Kimetsu no Yaiba © Koyoharu Gotoge.

Una última cena © Melocotón Acorazado.

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«No hay nada mejor que reír en la más bella ignorancia»

Es de noche en el hogar Kamado, la cual se localiza entre las montañas. Aún así las risas estridentes y el bullicio resuena con mucha fuerza. Aún con escasa comida y un invierno tan duro por delante, nadie le quita la dicha de seguir juntos incluso con la adversidad por delante.

Gran parte de la familia se encuentra cenando. Kie, la madre; Nezuko Kamado la hermana mayor para luego pasar por el resto de hermanos desde Takeo hasta Rokuta. Todos a excepción de uno.

—¿No le es raro que Tanjirō aún no ha regresado? —Habló Takeo, inquieto ante la ausencia del mayor.

—Tal vez sigue vendiendo el carbón, ya sabes cómo es él. No va a querer subir hasta vender el último —propuso Shigeru devorando de un bocado la comida por delante.

—¿Y si algo malo le pasó? ¿Y si algún ladrón lo habrá agarrado? —sugiere Hanako, temblando imaginándose el peor de los escenarios.

—En ese caso Tanjirō e habrá defendido como mejor lo sabe hacer: dando cabezazos a diestra y siniestra. —Rodó los ojos Takeo, recordando como su hermano mayor le dio uno que otro cabezazo.

El resto de hermanos siguieron con el debate sobre lo que le habrá sucedido a Tanjirō o si debería preocuparse. Siendo la única ajena a todo Nezuko, quien veía hacia afuera del umbral de la casa el paisaje nevado, perdida entre sus pensamientos. Dejándose llevar por las teorías de Hanako y la preocupación de Rokuta

«Tanjirō está bien, tranquila. De seguro encontró cobijo en alguna casa… no debes preocuparse», se dijo a sí misma intentando no pensar en lo peor. Que su hermano está bien y que volvería a la mañana siguiente.

Pero le fue imposible, de inmediato se le vino a la mente el recuerdo de su padre muerto en mitad del bosque. Cubierto de nieve y con obvias señales de que su cuerpos había sido mordido por animales salvajes.

Puede escuchar a la lejanía la risa suave de su madre, mantiendose neutral en la cena, a Takeo, Hanako y Shigeru discutiendo sobre quien tiene la razón, Rokuta jalando su kimono en señal de que tiene sueño; todo mientras ella no deja de ver el umbral del hogar, a la espera de que algo ocurra .

En eso comenzó a ver una figura elegante camuflada entre el paisaje invernal. Provocando que Nezuko se sobre exaltara.

—Hija, ¿qué tienes? —preguntó preocupada Kie notando el rostro de temor de su hija.

Pero Nezuko no fue lo suficientemente rápida para decirle a su mamá lo que vio. Ni tampoco para advertirles a todos que tiene un mal presentimiento. Y mucho menos cuando eso irrumpió el hogar.

Todo pasó demasiado rápido para ella. No se dio cuenta en qué momento eso entró a su hogar hasta que se fue dejándola marcada para toda la vida. Dejándola solo con retazos traumáticos de cómo su madre y hermanos fueron asesinados uno a uno de forma brutal.

Mientras que Tanjirō, de quien todos estaba preocupados yace dormido pacíficamente en la casa de un buen samaritano, Nezuko no pudo discernir correctamente en qué momento aquella cena familiar pasó a ser un baño de sangre.