.Hola amigos, soy Yuzu

Una vez más traigo un one shot para Strawberry Panic, en este caso trataré con la pareja de Amane y Hikari, otra linda pareja de esta serie olvidada por los otakus y yuristas modernos pero al menos mi persona tratar de aportar su grano de arena en este fandom que a veces pienso que está muerto.

Este será un AU de mi autoría donde la pequeña rubia no le gusta la lluvia pero Amane como todo buen príncipe estaba ahí con tal de darle la mano en todo momento.

Muy bien, ya aclarado el asunto empecemos

Yuzu y fuera

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Las nubes negras amenazaban la clase de educación física, el campo comenzaba a vaciarse, nadie quería enfermarse a lo que dejaron ahí la clase hasta retomarla la próxima semana y decidieron alistarse para retornar a sus hogares. Hikari tomó sus cosas no sin antes alistar una chamarra blanca para cubrirse del frió que hacía en estos momentos.

-No pensé que llovería-dijo la pequeña rubia por lo bajito mirando por un momento el cielo gris

-Hikari, ¿Estás bien? -Aquella voz provenía de una joven alta de cabello azul corto, ojos purpura con ropas masculinas haciéndola asemejar a un muchacho la sacaba de todo pensamiento poniéndola un poco nerviosa, aún no se acostumbraba a tenerla tan cerca

-Si, Amane-san- Respondió la menor con una sonrisa- Es un mal día, eso es todo

-¿Lo dices por el clima o por otra cosa?- La mirada curiosa de la peliazul le recorría de pies a cabeza logrando conseguirle un leve sonrojo

-Nunca me han gustado los días lluviosos-La pequeña de ojos azules no mentía, de haber sabido que llovería hubiera pedido permiso al maestro para faltar, su casa no estaba muy cerca y tener que recorrer aquel trayecto en medio de tremendo aguacero la ponía demasiado frustrada- No tienes de que preocuparte, Amane-san

Dispuesta a irse se dio media vuelta, no es que no le gustara la compañía de su senpai pero desde hace algún tiempo aquella que en un pasado disfrutaba ahora le ponía demasiado nerviosa, las razones eran más que obvias para cualquiera, incluso para la chica de cabello platino y eso no le gustaba, no podía gustarle una compañera de clases, eso no era correcto y, por sobre todas las cosas, no podía gustarle otra mujer.

-¿Quieres que te acompañe a tu casa?- Como todo buen príncipe, Amane decidió tenderle la mano ante todo momento, estaba a su disposición el tiempo que quisiese- Has dicho que no te gustan los días lluviosos, tengo la teoría de que si vas con alguien más tal vez el sufrimiento sea más llevadero

-¿Sufrimiento? – Hikari esbozó una sonrisa- Entonces me estás diciendo que quieres calmar mi sufrimiento ¿No?

-Exactamente- Alegó Amane con una gran sonrisa- Entonces ¿Qué dices, Hikari?

-Está bien…- Asintió quedamente

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Tal como lo habían planteado, la pequeña rubia iba con su senpai peliazul…

Pequeñas gotas comenzaban a caer mojando el piso, el olor a tierra se desprendía del suelo de aquel parque alejando a la joven de cabellos plateados lentamente de esa conversación, aquel pasillo permanecía completamente vacío.

Era extraño verlo así, la mayoría de las personas pasaban sus tardes ahí, aunque con el bonito clima de ese día tan solo a un loco se le ocurría pararse cerca, era el camino más rápido a su casa, una ruta poco transitada por su propia persona, no le gustaba tener cerca a tanta gente.

Tanta felicidad la ponía triste, triste porque sabía que era diferente, lo sabía más no lo aceptaba, ver parejas sonriendo felices la torturaba de poco a poco, saber que posiblemente, Amane, su querida senpai nunca podría hacerlo le inquietaba.

-Hikari ¿Me estás escuchando? -Preguntó Amane nuevamente sacándola de sus pensamientos

-Perdón, Amane-san ¿Qué decías?

-No te preocupes, supongo que no tiene importancia, era algo muy aburrido

Las manos de la menor comenzaban a temblar, el frio aumentaba a medida que pasaba el tiempo, varios minutos habían transcurrido y nadie decía nada, el sonido de la lluvia que chocaba en los pequeños charcos que yacían en el suelo interrumpían por momentos el pesado silencio.

-Ten…-La peliazul se había quitado su chamarra negra para ofrecérsela- No quiero que te enfermes, póntela

-¿Y qué hay de ti, Amane-san? -preguntó la pequeña rubia antes de tomarla

-No te preocupes, yo ya estoy enferma así que no puede pasarme nada más grave- Bromeó

Y ahí estaba otra vez, nuevamente Hikari sentía ese temblor en su boca que la hacía dudar de cada palabra que su mente torpemente pensaba para responderle, esa mirada que volvía a clavarse en esos ojos purpura y esa cara madura, con miedo a que descubriera lo que había estado ocultando por vario tiempo, esa sensación cálida que se sentía con tan solo estar junto a ella tuvo que alejar la mirada de inmediato, aquella situación comenzaba a ponerse cada vez más tensa.

-Gracias, Amane-san- Fue lo que tímidamente salió de su boca, su mirada azul celeste aún seguía clavada en el concreto, la lluvia había comenzado a caer con más fuerza, no podían seguir así por mucho que lo quisieran

Ambas chicas permanecían frente a un pequeño edificio de departamentos esperando que el poco techo que les cubría fuera suficiente para no mojarse, Hikari cerró los ojos por un momento, el perfume de su senpai se impregnaba poco a poco en su chamarra escolar, un pequeño suspiro salió de su boca sin querer, abrió los ojos de golpe al darse cuenta de tal error.

-¿En qué tanto piensas? -cuestionó curiosa la peliazul alta

-¿Eh?... ¡En nada!- se apresuró a contestar la menor sin voltear a mirarla al frente

-Hikari, no eres buena mintiendo, ¿Lo sabías?

-¿Mintiendo? ¿Por qué piensas que estoy mintiendo, Amane-san?

-Porque estás nerviosa- Sonrió tiernamente- Igual que yo

Esas palabras acorralaban por completo a la pequeña rubia, sus ojos celestes la buscaron inmediatamente, no entendía muy bien lo que estaba diciendo, un abrazo la tomaba por sorpresa, sus manos frías tomaban con cuidado su rostro haciéndola estremecer un poco.

-Lo siento- Se disculpó la más alta tontamente sin quitar la vista de su rostro

Los suaves labios de la Amante tocaban delicadamente los suyos, fue tan solo un momento en el que todo a su alrededor parecía quedar atrás, no había más, tan solo ellas dos compartiendo tan lindo momento, nunca se imaginó ser correspondida y sin embargo ahí estaba, correspondiendo torpemente cada beso que su senpai depositaba en sus labios, abrazándola como si nunca quisiera dejarla, como si eso fuera lo único que necesitara.

La lluvia paraba poco a poco aunque ahora poco les importaba, unas miradas lejanas interrumpían la escena, la menor apresuró su mirada hacia otro lado, sabía que sucedería algo como eso, era lo que toda la gente hacia al descubrir algo diferente, la incomodaba, la hacía sentir mal.

-Por favor, no les hagas caso-Eran las palabras susurradas al oído por parte de la peliazul alta- Anda, vamos a tu casa, se está haciendo muy tarde

-Sí…- Asintió quedamente ante la petición de su adorada senpai

Los postes de luz comenzaban a iluminar el camino, con cada paso se podía escuchar cada vez más fuerte, era el latir de su corazón que de un momento a otro comenzó a palpitar con fuerza, las pocas personas que recorrían las calles podían darse cuenta.

Fue tímidamente como Amane había tomado la mano del Hikari entre la suya, su aliento ya podía verse en el frío de la noche, sus mejillas aún seguían sonrojadas, el miedo se había ido unas calles antes, y pensar que todo era tan fácil, tan solo debía decirlo, ese no había sido un mal día después de todo y como tal mañana sería un día mejor para la vida de ambas.