El Ruiseñor


Capitulo 11: Errores


Gardelía resplandecía con sus muros blancos que brillaban al sol, la ciudad estaba detrás de aquellos muros y en la colina estaba el castillo blanco donde vivía el hombre que, según Isshin y su informante, estaba juntando un ejército tan grande que podría invadir Avanta. Isshin había levantado la campaña sediento de victoria y deseos de demostrar que nadie podía contra su reino pero había dejado a su nuevo comandante en el castillo, se había negado a escuchar a Ichigo cuando le había dicho que Gardelia no planeaba atacar y que incluso no tenían un ejército para eso. No podía creer que su hijo dudara de su instinto y sus informantes.

Se había dado cuenta de su error cuando llegaron los informes de las fortalezas donde habían llegado sus soldados siguiendo la idea de Kaien de abrirse en abanico para atacar, los pueblos estaban vacíos. No habían soldados ni gente en los pueblos solo había cosas tiradas por todos lados que, según Ulquiorra en su vasta experiencia en la guerra, significaba que habían huido de ahí apresuradamente.

— Nos temen, padre. Han huido porque nos temen, conocen nuestra fuerza y no la quieren enfrentar. — Había dicho Kaien al enterarse de que los primeros pueblos estaban vacíos.

Isshin ordenó que se replegaran y avanzaran hasta la capital dejando tras ellos algunos soldados que estuvieran cuidando su nueva conquista. Ordenó que no quemaran los campos de cosecha, no iba a mantener a su nuevo reino, que ellos se mantuvieran a sí mismos como lo había hecho Bosque Oscuro en los últimos 100 años.

No podía marcar la retirada, había prometido gloria a su ejército y eso les iba a dar aunque haya sido por error. La última vez que había ido a Gardelia le parecía que era una ciudad que se movía mucho a pesar de que estaban cerca del desierto, el calor ahí era cada vez más fuerte conforme avanzaba el día y el frio de la noche era más intenso que el de ellos pero en ese momento, mirando la ciudad desde las afueras de su tienda de campaña previo al ataque, le parecía que Gardelia era una ciudad fantasma.

— Tú — señaló a un joven escuálido que había llegado con los nuevos reclutas. — Ve a ver, cuenta los soldados y todo lo que puedas. Necesitamos saber si nos espera una emboscada.

El joven asintió y se fue de ahí rápidamente vestido como si fuera un viajero para no levantar más sospechas de las que de por sí ya iba a levantar. Isshin trataba de imaginarse lo que podría encontrar el joven allá y esperaba que fuera una armada lo suficientemente grande como para plantar batalla. Ocultaba sus nervios y su indecisión bajo la pétrea mascara de gobernante que tenía y se paseó entre el campamento viendo a sus hombres que estaban practicando con la espada o hablando sobre las mejores técnicas de derribo en la batalla.

— Padre, te aseguro que no pondrán resistencia. Un asalto nocturno, eso no lo verían llegar, podríamos matarlos en sus camas mientras duermen. — Había empezado a hablar Kaien sugiriendo algo tan bajo como robar. Isshin solo lo miraba y contuvo las ganas de golpearlo en la mejilla cuando sugirió que él mismo, junto con un grupo de hombres, le traerían la corona de Gardelia por la mañana.

— No. Suficiente burla es con haber conquistado tierras vacías. — Espetó con enojo y con aquella voz atronadora de rey que poseía. — Esperaremos a que el oteador regrese y a partir de ese momento planearemos la invasión a la capital.

Dijo y le dio la espalda regresando sobre sus pasos entre el campamento para volver a su propia tienda. Kaien lo seguía un paso detrás e intentaba convencerlo de que eso era la mejor opción pero Isshin no quería seguir escuchando aquellas palabras de su hijo así que se detuvo y lo miró fijamente.

— No. No irás de noche como un ladrón y no traerás esa corona, si lo haces te juro que…

— ¿Qué? — Era la primera vez que veía a su hijo desafiante. — ¿Me vas a ejecutar como un traidor por no hacerte caso? Padre, soy el príncipe de la corona, el futuro rey de Avanta, sigues los planes de Ichigo sin siquiera pensarlo y cuando te ofrezco una conquista sin tanta sangre me la niegas, soy tu primogénito… — Pero Isshin no dejó que Kaien terminara de hacer esa oración, con el dorso de la mano le dio un golpe en la cara tan duro que el joven volteó la cara.

Isshin sabía que se le había pasado la mano en ese golpe y más que castigar a su hijo por lo que estaba diciendo era una forma de desquitar su frustración por haber movido todo el ejército por una noticia falsa. Kaien lo miraba con ira y con un odio que nunca antes había visto en su hijo, el joven estaba en silencio controlando su respiración.

— Decidirás los planes cuando seas rey o en su caso, Comandante. — Dijo con un ligero dolor en la mano donde lo había golpeado. — Ahora eres mi hijo, un príncipe que no se ha probado en batalla tanto como se esperaba. Elijo los planes de tu hermano porque él ha estado en más batallas que tú.

— ¡Fue un error! — Gritó molesto e Isshin volvió a levantar la mano pero la bajó al ver a su hijo reaccionar ante el futuro golpe dando un ligero movimiento hacía atrás.

— Un error que le costó la vida a muchos soldados y donde tú casi mueres, pero sí, fue un error que cometí por creerte capaz de soportar una campaña y ser lo suficientemente maduro para aprender de ella. Ahora vete de aquí y si me llego a enterar de que me has desobedecido no solo no serás rey, sino que ni siquiera serás el Comandante de tu hermano.

Terminó aquella oración y los ojos de Kaien reflejaban incredulidad ante lo que acababa de decir. Isshin por un momento pensó que Kaien replicaría pero no lo hizo, solo se quedó ahí mirándolo con furia en los ojos junto con un poco más de rencor del que esperaba alguna vez ver en su hijo.

Se pasó todo el día sentado en su trono con una mesa desplegada frente a él mirando aquel mapa donde se mostraba Avanta, Bosque Oscuro, Gardelia, el Desierto Rojo, Vayalat, Kuvar, Jetaiya y las Tierras Quebradas que los separaba de los demás reinos así como lo hacía el Desierto Rojo; era como si esperara que el mapa le dijera que hacer, Ichigo sin duda sabría qué hacer en una situación así. Cerró los ojos y se recostó en el respaldo del trono tratando de acomodar sus ideas, no solo tenía que lidiar con la guerra sino con un hijo que parecía que no aprendía nada.

— Su alteza. — Un soldado lo llamó haciendo que bajara la mirada al hombre y viera a uno de los hombres de Ichigo parado en la entrada de su tienda con una caja sellada. Hizo un ademán para que lo dejaran pasar y se acercara a él.

— Uryu, ¿qué sucede? — Preguntó mirando como el soldado dejaba la caja frente a él, sobre el mapa de los reinos que había quedado desplegado, y le hacia una reverencia.

— Su alteza, el Comandante en Jefe me encomendó una misión que debía de cumplir cuando estuviéramos frente a Gardelia. Él intuía que no íbamos a encontrar tanta resistencia en la llegada y ha mandado esto para usted, no sé lo que contiene, pidió que solo usted lo abriera. — Dijo y le entregó la caja en sus manos para que él viera que era el sello de Ichigo en la laca que estaba intacta.

— Está bien. ¿Cómo están los arqueros? — Preguntó ya que lo tenía enfrente y no había podido ir hasta allá por culpa de Kaien.

— En perfecta forma como siempre, esperando sus órdenes para avanzar, su alteza. — El hombre era un soldado en toda la forma y asintió a lo que dijo.

Lo despidió después de intercambiar algunas cuantas palabras y se quedó a solas con la caja que Ichigo había mandado. ¿Desde cuándo estaba la caja ahí? Los mensajeros llegaban directamente a Ukitake y este lo remitía a él, no era algo que hubiese mandado Ichigo en los recientes días, era algo que había viajado con ellos desde que salieron de Avanta. Antes de permitirse sentir alguna culpa decidió abrir la caja.

El sello lacado se rompió dejando restos rojos sobre los papeles de la mesa y la abrió con una calma que no era propia de él, dentro de la caja habían varios papeles cuidadosamente doblados y sellados cada uno con el sello de Ichigo, el que estaba hasta arriba decía "léeme primero" e Isshin sonrió, eso era tan propio de su hijo.

"Padre, sé que no has querido escuchar lo que tenía para ti pero no puedo permitirme verte partir a la guerra y no ir de alguna manera a la campaña. Como bien sabes, envié a uno de mis hombres a Gardelia para que me informara de la situación y era como temía, alguien había tergiversado al información. En cada papel hay una idea que habría sugerido dependiendo de la situación, espero que alguna te sea útil. En estos momentos debes de estar contemplado el ataque a la ciudad, si has enviado a un hombre a ver la ciudad seguramente volverá con las noticias de que no hay tantos hombres como se espera que haya en una ciudad tan grande. Antes de decidir algo te pido nuevamente que leas lo que he mandado, sé que he perdido tu favor después de aquel encuentro con mi hermano y me arrepiento de haber cedido a algo tan viseral pero mi deber con el reino y contigo no cambia. Ichigo."

Isshin se quedó contemplando la carta con una mezcla de felicidad y enojo, estaba feliz porque su hijo no lo abandonaba y estaba enojado con él por haber cedido a los impulsos y agarrarse a golpes con su hermano. Consideró si debía o no de leer lo que había enviado su hijo, si ganaban siguiendo los planes que había escritos en los papeles entonces la victoria sería de Ichigo y si no lo seguían y perdían entonces sería su derrota; por un momento consideró la idea de Kaien sobre ir en la noche y matarlos a todos mientras dormían, debía de admitir que su hijo tenía razón, así conquistarían Gardelia sin prácticamente ninguna baja.

Para la noche llegó el oteador con las noticias que estaba esperando sobre la situación de la ciudad interrumpiendo la reunión que tenía en ese momento con sus consejeros. El hombre parecía asustado y por un momento temió que en verdad hubiese una armada tras los blancos muros de la ciudad y los superaran en números, con todo el corazón deseó que Ichigo se equivocara para darle luz verde a Kaien y hacer su incursión nocturna.

— La ciudad está vacía, su alteza. — Respondió en un jadeo apoyando sus manos en sus rodillas tratando de recuperar el aliento. Había llegado corriendo tan rápido como las piernas le habían permitido.

— ¿Vacía? ¡Explícate! — Demandó levantándose de su trono apoyando las manos en la mesa donde estaba la caja que había enviado Ichigo, no les había comentado sobre la caja y esperaba no tener que hacerlo. Tal vez solo a Ukitake.

— Vacía, su alteza, vacía, sin más gente que algunos guardias que andaban caminando de un lado a otro cuidando las calles y a los ciudadanos que aún estaban ahí, la mayoría viejos y enfermos. Pregunté por qué estaba la ciudad así a una anciana que caminaba cargando agua de la plaza y dijo que era para salvarlos; me contó que algunos exploradores habían visto a un ejército avanzando desde el sur y empezaron a evacuar a la gente tan rápido como pudieron. En la capital solo queda el rey y varios soldados leales, todo mundo sabía que no contaban con la fuerza para repeler una invasión.

— ¿Estás seguro que solo está el rey ahí? ¿Cuántos soldados se quedaron en la ciudad? — Preguntó mirando al joven que parecía se iba a desmayar ahí mismo.

— Si, la mujer dice que ella misma vio que la reina y las princesas salieron de la ciudad junto con la mayoría de los nobles en el primer barco. 100, 150 a lo mucho, la mayoría se fue con las personas al desierto y al mar para cuidarlos.

— Bien, puedes irte a descansar, te lo has ganado. — Ordenó al joven que se fue de ahí haciendo una reverencia. — Llamen a Kaien.

Otro de los soldados salió de ahí para ir a buscar a su hijo y se quedó con los consejeros en su tienda de campaña. Miró la caja y decidió que no les hablaría de ella a los consejeros, era una victoria fácil la que tenían en frente; durante todo el camino habían visto pueblos vacíos y con esa noticia de que la capital estaba vacía entonces no debía de enviar un gran ejército, un solo hombre podría traer la victoria. En lo que su hijo llegaba les contó del plan de Kaien, todos lo aprobaron con base a las noticias del oteador, algunos más animados que otros pero convencidos de que debía de ser así porque tenían el antecedente de los pueblos vacíos.

— Su alteza, ¿me mandó a llamar? — La voz de su hijo parecía más formal de lo habitual, seguía enojado por el golpe que le había dado en la mañana.

— Es tu oportunidad. — Dijo y vio que los ojos de Kaien se abrieron con sorpresa haciendo una pregunta muda que no quería formular. — La idea que has sugerido en la mañana se sometió a votación y todos hemos decidido que es tiempo de que nos traigas una conquista; puedes tomar a tus hombres e ir a Gardelia así como lo has sugerido.

— ¿En verdad, padre? — Preguntó con una sonrisa dando un paso hacía su padre de la emoción.

— Así es, prepara bien tu estrategia y partirás mañana en la noche.

— Padre, te prometo que no te vas a arrepentir. Te demostraré mi valor. — Dijo con una sonrisa y se retiró de ahí después de hacerle una reverencia. Isshin vio a su hijo partir de la tienda emocionado.

Los consejeros se retiraron menos Ukitake que se quedó rezagado a propósito. Isshin lo miró y le ofreció un poco de vino.

— No dudo de la capacidad del príncipe en realizar lo que ha sugerido pero… — Comenzó el hombre pero se detuvo antes de terminar la oración.

— ¿Pero? Nada viene bien después de un "pero". — Respondió al ver que Ukitake titubeaba y bebía del vino para humedecer la garganta.

— El príncipe no ha matado a nadie, ha sido entrenado por los mejores soldados pero… realmente no creo que sea capaz de quitarle la vida a alguien. — Soltó su preocupación de golpe e Isshin sabía que tenía razón. Su hijo no había matado a nadie.

El amanecer se pintaba de colores y se reflejaba en las paredes blancas de Gardelia que se iban iluminando conforme se hacía más intensa la luz. Isshin no había dormido en toda la noche y esperaba que el amanecer le trajera a Kaien con la corona que había prometido la noche anterior que se había despedido de él acompañado con diez de los mejores soldados que podía haber en su ejército. La caja que Ichigo le había enviado estaba sobre la mesa, no la había vuelto a abrir después de leer esa primera carta y decidió no leer el resto del contenido, confiaría en Kaien y en su plan, era la victoria de su hijo mayor, era tiempo de que volviera bañado en gloria.

Con forme pasaban las horas Isshin se impacientaba cada vez más, no tenía noticias de su hijo ni de lo que había ocurrido y algo en el pecho le decía que había salido mal el plan. Ukitake estaba con él haciéndole compañía, jugando cartas y mirando los mapas, comentaban de todo y fue por Ukitake que él comió porque sentía el estómago duro por los nervios; de repente se encontró desviando su mirada de vez en vez hacia la caja que le había enviado Ichigo como si ahí se encontrara la respuesta para calmar sus nervios.

— ¡Su alteza! — Uno de los soldados se acercó agitado a donde estaban ellos platicando. Habían salido de la tienda de campaña y se habían instalado en un lugar donde había buena vista de la capital de Gardelia.

— ¿Qué pasa? — Sentía que el corazón se le iba a salir si no le daba una buena noticia.

— Viene un soldado a caballo por el camino, trae una bandera blanca. — El soldado sonrió. — ¡El príncipe lo hizo, conquistó Gardelia!

El soldado estaba feliz y emocionado, Gardelia era suya y él alejó los malos pensamientos sobre el destino de su hijo. La felicidad se le esfumó a Isshin al ver que el soldado no era de los suyos, cargaba la armadura blanca de Gardelia con la flor dibujada en el pecho. La bandera era blanca, sí, pero algo le dijo a Isshin que esa bandera no era de paz. El caballo se detuvo y el soldado se bajó, todo mundo estaba expectante e Isshin se acercó a donde estaba el hombre desmontando, no dijo nada sino que esperó que el hombre hablara.

— En nombre del Rey Augustus, Señor de Gardelia y el Desierto Rojo, presento el siguiente mensaje:

"Elegiste mal tus acciones, rey de Avanta, y enviaste a un niño como si fuera una rata a hacer el trabajo de un hombre. Si hubieses plantado la cara habrías tenido una batalla para recordar pero en su lugar me diste algo que no imaginaste. Me diste poder. Tengo a tu hijo como un huésped en mis calabozos, ataca mi ciudad y no volverás a ver a tu hijo, ambos perderemos algo que amamos. Soy un hombre hospitalario y no puedo negarme a recibir a una visita que ha venido de tan lejos hasta las puertas de mi ciudad, aunque la visita sea una rata. Si quieres volver a ver a tu hijo te espero mañana para parlamentar su rendición, si deciden atacar entonces la cabeza de tu hijo te dará la bienvenida al castillo blanco que no dudará en mancharse de rojo."

El soldado dejó de hablar y las espadas sonaron, las cuerdas de los arcos se tensaron y todo apuntó al soldado que extendía el papel hacia él para que lo tomara y viera que las palabras eran reales. Isshin levantó una mano e hizo una seña para que bajaran las armas, tomó el papel y volvió a leer el contenido, era cierto. La idea de que el soldado lo leyera todo en voz alta era solo para asegurarse de que todos lo oyeran y supieran del error de su rey, era una humillación muy grande.

— Mátenlo. — Ordenó y le dio la espalda para dirigirse a su tienda.

Se quedó solo en su tienda el resto del día, no dejó que los consejeros entraran ni los generales. No dudaba que ellos ya tuvieran un plan de ataque para rescatar a Kaien pero tenía miedo de mandarlos y que regresaran solo con la cabeza de su hijo. De nuevo su mirada se posó en el cofre que le había mandado Ichigo y con toda la desesperación que había en él lo volvió a abrir. Leyó la primera carta de nuevo y la dejó de lado, todas estaban acomodadas para que él las leyera.

"Padre, siempre me dijiste que debía de pensar por dos, que debía de pensar como lo hacían nuestros enemigos y pensar como ganarle a ellos mismos, planear las posibilidades que debíamos de tener un cuenta si sucedía tal evento y que en el campo de batalla los planes salen sobrando cuando el filo de la espada choca con la espada enemiga. Con los detalles que me llegaron de Gardelia debo de dedicarte las siguientes palabras:

- Si las pueblos están vacíos entonces no dudes en que todos se están concentrando en la capital, tú mismo me has dicho que esa es una estrategia para debilitar al enemigo, hacer que deje a sus soldados regados en diferentes lugares para que al llegar a la capital no tengan la fuerza de ataque completa. Llama a tus soldados antes de que decidan atacar Gardelia.

- Duda de la información que te traigan de la capital si has enviado a alguien. Confía en lo que vieron pero duda de lo que les "dijeron".

- Tú me enseñaste que ninguna victoria es fácil, si parece fácil entonces es una trampa."

Terminó de leer y se maldijo por no haber leído ese papel antes de enviar a Kaien. Lo dejó de lado y sacó otro que estaba ahí.

"Padre, es mejor llevar todo el ejército. La ciudad puede ser una trampa tras otra, no tienen suficientes soldados pero en el caso de que los tuvieran entonces todos estarán dispuestos a morir por proteger la ciudad. Si quieres tentar como está el terreno entonces envía un grupo de avanzada, si no vuelve en dos días sabrás que hay más gente de lo que vieron. No confío en Gardelia pero no dudes en que ellos se van a defender, son hombres del desierto, son duros. Por último, si te encuentras en problemas siempre puedes casar a Kaien, dicen que la princesa es muy bella. Ichigo."

Rió por ese último renglón y vio que había un último papel doblado que decía "léeme cuando vayas de regreso a casa". Esa vez decidió hacerle caso a su hijo, no le había hecho caso a su consejo y por su arrogancia Kaien estaba como un prisionero. Todo lo que le había dicho Ichigo eran cosas que él le había enseñado en sus múltiples campañas y que había pasado por alto pensando que sería un victoria fácil.

Volvió a leer todo lo que su hijo le había dicho y guardó las cartas en la caja para cerrarla de nuevo; releyó la carta del rey de Gardelia y llamó a sus generales y consejeros para hablar con ellos de lo que iba a pasar, en ese momento no tenía sentido comentar de las cartas de Ichigo porque eran para antes de que él hiciera algo. La reunión fue larga, todos tenían ideas y soluciones pero siempre llegaban al mismo punto, la vida de Kaien. Al final llegaron a la conclusión de que él tenía que ir a hablar con el rey junto con una guardia para protegerlo.

— Si me van a matar lo harán con guardia o sin ella, Ukitake me va a acompañar. — Dijo al final mirando las caras preocupadas de los consejeros. — En Avanta está Ichigo, si todo sale mal, espero que le sirvan bien y venguen nuestra muerte.

Los hombres lo miraron ligeramente escandalizados pero asintieron ante lo que dijo. Esa noche tampoco durmió sino que se la pasó reprochándose no haber llevado a Ichigo con él, Ichigo era la voz de su conciencia así como lo era Masaki; Kaien por el contrario era fuego e impulso justo como lo era su madre. Ambos eran hijos suyos, se parecían a él y se parecían a sus madres y a veces se preguntaba lo que habría pasado si solo hubiese tenido a Kaien.

A la mañana siguiente se levantó y desayunó, se preparó con su armadura y se colgó la espada ancestral del su familia en la cintura. Ukitake lo estaba esperando junto a los caballos y partieron hacia la capital del reino. Las paredes de piedra blanca que rodeaban la ciudad eran impresionantes y al llegar a la entrada donde los detuvieron los soldados de blancas armaduras se dieron cuenta de que había muchos más soldados de los que había dicho el joven oteador.

Un soldado los escoltó hasta el castillo blanco y los guió por los pasillos hasta llegar a la sala del trono donde estaba el rey Augustus sentado con su reina a su derecha. Los guardias les quitaron las armas antes de dejarlos acercarse a ellos.

— Por un momento pensé que no llegarías. — Dijo sin atisbo de respeto, eran iguales y en ese momento Isshin sabía que Augustus tenía poder sobre él.

— Rey Augustus, estoy aquí para hablar pero desde su trono no lo escucho bien. — Dijo con todo el respeto que podía juntar en su voz. Tenía ganas de lanzarse sobre él y golpearlo hasta hacerlo una masa de carne y sangre.

— Bien. — El hombre que se veía un poco más viejo que Isshin, con canas en los lados de las cienes, se levantó de su trono y llegó hasta él. — ¿De qué quieres hablar? — Preguntó mirándolo fijamente, ambos hombres tenían la misma estatura solo que Augustus era moreno con el cabello ondulado hacia tras.

— De mi hijo. — Augustos levantó una ceja y ladeo la sonrisa. No le respondió sino que empezó a caminar para salir de la sala del trono. Isshin y Ukitake lo siguieron en silencio, nunca se había sentido tan ninguneado en su vida.

— De su hijo. — Repitió el hombre llegando a una sala donde había varios muebles y se sentó, los hizo sentarse con él antes de seguir hablando. — ¿De su hijo que intentó matarme mientras dormía? — Isshin asintió sin decir nada. — Bien.

Volvió a decir el hombre e Isshin tuvo la impresión de que solo esa palabra sabía decir. Lo vio llamar a alguien y luego lo miró con una sonrisa que no auguraba nada bueno.

— Rey Isshin, resulta que si hubiese atacado mi reino habríamos caído en una noche, mis hombres dicen que trajo cerca de 20,000 soldados, nos superan 3 a 1, habríamos caído y usted se habría sentado en el trono pero en vez de eso envió a su hijo y nos dio poder. Errores de novato.

— ¡Padre! — Kaien gritó haciendo que su mirada se desviara del rey Augustus y se fijara en su hijo que seguía con la misma ropa con la que se fue del campamento solo que más sucio y con unas esposas en las muñecas. No le dijo nada, solo le dedicó una mirada para que callara. Estaba vivo y eso le alegró pero el rey Augustus lo estaba abofeteando con palabras. No sabía que decir y Ukitake estaba en silencio a su lado.

— Los errores nos cuestan caro pero dejemos eso de lado por un momento, debe saber que si decide atacarnos nos vamos a defender pero para su suerte hay una manera de arreglar esto. — Augustus siguió hablando ante el silencio que ellos tenían.

— ¿Una manera? — Preguntó Ukitake que había notado que Isshin no decía palabra alguna.

— Una manera. Una adhesión pacifica de mi reino al suyo. Su hijo no ha parado de gritar que es el heredero de Avanta y que su padre derribará los muros para rescatarlo pero no hace falta llegar a tanto. Usted tiene un hijo y yo una colección de hijas que estarían dispuestas a sacrificarse por el reino y casarse con su hijo.

Isshin casi que escuchaba la voz de Ichigo con las palabras en la carta, "si te encuentras en problemas siempre puedes casar a Kaien". Se quedó en silencio por un momento, podía decir que si y luego, cuando saliera con su hijo lanzar un ataque, ya no por conquistar el reino sino para aniquilarlo. Sonrió por eso y miró a Augustus luego miró a Kaien que miraba a su captor mudo por lo que decía.

— Tiene razón, una adhesión pacífica sería lo más prudente. — Concedió y de nuevo escuchó la réplica de Kaien que decidió ignorar.

— Sabía que entraría en razón, nosotros habríamos accedido a eso si hubieran llegado y pedido la mano de nuestra princesa pero la falta de comunicación ha causado un movimiento masivo de personas sin sentido alguno. — Isshin lo escuchaba hablar, Ukitake estaba anonadado y Kaien seguía sin poder creer lo que iba a pasar.

Llegó un hombre con un enorme papel grueso, tinta y pluma. Lo extendió frente a Isshin y Ukitake para que ambos lo pudieran ver, era un contrato de compromiso. Algo le decía que ellos no confiaban en su palabra nada más, Isshin tampoco confiaría en los hombres que lo intentasen matarlo.

— Espero que no les moleste que lo hayamos redactado antes, sabíamos que no se iban a negar. Si lo leen detenidamente ahí dice que Gardelia se unirá a Avanta como parte de un reino, Gardelia dejará las coronas pero los señores del Desierto seguirán siendo los que se encargarán de las tierras rindiendo el tributo a la capital como el rey disponga. Nuestra armada pasará a ser suya y todo eso, siempre y cuando el príncipe heredero Kaien se case con la princesa heredera de Gardelia.

El rey Augustus seguía hablando mientras ellos leían el papel e Isshin juntaba las cejas con enojo ante cada oración y cláusula del contrato. Soltó un suspiro y tomó la pluma dispuesto a firmar la liberación de su hijo pero la mano de Ukitake lo detuvo antes de que pusiera su firma y negó con la cabeza; los hombres se miraron por un momento y Ukitake soltó su muñeca, la tinta goteó antes de que la firma de Isshin fuera puesta. Estaba vendiendo a su hijo por unas tierras pero así le estaba salvando la vida.

— Perfecto. La boda, obviamente será en Avanta. — El hombre comenzó a hablar e hizo que soltaran a Kaien que se empezó a frotar las muñecas enrojecidas. Ukitake no podía creer lo que había pasado e Isshin solo asentía a lo que el hombre decía planeando una boda que acababan de con concretar.

En cuanto llegaron al campamento dio la orden de que levantaran todo y regresaran a Avanta. Habían ganado, Gardelia era suya pero Isshin tintió que esa victoria salió demasiado cara. Kaien había dicho que los atacaran ahora que él estaba libre, tenían los números de sus soldados de boca del propio rey pero él se negó a eso. Estaba enojado con Kaien, su idea fue lo que causó ese compromiso y él debía de cargar con la responsabilidad, su hijo tenía que aprender que los reyes eran más que lujos y coronas.

Durante todo el camino de regreso estuvo pensando en ordenar que dieran media vuelta y atacaran Gardelia pero algo le decía que tanto énfasis en su ejército tan escaso era solo una fachada. Ya no quería saber nada de guerras y tomó la caja de Ichigo para sacar la última carta.

"Padre, si estás leyendo esto es porque debes de estar volviendo a casa, seguramente con la victoria sobre ti, nunca dudé de ello. Debo de confesar que no haberte acompañado me ha dolido de una manera que no había experimentado pero sé que es mi castigo por haber golpeado a mi hermano, confío en que él haya sido tan acertado en sus consejos como lo fui yo. Sé que he perdido tu favor y no sé si alguna vez recuperaré tu amor, padre, pero ahora que tengo un hijo sé que nunca podría dejar de amarlo. Desde que regresé con el cadáver de mi esposa y mi pequeño hijo nada ha vuelto a ser igual, hemos vivido en el palacio y te he servido sin esperar nada a cambio, he vivido con la lejanía de nuestra relación a pesar de estar bajo el mismo techo y quiero liberarte de eso, padre. No quiero que se me trate de traidor, sé lo que murmuran de mí y de mi hijo y de que ambos estemos vivos, sé que piensan que somos un peligro para la ascensión de Kaien cuando las Deidades te lleven a su gloria así que mediante esta carta abdico a mi derecho de sangre, si es que aún queda algo de ello, y dejo el título de Príncipe de Avanta. Me voy con mi hijo y con Orihime y un par de soldados que se negaron a quedarse en la ciudad. Kyoraku está al tanto de todo pero asegura que no aceptará mi renuncia si no es por tu propia boca y escrito en un papel, mi madre está al tanto de todo. Antes de irme dejé todo en orden. Te quiero, padre. Ichigo."


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