La calma antes de la tormenta (con algo de suerte)
Debería apreciar un día carente de incidentes.
Si Jyuto lo pensaba de manera racional, podía comprender eso e incluso crear una lista de motivos para ello. Desde un punto de vista más realista, sin embargo, era obvio que la paz no era más que una ilusión y bajo ésta algo estaba ocurriendo y el problema era no saber qué ni dónde.
En la división de Yokohama la calma siempre predecía una tormenta, si es que una tormenta no era la que predecía otra y era esa cantidad de crimen lo que creaba oportunidades, ya fuese para conseguir material de chantaje que sería útil en un futuro o para quedar bien y subir un par de escalones más en la jerarquía policial.
Incluso un ladrón de poca monta podía ser útil en un futuro para acabar con algún imbécil decidido a traficar drogas que merecía pudrirse en lugar de ser usado, al fin de cuentas, por lo que cualquier incidente serviría.
Pero hoy no había pasado nada según los canales oficiales y era irritante que el puerto ya estuviese coloreado por el sol del atardecer y que ni siquiera el radio policial sonase al fin con una petición de atender algún incidente sin importancia.
No debería ser tan molesto, claro. Un día libre era algo que rara vez podía permitirse y esa razón debería encabezar la hipotética lista sobre lo bueno que era que nada sucediera, mas en vez de eso Jyuto buscó cómo acabar con esa tranquilidad, porque si en el área visible para la ley no había nada, quizás en las sombras del bajo mundo sí.
Y por eso estaba ahí, apenas haciendo un gesto de saludo a los hombres que deberían vigilar la oficina de Samatoki, pero que lucían aburridos luego de un día de juegos de cartas y ninguna interrupción.
Esa mala señal lo preparó para encontrar a Samatoki con sus pies sobre su mal usado escritorio, el ceño fruncido y un cigarrillo que ya merecía ser apagado en sus labios.
Samatoki dirigió su mirada hacia él de inmediato, mas en lugar de lucir alerta, estaba irradiando impaciencia.
Claro.
—¿Vienes a pedir un favor, policía corrupto? —dijo Samatoki, apagando la colilla del cigarrillo en el cenicero y bajando sus pies del escritorio. Ese no era alguien que quería mostrar buenos modales al tener un visitante, sino alguien que ansiaba saltar a la acción, fuese cual fuera, y con eso Jyuto confirmó lo que ya sabía y temía.
Aquí tampoco encontraría nada, ni siquiera noticias de un grupo de debiluchos que creía poder robar parte del territorio de Mad Trigger Crew o que podría pasar desapercibido haciendo de las suyas en dicho territorio.
—Debería preguntarte si necesitas que te pida uno —replicó Jyuto, tomando asiento en el sofá sin esperar una invitación para ello. Ese era un gesto de resignación de su parte, una aceptación de que aquí tampoco encontraría lo que buscaba y que bien podía compartir un momento de camaradería con alguien en la misma situación—. Me sorprende que un yakuza parezca tener tanto tiempo libre.
Jyuto buscó en los bolsillos de su chaqueta la cajetilla de cigarrillos para sacar uno de éste, el cual prendió y llevó a sus labios al tiempo que se apoyó completamente en el respaldar del sofá, tratando de disfrutar la primera inhalación de nicotina.
Apenas terminara su cigarrillo se iría, pues era evidente que aquí no ganaría nada.
Un fuerte sonido le indicó que Samatoki había pateado algo, quizás el escritorio, mas Jyuto lo ignoró. Podía imaginar que los hombres en la otra sala lo habían escuchado y habían abandonado sus cartas para ponerse de pie y realmente vigilar la entrada, temiendo las consecuencias de hacer lo contrario cuando Samatoki estaba de mal humor.
Él, sin embargo, entendía su frustración demasiado bien, aun si la forma en la que Samatoki la expresaba era más explosiva que la suya, por lo que ese arrebato de Samatoki ni siquiera lo sobresaltó.
—No sé que mierda pasa —pronunció Samatoki—. ¿Ya no queda nadie con agallas?
—Cualquiera diría que te gusta que te lleven la contraria. —Jyuto exhaló el humo en un suspiro exagerado.
Samatoki chasqueó la lengua y abandonó su asiento sin ningún cuidado, empujando la silla en el proceso y causando un nuevo estruendo con ello.
—A ti tampoco te gusta esto —le recriminó Samatoki, acercándose al sofá. En lugar de tomar asiento a su lado, Samatoki fue tras él y tomó su mano izquierda por su muñeca, llevándola hacia él al tiempo que se inclinó sobre Jyuto.
Que Samatoki hiciese eso para tomar una calada en lugar de pedirle un cigarrillo o de arrebatarle el actual hizo que Jyuto no se resistiera, aun si no por eso se contuvo de provocarlo.
—No soy el que está haciendo una pataleta porque está aburrido.
—¿Quién carajos está haciendo una pataleta? —Samatoki soltó el humo en su dirección y un segundo después se enderezó y soltó su mano, ahora sí quitándole el cigarrillo en el proceso—. Y un conejo policía con amor al crimen no tiene derecho a decir nada.
—¿A quién le estás diciendo c-...? —El que Samatoki decidiese devolverle el cigarrillo llevándolo directamente a sus labios lo interrumpió y, conteniendo un suspiro, Jyuto le dio una calada y alzó una mano para tomarlo y recuperarlo del todo—. Deberías buscar algo mejor que hacer.
Samatoki resopló en respuesta.
—¿Alguna sugerencia?
¿Aparte de compartir un cigarrillo, cosa que terminaron haciendo con Samatoki recostado casi tras él y Jyuto ladeando innecesariamente su cabeza en su dirección?
El silencio otorgaba, sin embargo, por lo que Jyuto buscó en la calma temporal de la nicotina algo que decir.
—¿Algo productivo, tal vez? —dijo al fin, una vez no quedó más que una colilla que apagó en el cenicero de la mesa baja que tenía frente a él y contrario a lo que se había propuesto, no usó eso como excusa para ponerse de pie e irse. Lo que Jyuto hizo fue aprovechar el haber tenido que inclinarse para alcanzar el cenicero para girar un poco y poder ver bien a Samatoki en lugar de seguir dándole la espalda—. Practicar, por ejemplo.
No que lo necesitaran cuando no solo había una notoria falta de buenos oponentes, sino de cualquier tipo de oponente y sin uno al que usar como blanco, cualquier tipo de práctica sería una pérdida de tiempo, pues no podrían poner ningún tipo de empeño en ella. Ellos necesitaban una situación real y no un simulacro, al fin de cuentas.
—No te veo llamando a Rio —remarcó Samatoki sin sonar como si él fuese a contactarlo y alzó una ceja en un gesto que parecía más burlón que interrogante—. No que seas de los que da ejemplo.
—Considero que soy mejor que tú en ese sentido. —Jyuto ajustó sus gafas innecesariamente con una sonrisa—. No te veo dando ninguna sugerencia.
—Tengo una.
En ese punto debería haber sido obvio que no sería algo productivo o que en verdad solucionase la situación actual.
¿E importaba?
No, realmente no.
Fue por eso que terminó contra el sofá, sus pantalones y ropa interior quedaron en el suelo junto a sus guantes y Samatoki se ubicó entre sus piernas, preparándolo con una impaciencia que él estaba compartiendo.
Luego de un día completo de quietud, poder desahogar sus frustraciones del día de alguna manera era algo que incluso ansiaba, aun si no había considerado esta posibilidad específicamente. Samatoki merecía algo de crédito por su sugerencia, mas el que no se apresurase más le restaba puntos.
—¿Estás esperando una invitación? —se quejó Jyuto, algo quizás poco lógico cuando ya tenía tres dedos en su trasero. Samatoki respondió presionando su próstata con la punta de sus dedos, convirtiendo cualquier posible palabra adicional en un jadeo.
—¿Estás rogando? Podrías haberlo hecho desde el comienzo.
Que no prolongase más sus ya de por sí innecesariamente extensas preparaciones hablaba por Samatoki, tal como lo hacía el que tuviese a la mano lubricante y condones. En algunos sentidos Samatoki podía ser demasiado gentil, aun si quienes podían experimentar tal cosa eran pocos y él lo demostraba de maneras ridículas, como tomándose su tiempo ahora.
Al menos Samatoki entró al fin en él de una sola embestida y no le dio un momento para acostumbrarse a la nueva invasión, prefiriendo arremeter contra él en el ángulo perfecto para robarle toda la cordura.
Quizás más tarde no apreciaría tanto la (esperada) brusquedad de Samatoki, mas en ese instante, la intensidad de sus movimientos borró toda la irritación del día, haciendo de esa energía sin foco algo más útil en el camino al placer.
Jyuto ni siquiera necesitó una mano alrededor de su miembro para alcanzar su orgasmo demasiado pronto, cosa que podría haber sido humillante si Samatoki no lo hubiese seguido casi de inmediato, maldiciendo en voz alta cuando Jyuto lo apretó en su interior inconscientemente.
Realmente habían acumulado mucha tensión en un solo día.
Tal vez después valdría la pena ir por una segunda ronda, mas por ahora Jyuto se permitió relajarse, algo que no había conseguido antes y Samatoki hizo lo mismo, suspirando con gusto y acomodándose sobre él en lugar de alejarse luego de salir de él y deshacerse en la papelera más cercana del condón y de los pañuelos que usaron para limpiarse.
—Necesitaba eso —admitió Samatoki en voz baja.
—¿Y qué habrías hecho si no hubiese venido?
Por un instante, la tensión regresó a Samatoki y Jyuto entendió tardíamente por qué. Las palabras tenían poder, en esa era todos lo sabían demasiado bien, y lo que Samatoki estaba expresando con palabras y acciones no debería ser respondido con algo que bien podía ser considerado displicente.
¿Pero qué más podía decir?
Las cursilerías no eran lo suyo y dudaba que Samatoki quisiese escuchar algo por ese estilo en primer lugar. Tal vez un "yo también" habría sido mejor, aun si para decirlo habría tenido que ignorar las implicaciones en esas dos palabras...
Demonios.
Jyuto cerró los ojos y a falta de un cigarrillo en mano con el que pudiera jugar entre sus dedos, llevó una mano a la cabeza de Samatoki, jugando con sus cabellos. No era como si pudiera arruinar más el ambiente, al fin de cuentas.
Samatoki movió su cabeza y Jyuto hizo un amague de apartar su mano, mas el que Samatoki decidiese morder con fuerza su cuello (y encima del cuello de la camisa, dejando una marca que quedaría perfectamente visible) lo llevó a cerrar sus dedos en su cabello y halarlo, no pensando en alejarlo, sino como una acción inconsciente.
Pero Samatoki se alejó. De hecho, se enderezó un poco apoyándose en sus manos y quedando con ello todavía cerca, pero perfectamente visible sobre él y con una sonrisa satisfecha que se encargó de hacer desaparecer los previos temores de Jyuto.
—Sé donde vives.
Jyuto le correspondió la sonrisa, mucho más a gusto al estar de regreso en terreno conocido.
—¿Esa es una promesa o una amenaza?
—¿Qué crees?
El regreso de la familiaridad lo relajó más que el cigarrillo que terminan compartiendo poco después, hombro a hombro, y la molesta tranquilidad del día pasó a ser lo de menos, porque sin ella no sería posible disfrutar de una segunda ronda y tampoco lo sería terminar la noche en el apartamento de Jyuto con algunas bebidas y un par de rondas más que eran una buena excusa para pasar la noche juntos y en la misma cama.
Ya mañana sería otro día en el que, con suerte, sí ocurriría algo.
Por ahora, vivir el momento de calma en el que la cercanía estaba justificada por la angosta cama era perfectamente aceptable.
