El Ruiseñor
Capitulo 5: La Cena
El vestido delante de ella era simplemente hermoso. En ese momento que lo admiraba de cerca pensaba que no lo había visto con todos los detalles cuando estuvo colgado en la tienda de la costurera. La tela era suave, casi líquida entre sus dedos. Los zapatos eran hermosos también, le quedaban un poco grandes pero no lo suficiente como para no poder usarlos y el tocado de piedras azules parecía costoso y antiguo.
- Mi lady, debe ponérselo. Lo enviaron para usted. Alguien quiere verla bonita en la cena.
- ¿Tú crees? – Preguntó levantando la ceja y volteando a ver el vestido.
Era hermoso. No recordaba haber tenido un vestido como ese nunca en su vida y no aspiraba a tenerlo. Había cosas más importantes que vestirse de esa manera tan elegante. Un vestido así no lo podría usar en Bosque Oscuro porque se rompería en cuanto ella se pusiera a hacer los deberes.
- Definitivamente sí.
- Entonces no lo voy a usar.
Remató y dejó el vestido cuidadosamente doblado en la caja en la que vino junto con los zapatos y el tocado. Volvió a leer la nota como esperando que mágicamente apareciera algo más pero eso no ocurrió. No decía quién la enviaba. Yuki la miraba sin comprender por qué había dicho eso y Rukia adivinó la pregunta al verla.
- Eres muy joven para entender estas cosas. Ayúdame a ponerme el vestido más feo de los tres.
Dijo señalando un vestido café que parecía más la corteza de un árbol muerto que un vestido. La tela era dura y guardaba cada arruga que se la hacía al ponérselo. Se puso sus zapatos, los únicos que tenía y con los que había llegado y Yuki la ayudó a polvearse la cara un poco.
- Si, con esto será suficiente. Hermosa para compartir la mesa con el rey. – Dijo mirándose en el espejo de cuerpo entero que había en la habitación contemplando la obra.
Era todo producto del rey de Avanta. Desde la miseria y el sufrimiento hasta el incómodo vestido que tenía puesto. Podía simplemente ponerse el vestido que le habían llevado y bajar al jardín de la cena pero eso era aceptar que el rey tenía control sobre ella aparentando que todo estaba bien. No sabía con certeza quién había mandado el vestido pero sin duda la mano de ese hombre estaba detrás de eso. Toda la corte eran apariencias y ponerse ese vestido significaba entrar en el juego de la corte.
No. Ella era Rukia Kuchiki, la señora de Bosque Oscuro y no iba a permitir que una cena y un vestido le borraran los años de sufrimiento. El rey debía de pagar.
Y tras pensar aquello llegó a la conclusión que se le había esfumado durante toda su vida y que ni siquiera había considerado. La venganza. Si, el rey debía de pagar por hacerla tan miserable. Solo debía de encontrar la forma y que el valor y la resolución siguieran ahí por la mañana.
Bajaron cuando Yuki terminó de peinarse. El vestido que tenía era más sencillo que el de Rukia pero tampoco era el más bonito del mundo. En el jardín ya había gente y varios soldados armados por algunas zonas para proteger al rey. Todo siempre para el rey.
- Lady Kuchiki, sígame. – La Dama de las Llaves la interceptó mientras avanzaba por el jardín mirando la decoración. Su amigo no estaba y no lo podía encontrar por más que los buscaba con la mirada. – Veo que le ha gustado el vestido que le hemos proporcionado.
Señaló su vestido y Rukia pudo ver esa sonrisa de superioridad querer aflorar de sus labios pero siendo retenida a base de voluntad.
- El rey es muy generoso. Quería estar a la altura de la situación y pensé que este era el más bonito de los tres, aunque claro, todos son hermosos. – Remató con una sonrisa cordial controlando el impulso de querer irse de ahí. Sabía lo ridícula que se veía con ese vestido.
- Maravilloso. Este es su asiento, el rey vendrá cuando ya todos estén sentados en su lugar para dar comienzo a la cena. – Señaló una silla bastante centrada, dos asientos alejados del rey pero lo suficientemente visible como para que todo mundo la viera con el vestido feo.
- ¿Y mi guardia? – Preguntó tratando de encontrar algo para no pensar en el vestido.
- Está con los guardias. – Respondió de manera simple y se fue de ahí tan rápido que no le dio tiempo de preguntar más.
Se sentó en la silla y Yuki se sentó en un lugar vacío en una mesa cerca de la mesa principal donde estaba Rukia. Habían adornado el patio de una manera que había pequeños faroles por todos lados para mantener iluminado el lugar. El bosque del rey estaba a sus espaldas y el castillo se veía de frente dejándolo ver tan iluminado como se pudiera. La gente seguía llegando hasta que los guardias tomaron posición y anunciaron la llegada de los reyes.
La reina se veía encantadora con su cabello castaño cayendo sobre su espalda y luciendo su corona que relucía por el montón de piedras preciosas que la decoraban. Decían que cada uno de los diamantes era una victoria que había logrado el rey y los rubíes eran por cada hombre que había levantado su espada contra el rey y muerto en el intento. Que mejor manera de presumir sus victorias que coronando con ellas a su mujer. No pudo evitar pensar si dos de los rubíes que brillaban en la cabeza de la reina eran por su padre y su hermano.
Se levantó junto con todos los demás para mostrar el respeto que se le debía a la corona y luego se sentó cuando el rey hizo la seña respectiva. Aun no servían la comida pero había doncellas yendo y viniendo con jarras de vino, de agua y bocadillos que todo mundo degustaba.
Ichigo vio como Kaien se ponía esa insignia del águila coronada en el pecho que lo destacaba como el príncipe de la corona y puso los ojos en blanco ante el fastidio de tener que ayudarle a su hermano a ajustarse la espada.
- Sal a conquistar el mundo, hermano mayor. – Le dijo con una mueca burlona que Kaien decidió ignorar porque podía y quería.
- Tú también, hermano menor. Luce tu anillo con honor. – Dijo pero no volteó a ver a su hermano sino que respiró profundo y luego puso esa expresión de serenidad y encanto que ocultaba que era un tirano en potencia antes de salir y ser anunciado para que le llovieran los honores que tanto le gustaban.
Ichigo sabía que su pequeño hijo estaba con Orihime y que ella lo cuidaría bien así que se ajustó el traje y salió también para que lo anunciaran antes de tomar su lugar en la mesa.
Kaien vio como lo adulaban y solo sonrió de esa manera encantadora que solo él podía dar. Como si fuera el hombre más bueno del mundo. Sus ojos iban de un lado a otro mirando a los invitados hasta que se detuvieron en la mujer que estaba sentada en la mesa principal.
Guardó la respiración y el mundo se hizo humo por un segundo, nadie se dio cuenta de aquél momento en que se había perdido mirando a la pelinegra que también lo estaba mirando. Rukia estaba ahí. ¿Cuándo había llegado? ¿Cómo era que no le habían dicho nada? Tomó su lugar con una sonrisa en el rostro pensando en que su mujer había vuelto a donde debía de estar.
Se había ido y ya había regresado. Rukia tendría que hacer méritos si quería volver a estar entre sus brazos. Nadie dejaba al príncipe de Avanta y se quedaba sin castigo y el que ella estuviera ahí le parecía condenadamente perfecto.
Rukia estaba pálida. La sangre se le cayó a los pies al ver a Kaien. ¿Por qué había olvidado que él también estaría ahí? Sintió la furia correr por todo su cuerpo al verlo y ver esa sonrisa tan cínica en su rostro. Quería desaparecer de ahí. ¿Y si Kaien le había mandado el vestido? De nuevo se alegró de no habérselo puesto.
Quería desaparecer de ahí. Estaba considerando huir de ahí sin importar que el rey le cortara el cuello por desobedecerlo. Las Deidades debían de estar burlándose de ella en ese momento. No tenía explicación para lo que pasaba más que eso.
Anunciaron a Ichigo para que tomara su lugar en la mesa. Las mujeres que habían suspirado por su hermano hicieron la misma ridiculez por él. Estaba serio, con rostro de asesino a sueldo mientras tomaba asiento en la mesa de sus padres.
Había visto a Rukia y lo que notó fue que estaba vestida con aquel horrible vestido café que no le iba bien. Entrecerró los ojos por eso pero ella no lo veía sino que parecía más concentrada en su hermano.
Se habría molestado pero no lo hizo. Los ojos de Rukia estaban gritando por salir de ahí. Obviamente recordaba todo lo que había pasado con su hermano y lo último que se podría querer era estar en la misma mesa que él. Rukia era una de las pocas personas que en verdad veían a través de la máscara de su hermano.
- Bien. – Habló el rey mirando a todos sus invitados – Podemos dar inicio a la cena de la última noche de invierno.
Fueron los primeros en ser servidos cuando el rey ordenó que iniciara la cena. Rukia no podia ver a las doncellas que servían ataviadas con la ropa que habia pometido la Dama de las Llaves en el baño. No vió los platos que sirvieron frente a ellos en porciones generosas. El vestido feo que tenía puesto había pasado a la historia. Incluso el hambre había pasado a la historia.
Toda su atención estaba en el hombre que estaba sentado a la derecha del rey.
Kaien estaba ahí. ¡Ahí! Solo los separaba la Dama de las Llaves que había llegado a sentarse entre ellos justo antes de que él llegara. Conocía a Kaien y todo su cuerpo pedía irse de ahí. Había visto los ojos del hombre en ella y la forma en la que sonrió por un segundo antes de dedicarse a saludar gente en una actitud que dejaba ver que era noble y generoso. Tal como debía de ser el futuro rey de Avanta.
No le quedó duda que había practicado eso durante mucho tiempo. Ella sabía como era Kaien en verdad y él no era noble ni generoso.
Se reprendía por haberlo olvidado. En su cabeza solo iba a ver al rey y nada más; no se incluía una cena, ni una fiesta, solo ver al rey. Era por eso que su mente no había pensado en que se encontraría a Kaien. Era lo último que quería. Verlo a él.
Escuchaba como hablaba con su padre pero le sonaba más distante que lo que en verdad estaba. La comida estaba frente a ella, había visto que la prepararan mientras estuvo en la cocina, le había parecido deliciosa, pero el hambre la había abandonado.
Maldijo a Kaien por trastornar su vida de esa manera a pesar de que hubiesen pasado tantos años.
Buscó con la mirada entre los invitados, que comían y bebían con la música de fondo que no recordaba haber escuchado antes, y encontró a Yuki junto a Renji en una mesa un poco alejada de ella. Los veía comiendo y riendo como si nada hubiese pasado, como si no la hubiesen visto cuando el hombre entró. Ellos no sabían lo que había pasado con él, no tenían que saber que el hombre la ponía mal.
Se obligó a comer entre la risa de Kaien y los nervios que se le disparaban cada vez que el hombre hablaba. Estuvo a punto de tirar su copa con aquel vino dorado que creaban en los viñedos del reino pero la ágil mano de la Dama de las Llaves lo impidió sujetando la copa antes de que el líquido se derramara.
– Cuidado. – La mujer sonrió evitando el accidente. – Recuerde que estamos en la mesa del rey.
Era una advertencia. ¿La creía tan estúpida? Sonrió amargamente cuando la mujer había vuelto a sus asuntos. Si, debía ser estúpida por haber estado ahí en contra de su voluntad y no tener la fuerza para negarse al rey. Perder la cabeza sonaba tan tentador en ese momento pero había una razón para conservarla sobre sus hombros.
La música se hizo presente de nuevo cuándo el rey dijo que haría el primer baile de la noche con la reina. Había perdido el mundo por culpa de Kaien. No podía dejar que el hombre la trastornara así. Habían pasado demasiados años y aun la seguía trastornando.
Vio el primer baile de los reyes y a los demás invitados unirse entre risas y sonrisas. Sus amigos estaban ajenos a todo, disfrutando la fiesta y no tuvo el corazón para sacarlos de ahí y arrastrarlos a su infierno personal. Se levantó dispuesta a regresar a su habitación pero la mano de un hombre invitándola al baile la detuvo. Rogó a las Deidades que no fuera Kaien pero las Deidades estaban haciendo oídos sordos a sus peticiones.
– Vamos querida, concédeme un baile esta noche. – Pidió el hombre frente a ella con una sonrisa en los labios que seguramente todas las mujeres en esa fiesta desearían que se las diera. El hombre no había bajado la mano y estaba esperando la suya. El corazón le latía con fuerza. Le había dicho "querida" como si no hubiesen pasado años. Le decía "querida" como si ella fuera suya.
– Su alteza sabrá disculparme, me siento indispuesta esta noche. – Habló tan tranquila como pudo aunque el cuerpo le estaba temblando del enojo y del miedo. Pudo ver como juntaba las cejas en señal de enojo por su respuesta. Era obvio que no esperaba una negativa. ¿Quién en su sano juicio se negaba al príncipe de Avanta?
La Rukia de antes, la que había llegado ilusionada a Avanta no habría dudado en tomar la mano del príncipe pero esa Rukia había muerto. El hombre frente a ella lo único que le causaba era querer huir de ahí. Él la intimidaba. Le daba miedo.
– Insisto.
Habló con esa sonrisa tan peligrosa en los labios y la tomó de la mano con fuerza arrastrándola a la pista de madera que habían puesto para que bailaran los invitados. Ni siquiera pudo soltarse del agarre de su mano que era tan fuerte y posesivo que la lastimaba. Todo mundo estaba con los ojos en ella. Claro que en ella y no precisamente por el vestido feo que cargaba. Estaba bailando con el príncipe de la corona, el futuro rey de Avanta. El hombre al que no se le debía decir "no".
– Con esa forma, no hay como negarse. – Soltó con amargura antes de que él la hiciera girar entre sus brazos. Todo mundo los veía así que aprovechó para pisarle los pies cuando volvió a acomodarse. – Su alteza sabrá disculpar, hace años que no bailo.
Dijo con ese tono de maldad al saberse que el hombre, que la había obligado a bailar, no podía poner mala cara ante ella en ese momento.
– Es una de las muchas cosas por las que debes de empezar a pedir perdón. – Soltó con esa sonrisa que le hizo tener un escalofrió en la espalda.
– ¿En verdad? – Preguntó levantando una ceja cuando el escalofrío pasó y le piso de nuevo el pie esa vez con más saña. – Tiene razón. Me disculpo por eso también.
La música se detuvo en ese momento y Rukia aprovechó para irse de ahí. Dejó a Kaien como quien deja al hijo del vecino: Solo y en medio de la pista de baile.
Con suerte dejarían que se fuera al día siguiente solo por haber hecho eso. Esperaba que Kaien se enojara lo suficiente para ser él mismo el que pidiera que ella se marchara de ahí por atreverse a dejarlo solo. No vió como la Dama de las Llaves tomaba su lugar de una manera tan magistral que su presencia o ausencia no habría sido notada por alguien mas que Kaien y Loly.
Ichigo estaba sentado en la mesa junto con su hijo que festejaba tener los dos panquecitos que le habían prometido en la tarde. Orihime no estaba, se había ido a bailar con el general que la estaba esperando después de asegurarse que el pequeño príncipe habia comido. A Ichigo no le gustaba que la fiesta fuera en el palacio pero debía de admitir que la noche había sido divertida, sobre todo el que Rukia hubiese dejado a Kaien solo en la pista.
– Es hora de dormir, pequeño príncipe. – Le dijo a su hijo que se había acomodado sobre sus piernas y bostezaba de una manera que solo un niño podría hacer.
– Si papi. – Musitó pero no se bajó de donde estaba acomodado sino que se acomodó mejor entre los brazos de su padre.
– Nosotros nos quedaremos un rato más, acuesta a tu pequeño. – Habló su madre con una sonrisa. Ichigo asintió y se levantó con su hijo en calidad de costalito para retirarse de la mesa.
Su madre había sido más tolerante cuando llegó con el niño en sus brazos. Debía de ser algo que tienen las madres que saben, por instinto, que la cría frente a ellas es de su sangre. Ella lo llenaba de regalos y mimos. Era su primer nieto. No era de la forma en que ella había deseado pero lo amaba.
Ichigo caminó por el sendero de piedras hasta entrar al castillo con su hijo en brazos que fingía dormir.
– Sé que estás despierto. – Le dijo a su hijo que seguía en calidad de costalito sobre sus hombros. Había comido mucha azúcar como para dormirse temprano.
– ¡Sorpresa! – Dijo riendo un poco bajándose de los brazos de su padre para caminar junto con él.
– Por un momento pensé que estabas dormido. Me siento engañado. – Dijo Ichigo con una sonrisa sin llegar al tono de regaño. El pequeño se encogió de hombros caminando tomado de la mano de su padre.
– Me aburrí. No hay niños ahí y Orihime se fue con su novio. – Dijo el niño de una manera tan natural que lo hizo levantar una ceja en señal de asombro.
– Eres muy joven para saber de esas cosas. Orihime solo es muy amiga del general.
– No. – Rebatió inflando sus mejillas – Orihime me ha contado historias muy raras. No hay sangre, ni espadas ni guerras. Solo cosas de niñas. Ya le dije que no quiero eso, yo quiero que me cuente historias de guerra, como cuando te vas con el abuelo y vuelves.
Comentó con una sonrisa y aire emocionado. Ichigo solo sonrió por eso pero negó un poco.
– Aun es muy pronto para esas historias.
– No.
– Si, pero pronto irás conmigo a la guerra y vivirás esas historias. – Prometió de manera solemne mientras avanzaban por los pasillos. Su hijo se emocionó por eso dando pequeños saltos por un momento antes de detenerse haciendo detenerse a su padre.
– Papi… ¿Podemos ir a ver a mi mami? – Preguntó quedito mientras estaban parados en medio del pasillo.
– Si, hijo mío. Iremos en la mañana. A tu madre le encantaba el festival. – Prometió con un tono quedito y resignado. El niño sonrió y siguió caminando tomado de su mano por los pasillos del castillo.
Rukia estaba escondida en las sombras de un pasillo. Se había metido al castillo con la intención de ir a su habitación pero se había quedado vagando por el lugar que le parecía silencioso y ajeno a la fiesta. Al escuchar las voces se escondió. No había visto a Ichigo pero reconoció su voz. Era más gruesa que en su memoria pero era suya. No recordaba haberlo visto en la cena pero si le preguntaban si había visto algo difícilmente respondería. Kaien había borrado todo lo que hubiese ahí y no fuera él. Lo odiaba.
Cuando el niño gritó pensó que la había visto pero no. Escucho toda la plática en silencio, en ese escondite oscuro que el castillo le había dado. Ichigo había tenido un hijo. Se había casado, había avanzado en su vida incluso antes que Kaien cuando eso estaba prohibido. ¿Por qué? Pudo haber muerto por eso pero seguía vivo.
¿Quién era su esposa y por qué no estaba en la cena? Era una duda que empezaba a corroerle la mente cuando salió de su escondite para ir a su habitación. No había visto a Ichigo de nuevo desde aquella noche que le salvó la vida y la sacó del castillo corriendo hacia el bosque. No recordaba nada después de eso hasta que abrió los ojos en Bosque Oscuro pero Ichigo no le causaba lo que Kaien al verlo.
Había un tiempo en su vida que no recordaba y había iniciado una noche en Avanta.
Por eso no quería estar ahí. La mágica Avanta le había quitado más que a su padre solo que ella no lo recordaba.
•NotitaDeLaAutora: Próximo capitulo viernes/sábado. ¿Les está gustando? Háganmelo saber.
•Aleja Boss: Ese cachorro te podría sorprender o tal vez solo sea de utileria jeje.
