HEY, PEOPLE!

Is me, again. Con un nuevo capítulo de esta historia tan slice of life, que nadie pidió y capaz nadie lee, pero que yo escribo porque así lo quiero.

Y sí, puede que nadie le preste atención (o tal vez sí), pero le cambie el nombre a mi cuenta, porque bueno, mañas.

Y bueno, está vez le toca a Hinata ser el centro de la historia. Ahora sí, los dejo leer.


4

Hinata

El recuerdo del balón contra su palma comienza a desvanecerse.

Si se concentra, Hinata cree que aún es capaz de evocar la sensación de la textura lisa de la pelota, la rugosidad de sus costuras y la quemazón que deja en su piel luego de rematar. Es algo que le hace levantarse por las mañanas, y mantener el ánimo durante horas. Pero a veces no es suficiente.

Quiere jugar, saltar, y correr alrededor de una cancha. Quiere volver a hacer una recepción y tener que salir disparado con todas sus fuerzas hacia la red, para que el colocador le permita rematar en su punto más alto. Desea volver a sentir aquella chispa que le recorre el cuerpo y que no siente desde que se graduó, porque no tiene a nadie con quien jugar, ni tiempo para hacerlo.

En los últimos dos meses, su vida social se ha resumido a sus compañeros de trabajo y Kageyama.

Sus horarios cambian con frecuencia. De vez en cuando debe cubrir más turnos porque alguien se enferma, o es él mismo quien lo hace y debe reponer el tiempo perdido. Hay semanas donde necesita más dinero, terminando en rogarle a Saeko que le deje trabajar más horas, llegando a días en que ni bien a pisado su departamento cuando debe ducharse para volver al restaurante, y otras veces las diligencias – que no sabía que formaban parte de la vida adulta – le consumen su tiempo libre antes de laborar. Incluso cuando finalmente consigue un día libre, sus amigos no tienen tiempo para jugar con él; y ha dejado de practicar voleo al aire en su balcón, desde aquella vez que el balón se le escapo, atacando a un inocente gato que pasaba por allí, hecho que aún Kenma no le perdona.

Ha pensado en llamar a Kageyama para jugar, porque es a quien tiene más cerca, y Hinata podría morir de felicidad si logra rematar uno de esos pases que solo ha visto desde las gradas. Pero para cuando finalmente es un elfo sin opresiones, el mayor no suele estar en su hogar para incordiarle. Así que solo le queda esperar a que llegue la noche, para poder verle y platicar.

No es que le deprima, pero aquello le hace caer en cuenta de lo solitario que suele estar a veces.

Si ha podido ver a sus amigos – los que son de su misma edad, al menos – es solo porque estos se pasan alguna tarde por el restaurante, cuando sus estudios y responsabilidades les dejan, acompañados por el hambre y las ganas de verle.

Agradece que al menos trabaje con dos de sus senpais de la preparatoria, porque el ver caras conocidas le vuelve más llevaderos los días. Le gustaría ver con más frecuencia a Nishinoya o Asahi, o a sus demás mayores, pero entiende que no todos tienen tiempo para esperarle después de la salida, y él siente que sería irrespetuoso importunarles en el trabajo. Ni siquiera Daichi, que vive al inicio de la calle, puede compartir mucho tiempo con él gracias a los deberes de la universidad.

Hinata es un chico fuerte, pero a veces la soledad le pega en el pecho, y solo quiere volver a Yukigaoka con su familia, pasando las tardes con su antiguo equipo.

Se palmea el rostro con fuerza, aquel día no es uno donde debería permitir que sus debilidades hagan mella en su humor. No cuándo volverá a tocar la cancha de sus días dorados.

"Ya estoy pensando como un anciano".

Las paredes del departamento son delgadas en la sala, y a sus oídos llegan las noticias que su vecino deja reproduciendo en un viejo radio – que Hinata sabe que tiene, y que ha sufrido de escuchar la estática – cuando recién regresa de trotar.

Es algo que olvida cada noche al volver, porque las jornadas han sido largas y duras, sumándole al té que le relaja durante sus charlas, pero Hinata quiere pedirle a Kageyama ir a correr algún día. Piensa que sería agradable volver a trotar al lado de alguien, con quien pueda conversar durante algún breve descanso para reponer energías. No necesita de nadie que le impulse a continuar el camino, porque es imposible para él rendirse, pero le gustaría la compañía.

Intercederle al salir se le ha pasado por la cabeza, pero no tiene idea de a qué hora Kageyama se levanta – Shouyo ha empezado a sospechar que no está durmiendo realmente –, y cuando él termina su rigurosa sesión de ejercicios al despertar, la radio sonando le indica el regreso del otro. Ha terminado tomándolo como una especie de disparo de partida, saliendo a correr al menos dos cuadras si es que quiere llegar a tiempo a prepararse para laborar.

Aquel día es la excepción, porque por primera vez tiene un día libre donde podrá jugar y lleva soñando desde hace cuatro días con volver a subir la ladera de su escuela, después de tanto tiempo. Sin embargo, pasa el rato muerto hasta las nueve con la sensación de que terminará trepando por las paredes de la emoción, y acosa el reloj analógico que Daichi le había regalado al mudarse, como si de esa manera pudiera lograr que el tiempo pasara con velocidad.

No funciona desde luego. La hora y media pasa con lentitud, y cuando finalmente llega el momento, Hinata se mueve como un celaje como su departamento, gritando en cada paso y dándole tumbos al bolso, que se ha guindado a lo bandolero, con las paredes que ocasionan que el almuerzo que había guardado cuidadosamente ahora esté con seguridad revuelto.

Es la presencia de Kageyama en el pasillo la que le obliga a frenar su efervescencia cuando ya salido, con la puerta a punto de cerrarse de un golpe.

Su vecino también está por cerrar su vivienda, tiene el cabello húmedo de la ducha seguramente, y viste demasiado casual, al igual que él: playera simple, bermudas y zapatillas deportivas. Hinata está más acostumbrado a verle con la ropa de andar en casa que usa por las noches, o el uniforme del café que a veces no se quita al llegar.

– Matsuidara-san va a gritarte por estar haciendo tanto ruido en la mañana, idiota… de nuevo.

– ¡No fue tanto ruido!

Kageyama frunce el ceño aún más de lo que ya lo tiene, y Hinata debe cubrirse la boca, porque ugh, sí, sabe que ahora sí ha hecho ruido, y espera que su tétrica vecina con oído de halcón haya decidido salir a aquellas horas.

– Idiota – vuelve a decir Tobio. El menor sabe que sus facciones siempre lucen como si estuviera molesto, así que infla las mejillas en un puchero que le abarca el rostro, sin importarle la expresión del otro –. ¿Vas a entrenar?

– Sí, ¿tú también? – un asentimiento con la cabeza es lo que recibe –. ¿Te parece hacernos compañía hasta la avenida?

– No es como si de todas formas no fuéramos a hacerlo, idiota. Hay un solo camino hasta allá.

– ¡Eso ya lo sé!

– Matsuidara-san…

Vuelve a taparse la boca. Kageyama ha adquirido dos maneras de hacerle callar – porque aunque el azabache suele responderle a los gritos, insiste en que Hinata es el ruidoso de los dos. Una es tratar de atraparle la cabeza, enredando sus garras en sus rizos, y haciendo presión sobre su cráneo; no es la más efectiva, porque Shouyo termina haciendo más ruido, en conjunto con forcejeos, solo para que le suelte. Eso es en la mayoría de los casos, hay otras veces donde acaba utilizando – después de gritos – el nombre de la abuelita de abajo, porque ha descubierto el sincero temor que el menor le tiene. Si supiera que al otro también le asusta podría cobrárselas, pero no lo sabe, al menos de momento.

Tobio le hace una seña para que termine de cerrar con llave su puerta y ambos puedan marcharse, a cada uno se les hace tarde. Mientras van bajando las escaleras a Hinata le borra el enfurruñamiento que ha cargado en sus mofletes, olvidándose que hacía solo unos momentos había estado ligeramente enojado con el otro. Cuando llegan al segundo piso, inspecciona disimuladamente que su vecina no les esté esperando para echarle la bronca. Si Kageyama lo nota o conoce el motivo de su suspiro, no lo dice.

Se detienen en lo que cruzan la puerta principal del edificio.

Son las nueve con cinco de la mañana, están otoño y el clima fresco les da en el rostro. No hay el ruido de transeúntes ni niños en la calle. Ambos se dedican una mirada antes de lanzarse en carrera ladera abajo.

– Kageyama… ¿a dónde vas?

Hinata no está seguro de si lo que acaba de emitir el otro es un gruñido. Pregunto lo mismo cuando pisaron la avenida, y cuando entraron a la estación, y cuando bajaron del tren. La vocecilla en su cabeza – que extrañamente suena como su mejor amiga, Yachi –, ha ido paulatinamente callándose, dejando de repetirle que todo es una simple coincidencia.

– A entrenar – es la escueta respuesta que obtiene. Kageyama no ha dejado de ver su móvil cuando cruzan en alguna esquina.

– Ya, sí, pero… ¿a dónde vas a entrenar?

– A la antigua escuela de unos superiores del trabajo… y deja de seguirme, idiota. ¿Eres un acosador?

– No te estoy siguiendo, Bakayama. Yo también voy por este camino.

Para esas alturas a Hinata ya no le quedan dudas de que aquello era el extraño presentimiento que se le anidaba en el pecho, al conversar con sus senpais en el chat que compartían desde su primer año. Su cuerpo ahora vibra más de la emoción, porque la expectativa de ese día acaba de mejorar.

– Sí me estás siguiendo, Hinata idiota – le suelta cuando están llegando a la tienda de su antiguo entrenador. El cartel marca "cerrado", quitándole las intenciones de pasar como un huracán a saludar. El tono brusco le saca una risilla, porque es obvio que el mayor no tiene idea.

– No te estoy siguiendo – Kageyama alza una ceja –. ¡Es en serio! ¡Yo también voy a Karasuno a entrenar con mis amigos!

La expresión de desconcierto del otro hace que vuelva a reír, poco le dura, porque debe moverse rápido para esquivar el ataque que va directo a su cabeza. Duran cinco minutos en una esquiva y ataca, hasta que Kageyama finalmente se rinde, alejándose del más bajo y subiendo la calle que les separa de su destino. Hinata le sigue más atrás.

– No recordaba que fueras a Karasuno.

– Creo que nunca te lo mencione.

– Me refería en los torneos. No recordaba a que escuela representabas.

– ¿Me viste jugar?

– Sí.

Algo le recorre el cuerpo de manera cálida. No hace comentarios acerca de la mala memoria del otro, que no reconocía en sus mayores del trabajo, a los que jugaban con el pelirrojo en la preparatoria. No le importa. Su pequeño corazón está contento de que Kageyama le recuerde a él, incluso si nunca jugaron en contra.

La reja de la escuela estaba abierta cuando llegaron a la cima. Hinata divisaba a algunos estudiantes caminando por los alrededores portando el uniforme deportivo. Un ligero golpe de nostalgia le ataco de pronto, se pregunto si los demás habrían sentido lo mismo al arribar, o cuando lo hicieran.

Hacía dos noches que había hablado con varios de los miembros actuales del club, sabía que el actual capitán no estaría, por guardar reposo de una lesión hacía algunos meses. El equipo no había llegado aquel año a pasar las eliminatorias para el torneo de primera, por el accidente de Madou – el capitán – durante el juego final de clasificación. Era algo que le desanimaba después de compartir la cancha naranja con los que ahora estaban en segundo y tercer año, pero entendía que los accidentes ocurrían. La mayoría no le había confirmado su presencia aquel día, aún así Hinata esperaba ver a los que pudiera.

– ¡Oh, ustedes dos! ¡Llegan tarde!

Hinata olvido por completo que había llegado y detenido en la puerta del gimnasio junto a su amor platónico. Avanzo a grandes zancadas hasta Sugawara, quien había sido el primero en notar su presencia. El mayor choco sus palmas con el más bajo, para luego acariciar su cabello. Los demás miembros se le acercaron una vez que el antiguo vice capitán se había separado de él, para acercarse hasta el miembro ajeno del equipo.

Yamaguchi, Nishinoya y Kamekawa – el actual libero del club – chocaron sus palmas y palmearon la espalda del pequeño a modo de saludo. Kinnoshita, Narita y Asahi le saludaron con tranquilidad; y el resto de los miembros de la sala, que comprendían a sus kohais, le dedicaron una reverencia. De Daichi sabía que llegaría más tarde por asuntos familiares, y Ennoshita y Tanaka arribarían en la tarde, después de cumplir su turno en el restaurante. Sugawara interrumpió a uno de los jóvenes cuando comentaba algo hacia Hinata, para presentar al intruso de aquella parvada.

El menor pudo notar en la expresión de varios, como el reconocimiento brillaba en sus ojos al introducir a Kageyama. En algunos – los rematadores, más que todo –, Hinata podía ver el reflejo de su mirada cuando imagino los pases del azabache hacia su persona.

– Y bien… ¿listos para comenzar la práctica?

– ¡Sí!

– Bien… ¡A calentar entonces! – está a punto de lanzarse aun más al interior del gimnasio, pero la mano de Sugawara le detiene en su camino –. Ustedes deben primero cambiarse. Hinata muéstrale la sala del club a Kageyama.

Hinata casi lleva a rastras a Tobio hasta la sala de los vestuarios, cambiándose y dejando sus pertenencias a una velocidad que marea. Escucha los gritos del otro, ordenándole que le espere, cuando prácticamente sala como un ciclón, y baja las escaleras de saltos.

Están en pleno otoño, pero el corazón de Hinata se siente ligero como primavera, por primera vez en meses.


¿Nunca les ha pasado que trabajan en un sitio que requiere creatividad pero sienten que se las drena o están drenados?

Yo trabajo como diseñadora gráfica, y cada vez desde que trabajo para una compañía nueva (nueva, meh, tengo casi 2 años), y me siento frente a la PC, siento que mi creatividad se va. Agradezco enormemente los pequeños golpes de iluminación y creación que me dan, pero han sido tan pocos en lo que va de mes que quiero llorar.

Bueno, el punto de eso es decir... puede que no lo parezca, pero ME COSTO, escribir este capítulo. Y ni siquiera siento que me gusto del todo. Lo escribí y borre unas varias veces, hasta que me dije que si esto seguía así no iba a escribir nada, y se iba a volver una mis historias olvidadas para siempre eternamente.

Y bueno, propósito de año nuevo y eso, pero decidí que darle más atención a mis historias y fanfics. Puede que no sea buena, y que me equivoque seguido, pero quiero escribir un libro/novela algún día (?)

Pero ajá, son cosas que a nadie le interesa. Ya después de aquí si empezaríamos con el meollo del asunto... tal vez. Lo decidí hace poco, porque si no podría ser una historia mucho más larga y se pierda el contexto, faltan unos tres o cuatro capítulos más. Puede ser, ya la vida lo dirá.

Bueno, eso sí, es todo por ahora amigos.