El Ruiseñor


Capitulo 14: Trampas


Avanta se levantaba enorme y majestuosa sobre aqué risco que con los años se había ido puliendo hasta lo que era en ese momento, sus grandes torres eran alumbradas por las antorchas que estaban encendiendo una a una los sirvientes que, al igual que su familia, habían estado ahí desde que Avanta era solo una playa y dos chozas.

Ichigo no estaba nervioso a pesar de que el rey lo hubiese llamado de esa manera. Tenía 25 años y era todo un hombre probado en la vida y en la guerra, algo que no se podía decir de su hermano mayor y debía de admitir que en parte era su culpa pero era algo que no le quitaba el sueño. Los soldados gritaron al momento en que él cruzó la puerta principal junto con el coche en que venía Orihime y su pequeño hijo y pudo notar el júbilo en la voz de los hombres que estaban ahí, todos alguna vez habían servido a sus órdenes ya sea en la guerra o en la paz; él había sido su comandante y antes de eso había sido su igual, había dormido en los barracones junto a ellos, había cazado con ellos y había excavado letrinas con ellos sin contar que había peleado codo a codo con muchos de esos hombres cuando su padre decidió apoyar a Kuvar en su campaña contra los mercenarios que habían tomado las Tierras Quebradas como una base y servirse de la rapiña a los reinos.

Esos soldados eran sus soldados, sabía que si él los llamaba ellos irían a su llamado, se los había ganado demostrando que eran igual, que todos sangraban del mismo color. Un solado de los que le habían abierto la puerta se acercó a él y le dio la bienvenida al castillo al momento de ayudarlo a desmontar de su caballo, él le regresó el gesto con una sonrisa, al igual que Kaien cuando quería parecer encantador, y le dio una palmada en el hombro de forma amigable al soldado antes de ir en búsqueda de su padre.

No se dirigió a la cúpula dónde solía estar algunas noches hasta tarde, en vez de eso se dirigió al pasillo que conducía a las habitaciones privadas del rey, donde él y Kaien tenían un pasillo que comunicaba con las suyas. Los soldados que custodiaban la entrada del pasillo le dieron la bienvenida con la alegría en el rostro antes de anunciarlo y hacerlo pasar a la habitación de su padre. Al cruzar la puerta vio que su padre estaba parado frente a la chimenea contemplando el fuego que ardía consumiendo la madera que tronaba de vez en vez, cerró la puerta para que nadie afuera escuchara lo que se diría adentro y se acercó a él de manera prudente.

Su padre no lo volteó a ver y levantó una mano para impedir que hablara en el instante en que se aclaró la garganta para decirle que había llegado como él había pedido; Ichigo supuso que era algo que había estado practicando en su mente desde mucho antes de que él llegara, su madre debía de tener mucho que ver en esa plática, al terminar iría con ella.

— Ichigo — Comenzó su padre despegando la mirada del fuego en la chimenea para fijar sus ojos verdes en su hijo. — No acepto tu renuncia, no acepto que te vayas del castillo. Eres mi hijo y reconozco que no te he tratado tan bien como debería, no eres un traidor, solo vivías tu vida y no me opondré a que la vivas como quieres. No encadenaré tu vida a Kaien, cada uno tiene un destino que debe seguir...

Eso le sonó a "como no eres el futuro rey, entonces puedes hacer lo que quieras, ya no te voy a decir nada". Ichigo pasó por alto aquel pensamiento y dejó que su padre siguiera hablando hasta que dijera todo lo que tenía que decirle, la mayoría era una forma sutil de decirle que nunca sería rey y que debía de servirle a Kaien cuando las Deidades lo llamaran a su gloria. Le parecía basura sobre basura, no necesitaba que se lo recordaran, él lo sabía muy bien y lo tenía en claro aquella vez que suplicó por su vida y la de su hijo, sabía que su única oportunidad de elegir sobre su vida la había tomado aquella noche y ni siquiera había sido suya del todo.

No hablaron de la campaña pero él sabía que no había ido porque le había propuesto matrimonio a Rukia y Kaien, que se había enterado de alguna manera, había ido corriendo con su padre para decirle lo desafiante que seguía siendo a las leyes de la corona. Al final aquella campaña había resultado mejor de lo que había planeado en un principio, pasó lo que debía de pasar, sabía que poner esa última línea en aquel tono que se podría interpretar como una pequeña broma sería capaz de hacer que todo cambiara a su favor. Convencer al Rey de Gardelia de no regresar el ataque había sido bastante dificil pero todo había salido bien, sobre todo porque no lo vio nunca y todo fue mediante anónimos que enviaban mensajeros que nunca volvieron a ver la luz del sol.

La conquista de Gardelia, si es que se le podía llamar a eso "conquista" le había cortado las alas a Kaien de una manera tan abrupta que aún no lo asimilaba del todo y le había arruinado los planes a Isshin de la misma forma. La idea era conquistar Gardelia y casar a Kaien con una princesa de Kuvar, así Avanta tendría la mayoría del continente en su poder pero eso era algo que ya no iba a pasar. Para esas fechas ya todo mundo sabía lo que había pasado e Isshin temía que alguno de los reinos sureños, al escuchar su derrota por parte de Gardelia, vieran una oportunidad para atacarlo y obtener un poco más de tierra y mucha fama.

¡Fué a la guerra sin Comandante! — Isshin se imaginaba lo que podían decir los reyes en sus salones cuando los conquistaran y su cabeza estuviera en una pica, era algo que no podía permitir, era algo que no debía de permitir. El asunto estaba hecho, Gardelia había ganado y ellos tenían que celebrar una boda.

El rey Augustus llegó con toda la comitiva que correspondía a su fama de rey, se suponía que harían la ceremonia de rendición después de la boda, era algo que había firmado Isshin el día del rescate de Kaien. Les dieron una zona exclusiva para ellos en el castillo de Avanta, con vista al mar y al bosque, y le dejaron toda la responsabilidad de que ellos estuvieran bien a la Dama de las Llaves; la mujer sentía que se iba a partir en dos por tanto trabajo que se juntó esos días.

La princesa que se iba a casar con Kaien llegó un par de días después al castillo junto con su madre y sus hermanas, las damas, doncellas y demás gente que les servía; tras ellas llegaron los Generales de Gardelia e Isshin tuvo que afrontar que aunque los atacaran, con o sin Ichigo, iban a perder de una manera atronadora. Sus temores eran ciertos, tenían una armada tan grande como la suya e iban a una trampa, Ichigo se había equivocado al confiar en su hombre y él se había equivocado en pensar que iba a ser una victoria fácil. Aquella invasión pasaría a la historia como el peor error del rey.

Para cuando la princesa llegó ya la mayoría de los preparativos para la boda estaban listos, solo esperaban el día para que los cocineros, tanto de Gardelia como de Avanta, se pusieran a preparar todos los platillos que se iban a servir en el banquete que habría después de la boda. Las invitaciones se repartieron entre los lores de Avanta y Masaki envió una invitación en toda la regla a su familia que no tardaron en responder con una carta algo escandalosa.

"No iremos a esa ridícula boda, todo Vayalat sabe lo que pasó en Gardelia y padre está demasiado enojado, se pregunta constantemente si criaron a una alfombra o a una reina. Solo pídelo, solo tienes que pedirlo y la Triada se reunirá para desmantelar el imperio de tu inútil esposo, solo tienes que pedirlo y pondremos a tu hijo como el legítimo heredero al trono que es como Rey de Avanta. Atte. K."

Masaki leyó la carta que había enviado su hermano y luego la quemó, no podía permitir que su esposo leyera el contenido, suficiente tenía con los problemas que ya tenía.

Shaolin caminaba muy rápido de un lado para otro llevando las cosas que la princesa pedía y necesitaba a pesar de que la Dama de las Llaves le había asignado criados y doncellas para que las atendieran; Yoruichi se había negado a emplearlas alegando que no la conocían tan bien como su propia dama y que solo en ella podía confiar para atenderla. La chica era muy seria pero atendía con la vida misma a Yoruichi que nunca había tenido alguna queja de ella. En ese momento llevaba una caja con zapatos nuevos que la reina de Avanta había mandado a hacer para que se pusiera el día de la boda y una invitación para ir en la tarde a sus habitaciones y contemplaran la colección de joyas, debía de elegir alguna también para usarla ese día.

— Princesa, traje un presente de la reina para usted. — Dijo al entrar en la habitación que ocupaba Yoruichi.

Todo estaba en silencio y el único ruido que había era el de las cortinas del balcón que ondeaban con la brisa del mar, últimamente Yoruichi estaba más callada de lo habitual pero todo mundo lo había atribuido a los nervios de la boda. Dejó la caja en uno de los muebles que decoraban la habitación y empezó a buscarla por todo el lugar, en el balcón y en el pasillo que daba a la habitación de la reina de Gardelia, incluso entró en ella encontrando a su reina y a las princesas disfrutando de una agradable reunión con la reina de Avanta y sus pequeñas damas.

— Su alteza… mi señora… — No sabía cómo referirse a su reina, aún estaba confusa sobre aquello pero no tuvo mucho tiempo para plantearse los modales que debía de tener en ese momento. — ¿Ha visto a la princesa Yoruichi? No puedo encontrarla.

— Debe estar en el jardín, dijo que caminaría con su prometido en la mañana. — Respondió la todavía reina de Gardelia sin darle mucha importancia. La plática con Masaki era muy amena en ese momento.

Shaolin asintió y se fue en búsqueda de Yoruichi al jardín, preguntó a sirvientes que habían ido con ellos y a los que vivían en el propio castillo si habían visto a los príncipes pero nadie le supo dar respuesta sobre Yoruichi, cuando encontró al príncipe Kaien este le dijo que habían platicado toda la mañana pero que después ella decidió retirarse a sus habitaciones a descansar. Shaolin estaba empezando a entrar en pánico porque ella evidentemente no estaba en su habitación y, cuando al fin se rindió por no poder encontrarla, le avisó a su reina de que la princesa no aparecía.

Isshin estaba reunido con Augustus y varios miembros de su consejo, estaban hablando de la adhesión de Gardelia y los términos que iban a tener, cuando un soldado blanco de Gardelia interrumpió la reunión dando aquellas noticias. Augustus se levantó y pidió su espada, él iría por su hija a donde sea que estuviera pero Isshin le recordó que él no conocía tan bien el lugar y podría perderse.

— Llamen a Ichigo. — Dijo haciendo que todos tomaran asiento de nuevo, se habían levantado al ver que Augustus lo hacía. Trataba de calmar a su consuegro que quería salir corriendo en ese momento pero no quería tener que buscar a un rey también.

— Su alteza. — Habló Ichigo haciendo una reverencia al llegar frente a su padre.

— Nuestra futura hija se ha perdido, podría ser en el bosque aunque hay que corroborar que no haya salido hacia la ciudad. — Dijo mirándolo fijamente.

— ¿Envías a tu hijo a buscarla? — Preguntó mientras veían a Ichigo que fijó sus ojos en el padre de la princesa.

— Es el Comandante del reino, conoce cada piedra que hay aquí, te aseguro que si alguien puede encontrarla será él. — Dijo con ese tono orgulloso en su voz y le dio su permiso para irse.

Ichigo salió de ahí maldiciendo en silencio a su "nueva hermana" por perderse. Ordenó a un grupo de soldados que se reunieran con él y les ordenó a donde ir, él también se incluyó en la búsqueda y se metió en el bosque con la intención de buscarla. A lo lejos escuchaba como los soldados gritaban el nombre de Yoruichi pero eso solo lo hacía poner los ojos en blanco, se dedicó a caminar en silencio y se encontró con un sendero que no había recorrido en seis años. Lo siguió como si hubiese sido ayer el último día que lo recorrió y llegó a la cabaña donde había vivido con Rukia durante un tiempo. La puerta estaba abierta y entró como si nada, ahí estaba Yoruichi sentada en una polvorienta cama vieja jugando con algo que tenía en la mano.

— ¡Tuve que desplegar a un grupo de búsqueda por tu culpa! ¡Lo pudiste haber pedido! — Le reclamó al verla con aquella sonrisa tan suya. Se quedó parado en la puerta y luego buscó un lugar sin tanto polvo para sentarse, cruzó las piernas y se apoyó con un codo en la mesa soportando su cabeza sin dejar de mirarla. — ¿Por qué mi "nueva hermana" me ha citado aquí? ¿Qué iba a pasar si no me enviaban a mi a buscarte?

— ¿De verdad? "Ichigo, te veo en nuestra cabaña en el bosque, lleva el vino". ¿En qué mundo eso es posible sin que nos corten la cabeza a los dos? — Le preguntó aun sentada en su lugar pero sin dejar de verlo ni de sonreír así, como si estuviera planeando algo. — Además sabía que vendrías a buscarme o te ofrecerías a ello, se supone que no nos conocemos y que la primera vez que nos vimos fue cuando llegué, además pensé que ya no querías más problemas, digo… esperaba verte en la campaña que había levantado tu padre y me entero de que el Comandante de Avanta no llegó, no sabes la decepción que me llevé. — Le reclamó pero no parecía realmente molesta.

— Tienes suerte que nadie conozca este lugar tan bien como yo. — Bufó molesto pero sin abandonar esa posición, sabía como era ella y prefería mantener la distancia tanto como se pudiera. — No fuiste la única decepcionada en esa campaña pero todo salió bien, no te puedes quejar.

— Dejemos la campaña de lado, solo quiero que hablemos como los viejos amigos que somos, cuéntame mejor cómo está nuestro hijo, no lo veo desde que nació. — Dijo con esa sonrisa tan suya antes de esquivar algo que salió volando en su contra y que se estrelló contra la pared de madera vieja que estaba a su espalda.

— Ya tienes lo que prometí ese día, te entregué el reino de Avanta en bandeja de oro. — Dijo molesto sin acercarse a ella.

— Me hubiese gustado que el reino viniera contigo incluido, tu hermano es insoportable. ¿Sabes lo que tuve que fingir mientras platicamos y paseamos esta mañana? ¡Me duelen las mejillas! Al menos contigo se puede platicar de cosas interesantes.

— Cosas interesantes que se supone que no podemos platicar porque se supone que "no nos conocemos". — Dijo eso ultimo haciendo comillas con los dedos. — El niño está bien, creciendo fuerte y sano y todo eso.

— Te he visto jugar con él en los jardines, se parece a ti, tiene tus ojos.

— Se supone que es mi hijo, se tiene que parecer a mí, no sé qué esperabas. — Preguntó sin relajar la postura seria que tenía.

— Que se pareciera a mí. — Dijo riendo antes de esquivar otra cosa que salió volando hacia ella y que se estrelló contra la madera de su espalda de nuevo. Se levantó y se acercó a él con ese andar casi felino que tenía hasta quedar frente a él. Ichigo seguía sentado y aprovechó para llevar uno de sus delicados dedos a su mentón y levantarle el rostro sin mucha resistencia de parte de él. — Ichigo, nos divertíamos mucho antes, si lo hubieses pedido me habría casado contigo y no con tu hermano, tengo varias hermanas que estarían felices de ser la nueva princesa de Avanta.

— Yo no te habría dado un reino y una corona, sabes que nunca seré el rey.

— Si te casabas conmigo te habrías vuelto el nuevo rey de Gardelia. — Hizo una pausa sin dejar de verlo, esta vez mordiendose un labio por haber dicho aquello. — Y nunca digas nunca, un día tu hermano habría podido no despertar y ¡tada! ¡salve el rey Ichigo! ¿Dónde quedó ese hombre que soñaba con la corona de Avanta? — Preguntó mirándolo pero él no respondió. — Ya recordé, se enamoró de una simple niña y se casó con ella. — Dijo aquello con desprecio e Ichigo se levantó de su asiento haciendo tronar la madera. La sujetó del cuello de manera rápida por lo que dijo quedando demasiado cerca.

— ¡No digas eso de ella, no es una niña y no es simple! — Hablaba con su mano cerrándose en el cuello de Yoruichi que solo sonreía, lo tenía tan cerca que podía sentir su respiración caliente sobre sus labios, ahora ella debía de levantar la mirada para verlo, él era mucho más alto que ella.

— Más duro, Ichigo, ya sabes como me gusta. — Ichigo la soltó no sin antes darle un beso que era demasiado intenso como para no ser obsceno. Yoruichi se limpió la sangre de la mordida que Ichigo le había dado con la lengua.

— Tu regalo de bodas, por los viejos tiempos. — Dijo al alejarse de ella de nuevo. — Cumplí mi promesa, te entregué a Avanta por el favor que me hiciste, de todas formas nunca iba a ser rey. Y hablando de entregar, ¿Cómo le harás para pasar la prueba de la sabana? Serás la futura reina de Avanta, tu pureza debe ser comprobada por los medios tradicionales. — Dijo aquello con una sonrisa ladina, el enojo por lo que había dicho de Rukia se le había pasado al recordar ese detalle. Yuruichi también sonrió con aquella complicidad vieja y se miró las uñas en una actitud dónde ella claramente dominaba la situación.

— Mi querido Ichigo, robar recuerdos y manipular memorias no es lo único que sé hacer. — Respondió sin quitar esa sonrisa de sus labios. Ichigo estuvo seguro que tenía un plan para la prueba de sábana.

— Si es todo, debemos regresar al castillo, mi nueva hermana no puede andar perdida por el bosque, es muy peligroso. — Dijo poniendo una mano en la puerta para que ambos salieran dando la platica por terminada.

Ichigo llegó con Yoruichi en la noche pero antes de que salieran del bosque le desacomodó un poco la ropa para que pareciera que se había tropezado con una rama y caído. Las rodillas ya las tenía lo suficientemente rojas y raspadas así que no había problema por eso. Era el rescate perfecto y no habría dudas de que él hizo su trabajo. Yoruichi respiró profundo un par de veces y de la nada empezó a llorar, dejó que las lágrimas escurrieran por sus mejillas y con las manos sucias las limpió para ensuciar su bella piel morena, los ojos los tenía rojos por las lagrimas y cuando en verdad todo estuvo listo, salieron del bosque. Ichigo la llevó cargando en brazos mientras ella susurraba cosas en su oído de manera discreta, la imagen desde afuera era como si la princesa de Gardelia hubiese sido rescatada de un monstruo que vivía en el bosque.

El día de la boda llegó y había por todos lados flores blancas traídas desde Gardelia para decorar el templo de las Deidades, papel picado y listones blancos también decorando el lugar. El representante de las Deidades había ido luciendo una túnica de gala gris con el símbolo de las Deidades bordado en los bordes en hilo de oro, se notaba que alguien lo había patrocinado porque no recordaba haber visto una ropa tan cara en alguno de ellos; a esos hombres les gustaba el oro pero no solían demostrarlo aunque todo mundo lo supiera.

Ichigo era el encargado de la seguridad en esa fiesta y, así como lo había hecho en el festival de primavera que en ese momento se le antojaba muy lejano, sus hombres estaban de nuevo repartidos por todos los lugares para proteger a los invitados y a la familia que estaba ahí reunida. Estaba vestido como el Príncipe de Avanta, cargaba su espada colgada en la cintura y de nuevo lucía su anillo en la mano, Kaien por su parte estaba caminando de un lado a otro cerca del altar a las Deidades, parecía nervioso y eso lo enojaba.

— Kaien, por favor, relájate. — Le dijo acercándose a él para acomodarle el águila de plata que colgaba en su pecho, el símbolo de lo que se convertiría cuando su padre muriera. — Te vas a casar y no puede ser tan malo, ¿o sí?

— Lo dices porque tu esposa está muerta. — Habló con enfado apartando las manos de Ichigo cuando consideró que ya la insignia estaba bien acomodada.

— Pero yo también me casé y no estaba como lo estabas tú. — Dijo quedando junto a él porque ese era su lugar como el padrino de la boda.

— Tú te casaste con la hija de un desconocido, yo me voy a casar con una princesa y no la conoces, es demasiado perfecta. Me pone de nervios con esa voz tan suave que tiene. — Soltó tratando de respirar con normalidad.

— Tienes razón, además de que si no te casabas con ella su padre te iba a cortar la cabeza, supongo que esos días en un calabozo te cambió la vida. Yo por lo menos elegí con quien casarme. — Soltó antes de que los músicos comenzaran a tocar la música de entrada de la novia. Kaien ya no dijo más pero estaba seguro que lo ultimo que quería era casarse, lo había escuchado rogarle a su padre para que eso no pasara e imaginó que en el camino de regreso también lo había hecho.

Yoruichi entró en el templo de las Deidades con un elegante vestido blanco, el rotundo símbolo de la pureza y de los colores de su reino. Ichigo carraspeó para evitar la carcajada que se moría por salir de su garganta al ver a "La Sombra de Gardelia" vestida de esa manera tan pura. Era casi karmático. Irónico. Perfecto.

— Si, hermano mío, tienes una gran suerte al casarte con una princesa. Lo que se espera del futuro rey. — Dijo mirando a su hermano de reojo antes de dar un paso atrás y dejar que todo siguiera el rumbo que se debía.

Ichigo vio como Kaien decía sus votos y promesas, la forma en que Yoruichi se comportaba daba la impresión de inocencia que se esperaba de ella. Yoruichi dijo sus votos y promesas también, equivocándose en algunos lugares antes de que el representante de las Deidades los declarara unidos en un matrimonio para toda la vida. Hubo aplausos y vítores de los invitados al tiempo en que ellos salían del templo tomados de la mano ya como esposos, Ichigo iba tras ellos como un simbolo de que él era el responsable de la vida de su hermano y su esposa. Después de eso se hizo la entrega de la corona del rey Augustus a Isshin en frente del altar de las deidades y todo quedó como debía de quedar. Ahora Avanta comprendía desde las Montañas Azules hasta el Desierto Rojo.

El banquete que siguió después de eso fue monumental. Platillos típicos de Avanta y de Gardelia llenaban las grandes mesas donde estaban reunidos los invitados, el vino desaparecía en cuanto las jarras eran llevadas y las doncellas tenían esa expresión de felicidad en el rostro que seguramente la Dama de las Llaves les había ordenado que pusieran mientras servían en la fiesta; Kaien y Yoruichi abrieron con el primer baile y luego los demás invitados se les unieron hasta que llegó la hora que todo mundo estaba esperando: la prueba de sábana.

Para ese momento el templo de las Deidades ya había sido preparado de nuevo, una gran cama cubierta de sábanas blancas con cortinas casi transparentes dominaba el centro del templo justo frente al altar de las Deidades. Kaien llevaba a su esposa colgada del brazo hacia el templo con varios invitados y los reyes detrás de la pareja, Ichigo estaba en la entrada siendo uno de los que guardarían el evento para que los curiosos no entraran y Yoruichi le guiñó de forma sutil un ojo antes de entrar. El representante de las deidades entró tras ellos y luego se cerraron las puertas dejando a todos los curiosos afuera, incluidos los reyes. Ichigo solo podía imaginarse lo que pasaría ahí y trataba de mantener su expresión seria hasta que salió el representante de las Deidades con una impoluta sábana blanca que lucía una mancha de sangre brillosa.

Los invitados que esperaban afuera del templo aplaudieron y regresaron a la fiesta para seguir celebrando la boda. El representante de las Deidades se fue a seguir la fiesta también y antes de cerrar de nuevo la puerta escuchó los gemidos de Yoruichi, un poco mas altos y un poco mas falsos de los que sabía ella daba, se asomó un poco y la encontró sentada en la cama con la ropa de la primera noche puesta, un poco despeinada pero completamente vestida, Kaien estaba acostado con toda su ropa puesta pero con los ojos cerrados, estaba dormido. No sabía lo que había hecho Yoruichi para pasar la prueba de sábana pero había logrado engañar a todos.

— Salve la nueva princesa de Avanta. — Murmuró y luego cerró la puerta del templo, se quedó ahí esperando a que salieran ellos, seguramente iba a tardar por la forma en que Kaien dormía.

Las palabras que Ichigo le había dicho aquella noche que se despidió de ella no dejaban de darle vueltas en la cabeza, él había dicho que "ella recordaba" algunas cosas que él decía pero la única vez que intentó replicarle él lo había impedido. Muchas de esas cosas no tenían sentido para ella pero una segunda voz en su cabeza, una que estaba segura no era su conciencia ni su voz interna, le decía que sí, que ella recordaba lo que Ichigo le decía. De algo podía estar segura y eso no había forma de confundirse, ella había estado con Kaien y ni siquiera quería pensar en como la logró llevar a la cama, en ese tiempo se sentía joven, estúpida y enamorada de él, las promesas que él hizo y que rompió en cuanto su padre perdió la cabeza le parecían tontas y ridículas. ¿En qué momento pensó que él se casaría con ella? Ichigo tenía razón en una cosa, Kaien siempre estaba con una doncella diferente pero ella no recordaba que la fuera a visitar en las noches, solo recordaba aquella única vez. Entonces... ¿Por qué Ichigo le había dicho eso? La cabeza le dolía cuando se ponía a pensar en eso y aquella voz le decía que no pensara tanto, que todo debía ser como Ichigo había dicho porque él no tenía razón alguna para mentirle.

Las pesadillas regresaron, no de la forma en que eran y que la dejaban vacía al despertar, sino que se quedaban revoloteando en su mente como si fueran mariposas, podía recordarlas al abrir los ojos y podía pensar en ellas a lo largo del día. Después de la primera pesadilla, que suponían eran como las que podría tener la gente común, supo que el hijo de Ichigo era el responsable de que ella no soñara así, no tenía forma de probarlo pero lo sentía. Era como si el niño calmara su mente revuelta y que luchaba por acomodarse mientras dormía pero no podía ir a buscarlo, ¿con qué excusa le decía a Ichigo que su hijo era la clave para que no tuviera pesadillas? El hombre ni siquiera sabía que ella no dormía bien además él estaba en Avanta y ella estaba ocupada con la responsabilidad ancestral de su apellido.

El verano estaba por terminar y Rukia debía de empezar a preparar las cosas para que se pudieran conservar durante el invierno que era fuerte al estar cerca de las Montañas Azules. Agradecía que Kiyone se quedara con ella así como una de las cocineras que había contratado Orihime ya que sentía que sola no podría con todo el trabajo que estaba por empezar y que, según recordaba de cuando era joven, era monumental. Recordaba como su madre pasaba días lavando y preparando frutos con azúcar para guardarlos en barriles y almacenarlos, recordaba como su hermano cargaba los fardos de heno para alimentar a los animales y como su padre empezaba la recolección de madera para mantener encendidas las hogueras cuando el frío les hiciera temblar.

No tenía a su amigo ni a Yuki para que la ayudaran y cada vez que pensaba en ella el temor de que estuviera muerta se hacía más grande, no pudo evitar pensar que eso le pudiera haber pasado a Renji también. No sabía a quién llamar o recurrir para que la ayudara en Bosque Oscuro, todo lo hacía ella y aunque no lo hacía mal sentía que necesitaba el apoyo de algún amigo con el cual quejarse mientras hacian las labores de la temporada.

Desde que se había ido Ichigo y se había llevado al niño con él, Rukia sentía la casa vacía, sentía que esa enorme casa necesitaba risas y niños que corrieran detrás de las gallinas. Necesitaba que la cocina siempre estuviera llena de harina por los pasteles pero sobre todo, se dio cuenta de que necesitaba a Ichigo. No era esa necesidad de que él hiciera las cosas por ella, era esa necesidad de que él estuviera cerca de ella, de escuchar su voz, de sentir esa mirada penetrante en ella y que le hacía tener escalofríos en verano. Recordaba el beso que él le había dado y la forma tan abrupta en que ella se había separado de él, se había asustado por la sensación que había tenido en el momento en que su cálido aliento le había acariciado los labios, le asustó sentir que deseaba ese beso.

Por las noches recordaba el tacto de sus manos aquél día que se despidió y recordaba el beso reclamándose el haberse separado y no haberlo disfrutado como querría, tal vez así Ichigo no se hubiese ido pero si él no la hubiese dejado no habría puesto en orden parte de sus ideas concernientes a él. Ella necesitaba pensar y sentirse libre e independiente para saber qué más podría querer. En ese momento lo sabía, quería a Renji, a Yuki y a Ichigo con ella. Lo quería todo para ella.

— ¿Estás segura de que quieres hacer esto, Rukia? — La voz de Ichigo le sonaba tan preocupada que sentía que le rompía el corazón. Pudo sentir el toque de su mano en su rostro y la súplica silenciosa que había en los ojos claros de Ichigo.

— Lo estoy, hay que hacerlo… pero no quiero… Ichigo… no quiero… — Sintió que su voz se quebraba y al final el llanto de un recién nacido. Su corazón se partía en pedazos cada vez más pequeños.

— Nos van a matar, Rukia… solo pídelo y nos vamos… — Ichigo parecía que suplicaba. Se veía tan joven, tenía un halo aun de inocencia en su mirada.

Rukia despertó de ese sueño agitada y sudorosa, era el mismo que había estado teniendo desde que Ichigo se había ido y cada vez estaba más segura de que aquello que le había dicho Ichigo era una mentira para calmar sus ansias de saber. Él se iba a ir y ella se tenía quedar ahí, que sentido tenía que le dijera algo que los uniera, él le diría lo que fuera para que ella se quedara ahí. Se levantó de la cama y empezó a pasearse por la habitación, le habían dicho tantas cosas y ahora tenía un gran problema porque había repensado todo demasiadas veces y no sabía qué debía de creer ya. Ichigo había dicho muchas cosas y la mitad de ellas cada vez le sonaban menos probables, incluso imposibles si se analizaban razonablemente.

Se llevó las manos a la cara y soltó un grito de frustración por eso. Necesitaba respuestas porque lo que tenía no era vida. Ichigo le debía respuestas pero estaba segura que no se las daría más allá de lo que dijo aquella noche. Regresar a Avanta no era opción, no podía dejar el Bosque así como así, no sabía si volvería rápido o no, no sabía lo que pasaría si regresaba por tercera vez a Avanta. Quería respuestas pero no podía dejar su hogar que tanto trabajo le estaba costando llevar, necesitaba un milagro o no iba a poder con todo el mundo que sentía se le venía encima cada vez más rápido.

— ¡Mi lady! ¿Está bien? — Kiyone entró en su habitación tan rápido como pudo, aún tenía puesta la ropa de dormir y estaba despeinada pero sujetaba con fuerza un palo. — Escuché que gritaba.

— No, digo sí, estoy bien. — Respondió apenada por haberla despertado por su grito. Ella le había aguantado mucho y le servía bien. — Solo tuve una pesadilla.

— ¿Volvieron? ¿Quiere que vuelva a dormir con usted? — Preguntó la niña bajando el palo y mirándola preocupada.

— No, no volvieron, todo está bien. — Dijo yendo a ella y apretando sus hombros de manera suave. — Vuelve a tu habitación y descansa.

— No, ya amaneció, iré a preparar el desayuno. — Dijo y salió de la habitación dejándola sola con sus ideas.

Pasó el resto de la mañana pensando en eso hasta que llegó a la conclusión de que no haría caso a nada de lo que dijeron. Toda su vida se había volteado de cabeza por "cosas que dijeron", su padre había muerto porque a alguien se le antojó decir que era un traidor, su hermano había muerto porque dijeron que él lo había ayudado, su cuñada había muerto con su bebé por no soportar la noticia cuando le dijeron que su esposo había muerto y su madre… su madre había muerto porque... no siquiera entendía del todo cómo había muerto su madre. Ella había huido de Bosque Oscuro porque le dijeron que debía ser la señora y no quería serlo, había ido a Avanta porque le dijeron que debía de ir y había regresado una segunda vez porque le dijeron que ella tenía un hijo que asumió sería de Kaien. En ese momento estaba en Bosque Oscuro porque Ichigo le dijo lo que quería escuchar.

— Suficiente. — Dijo haciendo que Kiyone dejara de mover el estofado que estaba en el fuego.

— Pero si aún le faltan las verduras. — Dijo la niña que se quedó con las papas en las manos.

Rukia la miró y se disculpó haciendo que siguiera cocinando. Estaba haciendo el arroz que iba a acompañar el estofado de ese día mientras pensaba en todo lo que la gente había dicho y que ella había creído sin tener una prueba real. Le hubiese gustado que el caso de Renji fuera diferente pero él había admitido la culpa de los actos que lo llevaron a lo que hizo.

— Vaya, eso huele bastante bien. — La voz de un hombre se escuchó en la entrada de la cocina que daba al patio. Rukia volteó a ver si era de quien creía que era la voz y soltó la cuchara con la que movía el arroz cayendo al piso y regando algunos granos.

— Renji… volviste.


*NotitaDeLaAutora: Muchas gracias por los comentarios, son hermosos a su manera (corazones por todos lados) subí un capitulo por día porque las ideas venían acomodadas pero han llegado tantas que necesito ponerlas en orden así que el próximo capitulo será en aproximadamente una semana. Una disculpa si hay errores en la escritura, a veces se me pasan :P

Los reviews los respondo todos juntos en el siguiente capitulo. Gracias por leer.