Disclaimer: Ninguno de los personajes de Kimetsu no Yaiba me pertenece, sólo los utilizo para la creación de este fic.

ADVERTENCIA: La historia toca temas/escenas del manga que no han sido animados, por lo que deben saber que al leer esta historia se encontrarán con spoilers.


Resiliencia
Por Franela

VIII
Una vez más

:::::

El viaje hacia la finca de Uzui demoró menos de lo que había imaginado. ¿Sería porque al fin tenía un destino claro, por momentáneo que fuera? Cuando se encontraron cerca, el cuervo de piedras preciosas se adelantó a ellos. Sanemi creyó que había sido para avisar de su llegada, pero al ver una figura de pie frente al gran arco que marcaba la entrada, se dio cuenta de que no era el único invitado en aquella finca.

Tomioka lucía distinto desde la última vez que lo había visto, su cabello había vuelto a crecer; seguía usando el mismo haori de aquellos viejos días, como él, aunque ninguno usara ya el uniforme de la organización. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la derrota de Muzan?

—¡Tomioka-san! ¡Tomioka-san! —se escuchó el grito desde el interior de la villa. Era una mujer de cabello negro, una de las esposas de Uzui. ¿Hinatsuru, tal vez?—. ¡Ah!, ¿Shinazugawa-san? ¡Tengen-sama! —volvió a gritar—. ¡Ya llegaron ambos!

—Suma-san. —Giyuu saludó a la mujer con una pequeña reverencia. Bien, pensó Sanemi, no era quien él creía. Antes, cuando todos eran cazadores, no había tenido mayor contacto con ellas, por lo que nunca se molestó en recordar cuáles eran sus nombres. Si iba pasar una temporada con ellos, debería corregir aquello.

La mujer le miraba guardando cierta distancia. Sanemi se preguntó cuál sería el problema.

Uzui apareció entonces, con todo el ruido posible que podía traer consigo.

—¡Bienvenidos! —gritó, situándose entre ambos y golpeando fuertemente sus espaldas mientras los saludaba—. Me alegra que llegaran juntos.

—No lo hicimos —se apresuró a contestar Sanemi, aguantando en silencio el dolor en su hombro a causa del amistoso saludo de Uzui—. Nos encontramos por casualidad aquí en la entrada.

—Es lo mismo. Vamos adentro, mis chicas están preparando el almuerzo —les apremió Uzui, tomando a Giyuu por el hombro. Sanemi reparó en que él estaba del lado izquierdo del ex cazador.

—Traje ohagi —comentó Tomioka, quien se había mantenido en silencio, mirando al antiguo pilar del sonido mientras caminaban al interior de la finca, dejando a Sanemi atrás.

El albino se cuestionó si el imbécil de Tomioka quería bromear con él, pero consideró que sería mejor guardar silencio por el momento.

Lo cierto es que hacía mucho que no comía ohagi.