El Ruiseñor


Capitulo 13: Despedida


El caballo de Isshin había galopado desde el campamento hasta el castillo sin detenerse, él ya no podía seguir esperando por las respuestas que necesitaba a esa ridícula carta de Ichigo y sabía que Masaki le iba a decir las razones por la cual se estaba quedando sin comandante.

— ¡El rey! ¡El rey llegó! — Gritó uno de los guardias antes de que abrieran una de las puertas principales para que él entrara, iba solo y eso alertó a los guardias de la puerta que se pusieron ansiosos. Había pasado a todo galope en la calle principal de la ciudad pero tuvo "la suerte de las Deidades" de su lado y no hubo alguien que se atravesara en su camino que pudiese resultar herido.

— Su alteza… — Logró decir la Dama de las Llaves al verlo entrar al pasillo que llevaba a las habitaciones de la reina. Isshin la hizo a un lado sin detenerse en su avance. Llegar con Masaki era su objetivo y nada podría detenerlo.

Todos los sirvientes que se encontraban en su camino le hacían una reverencia respetuosa y evitaban hablar al ver la expresión seria y casi asesina que portaba en el rostro; se había regado como pólvora que el rey estaba molesto pues nunca llegaba de esa manera de las campañas y nadie quería pagar la furia del rey si cometían un error en su presencia. Isshin abrió la puerta del cuarto de Masaki de un solo movimiento, fue tan agresivo que la puerta golpeó contra la pared y regresó unos centímetros sobre el camino, las pequeñas damas que estaban bajo el cuidado de la reina se asustaron por la acción del rey y dieron un pequeño salto en sus lugares de la impresión al mismo tiempo que gritaban. Masaki estaba parada frente a un telar de bordado donde estaba haciendo un paisaje de playa, se le había caído al piso la gran aguja que usaba también por el susto y de inmediato fijó su mirada en el hombre en la entrada que estaba agitado, sudado y claramente molesto.

— ¿Es cierto? — Preguntó Isshin ignorando a las pequeñas damas que se levantaron como un resorte de su lugar para hacerle una reverencia respetuosa. Masaki lo miró confusa por aquella pregunta, no era la forma habitual en que él la saludaba al regresar de las campañas, ni siquiera estaba vestida para recibirlo.

— Niñas, salgan. Tengo que hablar con el rey. — La voz de Masaki sonó neutra e hizo que damas que estaban con ella se fueran de ahí tan rápido que lo siguiente que se escuchó fue el sonido de la puerta al cerrarse tras la última que salió. Masaki se giró para quedar de frente a él antes de hablar, solo había una razón para que él llegara de ese modo y con esa actitud y era que ha había leído la renuncia de su hijo. — Si, es cierto.

Isshin se le quedó mirando con aquella expresión de enojo que se había hecho más grande con aquella simple respuesta de su mujer, en el fondo esperaba que le dijera que no era cierto y que era una broma estúpida de su hijo. Masaki puso una de sus manos en su cadera mirándolo fijamente, como si esperara que una avalancha cayera en esa habitación y supiera que saldría bien librada de ella.

— ¡No lo puedo creer! ¡Tu hijo lo único que hace es causarme problemas! ¡No importa lo que haga, él siempre quiere hacer su voluntad! ¡Estoy cansado! — Gritó señalando a Masaki con un dedo acusatorio acercándose a ella con pasos largos y la respiración agitada.

— ¿Ah sí? — Preguntó sin dejar de ver fijamente a su esposo que ya estaba frente a ella sin bajar la mano. La furia de Isshin no le asustaba y no retrocedió ante el rápido avance del hombre que acortó toda la distancia posible.

— Si. Le perdoné la vida después de semejante falta a la corona trayendo un hijo y el cadáver de una esposa que no se sabe a qué horas consiguió, lo volví comandante en jefe del reino a pesar de que debía de exiliarlo si quería seguir con vida y ¿así me paga? Tu hijo es un ingrato mal agradecido. — Vociferó mirándola con aquella expresión asesina que hubiese empleado contra algún enemigo y respirando tan fuerte que las alas de su nariz se elevaban por la furia.

— Mi hijo. — Dijo Masaki en un tono tan suave que podría ser tomado como sutilmente peligroso. Sus ojos miel se movían sobre los ojos verdes de Isshin y lo miraba como si lo estuviera analizando, como si él fuera un enemigo que debía de aniquilar. — ¿Terminaste?

— ¿Qué dices, mujer? ¿Escuchaste lo que acabo de decir? — Preguntó aún más molesto y apretando el puño para contener su enojo.

— Que si ya terminaste de hablar para saber si puedo hablar yo. — Le respondió aun parada en su lugar. Ninguno de los dos se había movido de su sitio después de que Isshin se acercara a ella. Su esposo gruño un sí como respuesta.

Señaló uno de los muebles que había en la habitación y dedicó una última mirada al tapiz que estaba haciendo antes de dejar completamente de lado las agujas. Isshin estaba molesto pero hizo caso a su mujer sentándose y esperando una respuesta de ella. Masaki se quedó parada frente a él y la tentación de darle un golpe en la cara era grande pero se contuvo, respiró profundo en lo que ordenaba sus pensamientos y luego volvió a ver a su enojado esposo.

— Para empezar es cierto que Ichigo renunció al título de príncipe pero Kyoraku no aceptó la carta de renuncia y quemó el papel después de que él se había ido, si quieres que esa renuncia sea efectiva entonces deberás de hacer un documento donde digas que le retiras el título y todo lo que le quieras quitar, incluso la vida si eso te hace felíz. — Dijo molesta. De nuevo respiró para relajarse pero lo que seguía no podía ser dicho con calma. — Tú no le perdonaste nada, es tu hijo ¿Ibas a matar a tu hijo y a tu nieto? ¿En verdad? ¿Lo ibas a hacer si yo no te detenía? Te recuerdo que no es solo mi hijo, también es tuyo, no llegó a dentro de mí por obra de las Deidades.

Masaki lo regañaba como si fuera un niño pequeño, eso lo molestaba y trataba de no cederle la razón aunque en el fondo sabía que la tenía. Él le había dado el poder para hacerlo, él había hecho su igual a su reina aunque le molestaran los regaños que le daba siempre tenía razón. Masaki era la voz de la razón en su vida.

— Lo volví comandante del reino… — Comenzó pero Masaki levantó una mano para que se callara y la dejara continuar hablando. Ella ya lo había escuchado y en ese momento era su turno de ser escuchada.

— Ichigo debía de ser el heredero de la corona no el comandante, todo mundo apostaba por él cuando nació. Lo volviste Comandante porque se te antojó hacer a Kaien el heredero, porque no querías ponerlos a competir, porque tenías miedo de que tu "amado" Kaien se viera superado por Ichigo. — Soltó aquella molestia que había estado guardando por años y que no había dicho en voz alta. Fue como abrir una llave, la presión se liberó y todo empezó a salir más fácil.

— ¡Soy el rey! puedo disponer de mi herencia como…

— ¡Ya sé que eres el rey! A mí no me tienes que estar repitiendo eso, me casé contigo. ¿Lo recuerdas? — Levantó la mano donde estaba el anillo que le había puesto el día que se casaron bajo la mirada de las Deidades. Isshin había pronunciado unos votos que tardó más en pensar que en romper.

— Kaien nació primero, él era el que debía… — Intentaba terminar una oración coherente pero Masaki se lo impedía levantando la mano para que no hablara. Él había llegado buscando respuestas y por las Deidades que no se iría de esa habitación sin que hubiesen acabado de hablar.

— Nació primero y se volvió mi cruz el tener que cuidar del hijo de la mujer que se metió en la cama de mi esposo. ¿Qué te hice para que me hicieras eso? ¡Nada! Simplemente el rey no podía aceptar que ya no podía ir de un lado a otro correteando doncellas y llevándoselas a la cama. — Isshin no dijo nada y bajó la mirada ante eso. — Pero lo acepté porque te amaba y lo sigo haciendo porque te amo. Acepté que hicieras a Kaien el heredero de la corona porque no podía negar el extremo parecido del niño contigo, acepté que mi hijo fuera el comandante porque sabía que se bañaría de gloria en las batallas, las Deidades lo dotaron de una inteligencia para la estrategia sin igual y les agradezco por eso todos los días. Créeme cuando te digo que perdonarle la vida a tu hijo no era algo que tuviera opciones, por la sangre de Ichigo corre la sangre de más reyes que la de Kaien pero aun así no dije nada, me quedé callada y acepté lo que mi esposo y sabio rey dispuso.

— Ichigo era mi mejor hombre… — Intentó decir buscando de nuevo un argumento para rebatirle a Masaki algo. El enojo con el que había llegado se le estaba esfumando como humo por lo que su esposa le estaba diciendo. Masaki era una ola que no se podía parar y eso Isshin lo pudo ver en sus ojos al levantar la vista.

— ¿Y quién era tu mejor hijo? — Le preguntó de una manera tan seria y enojada que Isshin tembló un poco por la respuesta que luchaba por salir de sus labios. — ¡Dilo!

— No tengo hijos favoritos, ambos son iguales para mí. — Mintió y Masaki lo sabía. Sabía cuál era la respuesta a esa pregunta, sabía que Ichigo era mejor que Kaien a pesar de todo lo que había hecho pero Isshin por orgullo no lo admitiría, amaba demasiado a Kaien y odiaba a su madre por eso.

Ambos se quedaron en silencio, mirándose el enojo en los ojos mutuamente. Masaki suspiró y el enojo en sus ojos se evaporó en ese instante, Isshin vio el amor que su mujer le tenía en ese momento como una flama que se movía salvaje dentro de ella. Su esposa se sentó en el espacio vacío junto a él y tomó su rostro entre sus manos que eran suaves como la seda, lo hizo verla y luego le dio un beso suave en los labios.

Isshin no resistió el contacto con los labios de Masaki, la había extrañado demasiado y sus manos se movieron con una habilidad inusitada sobre la ropa de su esposa que hacía lo mismo entre besos que eran cada vez más apasionados.

— Bienvenido a casa, mi rey. — Susurró antes de sentir como los fuertes brazos de Isshin la estrechaban contra él y contra la cama.

Rukia había visto como Renji y su familia se iban de su casa cargando solo lo que ellos podían llevar, justo como ella había dicho la noche anterior. Los había visto irse desde una de las ventanas de la casa donde se podía ver con claridad la salida principal y el inicio del camino que llevaba al pueblo, no despegó su mirada de ellos hasta que se perdieron entre los árboles que custodiaban el camino. No se había despedido de él, no fue a verlo después de que Ichigo le dijera que había terminado más golpeado que él, no le dijo nada más. Renji salió cojeando de los terrenos sin voltear a ver hacía atrás y Rukia estaba segura que eso era en verdad un adiós. Ichigo estaba a su espalda, más alto que ella, viendo también aquello pero sin decir nada, él tenía la nariz hinchada y varios golpes en el cuerpo pero caminaba con normalidad.

— ¿Te sientes bien? — Le preguntó un momento después de ver la partida de Renji y su familia.

— No. Acabo de perder a mi único amigo. Quizás algún día nos podamos perdonar, quizás algún día él me pueda perdonar. — Susurró con la voz cortada y los ojos aguados por las lágrimas que se negaba a soltar.

— Intentaron matarte. — Repitió Ichigo aun molesto por eso. Rukia sabía que si fuera por él en ese momento las cabezas estarían rodando pero ella no era como él, ella no era capaz de condenar a alguien a muerte aunque intentasen matarla.

— Lo sé. — Murmuró y se limpió los ojos con el dorso de la mano antes de quitarse de la ventana sin voltear a verlo. — Hoy no me siento bien, mañana me enseñas lo que me debes de enseñar.

Se fue de ahí sin esperar a que Ichigo le respondiera, no le interesaba aprender algo en ese estado, solo quería dormir por días hasta que la sensación de pérdida se esfumara de su pecho. En ese momento extrañaba a Yuki, ella la había considerado una amiga pero la niña había desaparecido de un momento a otro; se preguntaba constantemente en dónde podría estar y si estaría bien, si no tendría problemas o si seguía viva. De nuevo se sintió sola y pequeña, justo como se había sentido aquella vez que había huido del reino solo que esta vez había sido su mano lo que provocó que se quedara así, no había sido la justicia del rey como lo había sido con su padre sino su propia justicia. ¿Era tan mala como el rey?

Miró las paredes de su casa ancestral recordando los cuentos que le contaba su madre sobre los reyes de antaño tan fuertes y valientes que escalaban las Montañas Azules en verano y montaban jabalíes salvajes como si fueran caballos.

Ichigo cumplió su promesa, le enseñó lo que debía de saber sobre cómo guiar un señorío. Renji tenía razón, ella se habría casado con algún lord y seguiría sin saber cómo se guiaba algo más allá de lo que concernía a la casa. Su madre le había enseñado un poco de eso pero era muy joven cuando empezó a hacerlo y no terminó porque se había ido a Avanta con su padre. Si no se hubiese ido, si la mágica Avanta no la hubiese seducido, entonces ella quizás no se sentiría tan perdida.

Dejó de pensar en el pasado, en lo que pudo haber sido si no hubiese ido con su padre a la mágica Avanta, si no hubiese caído en los encantos de Kaien, si no se hubiese ido a las Tierras del Ocaso, dejó de pensar en todo eso y se dedicó a pensar en su futuro, en lo que debía aprender e Ichigo se había ofrecido a enseñarle.

Entender las cuentas y la forma en que se administraba el dinero fue lo primero que Ichigo le enseñó y no pudo evitar preguntarse si el padre de Renji le habría enseñado a hacer eso o se lo enseñaría a su hijo para que él llevara el control cuando fuera necesario.

— ¿Como es que sabes de estas cosas? — Le preguntó una tarde cuando estaban corroborando unas cifras con lo que había en una bodega.

— Mi madre dice que debo de tener opciones, nunca seré rey y ser el Comandante la pone de nervios, prefiere que sea el señor de alguna tierra y tenga esposa, una viva, y más hijos a qué vaya a la guerra. — Respondió con calma e indiferencia marcando que lo que estaba en la lista estaba bien.

Rukia aprendió todo lo que pudo de Ichigo y muchas veces había terminado con dolor de cabeza porque eran cosas que no había manejado antes, no a ese nivel que incluía la vida de mucha gente y la posibilidad de supervivencia en invierno y los tributos anuales a la capital del reino.

— Si las cosechas van bien, tendrán suficiente grano para pasar el invierno y dar lo respectivo a la capital, si no... entonces habrá que buscar otras formas. — Dijo una tarde que soplaba una brisa cálida.

Pocos días después los representantes de las Deidades informaron que el verano había llegado y fue que se reunieron todos en el templo que había en "pueblo oscuro" como le había puesto Ichigo a la antigua ciudad de Bosque Oscuro. Se entregaron los primeros frutos de los primeros sembradíos y agua de la primera lluvia a las Deidades para que el verano fuera favorable y los frutos fueran los esperados en el otoño. Ese día Rukia había entrado con Ichigo para entregar una de las ofrendas decoradas con papeles de colores, la idea de que así se debió de ver si hubiese seguido con los planes de la boda la hizo sonrojarse ligeramente.

Habían pasado al menos dos semanas desde que empezó a aprender cuando empezaron a llegar los rumores de la guerra. Ichigo salía con ella muy seguido a pueblo oscuro, que era casi tan grande como la capital pero un poco más lleno de árboles, y le enseñaba a hablar con los vendedores y con las mujeres que había en los templos de las Deidades.

Tardó en ganarse la confianza de la gente pero verla con el príncipe era como una forma de decir que la corona estaba respaldando lo que ella hacía. La gente confiaba en los Abarai y al descubrirse lo que habían intentado hacer el humor general de la gente era un enigma y varios apoyaban lo que habían hecho dándoles la razón. Rukia era casi una extraña ahí.

— Si te ganas a la gente entonces no importa lo que digan de ti, serán tus acciones contra lo que tienen que luchar. — Le había dicho una vez cuando estaban caminando entre las calles del mercado, fue esa vez que ellos escucharon los rumores de la guerra.

Los soldados que regresaban a sus hogares en Bosque Oscuro empezaron a contar lo que había pasado en la campaña. Hablaban de la forma en que el rey de Gardelia había humillado a su rey y de la ausencia del Comandante en Jefe del reino.

— El soldado enemigo bajó de un caballo tan blanco como su armadura y le dijo a nuestro rey que era un tonto y que teníamos que rendirnos o iban a matar al príncipe Kaien. — Dijo uno de los soldados mientras ellos se acercaban para escuchar mejor las noticias. La gente que lo escuchaba se tapaba la boca de la impresión, murmuraban entre ellos y se hacían el signo de las Deidades sobre el corazón.

Ichigo sabía lo que había pasado en la campaña, Uryu, Ulquiorra y su madre se lo habían contando en sus cartas pero siempre era bueno saber lo que la gente decía de lo ocurrido, a veces exageraban un poco pero siempre era parte de la emoción de contar algo hasta hacerlo quedar mejor o peor para el recuerdo futuro.

— Entonces el rey mató al soldado y fue hasta Gardelia con una escolta de diez mil hombres y cuando volvieron regresaron con la victoria. — Esa parte no se la podía creer ni el soldado que lo contaba pero la gente vitoreaba por eso y porque el reino era más grande.

Muchos de ellos no habían visto al rey de cerca más que por breves instantes en toda su vida y dudaba que conocieran al comandante en jefe del reino, menos que lo reconocieran a él si se lo encontraban en la calle vestido de manera común pero uno de los soldados que estaba hablando levantó la mirada a donde estaba él y lo reconoció.

— ¡Su alteza, mi Comandante! — Dijo levantándose de golpe e inclinándose haciéndole un saludo militar en toda la forma. — Su alteza, ¿por qué no fue a la Campaña? La victoria no sabe igual sin usted.

Ichigo lo miró y respondió su saludo. Él ya no era el Comandante en Jefe, había renunciado a eso cuando renunció a su derecho de sangre. Notó que todos lo miraban y le hacían una pequeña reverencia en muestra de respeto. Se sintió incómodo, él ya no era príncipe de nada, él solo era Ichigo y buscaba un lugar para estar.

— Tuve que cuidar el reino y el rey me envió a Bosque Oscuro para ayudar a la señora a cuidar sus tierras, la corona está en deuda con la familia Kuchiki. — Mintió con toda la naturalidad que había en él. Ichigo era bueno en eso, Rukia solo se le quedó mirando de reojo al decir eso último. — Además por lo que estoy escuchando parece que mi ausencia no cambió el destino, nuestro rey trajo la victoria y la riqueza a nuestro reino.

— ¡Viva el Rey Isshin! — Gritó un soldado y las personas que estaban reunidas en esa parte del mercado, que cada vez eran más, respondieron el "viva" a todo pulmón. — ¡Viva el príncipe Ichigo! — volvió a gritar el hombre y de nuevo respondieron el "viva" con algo más fuerza. Ichigo solo se quedó con esa sonrisa agradecida en su rostro mientras los vitoreaban.

Después de eso y de hablar un poco con el soldado, y la gente que se acercaba a él con dudas, se regresaron a la casa caminando en silencio durante todo el trayecto. Su hermano había sido tomado como rehén y de alguna manera habían ganado, no sabía cómo era que la gente creía eso pero la decepción por aquella noticia le llegó y se le fue muchísimo antes de que los rumores de la guerra llegaran, su madre le había contado todo lo que hizo el rey con pelos y señales.

Rukia había dejado de insistir en que le contara sobre su pasado y supuso que estaba demasiado ocupada en su presente como para preocuparse por ese detalle, se alegra por eso pero nada lo alegraba más que ver a Rukia jugar con su hijo. Debía de admitir que la sangre era fuerte y no podía negar que la de su hijo y Rukia se atraía como un imán, por un momento tuvo miedo de perder a su hijo, que la sangre le jugara en contra.

— Llegó una carta del rey. — Dijo Orihime aquél día. La chica estaba llena de harina en la cara y los brazos, despegó la vista del libro de cuentas que Rukia había llenado comprobando que todo estuviera bien. Estaba feliz porque ya podía arreglarselas sola.

Extendió la mano y Orihime se la entregó como si le quemara la mano, solo le entregó la carta y se fue de ahí a seguir haciendo la comida del día. Ichigo se quedó mirando el papel con el sello de su padre en laca negra, era la primera carta de su padre desde que le había presentado su renuncia. Dudó en abrirla, tuvo miedo de lo que podía contener la carta pero debía de hacerlo así que rompió el sello para ver su contenido.

"Ichigo, espero hayas disfrutado tus vacaciones en Bosque Oscuro pero necesito a mi Comandante de vuelta en el castillo. Tu hermano se va a casar y tienes que estar presente en la boda. Si quieres puedes traer a tu esposa, ya no importa. Necesitamos hablar de esto frente a frente. Es una orden. Isshin."

Corto, conciso y muy propio de su padre, podía sentir el enojo en cada curva demasiado forzada en la carta y soltó un suspiro. La volvió a leer, mencionaba a su esposa pero él no tenía esposa, había roto el compromiso con Rukia y se lo había comunicado a su madre, seguramente ella no se lo había dicho a su padre por si lo reconsideraba. Esa carta era del tipo de carta que no se responde sino del tipo que te hace viajar en ese mismo momento al llamado. Él no lo haría, su hijo cumplía años ese día y no iba a evitar el festejo de su pequeño por su padre.

Dejó la carta de su padre de lado, junto al libro de las cuentas de Rukia y salió de la habitación en donde estaba, afuera Rukia y Orihime estaban en la cocina de un lado para el otro preparando no sabía qué pero incluía harina por montones. Ni siquiera se acercó a ellas, tenía miedo de terminar atrapado en esa vorágine que se traían y terminar lleno de harina como ellas. Su hijo estaba con los soldados y Kiyone lo cuidaba de cerca, de cierta forma le recordó a él cuando era pequeño. Su hijo necesitaba amigos de su edad, los hijos de los soldados imperiales que servían en el palacio podrían haber sido sus amigos si estuviera ahí.

— ¡Juha! — Lo llamó y el niño dejó de perseguir a las gallinas para ir detrás de su padre. Ichigo abrazó a su hijo y le dio un beso en la mejilla. — Feliz cumpleaños, pequeño príncipe. — Felicitó a su hijo y le dio una pequeña medalla de las muchas que había obtenido en la guerra. Lo ayudó a ponérsela en el pecho y luego lo dejó ir para mostrarsela a Orihime y a Rukia. Kiyone salió corriendo detrás de él e Ichigo se quedó con los guardias, tenía que hablar con ellos sobre el viaje de regreso a Avanta.

Rukia estaba cubierta de harina cuando llegó el pequeño príncipe luciendo la medalla en su pecho con una sonrisa llena de orgullo; pasar tiempo con aquel niño era mágico, la calmaba, la hacía feliz y lo mejor de todo, desde que ese niño había llegado a su vida las pesadillas habían cesado y en su lugar tenía sueños placenteros. Varias veces soñó con Ichigo, aunque eso nunca lo diría a viva voz, no eran como el sueño donde Yuki se iba aunque eso resultó más una premonición, sino que era más como un recuerdo.

Desde que tenía esos sueños esperaba con ansias las noches para saber si tenía más de aquellos sueños. Eran como fragmentos de su vida que venían de a poco y casi estaba convencida de que eran recuerdos porque Ichigo se veía más joven, también veía una especie de miedo en sus ojos que en ese momento parecía que no encajaría en el hombre que estaba ahí. Muchas veces se preguntaba cuánto tiempo más se quedaría Ichigo ahí y temía el día en que se fuera y se llevara a su hijo, también temía que al irse extrañara su presencia. De nuevo consideró que aceptaría la propuesta de matrimonio si Ichigo se la pedía solo para poder estar con el niño.

Todo ese tiempo que había estado él ahí lo había llegado a conocer de una manera que no creía posible aunque estaba segura que lo conocía más de lo que imaginaba, era una sensación en el pecho que casi le gritaba en la cara pero que no podía comprender del todo.

Orihime elogió la medalla del pequeño y ella hizo lo mismo, le dieron una manzana picada en trozos y se lo llevó Kiyone para que siguiera jugando con las gallinas. Ambas estaban hechas un rollo en la cocina pero cuando llegó la hora de la comida todo estaba listo, las cocineras habían ayudado mucho.

Decoraron la enorme mesa con un mantel que era algo viejo pero estaba entero aunque un poco deslavado, en la cabecera de la mesa, el lugar donde solía sentarse Ichigo, pusieron un pastel pequeño cubierto de una especie de mermelada cremosa; habían intentado hacer betún pero el pan estaba demasiado caliente cuando lo pusieron y todo de derritió. Sentaron al pequeño príncipe en la cabera de la mesa y le cantaron por su nacimiento y por ser ahora un año más grande.

El pequeño niño sopló las seis velas pequeñas que habían logrado hacer en los días anteriores y todos disfrutaron del pastel que no se veía como los que hacían en el palacio pero que sabía muchísimo mejor. Comieron y rieron, los soldados estaban con ellos, las doncellas y cocineras que Orihime había contratado al llegar y todos los que vivían ahí, incluso las gallinas estaban en la cocina comiendo lo que el niño tiraba de su plato.

Rukia reía, era feliz como no recordaba haberlo sido en los últimos años; platicaban y reían y convivían de una manera en que solo la fiesta de un niño podía hacer. Ichigo se acercó a ella y le dio un toque discreto en el hombro para llamar su atención, le hizo una seña con la cabeza para que lo siguiera y salieron del comedor hacia uno de los cuartos de arriba dejando la fiesta donde empezaba a sonar música, alguien había llevado a un cantante errante.

— Tenemos que hablar. — Comenzó Ichigo haciendo que sintiera un nudo en el estómago. Ichigo estaba demasiado serio y esas palabras nunca presagiaban algo bueno.

— ¿No puede esperar hasta mañana? Alguien llamó a un cantante errante. — Dijo tratando de evitar el tema que quisiera hablar Ichigo en ese momento. Él negó con la cabeza de manera contundente. — Está bien, aunque la fiesta se pondrá divertida y nos la estamos perdiendo.

Rukia se sentó en el borde de la cama y le hizo una seña para que se sentara en una silla de la habitación. Ichigo le hizo caso ignorando el comentario de la fiesta y se sentó también. Sus ojos la miraban de una manera intensa y profunda, tuvo un escalofrio en la espalda por eso, la poca luz que entraba del día por la ventana lo hacía verse más serio de lo que estaba.

— Nos tenemos que ir. — Comenzó Ichigo haciendo que Rukia se levantara de su asiento como un resorte. Eso no lo había visto llegar.

— Pero no puedo irme, apenas estoy aprendiendo sobre esto de ser una señora. — Le respondió confusa e Ichigo solo negó con la cabeza.

— No me expliqué bien, me tengo que ir con mi hijo y Orihime, el rey nos ha llamado a Avanta. — Ichigo solo pudo ver como Rukia se volvía a sentar con la decepción en el rostro.

— ¿Cuándo?

— Mañana partimos.

— ¿Tan pronto? — Su voz sonaba agitada, como si le hubiesen sacado todo el aire de un golpe.

— Si, el rey lo ha ordenado y no hay manera de oponerse a eso. — Respondió tan serio como podía. Lo último que quería era dejar a Rukia.

— Está bien. — Pudo sentir la resignación en su voz que sonaba apagada.

Ichigo quería levantarse y sentarse junto a ella, tomarla del rostro y prometerle que regresaría pero no era posible, no había nada entre ellos y aunque él la amara ella no lo hacía. Hubo silencio durante un momento.

— Hace tiempo me preguntaste lo que había pasado en el bosque. — Comenzó a hablar atrayendo su atención. Se levantó de su silla y se sentó junto a ella. — Yo te dije que te contaría si te casabas conmigo, lo aceptaste y luego vi tanta emoción en tu rostro cuando pensaste que ya no nos íbamos a casar que tuve que romper el compromiso. No se puede obligar a alguien a estar a tu lado sin una cuota de infelicidad permanente.

Rukia iba a decir algo pero él lo evitó, le había costado tanto armarse de valor que sentía que si ella lo interrumpía entonces no podría hacerlo.

— No puedo negarte el saber lo que pasó en el bosque porque tal vez sea la última vez que nos veamos, yo volveré a Avanta y tú eres la señora de estas tierras — Le acarició la mejilla de una manera tan suave que a Rukia le pareció que había añoranza. — Siempre estuve enamorado de ti, Rukia, desde el día en que llegaste a Avanta y viste el castillo por primera vez, la sorpresa en tus ojos que brillaban de una manera que no había vuelto a ver hasta hoy, Avanta te quitó mucho. Tú no me viste, veías a Kaien, todo mundo veía a Kaien, era la versión joven de mi padre y en ese tiempo ya lo habían nombrado el heredero de la corona, estaba reluciente de felicidad y deslumbraba a su paso.

— Yo no… — Intentó hablar Rukia pero uno de los dedos de Ichigo se posó suavemente sobre sus labios para que no hablara. Ichigo cerraba los ojos con fuerza, como si se concentrara en lo que iba a decir y luego la miraba de una manera tan penetrante que Rukia sentía su alma temblar.

— Tú sonreías al verlo a él y yo sonreía al verte a ti. Sé lo que pasó entre ustedes, Kaien sabía lo que sentía por tí y no dudó en decirme lo que pasaba cuando te visitaba. Él siempre estaba rodeado de doncellas que lo adulaban, siempre ha cojeado por ese lado y no dudó en decir lo que debía decir para tener lo que quería. No sé qué te prometió, no sé si te prometió una vida juntos o que serías su esposa, no lo sé y no me interesa; las noches que no te iba a visitar las doncellas entraban a su habitación, siempre hacía eso, comenzó mucho antes de tu llegada. La noche que lo descubriste, esa noche que casi te mata por enfrentarlo, esa noche había golpeado a una de las doncellas que lo visitaba, la doncella estaba embarazada y Kaien no quería tener hijos, no debía de tener hijos. Su vida estaba planeada y su primer hijo debía de venir de una princesa, no quería arruinar su futuro. Yo te saqué de aquél palacio cuando Kaien estuvo a punto de clavarte su espada y te llevé a una cabaña abandonada en el bosque. Yo sé que eso lo recuerdas. Regresé al castillo y dije que habías huido pero Kaien no me creyó, le dijo a los soldados que te buscaran y temí porque te encontraran en la cabaña, salí a escondidas para ir a verte, fue la última vez que te ví, estabas decidida a irte a tu casa a pesar de estar herida, intenté convencerte de que esperaras pero cuando volví al día siguiente ya no estabas. En ese tiempo aún no era el comandante y carecía de los medios que tengo ahora, no supe de tí hasta que uno de los soldados dijo que te había visto subir a un barco. No sé cómo llegaste a Bosque Oscuro y no lo investigué, solo me alegré de saberte viva.

Terminó de hablar y Rukia se le quedó viendo sin saber qué decir. Ichigo se levantó de su lugar en silencio, le acomodó el cabello detrás de la oreja y le dedicó una última mirada.

— Descanse, señora de Bosque Oscuro, nosotros partiremos temprano. Guíe bien a su gente y que su tierra sea próspera. — Se dio la vuelta dirigiéndose a la salida, al abrir la puerta sintió los brazos de Rukia alrededor de su pecho, lo estaba abrazando por la espalda.

— Por eso no me quería casar contigo, Renji lo dijo, quién querría algo que…

— No termines la oración, tú no eres algo, eres Rukia, eres una persona no un objeto. — Dijo girándose entre sus brazos para mirarla de frente. — No vuelvas a decir esa infame oración.

— No te vayas, me casaré contigo si quieres. — Dijo de una manera desesperada. Ichigo intuyó que no quería que se fuera para no se llevará al pequeño.

— No. No me amas Rukia, no te obligaré a estar conmigo, solo… solo déjame hacer esto… — Susurró y levantó suavemente el mentón de Rukia acortando la distancia entre ellos hasta que no hubo más espacio entre ellos.

Le dio un beso muy suave y sintió como Rukia tembló entre sus brazos antes de alejarse de él casi inmediatamente. La miró y le dedicó una sonrisa algo decaída, tomó una de sus manos y le dio un beso cortés.

— Muchas gracias por la hospitalidad, mi lady. — Murmuró de forma quedita, como si le faltara el aire, y salió de la habitación. Abajo estaba la fiesta pero no sentía ganas de unirse a ella, Orihime se encargaría de todo, como siempre.


-Notita de la autora: gracias por sus comentarios, me motivan a seguir.

Lana Winter: espero que las respuestas que necesites las encuentres a lo largo de la historia, muchas gracias por comentar :D

Valentina: me gusta que te guste, andamos trabajando en los capítulos :D

OsiOsi: también lo pensé pero me gusta complicarme la vida :P

Inverse L. Reena: me alegro no haber sido tan predecible aunque déjame decirte que fue la primera opción mientras se cuajaba la historia, matar a Isshin en esa campaña era muy tentador, por ahí anda el borrador de esa idea.