El Ruiseñor
Capitulo 1: De regreso a Avanta
Rukia despertó agitada por la pesadilla pero en cuanto abrió los ojos la olvidó, como pasaba siempre que tenía ese tipo de sueños. El interior del coche estaba oscuro y notó que no estaban en movimiento. Se talló los ojos y buscó a Yuki, la niña que viajaba con ella, pero no la encontró en donde se supone iba ella sentada así que prestó atención a los ruidos que venían de afuera del coche.
Sabía que no debía de temer. Renji iba con ella y sabía que él la cuidaría pero ese pequeño instinto de peligro estaba latente en su pecho a punto de dispararse con la mínima sospecha de que algo estuviera mal. Después de un momento escuchó la risa de Renji junto con el cochero. Se sintió aliviada y se quedó recostada en la silla un momento más tratando de espantar las nubes del sueño.
Cuando aquella sensación de soledad, la que le había dejado la pesadilla, se disipó abrió la ventana haciendo a un lado la cortina gruesa y pudo ver que aún seguían en el camino. El verde del bosque seguía presente por todos lados y la luz del sol se filtraba por entre las hojas de los árboles que se mecían al viento. Le dio un pequeño escalofrío cuando el aire frío entró por la ventana. Era primavera pero seguía el frio del invierno que no se iba del todo.
Se bajó del coche después de ponerse un abrigo y encontró a Yuki sentada en un banquito junto a Renji y el cochero. Estaban desayunando y le podía llegar el aroma del café que habían traído de aquella isla del norte. Todos estaban abrigados también y pudo ver las mejillas sonrojadas por el frio de Yuki. Era gracioso el contraste de su nombre con el clima.
- Buenos días, mi lady. – Habló Renji levantándose de su banquito en señal de respeto.
Yuki le imitó y fue a buscar las cosas para el aseo personal de Rukia que ya tenía preparada.
- No es necesario que me llames así. No estamos en el palacio, aun.
Se quejó. Sabía por qué lo estaba haciendo su amigo y aunque no le gustaba eso, el protocolo lo dictaba.
- Necesito practicar, mi lady. – Repuso.
Rukia estaba esperando esa respuesta y ya no volvió a decir nada. Era una plática que habían tenido muchas veces antes de salir de Bosque Oscuro y no había nada que hiciera cambiar de opinión a su testarudo amigo que parecía divertido de ver como la ponía al tratarla como la dama que se supone que era. Prefirió ignorar esa sonrisa en el rostro de Renji y se dispuso a lavar su cara y sus dientes.
De pronto, ir de nuevo al castillo no le parecía tan buena idea pero debía hacerlo. El rey la había mandado a llamar y ella, entre todos los nobles, debía de ir si no quería que la historia se repitiera. Llegar al castillo no era lo que más esperaba en la vida y no sabía cómo el rey se había enterado que ella había vuelto al reino.
Se sentó junto con ellos, en un banquito que le puso Renji mientras ella se lavaba la cara y se peinaba, y se dispuso a desayunar. Tenían café y unos pequeños panes fritos que había hecho Yuki el día anterior a que salieran de su casa. A la niña le gustaba cocinar y era una bendición porque a Rukia se le quemaba hasta el agua.
- Llegaremos a Avanta por la tarde, mi lady. – Habló el cochero.
Estaban recogiendo todo para volver al camino y solo asintió a lo que dijo el hombre. Renji no la había dejado hacer nada aunque sabía que ella era perfectamente capaz de hacerlo sola. Rukia prefirió subirse al coche de nuevo junto con Yuki. El frio de afuera era encantador pero el poco calor que había dentro del coche era mejor.
- Tal vez ahora si te exilien. – Bromeo Renji cerrando la puerta del coche.
El hombre, que no podía sostener los modales de la corte por tanto tiempo, se subió a su caballo para continuar el camino.
- Yuju, que emoción. – Pero la expresión contenía todo menos emoción por eso.
Renji no lo entendía. La idea de que la exiliaran significaba que se tendría que ir del reino y hasta donde sabía, eso era lo que quería ella.
Rukia por su parte temía que eso pasara. Había pasado cinco años, un poco más, en exilio voluntario en las Tierras del Ocaso, Renji la había acompañado y cuando volvió a su casa, porque aun lo era, el padre de Renji se había encargado de tener todo en orden.
Los campesinos aun trabajaban la tierra, las bodegas estaban llenas y el tributo al rey era entregado cada otoño como dictaban las leyes. Sabía que nadie más que la familia de Renji merecía ser dueño de esas tierras y si la exiliaban entonces alguien más tomaría su lugar como señor de Bosque Oscuro.
Se detuvieron una vez más antes de llegar a Avanta, comieron un conejo que habían llevado en salación y Rukia contemplaba las posibilidades de no acudir al llamado del rey. Podría simplemente irse de nuevo y huir pero no podía estar toda su vida haciéndolo. Huir no era la solución para nada aunque lo pareciera.
El camino era movido y sintió como el cochero empezaba a reducir la velocidad de avance de los caballos hasta el punto en que se quedó inmóvil.
- Hay fila para entrar. – Explicó Renji asomándose a la ventana que tenía ella a su izquierda. – Parece que habrá una fiesta o algo. La gente se oye emocionada.
Rukia apartó las cortinas y pudo ver los carromatos cargando barriles y comida. Parecía una fiesta grande. Pudo sentir el viento fresco de la tarde y a lo lejos vio el mar. Avanta estaba en la costa y el castillo sobre un risco no muy alto pero si lo suficiente para que se le mire sin problemas desde lejos.
- Ya llegamos, no importa lo que tardemos en entrar. – Susurró y Renji asintió quedando sobre el caballo como lo había hecho durante los días que había durado el viaje.
Él se había ofrecido a acompañarla de esa manera, sentía que no podía dejarla volver sola a ese lugar y se culpaba de su estado cuando volvió a Bosque Oscuro aquella primera vez que había ido a la capital. Se había jurado ir con ella a donde ella fuera y por eso se había aventurado a las Tierras del Ocaso cuando ella quiso huir de ahí.
Nunca hablaron de lo que ocurrió en todo el tiempo que ella había estado en Avanta, solo del hecho que su padre y su hermano habían sido ejecutados como traidores y ella había quedado como la señora de Bosque Oscuro. Eran muy jóvenes cuando pasó todo pero nadie volvió a ser el mismo.
Para Renji, ver la muralla de la ciudad era como ver a Rukia la tarde que llegó de nuevo a Bosque Oscuro: ensangrentada, débil y con los huesos pegados a la piel. Apretó con furia las riendas del caballo que crujieron con el cuero de sus guantes. Respiró profundo y se tranquilizó, sabía que Rukia estaba luchando su propia guerra interna al llegar ahí y no quería darle algo más en qué pensar.
- Veré si puedo pasar antes y buscaré una posada. Si entran a la ciudad y no he regresado espérenme a la derecha del camino. – Advirtió y se fue de ahí.
Rukia solo asintió a lo que dijo y se quedó en el coche. No tenía a donde ir y el cochero avanzaba despacio. Solo podía asentir a lo que decía su amigo y eso le generaba la tranquilidad de sentirse protegida en medio de la tormenta que era el volver a la capital.
- Parece que los revisan al entrar. – Comentó Yuki con esa voz de niña que aún tenía.
Su acompañante era un poco más joven que ella cuando llegó a Avanta por primera vez y esperaba que nunca tuviera que pasar lo que pasó ella ahí. Los había acompañado emocionada. Era la primera vez que salía de Bosque Oscuro y su sueño era conocer la Capital.
- Supongo que es por todo lo que están llevando, va para el castillo y los guardias deben asegurarse que todo esté bien. – Explicó y Yuki asintió a lo que dijo con aquella expresión de alguien que está aprendiendo cosas nuevas.
El cochero avisó cuando pasaron la puerta principal de la ciudad pero Renji no había regresado así que se quedó a la orilla del camino esperándolo. La ciudad era grande pero los muros exteriores eran nuevos, Rukia recordaba que estaban escarbando la tierra la primera vez que había ido ahí. Había pocas casas en la zona, la mayor parte era bosque y un camino que llegaba al muro interior, el que ocultaba la cuidad.
Le daba la impresión de que se preparaban para una guerra. No tenía idea de quien podría declararle a Avanta la guerra pero el que lo hiciera en verdad estaba mal de la cabeza.
Renji regresó momentos después pero a Rukia le pareció una eternidad. Los guió hasta la posada que había conseguido, apoyada en la cara externa del muro interior, donde había encontrado un buen precio por el cuarto y la caballeriza para su caballo y los del cochero. Hacía frio cuando ayudó a Rukia y Yuki a bajar del coche para entrar en el lugar.
La posada era vieja y estaba llena de gente por todos lados. Los ebrios que estaban en la barra pidiendo más cerveza levantaban sus copas cantando alguna que otra canción que no podía entender y terminaban con un "¡Salud!" rematado con el chocar de los tarros de madera.
- Mañana iremos al castillo.
Renji asintió para luego llamar al niño que estaba llevando tarros de cerveza a los hombres que festejaban. Rukia no quería preguntar cuánto había pagado por pasar la noche ahí, no tenían dinero para gastar de más y debían de cuidarlo. El niño los llevó hasta donde estaban las habitaciones donde se iban a quedar a dormir. Eran frías.
- Había una habitación con chimenea pero costaba una moneda de oro más.
Se excusó Renji pero Rukia solo asintió diciendo que el lugar estaba bien. Renji las dejó en la habitación y el cochero dejó las maletas de ellas antes de irse con Renji a la otra habitación. Ellos dormirían juntos porque el cochero los iba a regresar al Bosque Oscuro en cuanto ella supiera lo que el rey quería.
- Es la semana de fiesta. Creo que es por la primera luna de primavera. Deberías de ir con Renji a pasear, a eso viniste.
Habló haciendo que los ojos de Yuki se emocionaran al escuchar eso. La niña se arregló un poco y salió de la habitación corriendo en búsqueda de Renji que también se emocionó por la idea. Le preguntaron a ella si los quería acompañar pero se negó a hacerlo alegando que estaba cansada. Renji y Yuki dudaron por un momento pero ella los convenció de salir.
Rukia no quería hacerlo, dentro de su pecho sentía que algo no estaba bien y mientras menos saliera y más rápido terminara lo que fue a hacer ahí, mejor.
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