¡He vuelto! Así que a publicar todo lo que debo y hay cosas que no pude en su momento, así que vamos a ello =).

¡Disfruten!


ºLa bruja perladaº

Ha caído el frasco del destino

Puede que esta sea una de esas últimas veces

Puede que no vuelva a probarte

Puede que quiera más

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Hinata se arrodilló frente al grupo de flores en el centro del bosque. Era plena noche y se mantenían cerradas sobre sus ramas, que se enredaban entre sí. Colores diversos de dorado, amarillo, rosado y canela.

Levantó su bastón en alto y golpeó el suelo.

La primera flor en estremecerse fue la rosada. Las demás la siguieron abriendo lentamente sus pétalos. El polen bailó a su alrededor.

—¡Hinata! Hinata. ¡Hina!

Ella sonrió afable y se acomodó mejor para tenerlas a su alrededor, danzando. Las voces le llegaban mejor de ese modo. La reconfortaban.

—¡Cuanto tiempo sin saber de ti, bruja perlada! —le saludaron.

—Cuanto tiempo sin verlas, chicas —dijo a su vez—. He estado muy ocupada durante este tiempo. Ya os conté que adopté un niño humano.

—Sí, hace como unos años. No sé cuántos. El tiempo pasa tan lento.

Se volvió hacia la flor más amarillo pálido. Quizás para ella fuera un largo tiempo, para Hinata fue corto y cargado de mucha información.

—Él tiene ya veinte años —explicó.

La flor más rosa se sacudió de emoción.

—¡Ha madurado ya! ¿No es así? Los humanos maduran muy pronto. Tendrás que buscarle una hembra de su especie para seguir obteniendo pruebas.

Hinata apretó los labios y ante su silencio, la flor dorada tintineó.

—¿Hinata? ¿No se la has buscado? ¿Acaso no querías estudiar su comportamiento más a fondo?

—Es cierto —añadió la flor canela—. Incluso lo hiciste tu aprendiz.

—Sí lo hice —confirmó—. Ha aprendido muchas cosas pero no puede aprender magia, por supuesto. Es humano.

—Y tampoco tu amante —añadió la flor rosada—. Ser una bruja es frustrante algunas veces.

—¿Qué hablas? —gruñó la amarillo pálida—. Si te lo pasas pipa jugando con ellos.

—No juego con ellos —protestó la flor rosada—. ¡Estudio sus cuerpos y órganos! Me gusta esa parte de la magia que desconocemos. Tan corta es su vida que quiero encontrar el error en su funcionamiento. No puedes juzgarme.

Hinata sonrió y dio un toque sobre ambas flores con sus dedos para acallarlas.

—Lo que dice ella no está muy lejos de la realidad —continuó la flor Dorada ignorándolas por igual—. No es tu amante. Si quieres estudiar eso, debes de buscarle una hembra de su especie o…

Hinata suspiró.

—Lo sé —interrumpió—. Pero ya he pasado ciertos límites que no debería.

Todas las flores se sacudieron menos la Dorada.

—¿¡Qué!? ¡Cuenta los detalles! —reclamaron a la vez.

Hinata, por supuesto, no estaba dispuesta a contarles lo que había sucedido. Lo que despertó su cuerpo de una forma alarmante y peligrosa. De solo pensarlo le ardían las mejillas. De recordar la sensación estremecía su cuerpo y calentaba partes que nunca antes habían despertado por un humano.

—Dejad de presionarla —dijo la flor más serena—. Los cotilleos no solucionarán sus dilemas. Y nosotras tampoco, he de añadir. Hinata, eres la bruja de las estrellas y tienes tu propio camino y tu propio destino escrito en el firmamento. Es tu decisión cumplirlo o no.

—Vale, vale —aceptó la flor rosada—. Pero si decides tomar notas, quiero una copia de ellas.

Hinata cortó la comunicación con un simple gesto de su mano. Las flores se cerraron en hibernación natural.

Ella miró al cielo y entrecerró los ojos. La flor Dorada siempre tenía esa capacidad de decirle lo que necesitaba escuchar en esos momentos. Más tranquila y sabia que las demás.

No obstante, no necesitaba que le diera tal consejo, pues en ese momento no le servía. Ella ya conocía su destino escrito. Sin embargo, existían dos opciones. El sendero de su vida siempre se separaba en dos y hasta ahora, había tomado el sendero seguro, alejándose del peligro, desinteresada en aquellas aventuras absurdas y humanas carentes de interés.

Hasta que Naruto la besó.

El sendero de su nuevo destino se bifurca de nuevo en dos senderos. Ambos oscuros. Ambos dolorosos. Y eso era lo que la asustaba.

Escogiera lo que escogiera existía un destino lleno de espinas.

Tomó aire y sintió su boca arder. Con la punta de los dedos se acarició los labios y con cierta timidez, su lengua rozó la punta de estos. Naruto estuvo a punto de hacerle comprobar qué se sentía cuando la lengua de un hombre te rozaba. Sí, había visto muchas situaciones y las mujeres que se entregaban a ese ardor lo hacían con gusto, abriendo sus bocas, ofreciéndose con ardor.

Estuvo a punto de hacerlo, retrocediendo a tiempo.

Sabía que si le abría esa puerta querría saber más y más y entonces, estaría tomando uno de los senderos oscuros. Pero no podía quedarse para siempre en el mismo lugar. La vida avanzaba y las estrellas también.

—¿Naruto?

Algo en el bosque había cambiado. Una esencia, un color. Se puso en pie para mirar a su alrededor e intentar notar el aura del muchacho. Vio al dragón volar por encima de su cabeza hasta aterrizar a su lado. Hinata inclinó la cabeza en una reverencia.

—¿Ocurre algo? —preguntó.

—Cambios —respondió el escamoso ser—. Cambios que has removido y el bosque lo sabe. Así que ha tomado un nuevo rumbo. Tu humano está atrapado en él.

Hinata miró a su alrededor. Concentrándose en la pulsera que le entregara. No estaba lejos. Y era un lugar que antes no estaba en el bosque. El dragón se inclinó para ofrecerse como montura y ella aceptó.

Naruto estaba en el suelo, rodeado por una zarza del sol. Su energía vital estaba siendo absorbida. Levantó su bastón nada más saltar al suelo y una nube oscura se formó en la punta hasta salir disparada contra la zarza, que reptó retrocediendo hasta liberar al humano. Se arrodilló a su lado, palmeando su mejilla.

—Era lo más brillante que había a su alrededor, así que la zarza, quienes suelen crecer en el interior del bosque y no aquí, lo atacó —explicó el dragón a su espalda—. Necesitas darle luz, Hinata.

—Lo sé —comprendió levantándose.

Con un nuevo golpe en el suelo el cuerpo de Naruto levitó. Volviendo a subir a lomos del dragón llevó al humano hasta su hogar. Lo depositó sobre la cama con cuidado y desnudó.

Su cuerpo había madurado de muchas formas. Gracias a que con su madurez el chico había cubierto educadamente algunas partes de su cuerpo Hinata no comprendió hasta qué punto. En ese momento sí. Su cuerpo estaba fuerte, marcado y pese a que no existía más bello en él que la mata rubia que crecía en sus ingles, justo rodeando su sexo, se notaba que la adolescencía estaba ya muy lejos de él.

Aunque en otro momento le habría gustado investigar algo más, tomó aire y se enfocó en las heridas que cubrían toda su piel en rendijas de carne abierta. A ojos humanos aquello podrían parecer heridas lacerantes simples y vulgares, pero a sus ojos no. La Zarza que le atacó se alimentaba de su luz vital y a través de las heridas podía succionar hasta su alma.

Se quitó el sombrero y caminó hasta su alacena. Tras rebuscar entre los botes atrapó tres entre sus dedos y volvió a su mesa de trabajo. Tenía poco tiempo.

Molió las hojas y vertió los rayos de vida en ella. Rápidamente, espolvoreando restos de gotas de polvo lunar y, después, lo masticó mientras caminaba hasta él. En pequeñas bolitas finas hasta que se alisó lo suficiente como para cubrir todo su cuerpo.

Repitió las acciones hasta que no quedó ni una sola herida sin tratar.

Fue entonces cuando se percató de que Naruto mantuvo el puño cerrado todo el tiempo. Lo abrió con cuidado y una piedra de estrella cayó en el suelo. La atrapó con sorpresa. Las piedras de estrellas eran pequeños desprendimientos que una estrella fugaz solía dejar caer y sólo alguien con un ojo experto era capaz de reconocer o encontrar.

No pudo evitar sonreír orgullosa de su alumno. Tantos años educándolo para ver el mundo de otra forma valían la pena. Aunque le había casi costado la vida.

—Hinata.

Ella le miró, sorprendida porque pudiera despertarse tan pronto. Le tomó la mano con cuidado.

—¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo?

Él lo sopesó.

—Vi la piedra en el bosque cuando cayó —explicó sin responder a su preguntar—. Pensé: "A Hinata tiene que gustarle". Y fui a por ella. Mientras la recogía algo se enredó en mis piernas y robó mi energía. No pude defenderme ni nada, pero sabía que no debía de soltar esa piedra. ¿Te gusta?

Ella tragó, azorada.

—Es de mis preferidas —confesó—. Todas tienen una forma diferente y esta parece un trozo de coral.

Él sonrió cansado.

—Me alegro.

Hinata asintió y cuando él balbuceó algo más apenas pudo escucharle, inclinándose más. El calor de su cuerpo fue casi como un imán. Naruto parpadeó sin dejar de mirarla. Su mirada cada vez más azulada, más brillante, intensa.

—Me duele —dijo al fin. Ella se tensó pero antes que pudiera responder, él se llevó la otra mano al rostro—. Aquí.

Se tocó los labios y ella se ruborizó. Estaba por regañarle cuando lo vio. Una laceración en el labio inferior.

—Sí, hay que tratarlo —anunció volviéndose para tomar más medicina y llevársela a la boca, masticando—. Aunque no sé cómo funcionará de bien. Es una zona complicada. No tanto como las ingles, pero…

Él frunció el cejo.

—Lo que siento ahí es lo mismo que tienes en tu boca. ¿No? Es decir, estuvo en tu boca.

—Sí —respondió tomando la medicina entre sus dedos para intentar ponérsela e ignorando lo sugerente de la conversación. Él se quejó de dolor por la torpeza de sus dedos—. Ay, no.

Naruto la retuvo de la muñeca, mirándola intensamente.

—Hazlo con tus labios.

—¿Con mis…? —masculló sintiendo que se ruborizaba—. Eso es complicado…

—Entonces, tendrás que usar la lengua —propuso él—. No vas a besarme, vas a curarme. ¿No?

Lo sopesó. Podía ver pequeñas partículas doradas escapar de la herida. Si continuaba, podría llegar a perder más años de vida.

Se mordió el labio inferior, suspirando.

—De acuerdo —aceptó—. Pero has de quedarte muy quieto.

Él cerró los ojos obedientemente. Hinata volvió a masticar la medicina, aplanándola contra su lengua mientras se recogía los cabellos hacia atrás en una coleta. Se inclinó una vez hecho y empujó con sus dedos de la barbilla masculina hacia abajo para abrirle mejor los labios. Vio la herida, se inclinó y empujó con su lengua el ungüento. Naruto suspiró y abrió los ojos en el mismo instante en que su lengua rozó el lugar. Cuando se separó, la retuvo del codo, tenso.

Ella comprendió y sintió que su cuerpo se derretía. Con todo su autocontrol, se incorporó.

—Te daré de comer gusanos, de verdad —advirtió—. Tienes que curarte primero.

Sus ojos brillaron.

—Si me curo. ¿Hablaremos de la posibilidad de un beso de verdad?

Eso la sorprendió.

—¿Acaso lo anterior no fue de verdad? —jadeó sorprendida.

Él pareció sopesarlo.

—En un nivel muy bajo. Si te conformas con eso, es como si hicieras una pócima a la mitad y pensarás que está lo suficiente bien para dársela a quien la necesite.

—Eso sería una catástrofe —remugó frunciendo el ceño—. ¿Es en serio?

—Sí —aseguró él sin dejar de mirarla. Luego bostezó—. ¿Por qué me siento repentinamente tan cansado?

—Porque ahora sí estás sanando y tu cuerpo necesita recuperar la energía que te han arrebatado.

Tiró de la manta a sus pies para cubrirlo. Algo realmente triste, si lo pensaba, pues dudaba volver a ver su cuerpo de esa forma de nuevo. Aunque quería admirarlo de muchas formas. Corriendo desnudo, saltando, ejercitándose, pescando, nadando…

Sacudió la cabeza y tras darle un beso maternal en la frente, se alejó.

Antes de que el pecado cubriera su destino.

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Si pensaba que Naruto iba a olvidar la conversación tras que se recuperara estaba muy equivocada. Durmió durante tres días y aunque se despertó con un hambre de lobo lo primero que hizo tras asearse y sentarse a comer, fue mirarla y preguntarle si lo había pensado.

Hinata estuvo a punto de tirar en su caldero un recipiente con polvo de duende que habría quemado todo su hogar.

—Realmente eres un chico impaciente —dijo mientras guardaba el bote a salvo junto al resto de ingredientes—. Pensaba que querrías correr, pescar, cazar o cualquier otra cosa antes que preguntar por algo tan extraño.

—No lo considero extraño —negó él dudoso—. Creo que es más bien necesario. Como te dije, no puedes dejar la poción a medias. Es casi injusto.

Abrió mucho los ojos cuando le miró.

—¿Por qué injusto? —exclamó—. No es como si fuera el fin del mundo. Para eso faltan muchos años y te aseguro que será la misma humanidad quien lleve eso a cabo. No saben cuidar de lo que poseen.

Naruto dio unos golpecitos con la uña sobre la mesa y aunque no le respondió en ese momento, sí lo hizo más tarde, mientras ella tejía lana para hacer una trenza de terrones para las hadas del bosque y su ceremonia anual. Se sentó frente a ella, con las piernas cruzadas y las manos apoyadas en sus rodillas, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia ella.

—Es injusto para un hombre —le dijo al fin.

—¿Por qué? —cuestionó—. ¿Tú eres el hombre?

—Lo soy, claro que sí —recalcó dándose un toque en el pecho con el pulgar derecho—. Y duele que no quieras besarme como dios manda. Hasta estoy pensando que soy capaz de comer gusanos de tierra por un beso tuyo.

El corazón le bailó como una danzarina de nieve.

Dejó la trenza a un lado y se puso de rodillas, suspirando.

—Vale. Digamos que acepto —dijo—. ¿Qué debería de hacer? ¿Besarte como hicimos?

Él, eufórico, asintió con la cabeza.

—Pero esta vez, mi lengua tocará la tuya —advirtió—. Y no quiero detenerme.

—Comerás gusanos —le advirtió.

—Me los comeré —aceptó—. Pensaré que son fideos. De esa sopa que haces que tanto me gusta.

Estuvo a punto de echarse a reír.

—Estás loco —sopesó—. Definitivamente loco. Sólo es un beso.

Aunque sabía que no era así. Sólo el primer contacto estuvo a punto de volverla de mantequilla. No quería ni pensar en más pero tampoco podía ceder a más negativas. Comprendía el punto de Naruto. Una poción mal hecha nunca terminaba bien. Y tenían experiencia tras los fallos que causó él de niño.

Él levantó las manos hasta su cintura y ella parpadeó, mirándole con curiosidad. Se había estirado lo más que pudo para intentar llegar a su altura, espirando frustrado cuando no lo consiguió.

—Hinata. ¿Puedes bajarte algo más? Sentarte sobre tus piernas. No llegaré de este modo.

Estuvo tan tentada a burlarse de él pero estaba tan maravillada con la idea de que necesitase que ella cediera a rebajarse a su nivel que no le importaba. Hizo lo que le demandaba y entonces, él la ganó de altura y su figura se comió el mundo de algún modo.

Su mano derecha abandonó su cadera para reptar por su espalda hasta su cuello. Sus dedos jugaron con su cabello y aunque no era algo nuevo, ya que lo hacía desde niño, en ese momento fue distinto. Cuando se inclinó más hacia ella notó la presión de sus dedos en su nuca y aunque levantó las manos con intención de detenerle, no pudo.

Su corazón latía contra su palma, con fuerza, impaciente. Parecía estar a punto de salir de su pecho y el aliento le cosquilleó los labios antes de que su boca rompiera las distancias. Fue maravilloso. No se había percatado de lo necesario que era y con vergüenza tuvo que reconocer que lo añoraba. Algo ilógico, dado que sólo se habían besado una vez.

Sin embargo, esa vez, Naruto no sólo presionó sus labios contra ella, tampoco los movió para jugar entre ellos. Sintió su lengua contra su comisura, con torpeza, delineando su boca. Cuando ella no cedió, retrocedió, mirándola con el cejo fruncido.

—¿Qué? —preguntó inocente.

Él pareció perdido también.

—¿Por qué no cedes? —preguntó—. ¿Por qué no sacas tu lengua también? También puedes hacer lo que hiciste con la crema para curarme.

—Oh —masculló emocionada—. Eso me gustó.

Naruto gruñó ronco.

—Pues imagínate a mí —exclamó entre dientes.

Esa vez, fue ella la que se acercó y obediente, él cedió. Su lengua acarició la suavidad de sus labios y, en seguida, su labio quedó a su merced. Tal y como hiciera para untar la crema, lo repitió hasta chupar la zona y tirar levemente con sus dientes. Al soltar, regresó una vez más, tragándose un gemido masculino.

Entonces, esa vez, fue diferente.

Naruto respondió con su propia lengua. Aceptó la caricia y al devolvió y fue húmedo y tan caliente como inesperado. Hinata no pudo evitar dar un respingo y arquear su cuerpo más contra él. Naruto la rodeó con los brazos sin despegar sus bocas, sin dejarle escapatoria.

Su lengua hizo cosas en ella que jamás habría esperado.

Ahora comprendía por qué las mujeres se ofrecían a los hombres de ese modo. Muchas veces se había reído pensando que parecían peces boqueando porque les metieran algo extraño en la boca. Ahora, pensaba que tenía su lógica y que era incluso mejor también hacerlo ella.

Lo malo del asunto es que debía de separarse para respirar y cuando el cuerpo parecía arder de aquella forma inadecuada, se detuvo, retrocediendo lo suficiente para mirarle a la cara. Su rostro tenso y excitado, sus labios hinchados que acarició con el pulgar y los ojos mirándola como si fuera el mismo dios.

—¿He completado la poción? —preguntó.

Él tragó, sopesándolo.

—Más bien, has puesto el caldero a punto —respondió. Pero la soltó y permitió que se alejara—. No, espera, esto es extraño hasta para mí.

Ella no pudo evitar sentir curiosidad.

—¿Por qué?

Naruto la estudió por un momento, como si sopesara si responder a su pregunta o no. Hinata movió su mano hasta sus labios para incitarlo a hablar.

—Creo que tengo una erección —respondió al fin—. Como cuando era adolescente. No. Creo que peor.

Bajó la mirada hasta sus ingles. Naruto se había echado hacia atrás, apoyando las manos en la hierba a su espalda. Era cierto. Un bulto resaltaba bajo sus pantalones y Hinata sabía perfectamente cuál era la causa.

—Lo es, sí —confirmó—. ¿Duele?

—Sí —respondió él rascándose la nuca—. No como si te clavaran una espada, pero duele.

Ella se puso en pie y le miró desde su altura.

—Alíviate —invitó.

Naruto la miró desde su altura y ella esperó.

—¿Qué? —preguntó al fin.

—¿Aquí? —preguntó algo tímido—. Es decir… yo… ehm… nunca lo hice. Siempre me bañaba en el agua y tal…

Hinata se cruzó de brazos mientras pensaba detenidamente en sus palabras.

—Podrías hacerlo delante de mí, sí —musitó—. No serías el primer hombre que veo con una erección o que se masturba. No es un secreto para mí visualmente hablando. Siento curiosidad —añadió—. Aunque por algún motivo esto me está dando vergüenza y es extraño, dado que ya he visto mucho estas cosas.

Naruto pareció brillar.

—¡Es porque soy yo! —exclamó animado—. Soy el hombre que puede hacerte sentir así.

Hinata lo sopesó.

—Eres mi aprendiz y un muchacho que traje conmigo por interés, que me atrajo y hoy he aprendido algo nuevo y comprendido por qué las humanas actúan de esa forma —puntualizó—. Y esto me lleva a pensar que quiero aprender más de ti, saber más. Hasta pensar en pedirte que camines desnudo durante el tiempo que queda del verano o…

Naruto no la dejó terminar. Se puso en pie y empezó a desnudarse hasta que sólo le quedaron las botas puestas. Hinata sintió que se ruborizaba y que el calor de su cuerpo aumentaba. Sí, moviéndose era incluso más esplendoroso que acostado en una cama. Y sí, también estaba erecto.

No pudo evitar mirarle, inflamado, viril.

—Eres hermoso, Naruto —soltó sin pensar. Él se rascó la nuca, avergonzado—. Los humanos, creo que vivís tan poco justo por eso. Sin embargo, no podéis ver la hermosura entre ustedes. Disfrutáis tanto con el daño que sois incapaces de aceptar vuestra belleza. Y cuando veis algo más hermoso lo destruís.

Alargó su mano hasta posar sus dedos sobre su torso. Al respirar, su piel acariciaba la yema. Movió la mano hasta el lugar donde latía su corazón. Joven y fuerte. Sano.

—Y estáis creado para que incluso sin un ápice de experiencia y llevados por la imaginación conozcáis cosas tan increíbles como un beso.

Naruto atrapó su mano en una de las suyas, observándola con detenimiento.

—Es porque quiero hacerlas contigo que pienso que sé. Sin embargo, puedo equivocarme —reconoció frunciendo el ceño—. Me cuesta creer que tú seas tan inocente, más que yo, teniendo en cuenta la edad que tienes.

Eso podría haberle ofendido pero no lo hizo.

—He visto muchas cosas que no tienen comprensión para mí —reconoció—. No comprendía la necesidad de un beso, lo que esperaban las mujeres al abrir la boca y recibir al hombre.

—Las sensaciones —corroboró él. Había descendido más su mano por su vientre hasta que su muñeca rozó la erección donde él se detuvo—. Por ejemplo, puedo imaginarlo pero sé que sentir tu mano sobre mí será mil veces mejor, ttebayo.

Ella se mordió el labio inferior y bajó más su mano ante su atónita mirada. Cuando lo tomó fue como si acabara de tocarle el alma, porque se estremeció y gimió de una forma que la asustó. Aún así, su manaza rodeó la suya para invitarla a continuar.

Ella lo hizo, sintiendo la suave y caliente piel bajo su mano. Una extensión virginal bajo su poder.

Recordó aquella vez en que vio a una tabernera de rodillas entre las piernas de un varón. Con sus manos trabajando sobre el mástil masculino y bajando más allá. La imitó, de pie, con sus ojos mirando a todas partes de él, queriendo atrapar cualquier sensación, gesto o súplica. Porque suplicó. Oh, si lo hizo.

Más. Rápido. Justo ahí. En ese lugar.

Y su nombre, reiteradas veces escapando de sus labios hasta que lo sintió tan duro y enrojecido, humedecido en la punta y con el cuerpo en tensión. Cuando eyaculó fue increíble.

No pudo evitar jadear, sorprendida y mirar su mano con sus restos con la misma forma en que estudiaba nuevas pociones. En realidad, podría hacer algo con ello. Una pócima de fertilidad, si quisiera. Naruto parecía totalmente dado para ello.

Pensaba justo en eso cuando él cayó de rodillas, atrapándola con sus brazos y pegando su boca contra su vientre, entre jadeos y una súplica que la sorprendió.

—¿Qué has…?

—Quiero hacer lo mismo por ti —le dijo.

Ella dudó.

—No tengo lo mismo que tú —explicó—. No puedes hacerlo.

—Sé que no —respondió rápidamente él—. Vi a mi madre desnuda, sé que no somos iguales.

—Entonces. ¿Cómo vas a…?

Él comenzó a levantar su túnica. Sus dedos acariciaron sus piernas desnudas y cuando las subió por la cintura, Hinata no podía mantener la boca cerrada de la sorpresa. Vio su rubia cabeza perderse bajo las telas y se le antojó como un juego divertido para encontrar a otro. Hasta que sintió que la besaba ahí.

Dio un respingo, dando un paso hacia atrás. Pero Naruto la retuvo. La incentivó a separar un poco sus piernas y tuvo que apoyarse sobre el bastón, aferrándose con sus manos mientras él profanaba aquel lugar con su lengua.

No recordaba ninguna experiencia vista. Los hombres solían ser así de repetitivos. La mujer lo masturbaba, ella cedía a sus besos y los buscaban y después, la unión final. Nunca había visto a ninguno de ellos de rodillas como Naruto en esos momentos y menos, jugando de esa forma tan maravillosa entre sus piernas.

Y luego, fue maravilloso. Cuando él atrapó ese lugar perfecto donde le gustaba, donde le suplicó que tocase más, la invadió algo inesperado que por un momento pensó que estaba arrancándola de su cuerpo. Se aflojó por completo y cayó de culo, acostándose de espaldas contra la hierba mientras él salía de debajo de sus faldas, aunque sus manos continuaban ahí, tocándola de una forma que en otro momento podría haber pensado que era inadecuada. Si lo pensaba mejor. ¿Acaso no había adentrado no solo su lengua en ella, sino que mantenía un dedo en su interior?

Lo apretó para confirmarlo y fue increíble. Acaba de tener un orgasmo y quería vivirlo de nuevo. Quería más y que él estuviera ahí, dentro de ella, parecía ser razón suficiente.

Lo apretó de la muñeca, manteniendo las piernas separadas.

—Otro —suplicó.

Él pareció confuso y movió su extensión dentro de ella, sonsacándole un suspiro de apremio. Parecía perdido pero continuó acariciándola, moviéndose en ella y sorprendiéndose cuando movía las caderas contra él.

Debía de estar ridícula, con la falda enrollada en sus caderas, las manos aferrando la hierba bajo ella, las piernas abiertas y con él ahí, tocándola y explorándola. Era vergonzoso. Ofensivo incluso que él tuviera la capacidad de hacerle olvidar quién era en ese momento.

Su voz era el único sonido que los rodeaba, su nombre bañado en suspiros. Cuando Naruto se detuvo, siseó frustrada.

—¿Por qué? —masculló en protesta.

—Yo he… he notado algo raro —le dijo mirándola—. ¿Eres doncella?

Hinata parpadeó para intentar recordar que tenía un cerebro pensante y que no era sólo una descarada que quería más.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó apretando los labios.

—Mi madre me dijo que cuando estuviera con una chica decente encontraría algo entre sus piernas que la marcaría como doncella. Y que era algo que sólo un hombre podía romper con su consentimiento.

Ella frunció el ceño.

—Tu madre hablaba de muchas cosas a un niño. Demasiado pronto —musitó. Aunque suponía el motivo. La muerte acechaba en todas las esquinas y a veces, apresurarse era lo mejor—. Está bien, sigue. Quiero que sigas.

—¿Segura?

—Sí —confirmó—. ¿Realmente necesitas quitarlo para darme otro orgasmo?

Él dudó, lamiéndose los labios.

—Quiero hacerlo con mi miembro —respondió—. No con mis dedos.

Eso no. Retrocedió, alejándose de él. Lo sintió salir de ella, quedarse con la mano extendida y el dedo estirado, sorprendido por su reacción.

—Eso sí que no —negó poniéndose en pie y cubriéndose con la ropa—. No voy a permitir que tu… entres en mí —aseveró, pálida.

Naruto no dijo nada. Se quedó de rodillas, con la boca tensa y apretada en una fina línea blanquecina. Bajó la mirada.

—Como quieras.

Tomó aire y se alejó. Con el corazón y el cuerpo palpitando de deseo.

Ese humano iba a matarla.

Continuará…

Vamos a por el último capítulo en el siguiente… ¿Qué ocurrirá?