El Ruiseñor
Capitulo 6: Sacrificio
La pesadilla la despertó en la mañana, como todos los días desde que supo que tenía que ir a Avanta, pero esta vez no la olvidó. No del todo. Haber visto a Kaien la había perturbado y no sabía si alegrarse de recordar la pesadilla o no. Se recordaba ella, gritado, pidiendo por algo. No recordaba haber vivido algo así en Avanta pero era una pesadilla, quizás era una mezcla de eventos lo que su mente gritaba.
Se movio un poco sobre la cama y vio que el vestido feo que había usado en la cena, y que había dejado tirado en el piso de la habitación cuando se lo quitó antes de dormir, no estaba. Tampoco había rastro alguno de Yuki en la habitación. Se alarmó ante eso y se levantó de la cama con tanta rapidez que se sintió mareada y tuvo que sostenerse del borde de la cama para no terminar en el piso. El corazón le estaba palpitando tan fuerte dentro del pecho que le dolía. No había rastro de la niña en la habitación, sus ojos barrieron la habitación tratando de aferrarse a que quizás había visto mal pero las cosas de la niño no estaban.
– ¡Yuki!
Gritó empezando a recorrer todos los lugares posibles en la habitación buscando algún indicio de la niña pero simplemente no había nada. Era como si no hubiese ido con ella. Salió de la habitación empezando a buscar a la niña por el pasillo y las habitaciones que se pudieran abrir hasta que encontró a una de las sirvientas del castillo que llevaba un cesto con ropa de cama para una de las habitaciones.
– ¿Has visto a la pequeña niña que venía conmigo? Es bajita, cabello blanco. – Empezó a describir a Yuki pero la sirvienta la interrumpió.
– Su alteza… – La sirvienta la miró confusa así como lo estaba ella por la forma en que se refirió a ella. ¿Alteza? Después de un momento la expresión de la sirvienta se aclaró como si hubiese llegado a una respuesta. – Su pequeña protegida se fue ayer, quizás no se acostumbra, su alteza, a que la niña esté casada.
– ¿Casada? – Preguntó completamente confundida.
Su pequeña Yuki no podía estar casada. ¿Cuándo había pasado eso? La sirvienta empezó a hablar pero ella ya no escuchó nada. Todo se volvió confuso y negro, como un remolino, antes de que la suave voz de Yuki se escuchara de fondo al tiempo en que algo la movía. Abrió los ojos con pesadez y lo primero que vio fue la cara de Yuki con una expresión preocupada.
– ¡Yuki! – Gritó y la abrazó con fuerza. – Estas aquí.
– ¿A dónde más iría? – Preguntó la niña confusa pero sin soltar el abrazo. Rukia deshizo el agarre mirando de nuevo a la niña como si comprobara que ella era real. Buscó con la mirada en el cuarto y vio que todo estaba como lo habían dejado la noche anterior. Incluso el vestido feo seguía en el piso.
– A ningún lugar. – Dijo ya más tranquila pero con aquella sensación de miedo que le había dejado el sueño.
Había sido un despertar dentro de un sueño. Tan confuso y extraño que solo le podía echar la culpa a toda la presión que sentía por estar en el mismo lugar que Kaien. Se alegró en en ese momento porque nada había sido real sin embargo el corazón le latía como si fuera a pasar algo malo.
Ichigo terminó de hacer los deberes del día. Se estaba preparando para ser el comandante de las fuerzas del reino, solo faltaba hacer el nombramiento oficial pero eso no le quitaba el sueño. Se había probado en batalla y su padre le había dado la oportunidad de dirigir un ataque que resultó tan exitoso que desde esa vez su consejo era valorado por todos los generales y el Comandante en Jefe.
Se encargó de que la seguridad para ese segundo día de fiesta estuviera en orden y fue por su pequeño que estaba terminando de tomar clases con su maestro privado. Aun era muy pequeño para ir a la escuela con los demás niños pero aprendía rápido y eso lo hacía feliz.
– Es muy inteligente. – Dijo Orihime con una voz suave al llegar a su lado. Había ido por el niño como lo hacía todos los días al terminar su clase para llevarlo a comer.
– Se parece a su padre. – Susurró Ichigo de forma quedita antes de voltear a verla y ver una sonrisa en sus labios.
– Tiene un gran padre. – Concedió la muchacha antes de que el niño saliera corriendo para abrazarlo.
– ¿Es hora? – Preguntó el niño con una sonrisa y la ilusión palpable en los ojos.
– Solo si terminaste los deberes.
– Lo hice.
– Entonces sí.
Salió del castillo con su pequeño tomado de la mano. Orihime se había quedado adentro arreglando las cosas para el almuerzo del pequeño. Lo había hecho también porque sabía que solo Ichigo y su hijo entrarían a esa cripta. El lugar era una capilla pequeña cerca del risco. El símbolo triple de las deidades estaba tallado en la piedra que coronaba la entrada y las tres estatuas de las Deidades estaban dentro con varias velas y flores adornando el lugar. Ichigo solo entraba en ese lugar cuando iba con su hijo a ver la tumba de su madre, si no fuera por su hijo entonces él no entraría en ese lugar. No había llevado velas ni flores, por un momento se sintió torpe. Estaban por regresar de nuevo al castillo, bajo las protestas del pequeño príncipe, cuando vieron a Orihime entrar a la capilla corriendo con un enorme cirio entre las manos Ichigo le agradeció por eso y la muchacha se fue de ahí bajo la excusa de seguir haciendo sus asuntos. Ichigo tenía la sensación de que el General era el culpable.
– ¿La quieres encender?
Le preguntó a su hijo tendiéndole el cirio a sus manitas. El niño asintió y dejó el cirio junto a las velas que alumbraban los pies de las Deidades y con cuidado tomó una de las velas encendidas para encender la que Orihime les había dado. La llama se movió al inicio pero luego tomo cuerpo alumbrando con potencia. Ichigo abrió la entrada a la cripta de la familia y luego tomó la mano de su hijo para empezar a bajar sosteniendo el cirio con la otra mano.
A pesar de que había pequeños vitrales en la parte que daba al risco, entraba muy poca luz, la oscuridad era profunda. La tumba de la esposa de Ichigo estaba al final de la cripta, en un lugar pequeño. Eso era culpa de su padre que no aceptó que su hijo se haya casado con una plebeya. De no ser por Ichigo ni siquiera estaría esa tumba en la cripta.
— Es aquí. — Susurró y su pequeño se acercó viendo el nombre en la piedra gracias a la luz de vela. La flama se movía dejando sombras en las paredes que se movían pero había podido encontrar el lugar. Recordó el día en que pusieron la placa de piedra con el nombre grabado en ella. Solo él y un representante de las Deidades habían estado ese día.
— A... Ja... Han... — Empezó el niño a tratar de leer el nombre de su madre pero se le complicaban las letras por las sombras que se creaban por la flama bailarina.
— Ha-na — Explicó con suavidad señalando las letras mientras pronunciaba el nombre para que su hijo pudiera comprender las letras y sonidos.
— Ha...na... K... — El niño trataba de leer el nombre de su madre e Ichigo tuvo toda la paciencia para que el pequeño pudiera hacerlo. Señalaba las letras y le enseñaba el sonido que hacían cada una. El niño celebraba cada vez que tenía la aprobación de su padre al leer ese placa de piedra.
Estuvieron ahí tanto tiempo como su hijo quiso. El niño le estuvo contando a su madre lo que había aprendido en ese tiempo, todo lo que había crecido y lo que quería hacer cuando fuera grande. Su sueño era ser militar como su padre y le contó la promesa de su padre de acompañarlo a la guerra cuando fuera grande. Quería ser el siguiente Comandante del reino.
Eran muchos sueños en un pequeño cuerpecito e Ichigo se preguntaba cuando era que sus sueños se habían ido de su mente y de sus planes. ¿Qué soñaba él? ¿Con qué? Mientras el niño hablaba con su madre Ichigo se empezó a cuestionar su futuro y estuvo consiente que solo una cosa era segura: Una completa vida de servicio al reino de su hermano.
Para cuando salieron de la cripta ya era tarde. Su hijo tenía hambre porque no había almorzado y fue una suerte que Orihime estuviera esperándolos sentada en una de las bancas de la capilla. No sabía cuánto tiempo había pasado ahí pero se alegraba que ella estuviera siempre al pendiente de su hijo. Orihime era lo más parecido a una madre que tendría su hijo. A veces se preguntaba si lo que hacia estaba bien pero se repetía que era la forma de que todo siguiera tan bien como se pudiera. La forma de mantener a su pequeño a salvo.
— Que coma y lo acuestas. Esta noche no puede bajar.
Ordenó y Orihime asintió llevándose al niño que protestaba porque quería ver lo que iba a pasar en la noche. El niño era muy pequeño para presenciar eso. No quería que tuviera pesadillas como él las había tenido cuando era pequeño.
Rukia había visto a Ichigo salir de la capilla de las Deidades junto con el pequeño niño y una joven de cabello naranja que no conocía. Durante un momento se preguntó si ella era la madre del niño pero el niño tenía el cabello negro y descartó la idea. Quería acercarse a él pero no sabia cómo hacerlo. ¿Qué le diría? ¿Me alegro de que tengas un hijo y sigas vivo? Seguramente le causaría risa. Al menos en su mente eso pasaba. Realmente se preguntaba cómo seguía vivo. Se suponía que él no podía casarse hasta que su hermano lo hiciera y, hasta donde sabía, Kaien estaba soltero; tener un hijo antes que su hermano era una afrenta que durante muchos reinados se pagaba con la vida.
Ichigo le había salvado la vida aquella noche. La había alejado de aquél Kaien furibundo. La había llevado a un bosque y de ahí... de ahí no sabía como había llegado a su casa. Ichigo seguramente sabría lo que había pasado y por qué no recordaba nada. La voz de Yuki le hizo dar un pequeño salto alejando la mirada de la capilla en el risco, le estaba recordando que debían de ir a bañarse para esa noche. Debía de admitir que el baño le gustaba pero ese día no dejaba de pensar en lo que había soñado y no dejaba de ver a Yuki de manera furtiva. Aquella sensación de que algo malo podría ocurrir no la abandonaba. A cada segundo se hacía más fuerte el impulso de querer irse de ahí pero la mágica Avanta había hechizado a sus dos amigos y eso solo la hacía ponerse más ansiosa.
Cuando entraron al baño no estaban las doncellas como el día anterior, tampoco estaba la Dama de las Llaves bañándose. Por un momento pensó que era tan tarde que eran las ultimas en bañarse pero se sorprendió cuando escuchó a las doncellas reír y comentar la noche anterior. Había una voz melodiosa que ella recordaba y supo de inmediato por qué el baño estaba casi solo. La reina estaba bañándose.
Rukia no recordaba cuando fue la ultima vez que ella había estado así como lo estaban aquellas doncellas que reían ante los comentarios graciosos de la reina. Había pasado mucho tiempo de eso y por un segundo deseó que la mágica Avanta no la hubiese seducido como lo estaban aquellas doncellas. Al menos una de ellas debía de ser de familia noble como lo había sido ella. Que corto era el amor de la reina. Se bañaron tan rápido como pudieron y, tratando de no llamar la atención de la reina que estaba con sus doncellas en un cubículo privado, se vistieron y salieron de ahí.
De entre los vestidos feos que le habían dado para la fiesta de tres días había uno verde muerto y uno rosado demasiado brillante. Ese día era el sacrificio a las Deidades y el tono de ropa que se debía usar era oscuro. Mientras más negro era mejor. Yuki había tomado el vestido verde para que Rukia se lo pusiera.
— El verde no. El rosa. Es perfecto. — Dijo mirando el vestido rosa frente a ella.
Yuki ahogó un pequeño grito escandalizado por la elección de Rukia y empezó a dudar sobre si hacerle caso o no. Era el día de las Deidades y no respetar el color de ellas traía mala suerte. Rukia lo vio en sus ojos pero no lo repitió y Yuki tomó el vestido rosa a regañadientes para ayudar a ponérselo. La niña se resistía y se alegró de que tocaran la puerta antes de que, en palabras de la creencia popular, Rukia tentara a la suerte y la furia de las Deidades. Sin disimular la alegría se dirigió a abrir la puerta. Ahí estaba la misma sirvienta del día anterior con una enorme caja que le entregó sin decir nada y se fue.
— ¿Qué es, Yuki? — Preguntó Rukia antes de ver como Yuki ponía la caja en la cama y la abría con rapidez dejando ver un vestido negro igualmente hermoso que el del día anterior. Yuki sonrió. Rukia solo pudo decir una palabra — Oh.
— "Es el día de las Deidades y por tu propio bien, espero que te pongas este vestido." — La voz de Yuki la hizo sorprenderse un poco hasta que se dio cuenta que ella estaba leyendo una nota que venía en el vestido. — Yo creo... Creo que sí debería de usarlo. No tiente a las Deidades.
No supo que fue lo que le hizo cambiar de opinión. No supo si fue el vestido que se amoldaba a su cuerpo de una manera exquisita, si fueron las palabras suplicantes de la niña o aquel resquicio de miedo a las Deidades que había muy en el fondo de ella.
Bajo esa vez con el vestido negro puesto. Llegó a la capilla en el risco y supo que esa noche era la mejor vestida de entre todos los invitados. Todo mundo la volteo a ver pero la reacción que buscaba era la de la Dama de las Llaves. Al verla sonrió y movió un poco la cabeza. La expresión de asombro, seguida de un enojo que prometía cosas terribles, la hizo sonreír aún más. La Dama de las Llaves solo se volteó y la ignoró.
El sacerdote de las Deidades llegó después de que los reyes llegaran. Todos los invitados, incluidos los reyes, estaban vistiendo de negro, solo el sacerdote estaba vestido de blanco con una larga túnica que parecía brillar por las antorchas que se habían encendido. El sacrificio a las Deidades se hacía después de la puesta de sol y dio inicio cuando unos hombres, vestidos como acólitos, llegaron arrastrando tres corderos, uno por cada una de las Deidades.
Rezaron y cantaron por cada una y luego el sacerdote tomó un cuchillo para rebanarle el cuello a los corderos uno por uno. La sangre fue recogida en los cuencos benditos y fue entregada a las Deidades una por una mientras el representante de las Deidades rezaba y los acólitos quemaban hierbas sagradas. El sacerdote tomó un manojo de esas mismas hierbas y lo remojó en la sangre de los cuencos antes de bendecirlos a todos con ella. Rukia cerró los ojos cuando fue su turno pero recitó las plegarias como todos al sentir la sangre fría mojar su cabeza y su rostro.
Cuando salieron de la capilla los corderos ya estaban siendo asados por los cocineros del rey. Se sentó en la mesa junto con Yuki y buscó con la mirada a Renji mientras se limpiaba la sangre con un pañuelo. No lo vio a su amigo hasta más tarde que escuchó su risa y lo descubrió hablando con los demás guardias. Parecía que se había adaptado bastante bien y eso solo reafirmó la idea de que Avanta lo había hechizado.
— Me alegra que si te hayas puesto el vestido hoy. — La voz de Ichigo sonó a su lado y al voltear lo vio sentado junto a ella. ¿En qué momento había llegado? — Siendo sincero, pensé que te pondrías un vestido más feo que ayer y enfadarías a las Deidades.
— ¿Tú los enviaste? — Preguntó sorprendida. Ella pensaba que había sido Kaien queriendo jugar con ella. Luego se rió de manera amarga al terminar aquél pensamiento. Kaien nunca haría algo así, no a ella después de tanto tiempo.
— Si, ¿Quién más? — Se pudo sentir el enojo en su voz. Casi pudo sentir también como el nombre de Kaien sonaba de fondo en una pregunta que no hizo.
— No lo sé. No tenía nombre la nota.
— Buen punto. — Se quedó callado un momento. — Pensé que no volverías.
— Era la idea pero tu padre es muy... convincente.
— ¿Te invitó a la celebración?
— No. Si. Básicamente me obligó a estar aquí.
— ¿Por eso los vestidos feos?
— No tenía ropa, ni dinero, así que usamos lo que hay. ¿Cómo supiste lo del vestido?
— Yo era el guardia que las acompañó.
Rukia lo miró con molestia por eso y le dio un golpe en el hombro. Ichigo se quejó sujetándose el brazo..
— ¡Pudiste haberme dicho que eras tú!
— ¿Habrías usado el vestido? — Preguntó y supo que la respuesta iba a ser "No" porque la conocía.
Sabía cómo era. Necia como solo ella. Hubo un silencio por un momento hasta que sirvieron la carne del cordero asado. Rukia lo miraba y pensó en si comerla o no.
— Come. Enfadarás a las Deidades.
— No. — Dijo e Ichigo la volteó a ver con una ceja levantada. — Ichigo... ¿Qué pasó cuando me llevaste al bosque?
— Nada. — Habló sin voltear a verla. Rukia supo que mentía.
— Mientes. ¿Qué pasó? ¿Por qué no lo recuerdo? — Ichigo se tenso con esas palabras.
— ¿En verdad quieres saber que paso? — Preguntó con una ceja levantada antes e soltar algo que Rukia no vio venir. — Cásate conmigo y te cuento.
NotitaDeLaAutora:
Feliz Navidad a todos. Lo subí antes de lo planeado porque había olvidado que era navidad. Es mi regalo para ustedes. El siguiente capítulo lo publicaré el próximo año (? como regalo de año nuevo.
