El Ruiseñor
Capitulo 4: El Vestido
No vieron a Renji en todo el día. Rukia esperaba que desayunara con ellas en la habitación pero no fue así. No sabía dónde estaba y la ponía ansiosa el imaginar que le pudieran hacer algo a su amigo. Terminaron de desayunar y salieron de la habitación hacia el jardín donde se estaba arreglando todo para la fiesta. Era lógico que fuera en el jardín, era la fiesta de primavera y debía ser en la naturaleza. Rukia no recordaba haber estado en la fiesta de primavera así que ver tantos preparativos la intrigó.
Buscó con la mirada hasta que vio a su pelirrojo amigo cargar mesas y sillas y demás cosas de un lado a otro. Lo habían puesto a ayudar en la decoración. Suspiró por eso y se relajó al saber que su amigo estaba bien. También vio al cochero trabajando ahí. Era lo más extraño que se pudo imaginar pero suponía que había pago de por medio y mientras regresaban a Bosque Oscuro debía de seguir ganando dinero.
- Vamos al mercado, Yuki. Quizás encontremos algo bonito.
Susurró y la niña sonrió ante esa propuesta. Renji no podía ir con ellas, se le veía demasiado ocupado y molesto; no sabía como había terminado ayudando en la decoración. Buscaron a la Dama de las Llaves, que también estaba ocupada dando ordenes a diestra y siniestra, y esta les dijo como llegar además de asignarles un guardia para que las acompañara.
- Por seguridad. Nunca se sabe lo que se puede encontrar en el mercado.
Había dicho pero el tono de su voz y la mirada que había en ella le decía otra cosa. Le decía que la mujer no confiaba en ella.
- Por cierto, Lady Loly, los vestidos que mandó anoche era hermosos. No creo poder ser digna de portarlos. Nos vemos en la noche.
Se giró y se fue de ahí con la pequeña niña junto a ella. Dejando a la Dama de las Llaves tras ellas. Si Rukia hubiese volteado habría visto a Loly cerrar la mano en un puño y lanzarle una maldición silenciosa. En la entrada estaba el guardia que las iba a acompañar. Tenía el casco puesto y la espada en la cintura.
- No es necesario que nos acompañes, sabemos cuidarnos.
Habló pero el guardia no dijo una sola palabra. Solo se quedó ahí, quieto y solemne a su misión.
- Seguramente es mudo.
Habló Yuki viendo al guardia y luego a Rukia. La pelinegra asintió y cruzó la puerta que los dejaba salir de los terrenos del castillo con un guardia mudo siguiéndolas como una sombra.
- ¿Dónde venden ropa?
Le preguntó al guardia que no habló sino que las siguió por el camino. Iban a pie y aunque la cuidad no estaba lejos del castillo podría ser cansado si uno no estaba acostumbrado a caminar.
- ¿Dónde venden comida?
Volvió a preguntar otra vez cuando ya estaban entrando al camino principal de la ciudad que la partía en dos. El guardia no habló pero señaló con una mano había una de las calles donde había gente y varias tiendas. La ciudad era limpia y eso era algo que le sorprendía. En otros lugares las calles eran de lodo y había orines tirados desde las ventanas en algunas zonas pero ahí era todo limpio.
- La mágica Avanta.
Dijo en un suspiro reparando que el guardia había señalado una calle donde vendían telas. Quizás era su forma de responder a su primera pregunta, pensó. Junto con Yuki se acercaron a las tiendas que exhibían los rollos de telas y pregonaban de dónde venían y la calidad de las mismas. Telas del desierto, de la isla del café, de más allá del norte, de más allá del sur. Telas que venían de las tierras del ocaso, telas que venían más allá del mar turquesa y telas de la isla de Jade entre muchas otras.
Todas las telas eran hermosas. Las tocaban y eran tan suaves que daban ganas de cobijarse con ellas. Había también mujeres que costuraban y exhibían los vestidos que hacían. Rukia se quedó mirando un vestido en tonos violetas y rosas. Lo que le gustaba de la ropa de la corte era que no se usaban vestidos con ese armazón debajo que había visto mientras viajaba, solo el mítico corsé que se usaba para darle forma al vestido pero en ocasiones, como en el vestido que estaba viendo, se usaba incrustado dentro de la misma tela de la costura.
- Cuesta 5 monedas de oro. Si no tienen para pagar entonces váyase.
Dijo la costurera malhumorada haciendo señas para que se vaya alegando que les espantaba a los clientes. Debía de ser por el vestido viejo que cargaba.
- Demasiado barato, debe ser corriente. Vámonos.
Habló Rukia antes de darse la vuelta e irse de ahí ofendida. Yuki solo la siguió y el guardia iba tras ellas como la sombra que era. Rukia al ver el vestido supo que era para ella, era hermoso y de un corte exquisito que solo hacía más hermoso el vestido. Valía cada moneda de oro que costaba pero no tenía ese dinero para gastar. Con lo que costaba ese vestido compraban los suministros para dos semanas y una vaca.
Dejaron el tema de la ropa y el dinero de lado y se dedicaron a pasear por el centro de la ciudad. Había gente por todos lados y pasaban coches tirados por caballos con dirección al castillo. Los invitados estaban llegando para la fiesta. También en la ciudad de estaban preparando para tener su fiesta de tres días o algo así y llegaban los carromatos cargando costales de grano y animales vivos y muertos para la gente. Todo eso lo repartía el reino.
- Unas cuantas gallinas no nos caerían mal.
Dijo Yuki mirando cómo la gente hacía fila para recibir lo que se repartía. Los escuchaba decir plegarias a las Deidades y al rey por ser tan generoso. Ge-ne-ro-so.
Cuando terminaron de pasear por la ciudad regresaron al castillo. El guardia se quedó en la puerta donde lo encontraron y ellas avanzaron por el camino de piedras blancas hasta la entrada principal del castillo pero no entraron por ahí. Rodearon el lugar y entraron por las cocinas. Tenían hambre por tanto caminar.
El lugar era un caos. Los cocineros iban y venían con las cosas para el almuerzo y la cena del banquete así que cuando uno de los cocineros pareció desocupado le pidieron algo para comer. Les dieron unas empanadas rellenas y jugo del día. Se sentaron en el lugar que tenían los cocineros para descansar y comieron ahí. Rukia sintió que comer ahí era mejor que comer en la habitación pero no podían pasarse todo el día estorbando en la cocina.
Cuando terminaron de comer subieron a la habitación y tomaron las cosas para bañarse. Los baños eran también un caos. La Dama de las Llaves estaba repartiendo órdenes y regaños a las doncellas que estaban solo con aquél camisón transparente de baño y sandalias.
- Las quiero listas, perfumadas y bien vestidas para esta noche. Tier ha estado costurando los vestidos para esta noche y espero que lo luzcan mientras sirven a los invitados. Si alguien tropieza o tira algo entonces se las verán conmigo. ¿Entendido?
Preguntó y todas las jóvenes que se estaban bañando respondieron al mismo tiempo. Loly tomó sus cosas y también se metió a bañar en un cubículo solo. Entraron también pero no saludaron a la Dama de las Llaves que parecía ocupada en su aseo sino que pasaron de largo y se sentaron en uno donde había una joven bañándose sola. Era la misma que las había estado sirviendo.
La saludaron pero la joven solo les dedicó una sonrisa y salió de ahí en cuanto terminó de bañarse. Todos tenían prisa ese día pero ellas no así que tardaron lo que quisieron hasta que sintieron que estaban bien limpias y perfumadas. Salieron de los baños y avanzaron con calma ajenas al ajetreo en el lugar. A ellas las habían invitado a la fuerza así que harían lo que quisieran y más Rukia que se veía obligada a ponerse el vestido menos feo ese día.
Al estar en la habitación lo primero que notó Rukia fue que sobre su cama estaban los tres vestidos que le habían mandado a arreglar. Cada uno más feo que el otro, colores muy chillones o muy oscuros o muy opacos. Soltó un suspiro y Yuki la ayudó a ponerse el corsé sobre el camisón y las medias. Lo único que no le gustaba de la moda de la corte era el corsé pero no se podía tener todo.
- Siento que no puedo respirar. Está perfecto, Yuki.
Jadeó aferrada al respaldo de una silla mientras la pequeña tiraba de los hilos para hacer el nudo. Al terminar se sentó en la silla tratando de recuperar el aliento que le robaba la prenda en lo que se acostumbraba a ella pero no duró mucho tiempo así ya que tocaron la puerta de su habitación.
- Para la señorita Kuchiki.
Se escuchó la voz del otro lado de la puerta y Yuki, que ya estaba vestida, abrió la puerta viendo a la misma doncella de los baños cargando una caja grande.
- Gracias
Dijo la niña recibiendo el paquete y cerrando la puerta. Lo dejó en la cama curiosa esperando por Rukia para que lo viera.
- ¿Qué es?
- No lo sé. Dijo que era para usted.
Rukia tomó el paquete y quitó la tapa para ver que dentro estaba el vestido que había visto en la mañana.
- Debe ser una broma. ¿Es en serio?
Preguntó pero Yuki estaba haciendo ruiditos de emoción al ver que era el mismo vestido de la tienda. Rukia tomó el vestido entre sus manos sintiendo la tela tan suave y perfecta. Era violeta como sus ojos. Estaba emocionada y contrariada por el vestido. ¿Cómo había llegado a ella? ¿Quién lo compró?
Lo miró con desconfianza y lo revisó por todos lados esperando encontrar algo mal en el vestido pero no lo había. Era simplemente perfecto.
- Hay una nota adentro y unos zapatos.
Señaló Yuki entregando la nota para Rukia que la leyó en silencio.
"Bienvenida a Avanta".
—•—
Ichigo estaba remojado en la enorme bañera que había en los baños privados del rey cuando entró Kaien cubierto solo con una toalla y sin la expresión jovial y alegre que siempre dejaba ver a las personas que lo rodeaban.
- Solo es el festival de primavera. No sé por qué te enojas.
Dijo al ver que tenía las cejas juntas en señal de enojo. Ichigo se levantó de la bañera y se cubrió con una toalla para darle paso a su hermano.
- Lo último que me gusta es tener la casa llena con gente aduladora. ¿Tres días? ¿Es en serio? Tres malditos días soportando las miradas aduladoras esperando algún favor de nuestro padre. Es más de lo que habitualmente puedo soportar.
- Tres días es lo que dura el festival y lo sabes.
Dijo Kaien ya remojado en la bañera empezando a bañarse. Ichigo solo lo miró mal antes de dirigirse a la puerta para salir de ahí. Sabía perfectamente que el festival duraba tres días pero siempre lo hacían en la plaza principal de la ciudad. No entendía la razón de invitar a nobles y lamebotas al castillo.
- No te quiero vestido como soldado, Ichigo. No me arruines la noche, eres mi hermano y príncipe de Avanta. Pórtate como tal.
- Si, su alteza.
Respondió de manera mordaz haciéndole una reverencia que hizo sonreír a Kaien. Si todos vieran al Kaien que él veía cuando estaban solos no lo adorarían tanto como lo hacen.
- Y tu hijo…
- Mi hijo viene conmigo. – Habló de manera tajante. – Ya tuvimos esta plática. Kaien ¿En serio temes por tu corona? Todo mundo sabe que eres el príncipe de la corona, el heredero de Avanta, el que va a dar pequeños príncipes y princesas que heredarán al reino cuando crezcan. Deja a mi hijo en paz. Es solo un niño. No creas que he olvidado lo que intentaste hacer.
- Bien.
Soltó Kaien malhumorado por el rumbo que había tomado la plática. Se dejó hundir en el agua dando por terminada la conversación. Ichigo se fue de ahí a vestirse. Era el príncipe y por siempre lo sería; también era el futuro comandante de las fuerzas del reino. Cada vez la idea de abdicar al trono le parecía mejor. Tomar a su hijo e irse de ahí trabajar en una granja.
Soltó una risa sombría cuando estuvo a solas en su cuarto viendo su ropa lista para ponérsela. Él sabía perfectamente que vivir como campesino era una locura. No sabía trabajar la tierra. Él era un militar. Sabía de armas y estrategias. Era joven pero ya había ido a la guerra y vuelto con más victorias de las que su hermano podría presumir. En el fondo sabía la verdadera razón para no abdicar al trono. Su hijo. Si se quitaba de la línea de sucesión el siguiente era su hijo y lo último que quería era volver a ponerlo en peligro.
Terminó de vestirse pensando en aquellas situaciones a las cuales no les encontraba solución más que seguir el camino que la vida designó desde su nacimiento. La celebración de primavera era una fiesta formal sin embargo se colgó una espada corta a la cintura con el suficiente filo para rebanar la garganta de alguien si se tropezaba con el filo.
- ¡Papá! – Gritó un niño pequeño que entró corriendo a su habitación.
Sonrió por eso y lo levantó en cuanto estuvo en sus brazos. Tenía el cabello negro, como las alas de un cuervo, y los ojos color miel, idénticos a los suyos. Eran tan parecidos que no había forma de decir que no era suyo. Su padre no lo había aceptado en cuanto él apareció con ese pequeño niño recién nacido. El rey alegó que no era suyo y que seguramente la mujer lo había engañado pero no tuvo más que aceptarlo cuando le dijo que su hijo no era natural ya que se había casado con ella en secreto.
El Rey lo había querido matar por eso pero la mujer estaba muerta y un representante de las Deidades corroboró lo que dijo su hijo. En la cripta familiar estaba la tumba de la princesa de Avanta en la que a veces se refugiaba para pensar si todo lo que hacía estaba bien.
- Veo que estás listo, pequeño príncipe.
- Si, papá. Orihime me dijo que tenía que portarme bien.
- Orihime es muy sabia. Debes hacerle caso en lo que te diga.
- ¡Si señor! – El pequeño niño hizo un saludo solemne pero era pequeño para hacerlo bien.
Ichigo le dio un beso en la frente y lo bajo para que caminara tomado de su mano. Era pequeño, estaba por cumplir seis años en verano, y sentía que pronto él correría solo por el mundo. Muy pequeño e inocente para la terrible vida en el castillo que le podía esperar al ser su hijo. De nuevo se preguntó si lo que hacía estaba bien.
- ¡Pequeño príncipe! – La voz de Orihime llegaba desde uno de los pasillos por donde aún no habían pasado y su hijo se escondió detrás de su padre.
- No dejes que me encuentre, papá. Quiere que me coma las verduras. – Dijo con esa pequeña voz de culpa por haber huido de la comida. Ichigo rió por eso y lo volvió a tomar en brazos.
- Su alteza. Disculpe. – Orihime apareció frente a ellos toda apenada por haber dejado que el pequeño se le escapara. Le hizo una reverencia y extendió las manos para que le entregara al niño.
- Joven príncipe, debe de comer sus verduras. – Dijo a su hijo que se abrazó a él con fuerza para que no lo entregara a su nana. – Prometo que te daré un pastelillo extra en la cena.
- Que sean dos. Ya puedo contar hasta cinco.
- Muy bien, serán dos pastelillos para la cena.
Concedió a su pequeño que sonrió al pensar que tendría dos pastelillos en la cena. Se lo entregó a Orihime para que se lo llevara a terminar de comer.
- No olvides vestirte para la cena. Cierto general quiere verte en la noche.
- ¡Su alteza! – Orihime se sonrojó pero asintió con la cabeza antes de irse con el niño para que comiera.
Ichigo siguió su camino y se fue a revisar a los soldados que iban a estar dentro del palacio y el jardín procurando la seguridad de los que estaban llegando al palacio. No entendía tanto circo ese año. Era demasiado y exagerado incluso para su padre que le encantaba la fiesta. Debía de haber una razón para tanto alboroto.
•NotitaDeLaAutora: ¿Les está gustando? Háganmelo saber. El próximo capitulo se publica el sábado/domingo.
- Aleja Boss: podría decirse que esa es la fuente de inspiración para la fiesta, el carnaval jeje
