El Ruiseñor


Capitulo 9: Compromiso


— ¿Por qué papá no fue con el rey? — Preguntó el pequeño príncipe a Orihime que estaba terminando de arreglarle la ropa para que asistiera a clases.

— Porque debe cuidar el reino cuando no está el rey. — Respondió la muchacha terminando de cerrar el último botón de su pequeña camisa.

— Pero el que se quedaba era mi tío.

— ¿No te gusta que tu papá esté contigo, pequeño príncipe? — Le preguntó Orihime con esa sonrisa dulce tan propia de ella.

El pequeño asintió a esa pregunta con una sonrisa antes de ir por sus cosas, tomó la mano de Orihime y se fueron directamente a la sala donde el maestro le enseñaba al pequeño niño; se sorprendieron al ver que quien estaba ahí era Ichigo.

— Llegan tarde. — Habló con las cejas juntas en una expresión de enojo por haber tenido que esperar. Su pequeño hijo se espantó y segundos después relajó su expresión a una sonrisa. — Hoy no tendrás clases, irás conmigo a cazar. Ya estás en edad de saber cómo es la cacería.

El niño corrió emocionado a los brazos de su padre que lo abrazó y lo cargó en sus brazos, era pequeño e Ichigo pensaba que no pesaba en absoluto. Lo primero que le vino a la mente después de aquél otro pensamiento era que su madre era la culpable. Esperaba que su hijo fuera igual de alto que él.

— Orihime, ¿Puedes cambiar de ropa a mi hijo por una más cómoda? — Preguntó avanzando con el niño en brazos hasta el cuarto del pequeño príncipe con Orihime un paso detrás de él.

— Si, lo haré. — Se apresuró a decir con una sonrisa al saber que el niño pasaría todo el día con él y ella tendría un poco de paz.

— Cuando termines de hacerlo llévalo a las caballerizas. — Ordenó bajando al niño en la entrada de la habitación para él irse a hacer sus asuntos en las caballerizas.

Cuando estuvieron listos los guardias que lo acompañarían, los caballos, las provisiones y las armas, Orihime llegó con el pequeño niño tomado de la mano con una ropa más cómoda para pasar el día con su padre junto con una pequeña bolsa con algunos cambios de ropa mas para los días que iba a pasar con su padre. Ichigo se montó en el caballo y uno de los guardias ayudó al pequeño príncipe a subirse con él, irían los dos juntos. No era que no confiara en sus hombres sino que se sentía más tranquilo cuidando él mismo de su hijo.

Orihime despidió al pequeño príncipe agitando una mano en el aire y el pequeño regresó el gesto con una sonrisa encantadora que solo los niños tenían. Ichigo sabía que Orihime era lo más parecido a una madre que su hijo podía tener y procuraba que ella estuviera tan cómoda como fuera posible. Ella eventualmente se iría, se casaría y tendría sus propios hijos, solo esperaba que su pequeño fuera lo suficientemente grande para que no sintiera tanto su partida cuando eso pasara.

Sonaron el cuerno de caza y los caballos se enfilaron hacía la salida al bosque del rey. Orihime se quedó ahí parada por un momento contemplando el grupo antes de que se perdieran de su vista, no podía evitar preocuparse por el niño a pesar de que estuviera con su padre, ella lo había visto crecer, lo había sostenido en brazos cuando era un recién nacido. Se regresó al castillo procurando no pensar en que el niño era muy pequeño, a consideración de ella, para ir a una cacería y se tiró en la cama donde dormía el pequeño príncipe, al fin tendría un día de descanso. Seguirle el paso al niño era un trabajo bastante complicado y se alegraba de que solo tuviera que cuidarlo, que en sí ya era un trabajo complicado.

Tenía una doncella que le ayudaba con todo lo demás pero ella era la principal responsable de la vida del niño. No iba a negar que le alegraba que Kaien se hubiese ido a la campaña con el rey. Cada vez que él se quedaba en el castillo le daba tanto miedo que evitaba sacar al niño de su habitación y siempre andaba con un guardia. El recuerdo de que Kaien había intentado matar al niño cuando aún era pequeño seguía fresco en su mente. Recordaba la sonrisa del hombre cuando intentaba hacer que el niño se ahogara con una almohada. Esa vez estuvo segura que las Deidades protegían al niño porque no le pasó nada más allá del susto.

Ichigo había ido con su padre aquella vez pero el rey estaba aún molesto porque él se había casado en secreto y había tenido un hijo con esa mujer; el rey ignoró por completo la ofensa asegurando que debía de ser un error, Kaien no mataría a un bebé. El rey prohibió volver a tocar el tema haciendo que Ichigo se enojara tanto con Kaien que fue por él dispuesto a matarlo, esa fue la primera vez que se agarraron a golpes; era algo que ni cuando eran niños había pasado.

Masaki fue la única que le creyó a Ichigo sobre lo que había hecho Kaien, también fue la única que le explicó la razón por la que Kaien había hecho eso: estaba celoso.

Ambos sabían cómo funcionaban las líneas sucesorias e Ichigo se las había saltado de una manera descomunal y el niño era un recordatorio constante de eso. Su madre había intervenido por él para que la furia del rey no le cayera con todo el peso descomunal de un huracán junto con una acusación de traición al reino. Desde ese día Ichigo estaba casi seguro que su hermano le estado metiendo ideas en la cabeza a su padre pero él no podía acercarse tanto como antes, su padre lo había perdonado pero una parte de esa relación quedó rota para siempre en cuanto ese niño llegó al castillo.

Ichigo a veces se preguntaba si había hecho bien, si todo lo que había hecho valía la pena, luego miraba al niño que en ese momento uno de los soldados le enseñaba como encender una hoguera, y todos los temores se desvanecían. Ese niño le había traído tantas alegrías que superaban casi todas las tristezas que mantenían en equilibrio la balanza de su vida.

Habían acampado cerca del rio y se quedaron ahí un par de días. Nunca había visto a su hijo tan feliz como aquél momento y deseó no tener que regresar de nuevo al castillo pero no podía darse ese lujo. De nuevo la idea de irse de ahí con su hijo se hizo presente de una manera tan salvaje que, en todo el camino de regreso al castillo, estuvo pensando en las posibilidades de irse lejos de ahí, en las Tierras del Ocaso había mercenarios que vendían su espada por dinero y él era bastante bueno con la espada.

De nuevo volvió a sonar el cuerno de caza anunciando que estaban cerca del castillo y cuando llegaron al lindero del bosque ya había guardias y mozos esperándolos, habían cazado un venado el último día de cacería y venía destazado cubierto con sal para conservarlo.

— ¡Llamen a los cocineros! — Gritó un guardia al llegar a las caballerizas.

Un guardia ayudó al pequeño príncipe a desmontar del caballo de su padre e Ichigo desmontó instantes después encargándose de lo último antes de retomar sus asuntos. Orihime dejó lo que estaba haciendo en cuanto escuchó el cuerno de caza para poder esperar al niño a tiempo y llevarlo a bañarse antes de ir a dormir, era tarde y estaba segura que el niño estaba cansado de tan grande odisea.

— ¿Cómo les fue? — Preguntó Masaki al ver a su hijo en la entrada del castillo, estaba cubierta con una capa para mantener el calor, las noches aún eran frescas. Ichigo se detuvo junto a su madre soltando un suspiro para sonreír antes de responder.

— Se divirtió mucho. Se asustó con el venado pero lo pasó bien. — Respondió después de darle un beso en la mejilla a su madre.

— Así de pequeño eras tú cuando fuiste con tu padre de caza por primera vez, él estaba feliz de llevarte con él. — Recordó su madre en un tono soñador.

— Kaien me enseñó a disparar el arco después de eso. Ahora temo que le dispare a mi hijo si salimos juntos de cacería. — Externó su miedo y su madre guardó silencio un momento. Ella también sabía que esa posibilidad podría ser cierta.

— Basta de pensamientos oscuros. Vamos, llegas a tiempo para una cena informal con tu madre antes de irte a bañar. — Masaki se colgó del brazo de su hijo y se fueron caminando bajo las protestas de Ichigo sobre estar sucio, sudado y demás cosas que Masaki ignoró porque podía y quería. Ella también había extrañado su hijo y se alegraba de que él se hubiese quedado.

Rukia había llegado en la tarde, justo unas horas antes de que Ichigo y su comitiva de caza regresaran, los había visto desde la ventana del cuarto en donde la habían hospedado. Bien podía haberse quedado en la misma posada pero no había llevado tanto dinero con ella. Estaba sola, no había llegado como lo había hecho la primera vez en un carruaje con Renji y Yuki como sus acompañantes ni con baúles donde se guardaban sus cosas, esa vez había llegado en un caballo, con una bolsa sujeta a la silla donde llevaba lo que usaría cuando estuviera frente a Kaien.

Le parecía irónico usar algo que le había dado Ichigo para estar con Kaien, no tenía idea de lo que le iba a decir, le costaba mucho imaginar la escena y tragarse todo el enojo y coraje que le causaba la sola presencia de Kaien. Durante todo el camino había estado planeando como hablar con él y las posibles formas en que la escena se iba a desarrollar, estaba apostando a que Kaien se comportaría como lo había cuando lo conocía sin embargo cuando llegó se encontró con que Kaien se había ido a la campaña y era Ichigo el que estaba en el castillo.

"Ojalá que se muera". Fue lo primero que pensó cuando le dijeron que estaba en la guerra.

Para Rukia era lo mejor que podía hacer Kaien, morirse y dejar de existir. Así ella podría enterrar con él todo lo que le había hecho. La Dama de las Llaves la hospedó en un cuarto más pequeño y más centrado que la última vez y desde ahí pudo ver cómo Ichigo regresaba con su pequeño hijo. En ese momento cayó en cuenta que no había visto al hijo de Ichigo de cerca. La primera vez que fue conciente de ese niño era en el pasillo y la segunda vez que lo había visto fue saliendo del templo de las Deidades, incluso esa vez lo veía desde lejos.

Tenía mucho que pensar y hablar con Ichigo siempre había sido más fácil, solo esperaba que no estuviera molesto por el golpe que le había dado aquella noche; era una torpe pero ya estaba hecho. Ichigo no se comportaría como Kaien ¿o sí? La cabeza le dolió en ese momento y mejor se quedó sentada en la cama. Extrañaba a Yuki y estaba segura que si se lo hubiese pedido ella habría ido, Renji también la habría acompañado pero se escapó de Bosque Oscuro en cuanto se sentía mejor. No estaba dispuesta a que esas extrañas fiebres la atacaran de nuevo antes de arreglar lo que debía de arreglar y de tener las respuestas que necesitaba.

Lo primero que hizo a la mañana siguiente fue ir a las cocinas. No tenía quién la ayudara con eso y fue en ese instante que se dio cuenta de lo dependiente que se estaba volviendo de Yuki. La Dama de las Llaves no le asignó ninguna doncella para que la atendiera, Rukia era nadie en ese lugar, así que tenía que arreglárselas sola. Después de desayunar se puso el vestido que Ichigo le había regalado, no se lo había puesto antes y se sorprendió de que le quedara tan bien, pidió una audiencia privada con él. Estuvo esperando a que le dijeran que podía pasar a verlo a la cúpula, donde él estaba ese día viendo los asuntos pendientes que surgieron por su ausencia, pero el guardia le dijo que él no podría verla en ese momento. Se quedó parada afuera de la cúpula, contrariada por no poder hablar con él, hasta que salió un hombre que parecía estar buscando algo y relajó la expresión al encontrarla todavía ahí.

— Su alteza, el Príncipe Ichigo, la verá a la hora del almuerzo en el jardín privado.

Informó el hombre al verla y luego llamó a un guardia para que la escoltara al lugar donde Ichigo la vería. Rukia siguió al guardia en silencio por todo el castillo hasta que la dejó en medio del jardín donde había una mesa con sillas debajo de un gran árbol, supuso que ahí solían comer así que se sentó en el lugar y el guardia se quedó cerca de ella. La tenían vigilada como si se fuera a robar algo.

Pasó un rato sola ahí sentada y con el guardia haciéndole compañía en silencio hasta que las doncellas empezaron a llegar con jarras de jugo y agua y varias frutas además de un platón con comida, le sirvieron a ella y se fueron de nuevo por donde llegaron. La junta de Ichigo con los concejales que se habían quedado ya debía de haber terminado y él debía de estar por llegar, agradecía haber desayunado en las cocinas porque pudo comer lo que quiso y seguía llena pero las uvas se veían tan tentadoras que decidió comer algunas en lo que llegaba Ichigo.

— ¡Su alteza real, el Príncipe Ichigo! — Gritó el guardia junto a ella haciéndola soltar la uva que estaba a punto de comerse.

Rukia se debatía entre quedarse sentada o levantarse como dictaban las reglas pero el guardia junto a ella le susurró que debía de pararse así que lo hizo de mala gana sacudiendo el vestido un poco.

— Rukia, veo que al fin decidiste usar el vestido. Te queda bien. — Agregó con un tono mordaz.

Hizo una seña con la mano para que el guardia se alejara de ellos, era más que obvio que el guardia no se iba a ir pero estaría lo suficientemente alejado para concederles privacidad. Nunca estaba solo por completo más que cuando iba a dormir.

— Iba a hablar contigo y ya que gastaste tanto oro en este vestido decidí usarlo. — Ichigo la miró con los ojos entrecerrados.

No sabía si Rukia era muy ingenua para creer que él se tragaría eso o en verdad lo creía estúpido. La Dama de las Llaves le había dicho que había llegado preguntando por Kaien y también la descripción pormenorizada de su expresión de decepción al saber que él no estaba en el castillo.

— Bien, aquí estoy. ¿De qué quieres que hablemos? — Habló y tomó un vaso con jugo del día, luego tomó una uva. Estaba esperando que Rukia hablara.

Rukia pero ella se quedó en blanco en ese momento. ¿Qué le iba a decir? ¿Sabías que tengo un hijo con tu hermano del que no recuerdo ni siquiera haber estado embarazada? No, eso no sonaba bien. Ichigo tamborileó los dedos en la mesa en señal de impaciencia. Rukia se enojó por eso, como si estuviera demasiado ocupado y ella lo estuviera haciendo perder el tiempo.

— Ya. ¿Ichigo, que pasó después de que me sacaste del castillo? — Volvió a hacer la misma pregunta que había hecho la noche de las Deidades.

Rukia tenía la esperanza de que esta vez sí le dijera la verdad. Ichigo levantó la ceja y dibujó una sonrisa que la hizo estremecer. Era la primera vez que él le causaba algo así y no sabía si era de miedo u otra cosa.

— ¿Por qué crees que yo sé que pasó esa noche? — Preguntó con una ligera sonrisa en los labios.

A Rukia le pareció que la sonrisa era nada comparada con la que podría estar ocultando detrás de su expresión ligeramente divertida. Ichigo tenía razón, ¿Por qué pensaba ella que él sabría algo? Se había aferrado a esa idea con tanta fuerza como para no dudar nunca de que él lo sabía todo.

— Porque lo último que recuerdo es a ti y a mí en un caballo rumbo al bosque. — La mirada de Ichigo cambio a una que Rukia no pudo reconocer. Ichigo se comió otra uva haciendo tiempo antes de responder.

— Ya sabes cuál es la condición para saber eso.

— No. ¿Crees que no sé de tu hijo? Es más, no sé cómo sigues vivo después de eso, hasta donde yo sabía no podías tener hijos hasta que Kaien tuviera a su primer hijo. ¿Tu esposa sabe que estás pidiéndome matrimonio?

— Ella está muerta. Murió la noche en que dio a luz a mi hijo. Y sí, tengo un hijo, también debería de estar muerto pero no es así. Desde que mi hijo nació hay una espada que cuelga sobre su cabeza y sobre la mía. No creas que todo es tan fácil como que sigamos respirando. — Se levantó de la silla y se acomodó la ropa.

Rukia se quedó en silencio después de que Ichigo le contara eso. La plática estaba llegando a su fin y él se iría si no lo detenía.

— Espera… — Se levantó de su asiento para evitar que él se fuera de ahí.

— Tengo cosas que hacer, Rukia. — Habló de forma cansada y con un dejo de irritación.

Rukia de nuevo se sorprendió porque Ichigo había cambiado tanto como ella. En su mente todo seguía como el día que se fue pero se había equivocado, nada seguía igual a como ella lo recordaba y seguramente Kaien tampoco.

— Acepto. Nos casaremos después de que Kaien se case pero dime lo que pasó esa noche. — Aquello último salió de una manera suplicante de sus labios.

Rukia sabía que no se podía casar con nadie después de lo que Renji le había dicho. Esperaba no tener que casarse con Ichigo después de que él le dijera lo que no recordaba y luego decirle lo de su hijo con Kaien, así él podría desistir de esa absurda idea de casarse con ella. Si, eso haría.

— Te lo diré en la noche de bodas, querida. — Ichigo dijo aquello de una forma que le hizo erizarse la piel de la misma manera extraña que antes.

Lo vio quitarse uno de sus dos anillos, el más fino y que no concordaba con el otro que cargaba, incluso era más delicado, casi femenino y evidentemente no le entraba del todo en el dedo, y se lo colocó en el dedo corazón.

— Ahora eres mi prometida. Anunciaremos el compromiso cuando llegue mi padre. Ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer. Nos veremos para la cena, mi madre tiene que saberlo. — Le besó la mano y la dejó caer de forma suave a sus costados antes de darle la espalda e irse de ahí.

Rukia se había quedado pasmada por lo que había hecho Ichigo, no sabía en qué momento eso se había vuelto tan abrumadoramente formal, tanto que él llevaba el anillo listo, sintió que había caído en una trampa. Volteó a ver su mano donde descansaba el anillo y se sintió presa de su propia estupidez. Ella sola había ido a meterse a la boca del león.

Rukia ahogó un grito en la almohada de plumas de su cama en cuanto llegó a la habitación. ¿Cómo es que había pensado, aunque sea por un segundo, que al aceptar el compromiso Ichigo le diría lo que quería saber?

— Soy una tonta, una tonta, una tonta.

Se repetía dándose cabezazos contra la almohada mientras pensaba en cómo salir del nuevo lío en el que se había metido. Podía huir de ahí así como lo hizo de Bosque Oscuro para llegar a Avanta pero desechó esa idea tan rápido como se formó, en su casa no había guardias y en el castillo parecía que había uno cada tres metros y en cada esquina.

— Mi lady, ¿está?

Escuchó la voz de alguien que llamaba a su puerta. No se quería levantar de la cama así que gruñó un "pase" como única respuesta aun con la cara aplastada contra la almohada. La puerta se abrió y dejó ver a una joven rubia con el cabello corto cargando una caja de cartón que dejó en la cama junto a Rukia que seguía con la cara enterrada en la almohada. El repentino peso en la cama la hizo girar la cabeza encontrándose con la doncella que sonreía de oreja a oreja.

— La Dama de las Llaves me ha dicho que ahora debo procurarla y el príncipe Ichigo me ha mandado con esto para usted, dice que se lo ponga para la cena. También quería decirle que los baños están listos.

Habló la niña quedándose paradita junto a la cama con expresión emocionada, como si estuviera a punto de dar saltitos. Rukia pensó que así se debería de ver cualquiera que aceptara casarse con un príncipe.

— Está bien, iré a bañarme. Esto…

— Kiyone, mi lady. Mi nombre es Kiyone.

— Bien, Kiyone, acompáñame.

Pidió sin resistirse mucho a eso, no tenía por qué perder energía en resistirse y mejor lo enfocaba a pensar en cómo romper el compromiso después de obtener lo que quería de Ichigo. Quizás si insistía lo suficiente, ahora que estaban comprometidos, él le diría lo que ella estaba buscando.

Ichigo y su madre estaban hablando de manera animada en el comedor, a Rukia no le sorprendió que la reina estuviera sentada en la cabecera de la mesa y que Ichigo estuviera a su derecha. Aquella escena le recordó cuando estaban sus padres vivos, la forma en que reían en la mesa a la hora de la cena y como se contaban las cosas que habían hecho durante el día. Su padre era muy comprensivo, en su mente todos los hombres debían de ser como su padre. Estaba equivocada y pagó por ser ingenua.

— Disculpen la tardanza. — Habló interrumpiendo algún tipo de broma que la reina acaba de decir haciendo que Ichigo sonriera.

Rukia no recordaba nunca haber visto a Ichigo sonreír así y, mientras se acercaba a la mesa para tomar su lugar, trató de recordar si realmente recordaba a Ichigo. Nunca se había preguntado si lo recordaba, ella estaba segura que así era pero en ese momento esa duda la invadió.

Rukia hizo una reverencia a la reina y a Ichigo, este se levantó para ayudarla a sentarse en el asiento a la izquierda de la reina y que quedaba casualmente frente a él. Le susurró lo bien que se veía con el vestido que tenía puesto y Rukia luchó contra el impulso de revirar los ojos por el comentario.

— Ya estamos todos, pueden traer la cena. — Pidió la reina y las doncellas empezaron a servir los platos y las bebidas. Comida que olía tan deliciosa y que seguramente debía de saber igual de deliciosa como se veía.

— Gracias por la invitación, sus altezas. — Dijo Rukia mirando a la reina que se acomodaba la servilleta en el regazo. La reina se tomó un momento antes de responder; a Rukia le pareció que estaba pensando en qué decir y la hizo tragar saliva de manera pesada.

— Todos han partido a la guerra y eres una invitada de mi hijo, no puedo dejar que comas sola en tu habitación.

Rukia recordaba lo gentil que era la reina y la forma tan maternal que tenía con ella cuando recién había llegado a Avanta, en ese momento aquel recuerdo se desvaneció y solo estaba frente a ella la reina, la mujer más poderosa del reino. Rukia solo asintió y a la orden de la reina todos empezaron a comer. No se había equivocado con la comida, era exquisita, era incluso mejor que la que había comido en las cocinas donde se preparaban todos los platillos. Comieron y bebieron en silencio, Rukia no sabía que decir o si debía decir algo; se sentía extraña.

— Ichigo me ha dicho que has aceptado su propuesta de matrimonio. — Soltó la reina después de que recogieron los platos y dejaron solo tazas de té. Rukia casi escupía su bebida al momento de escuchar eso. Tosió un poco para disimular la incomodidad de la pregunta y recuperó tan rápido la compostura.

— Eh… si, su alteza. Él lo propuso en la noche de las Deidades y de nuevo ayer que estuvimos platicando. Pensé que había sido algo repentino la primera vez pero…

— Si, si, no busques excusas, sé que aceptaste y la forma en que llegaste a eso ahora no interesa. — La interrumpió la reina y Rukia solo se quedó callada mirando como la mujer le daba un sorbo a su taza de té para dejarla luego con delicadeza de nuevo en la mesa. Tenía los ojos cerrados al hacerlo pero los abrió de nuevo antes de hablar. — Estuviste en mi corte cuando eras más joven, sé que sabes cómo funciona el reino porque muchas veces estuviste al cuidado de mi Dama de las Llaves y sé que sabes que no permitiré que mi hijo muera por una imprudencia tuya.

Rukia tragó saliva asintiendo. La reina continuó sin despegar su mirada de ella. Ichigo solo las miraba en silencio.

— Ichigo no se puede casar antes que Kaien, Ichigo no puede tener hijos antes que Kaien. Para nadie en el castillo es secreto que tuviste un amorío con Kaien mientras estuviste aquí, lo que haya pasado entre ustedes solo las Deidades lo saben pero eso no me interesa, me interesa que mi hijo siga vivo. Si realmente te interesa Ichigo, porque sientes algo por él, entonces no me opondré a que él se case contigo pero si te quieres casar con mi hijo solo porque no pudiste atrapar a Kaien entonces vete de mí vista.

La voz de Masaki sonaba dura y cruel, quizás demasiado cruel pero aquello último la hizo levantarse de su asiento como la vez que Ichigo había sugerido que ella quería ser reina. No podía cachetear a la reina por aquello pero estaba tan enojada que las manos le temblaban por aquél insulto. La reina la miraba impasible, con un temple de acero que cualquiera podría envidiar, incluso Rukia envidiaba la calma y autoridad que proyectaba la reina.

— ¿Y bien? ¿Debo de tomar esto como una finalización del compromiso? — Preguntó Masaki al verla parada.

Por dentro Masaki esperaba que se fuera, que huyera como lo había hecho aquella noche de locos después del escándalo que habían armado ella y Kaien. Con suerte no tendría que volver a verla e Ichigo no acercaría más a él la espada que pendía sobre su cabeza. Rukia no se movía y apretó la mano con fuerza antes de volverse a sentar.

— No. Me quedo y me casaré con Ichigo porque siento algo por él. — Habló con decisión que no sabía de donde había sacado.

Realmente no mentía solo que lo que sentía por Ichigo no era a lo que se refería la reina sino ganas de sacarle la verdad a golpes y luego matarlo por ponerla en esa situación. Masaki la miró con los ojos entrecerrados estudiando sus palabras y asintió en silencio.

— Convénceme entonces de que es así. — Habló dejando de lado su taza vacía de té.

Ichigo se levantó con rapidez de su asiento y ayudó a su madre a levantarse, le dio las buenas noches y besó su mano en señal de respeto. Él no había dicho nada y se volvió a sentar en la mesa cuando su madre se había ido del salón.

— Te odio.

Rukia se levantó hecha una furia y se fue de ahí tan rápido como le permitían los pies. Ichigo se quedó solo en el comedor y lo único que hizo fue recostarse en el respaldo de la silla jugando con sus dedos fijando su vista en el punto por donde Rukia se había ido.

Ichigo sabía que Rukia no sentía algo por él más allá del obvio hecho de querer saber lo que había pasado aquella noche pero él no le diría lo que ella quería hasta saber que no sería un problema. Estaba arriesgando mucho y si debía de mentir para tener a la mujer tranquila entonces no tendría problemas en hacerlo.


NotitaDeLaAutora: Espero que les esté gustando la historia, haganmelo saber. Trataré de actualizar cada semana. Disfruten.

—Aby: ¡Gracias! Me encanta que te encante. Espero que lo que pase con él te guste :)