Summary: Kagome le propone a Sango realizar una técnica de acercamiento con Miroku, muy usada en la época actual, que casi raya en lo cliché. "Decir que tienes frío y ver como reacciona"
Las condiciones estaban dadas para el éxito... pues la fama de Miroku lo precedía...
Pero, Kagome no se esperaba que el que entendiera la escena, indirectamente, fuera Inuyasha.
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Técnica de Acercamiento
-860 palabras-
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El grupo compuesto por un monje, una exterminadora, un yokai, un hanyou y una curiosa miko caminaban por un sendero que los conducía hacía un valle donde buscarían un lugar para descansar esa noche. Las estrellas brillaban en el firmamento y la brisa nocturna poco a poco empezaba a helar el ambiente.
Sango se cruzó de brazos, cerrando los ojos, para exclamar en un tono moderado:
—¡Tengo mucho frío! —y tras eso, abrió el ojo derecho para observar, de reojo, si el monje tenía alguna reacción ante su exclamación. Kagome caminaba unos pasos atrás, junto a Inuyasha, sonriendo de lado mientras observaba, a la expectativa de lo que fuera a pasar a continuación, como si fuera la más emocionante escena del mundo.
El día anterior, ella le había comentado sobre un par de situaciones que solía pasar en las series que transmitían en su época, en donde el protagonista se quitaba el abrigo y se lo coloca sobre los hombros a la chica para abrigarla, o la rodeaba con sus brazos, o bien, su favorita colocando el brazo rodeando sus hombros en busca de confortarla.
La exterminadora no esperaba que Miroku se quitara parte de su traje, pero si que la abrazara cuando menos. Sonrojada, estaba a la espera de alguna reacción, pero no pasó nada. No había ninguna respuesta por parte de él.
No solo Sango se veía desilusionada, Kagome que ya se había preparado para un acto romántico, también. ¿No era que Miroku tenía fama de mujeriego? ¡Cómo no entendía! Estaba empezando a creer que todo era una farsa y que él se había creado esa imagen de casanova. Porqué sino no encontraba explicación para que no atinara a lo que Sango quería. ¡Era un idiota!
Sango resopló y el monje finalmente, la observó.
—¿Tienes frío? —le preguntó. ¡Bien! Todo parecía encaminarse una vez más, ambas mujeres estaban esperanzadas de lo que pudiera pasar a continuación, cuando el monje le indicó con la mano que ocultaba su kazaana, hacia donde se encontraba Kirara— Quizás lo mejor sea que montes a Kirara y te recuestes en ella, seguramente te mantendrá abrigada hasta que encontremos un lugar.
Doble desilusión.
No había otra frase que definiera como se sentían.
Kirara se transformó y cargó a su dueña, esperando abrigarla, aunque en ese momento, lo único que sentía Sango en su interior era como su sangre burbujeaba de la rabia interna. ¡¿Es qué no había entendido nada ese monje mujeriego?!
Hundió el rostro en el lomo de Kirara y suspiró resignada.
Su excelencia era un idiota, y ella también por enamorarse de él.
Kagome también soltó el aire por la nariz, incrédula de lo que acababa de pasar, llamando la atención de su compañero de al lado.
—¿Qué pasa, Kagome? —le preguntó, por su tono de voz, parecía preocupado, así que movió su mirada hacía él— ¿También tienes frío?
—¿Eh? —exclamó por la sorpresiva pregunta. Volvió la mirada al frente y jugó con sus dedos índices un poco antes de responder. Pero, ¿qué iba a responderle? ¿Iba a descubrir a Sango y, por ende, exponerla ante Miroku? Sinceramente, ella no tenía frío porque…
La sensación de algo cubriéndole la cabeza, la sacó de sus pensamientos, percatándose de que Inuyasha se había quitado su haori y se lo había colocado encima.
—Inu…yasha —susurró, sorprendida por la acción, tanto que las mejillas se le iban sintiendo cada vez más tibias.
—Lo que menos quiero es que te enfermes, así que puedes tenerlo —informó, corriendo la mirada, como si aquel gesto fuera insignificante, cuando lo significaba todo.
Kagome no pudo evitar detener sus pasos, afirmándose el haori cruzando los brazos frente a ella. Ahora se sentía mal, porque aquello era algo para acercar a Sango y a Miroku fuera de la rutina diaria, y terminó ella recibiendo algo.
—¿Kagome? —preguntó Inuyasha deteniendo sus pasos, para voltear a verla— ¿Está todo bien?
Más y más culpable se iba sintiendo conforme Inuyasha iba reaccionando, así que solo pudo bajar la mirada.
—Ven —Inuyasha se agachó frente a ella, ofreciéndole su espalda—. Buscaremos un lugar donde podamos refugiarnos para que ninguna de las dos se enferme.
La joven de cabellos oscuro se colocó las mangas del haori para que no se le cayera y se montó en la espalda de Inuyasha, quien no tardó en ponerse en marcha para alcanzar a sus amigos que ahora iban discutiendo porque según Shippou, Miroku había lastimado los sentimientos de Sango.
Kagome se acomodó contra el hombro masculino, tratando de que los compases de su corazón volvieran a un ritmo estable.
Inuyasha solía ser bastante despectivo a veces, pero existían otras ocasiones, como esa, que hacía que sintiera que su corazón no se equivocó cuando se enamoró de él.
Cerró sus ojos dejándose envolver entre el calor que emanaba el cuerpo de Inuyasha y la prenda roja que la cubría.
Al final, no había podido ver esa escena de película con sus amigos, pero había vivido una en carne propia y mucho mejor de la que había imaginado.
Por un momento, se permitió disfrutar de aquel acto desinteresado de Inuyasha, ya después, buscaría otra técnica de acercamiento que Sango pudiera usar.
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En la mañana leí un fanfic de mi querida MeimiCaro y no sé por qué me vino está idea super recontra re cliché a la cabeza y tenía que usarla xD Pensé que iba a ser algo corto pero nop xD
Inuyasha siempre está al pendiente, ganó puntos sin saber xD
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¡Gracias por leer!
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Aquaticwhisper
06 de Febrero 2021
