnudos yacían sobre la cama, enredados entre las sábanas y sumidos en un plácido sueño. Remus se despertó al oír la voz de Sirius, que le susurró al oído, y se estremeció al sentir la calidez de su aliento contra su piel.

—Tenemos que irnos antes de que amanezca para que no nos vean los muggles.

Estaban vistiéndose, listos para marcharse de allí, cuando Sirius repentinamente rompió el silencio.

—Sobre Mary… —Remus esperó, ansioso por escuchar lo que tenía para decir al respecto—. No me siento así cuando estoy con ella.

Era su manera de decirle que lo quería, la manera de Sirius Black.

Remus trató de mantener una expresión estoica mientras se dirigían hasta la motocicleta, y una vez que ocuparon sus lugares, esbozó una sonrisa. No le importaba nada de lo que ocurriera de ahora en adelante en tanto tuviera esa certeza.

Alzaron el vuelo de regreso a Cardiff, y esta vez ambos reían durante el trayecto, intrépidos y sin pensar demasiado en las consecuencias. Un hombre muggle, que salía tambaleante de un pub, vio a la motocicleta en el aire. Su avanzado estado de ebriedad lo obligó a parpadear varias veces para estar seguro de lo que estaba viendo.

—Maldición, voy a tener que dejar de beber —masculló arrastrando las palabras, y arrojó la botella de cerveza que sostenía en la mano al cubo de basura.


Espero que te haya gustado. Pretendía que fuera una historia ligera, sin drama, solo dos chicos que se quieren. Que tengas un lindo día :)