El Ruiseñor


Capitulo 15: Nieto


— Volví. — Dijo Renji aún parado en la puerta, detrás de él estaba parada su hermana. Ambos cargaban una pequeña bolsa de tela donde cargaban sus pocas pertenencias, su ropa estaba sucia, rota y desgastada pero a Rukia no le importó, dejó el arroz que estaba haciendo y fue corriendo a él para abrazarlo; era como si las Deidades hubiesen escuchado sus plegarias y le mandaron a Renji como respuesta.

— ¡Gracias a las Deidades, volviste! Temí que nunca más te volvería a ver. — Dijo con los ojos llenos de lágrimas separándose de su amigo que también le había regresado el abrazo. La pequeña hermana de Renji no se movió de detrás de él, ella seguía molesta con Rukia por haberlos corrido de su casa.

— Sabes que es imposible deshacerse de mí. — Dijo Renji con una minúscula sonrisa en los labios. Estaba tenso y nervioso, como si le estuviera costando hablar.

— Me alegra que hayas vuelto pero... ¿Por qué? — Pregunto mirándolo con una maraña de emociones en el pecho. Estaba confusa, feliz pero confusa. Una parte de ella se preguntaba qué hacía él ahí y dónde estaba su padre. Los hizo pasar a la cocina y les sirvió un vaso de agua de frutas que habían hecho para el desayuno.

— Volvimos porque realmente no tenemos a dónde ir. — Respondió siendo honesto con ella. — Y porque tenía que explicarte lo que pasó.

— No hace falta, lo dijeron aquel día... además ya pasó. — Dijo aplicando su nueva resolución de dejar de poner demasiada atención a lo que la gente decía. Nunca le había traído algo bueno.

— Si hace falta, Rukia. — Dijo más serio de lo habitual apretando el vaso con el jugo que no había bebido. — Ese día estaba molesto y dije cosas que no debía, no era mi intención hacerte sentir mal. Nos fuimos de aquí, estuvimos viviendo a las afueras del Bosque y después nos dirigimos a Kuvar, mis padres querían llegar a las Tierras Quebradas y que nos fuéramos del continente. Mi padre estaba raro y días antes de que tomáramos el barco nos confesó todo lo que estaban haciendo para quedarse con tu casa, ellos… — Hizo una pausa para beber del jugo, como si lo que fuera a decir le resecara la boca. — Ellos mataron a tu mamá.

Soltó de golpe sin mirar a Rukia al decir eso. Rukia se le quedó mirando, se veía el arrepentimiento en sus ojos y algo dentro de ella dijo que esa vez debía de creerle; en su pecho sentía el corazón arrugarse como si fuera un papel viejo. De alguna forma lo intuía, Ichigo se lo había dicho de manera indirecta aquella vez que hablaron del veneno y las fiebres..

— Ahora sé por qué murió mi mamá pero eso no me hará traerla de vuelta. — Dijo jugando con un pedazo de cáscara de papa que había en la mesa. Kiyone y la hermanita de Renji seguían escuchando en silencio.

— Nos separamos de ellos después de eso. — Continuó. — En ese momento entendí muchas cosas que hacían mientras estabas enferma, entendí que si seguía con ellos no sería más que lo que es mi padre. Cuando llegó el barco ellos se subieron sin mirar atrás, nosotros nos quedamos en el muelle y decidimos volver a aquí. Este siempre ha sido nuestro hogar, nacimos aquí... pensamos que tal vez con la cosecha necesitarían ayuda, un par de manos extra en el campo y en la cocina… no pedimos mucho, solo tu perdón y un techo donde dormir. — Habló Renji mirándola a los ojos. Rukia notaba que le estaba costando decir aquello y ella se quedó en silencio durante un momento.

— Yo también he querido decirte varias cosas. — Comenzó a decir sin dejar de jugar con la cáscara de papa. — La primera cosa es: gracias. Gracias por decirme lo de mi mamá y por haber ido conmigo hasta el otro lado del mar, por cuidarme y por evitar que muriera en el camino. Nunca te agradecí nada, creo que no sabía cómo hacerlo pero ahora lo sé. Tenía miedo de que no volvieras y no poderte decir esto, si no hubieses estado conmigo en esos días seguramente no estaría viva ahora. Renji, yo también necesito tu perdón.

Todo se volvió mejor en Bosque Oscuro desde que regresó Renji, o al menos así lo sintió Rukia, tenía con quien hablar y quien le ayudara en la casa. En el pueblo él era un casi desconocido como Rukia así que no pasó gran cosa pero se empezaba a desenvolver bien, la presencia de Renji hacia las cosas más llevaderas para todos en ese lugar. Platicaron del evento del año, la boda de Kaien con la princesa de Gardelia, y de las cosas que pudieron haber pasado ahí. Renji seguía insistiendo con la existencia del tan famoso cuarto rojo pero se desanimó cuando Rukia le confirmó que no había tal cuarto.

— He pasado mucho tiempo ahí, si hubiese ese cuarto yo lo sabría. Simplemente es un rumor. — Había dicho esa vez mientras intentaban hacer que los pollos fueran al corral.

Rukia se sorprendió al sentir que el nombre de Kaien ya no le causaba temor ni odio ni nada, fue como si el saberlo casado lo pusiera completamente lejos de ella. En vez de eso pensaba en Ichigo y en su pequeño hijo, se preguntaba lo que podría estar haciendo y se preguntaba qué habría pasado si ella hubiese ido a la boda como pedía la invitación. En el fondo tenía miedo de ir y ya no volver a Bosque Oscuro, no sentía realmente apego a esa tierra sino al recuerdo en ella, lo que sentía era que debía de volar a su destino, justo como le habían dicho en el Templo de la Luz.

— Renji... ¿Aun quieres tierras? — Le preguntó una tarde de otoño. Las calabazas estaban creciendo de una forma increíble y estarían listas para para la Noche de las Almas.

— Me gustaría ser soldado pero ahora debo de cuidar de mi hermana, me gustaría una casa que sea mía, también me gustaría tener esposa, un par de niños que corrieran por ahí. — Respondió dejando de arrancar maleza del huerto. Él quería lo mismo que ella pero ninguno quería eso juntos.

— Te daré tierras, como la señora de Bosque Oscuro puedo hacer eso, así tendrás tu casa y tal vez un huerto y podrás tener una esposa si quieres. — Agregó antes de darle un par de golpecitos a una calabaza particularmente grande.

— ¿En verdad? ¿Lo dices en serio? — Preguntó emocionado levantándose del suelo como si hubiese un resorte en sus pantalones. La idea de tener algo suyo, enteramente suyo, era algo que había estado creciendo en su mente.

— Si, te daré tierras. Solo tengo que hacer unas cuantas cosas antes y luego te las daré, ahora hay que llevar esta calabaza a la cocina, haremos dulce para vender en el pueblo. — Dijo y Renji se apresuró a cortar el tallo de la fruta para llevarla dentro.

La Noche de las Almas en Avanta era una mezcla de fiesta y estado solemne que sometía a toda la gente a una noche de silencio y de plegarias. Días antes se había empezado con la decoración de las calles con enormes calabazas que contenían velas gruesas que estaban dispuestas para durar toda la noche. El castillo también estaba decorado de esa manera y los colores de la ropa, la que se usaba en los días previos y en la Noche de las Almas, eran oscuros con la creencia de que las almas, al salir esa única noche en búsqueda de las oraciones para alcanzar la paz, los confundirían a ellos con la oscuridad y no se quedarían adheridos a su cuerpo.

Había historias, por lo general de soldados ebrios, donde no habían guardado el color de esas fechas y se habían vuelto locos alegando que algún pariente muerto los acosaba hasta que morían. La gente creía en la magia y en la vida después de la muerte así que preferían no poner a prueba la suerte esa noche.

— Ya te dije que no te van a dejar. Yo no te dejo ir. — Hablaba Ichigo caminando detrás de Yoruichi que había salido molesta de la oficina privada del Comandante. Ella iba un par de pasos delante de él y no lo volteaba a ver.

— La reina me entenderá, ella también es extranjera como yo y sabe lo que es apegarse a las tradiciones de su tierra. — Respondió molesta sin dejar de avanzar en su camino hasta la habitación de Masaki.

— Mi madre no dejará que salgas en la Noche de las Almas y menos sola. — Le volvió a decir pasando una de sus manos por su cabello alborotado. Tenía muchas cosas en que pensar que en la seguridad de la princesa.

Yoruichi no habló en lo que quedaba de camino hasta la habitación de Masaki e Ichigo sentía como el dolor de cabeza se le hacía más grande, varías veces estuvo a punto de girar sobre sus talones pero sabía que Yoruichi lo iría a buscar de nuevo y prefería terminar con ese asunto de una vez para poder regresar a los asuntos verdaderamente importantes. Al llegar a la habitación un par de sirvientes abrieron la puerta para dejarlos pasar, Masaki estaba leyendo con sus pequeñas damas la plegaria para que las almas encontraran su camino.

— Mi reina. — Yoruichi le hizo una reverencia a la madre de Ichigo justo cuando los sirvientes estaban cerrando la puerta después de que las pequeñas damas se habían ido. — Vine con el Comandante con la esperanza de que lo haga entrar en razón y me deje celebrar la noche de las almas en el bosque. — Dijo Yoruichi señalando a Ichigo que se acercó a su madre y le dio un beso en la mejilla.

— Le he dicho que no, madre. No sé qué costumbres tengan en Gardelia pero no puedo dejar que la princesa salga a media noche al bosque a hacer no sé qué cosa en privado. Le he dicho que esa noche es muy peligrosa y no precisamente por los muertos, es sabido que mucha gente usa esa noche para cometer robos y otras barbaridades. — Explicó Ichigo soltando las manos de su madre que había tomado al saludar.

— Es una celebración de unión con la naturaleza. Lo hacemos en Gardelia en la noche de las almas, nunca nos ha pasado nada. Míreme, su alteza, estoy bien y estoy entera. — Replicó Yoruichi mirando a la reina con ojos suplicantes esperando que la reina diera su visto bueno.

— Ichigo tiene razón, Yoru, en Gardelia podría no pasarte nada pero aquí es Avanta y eres la esposa de Kaien, no te puedo dejar salir, no podemos exponerte a algún peligro y no puedo hacer que Ichigo vaya contigo a cuidarte, él tiene que cuidar la ciudad. — Explicó Masaki con tono amable.

— Pero… pero… — Yoruichi miraba a la reina y luego miraba a Ichigo buscando ayuda.

— Lo ha oído, princesa, no puede salir. Es mejor que celebre la Noche de las Almas con nosotros. — Habló Ichigo con calma. Él sabía por qué la mujer se quería ir al bosque esa noche y por qué pretendía hacer que él la acompañara.

— Está bien. — Cedió Yoruichi bajando la mirada en una clara muestra de derrota. — Con su permiso, su alteza. — Se despidió de Masaki e ignoró a Ichigo haciendo una especie de ley del hielo.

Se dio la vuelta y empezó a avanzar para salir de ahí aun molesta por no haberse salido con la suya esa vez. Había dado algunos pasos cuando se tambaleó y se precipitó al piso como si fuera un costal de papas, Ichigo reaccionó tan rápido como sus reflejos se lo permitieron pero no pudo atraparla del todo, solo evitó que se golpeara la cabeza contra el piso. Masaki estaba asustada al ver aquello e hizo que Ichigo la cargara en brazos para llevarla a la cama.

— Princesa, ¿está bien? — Preguntó Ichigo sacudiendo su rostro de forma delicada esperando que despertara.

Masaki hizo salir a su hijo de ahí después de que llamaran a una médica y le dijo que fuera por Kaien, el esposo de Yoruichi debía de estar ahí con ella. Ichigo no perdió tiempo, se dirigió al cuarto de su hermano y lo encontró con las piernas de una de las doncellas que servían en el palacio aferradas a su cadera debajo de las sabanas.

— ¡Avisa antes de entrar! ¡¿No estás viendo que estoy ocupado?! — Le gritó saliendo de la doncella que tenía expresión de asustada y se cubría con las sabanas.

— No me importa, vístete que madre pide por ti. — Habló tirándole una camisa que estaba cerca de su mano. Miró a la doncella con expresión asesina y ésta salió de la habitación a medio vestir y completamente despeinada. — Tu esposa se puso mal, tienes que ir a verla.

— ¡Esposa! — Dijo con una sonrisa cínica poniéndose los pantalones y la camisa que Ichigo le había lanzado. — Esa mujer no me deja tocarla. No se puede llamar esposa a alguien que se niega a compartir la cama contigo, bueno tú tienes una esposa igual… — Dijo con veneno terminando de acomodarse la ropa. Ichigo solo lo miró mal por ese comentario. — Esa mujer será mi esposa cuando cumpla sus deberes de esposa como se debe, solo me deja tocarla una vez al mes y eso es solo para que le intente hacer un hijo, no sé ni siquiera como logro cumplir esas noches, la mujer es más fría que el hielo.

— Eso o te corta la cabeza su papá si no tienes un hijo con ella, leí el contrato. — Dijo Ichigo con maldad, estaba harto de las constantes comparaciones y comentarios que había Kaien. — Te casaste con ella y juraste amor y fidelidad ante las Deidades, es tu esposa y ahora te necesita.

— Me casaron con ella, un matrimonio así no merece ni amor ni fidelidad, ni siquiera merece llamarse matrimonio. — Dijo saliendo de la habitación e Ichigo lo siguió un paso detrás. El dolor de cabeza que se le había desatado le estaba taladrando las cienes. — Ojalá se esté muriendo así quedaría viudo y podría conseguirme una mujer que no se niegue a calentarme la cama todas las noches como las Deidades mandan.

— Si, seguramente eso pasa. Ahora ve a ver a tu moribunda esposa. — Le dijo revirando los ojos aun detrás de su hermano mayor que se detuvo antes de entrar a la habitación de su madre. Ichigo lo vio respirar un par de veces para dar la impresión de estar agitado y abrió la puerta de golpe. Los sirvientes se habían ido de ahí.

— Madre… Yoruichi… madre… ¿está bien? ¿Qué le ha pasado? — Preguntó poniendo su mejor cara de preocupación en ese momento. Ichigo solo trataba de no revirar los ojos por la actuación de su hermano como esposo preocupado yendo con su esposa, que ya estaba despierta y bien, a tomarle la mano.

— Maravillosas noticias, hijo mio, eso ha pasado. — Dijo Masaki viendo a Yoruichi que estaba en la cama sonriendo. — La médica lo ha confirmado, hijo mío, serás padre. Las deidades han bendecido tu matrimonio dándote un hijo.

— ¿Es en serio? ¿Estas embarazada, mi amor? — Preguntó Kaien dándole un beso en los labios a Yoruichi de la emoción. — ¡Esto hay que celebrarlo! ¡Tengo que avisarle a padre de esto!

Dijo y salió de ahí después de darle un beso en los labios a Yoruichi y uno en las mejillas a su madre, Ichigo a veces se sorprendía de lo bien que actuaba Kaien bajo presión. Se acercó a su cuñada y le deseó felicidad por su embarazo como el protocolo lo marcaba.

— Gracias, Comandante, las deidades me han bendecido con el hijo de un fuerte príncipe dentro de mí. — Dijo con esa inocencia que a veces ponía de nervios a Ichigo.

— Esto es un evento familiar, madre, me retiraré a mis deberes, imagino que padre querrá venir a ver a… — No terminó de hablar.

La puerta se abrió de golpe y entró Isshin hecho un torbellino yendo directamente a su esposa. Le besó los labios con una sonrisa que no había visto en él en mucho tiempo y luego lo vio acercarse a Yoruichi que estaba en la cama con un ligero rubor en las mejillas que se apreciaba sutil en su piel morena. Isshin besó las manos de Yoruichi y luego sus mejillas agradeciéndole que estuviera embarazada.

— ¡Mi primer nieto. No puedo ser más feliz! — Dijo Isshin y volvió a besar las manos de Yoruichi.

"Mi primer nieto". Aquella oración por parte de su padre le dolió a Ichigo en lo más profundo de su ser, incluso más que cuando no lo acompañó a la guerra. Solo su madre fue consiente de la expresión sombría que se dibujó en su rostro y con un ligero toque en el hombro le indicó que se fuera de ahí, él no merecía ver eso ni escuchar las palabras que Isshin le decía a Yoruichi sobre su embarazo y los planes futuros que ya estaba maquinando para el niño que venía en camino. Ichigo sabía que solo en dos ocasiones las palabras que salían de los labios de las personas cargaban toda la verdad y el sentimiento, cuando estaban realmente molestos y cuando estaban completamente felices. Isshin estaba completamente feliz e Ichigo estaba completamente molesto solo que él no dijo lo que pensaba sobre aquella oración de su padre.

— Su primer nieto, ha dicho. — Le dijo Kaien a Ichigo al momento en que pasó a su lado para salir de la habitación. Sabía que se venían meses muy difíciles y luego toda una vida de comparaciones entre el hijo de Kaien y el suyo. El niño no había nacido y ya le estaba causando problemas a su pequeño hijo que crecía ajeno a todo lo que pasaba ahí.

"Yo, Rukia Kuchiki, Señora de Bosque Oscuro, declino mi poder sobre estas tierras y el título que me ha conferido su pertenencia a favor de Renji Abarai siendo él conocido desde ahora y a perpetuidad como Renji Abarai, Señor de Bosque Oscuro."

Rukia leyó una vez más lo que había escrito en el papel y le pareció que estaba bien, no encontró que otra cosa podría agregar a esas líneas además de los límites que comprendía el señorío de su familia. El representante de las Deidades que estaba en Pueblo Oscuro estaba por llegar y todo mundo sabía que los representantes de las Deidades eran algo especiales y pesados cuando se lo proponían, sentían que estaban más cerca de las Deidades que cualquier otra persona. Rukia había renunciado a ellas cuando ingresó en el templo de la luz y se dio cuenta que la luz le ofrecía el mismo consuelo que las Deidades. La luz lo era todo al igual que las Deidades.

— Mi lady, el representante llegó. — Kiyone le avisó. Estaba molesta por algo y no la veía con su característica felicidad habitual, era como si se hubiese apagado la felicidad en ella.

— Pídele a Renji que venga. — Dijo viendo como la niña asentía y se iba de ahí.

Hizo pasar al hombre gordo, que vestía una túnica gris con símbolos de las Deidades en los bordes, al cuarto que servía como oficina para los señores de Bosque Oscuro; le ofreció una taza del café traído desde el otro lado del mar junto con unos panecillos y galletas y, luego de que el hombre comiera todo como si no hubiese mañana, supo que no pondría tanta resistencia a lo que iba a pasar en ese cuarto.

Renji entró en la oficina aun algo sucio por haber estado ayudando a los hombres que habían cazado un jabalí particularmente grande, lo estaban destazando para repartirlo y hacer una comida para todos, eso prometía ser una gran fiesta en la noche. Rukia le había prometido tierras y no se sorprendió de ver al hombre gordo ahí, sabía que para que fuera legal debía de tener al menos el visto bueno de aquél hombre porque era un compromiso entre los señores de la tierra y las Deidades donde se aseguraban que parte de lo que la tierra les daba fuera para las Deidades, otra para la capital y otra para ellos.

El representante de las Deidades se limpió las migas de galletas de la túnica y tomó el papel que Rukia había redactado antes de su llegada, lo leyó y se quedó mirándola con sorpresa, Rukia lo miró con inocencia y el hombre volvió a leer el papel. Le preguntó si estaba segura de lo que estaba haciendo, era inaudito y nunca había pasado algo así que él supiera.

— ¿No sería mejor celebrar una boda? Usted es joven y el señor también. — Sugirió el hombre aun escandalizado e Ignorando a Renji que estaba todo sucio.

— No, no puedo casarme con él, estoy comprometida con uno de los príncipes y no quiero dejar que mi hogar quede en manos de alguien que no sea de aquí. Además el príncipe Ichigo dio su visto bueno antes de irse. — Respondió con seguridad pero era una mentira tan grande como la panza del hombre.

— Espera Rukia, ¿Qué está pasando aquí? — El representante de las Deidades lo volteó a ver y se escandalizó más al verlo ahí parada y sucio. Rukia le hizo un gesto de que esperara pero no respondió a su pregunta.

— En ese caso, mi lady no puede dejar que su familia quede desamparada, siempre ha habido un Kuchiki… no puede… — El hombre estaba buscando un pretexto para no firmar el papel que tenía en la mano, no podía permitir que un hombre como el que estaba ahí fuera el nuevo señor de la tierra.

— Está bien, agregue usted con su letra "Siempre habrá un hogar en la Gran Casa para los Kuchiki y su sangre mientras los Abarai estén en Bosque Oscuro y hasta que las Deidades dispongan." — Remató haciendo que el hombre no se pudiera negar a escribir aquello.

— Rukia, ¿Qué está pasando? — Volvió a preguntar irritado. No le gustaba que lo ignoraran así y no le dijeran por qué.

— Está pasando lo que te prometí, solo eso. — Habló sin darle importancia al hecho que estaba ocurriendo ahí. No quería darle la oportunidad de decir que no hasta que el hombre gordo firmara el papel.

El representante de las Deidades no estaba feliz pero accedió a escribir lo que dijo Rukia, puso su firma junto con el sello entintando de las Deidades, que lo certificaban como un hecho legal y bendito, y se lo entregó a Rukia con mala cara. Rukia se acercó e hizo lo mismo, puso su nombre y luego colocó el sello entintado de la familia Kuchiki en el papel certificando que era su voluntad aquello.

— Es tu turno. — Le dijo a Renji que la volteó a ver.

Rukia pudo ver esa felicidad en sus ojos porque ella en verdad le estaba dando un lugar donde vivir. Le entregó la pluma para que él pusiera su nombre en el papel y lo vio detenerse en seco.

— Rukia… — Dijo sin aire al ver lo que decía el papel y luego a su amiga.

— Cierto, tu familia no tiene sello. — Dijo como si esa fuera la razón de la expresión de Renji. No le iba a dar tiempo de pensar demasiado, tomó una caja de madera y sacó un sello nuevo hecho en metal y oro. — El sello de tu familia.

Renji estaba anonadado por lo que estaba pasando y por un momento no supo si recibir lo que Rukia le daba hasta que ella misma lo puso en su mano sin poder rechazarlo, su mirada iba del representante de las Deidades a su amiga buscando un indicio de que le dijera que era una broma pesada y cruel pero eso no pasó.

— ¿No te gusta? — Le preguntó mirando su expresión de aturdimiento. Renji negó con la cabeza. — ¿Entonces?

— Nada, Rukia… ¿Estás segura?

— ¿Vas a firmar o no? — Preguntó en vez de responder a la pregunta que él le había hecho.

Renji miró a Rukia y luego a la pluma, el representante de las Deidades hizo un ruido con la garganta en señal de que se apurara y fue que a Renji no le quedaron dudas de que eso no era una broma. Puso su nombre, en ese momento agradecía que su padre le enseñara a leer y escribir con propiedad, y luego tomó el sello que Rukia le había dado para llenarlo de tinta y poner el sello de su familia en el papel. Estaba hecho, él era el nuevo señor de la tierra.

El representante de las Deidades tomó el gran libro que llevaba y empezó a anotar la fecha y lo que había ocurrido ese día bajo la mirada de las Deidades y de él como testigo, hizo que ellos firmaran también para dejar constancia de los hechos y luego Rukia le dio un saquito de monedas como pago por haber ido.

— Mi lord. Le hago entrega de sus tierras y el primero de muchos libros que espero que llene con lo que a su nuevas tierras concierne. Las primeras hojas me tomé la libertad de llenarlas con los datos que tenemos ahora. — Dijo Rukia entregándole el papel que lo acreditaba como el señor de las tierras y un libro de hojas limpias forrado en cuero y con el mismo símbolo que había en el sello que le había dado.

— Rukia… — Volvió a decir el hombre con la voz temblando, sus manos también temblaban cuando tomó el libro que ella le estaba dando. Renji no sabía que decir.

— Sé que esto no compensa nada de lo que te debo pero te dará una ayuda para que formes tu vida. Haz sido el mejor amigo que pude, que puedo tener. Además, seguiré viviendo aquí por un tiempo.

— ¿Por un tiempo?

— Hay muchas cosas que no sé de mi vida, sé quién tiene las respuestas y sé que no me las va a decir así que debo de buscar en la otra persona que sabe de mi vida: Yo. — Hizo una pausa tomando aire. — Iré al Desierto Rojo, al Templo de la Sombra, tengo la esperanza de que ahí me ayuden con mi falta de memoria. Casa a tu hermana con algún lord ahora que es joven, cásate tú con alguien joven que te dé hijos. Cuida de Yuki si vuelve algún día.

— Espera, Rukia… ¿Es una despedida?

— No, es solo un viaje que debo de hacer sola.

— Me suena a despedida. — La voz de Renji temblaba un poco por el montón de emociones que había en su interior en ese momento.

Rukia no se fue de Bosque Oscuro hasta un par de días después de la Noche de las Almas, no quería andar sola en medio del camino y quedar posesa por un espíritu errante. Tomó su caballo, el mismo con el que había ido a Avanta aquella segunda vez, y un poco de provisiones para el camino, esperaba no tener que detenerse mucho hasta llegar a Gardelia.

— Mi lady, iré con usted. — Le dijo Kiyone el día que ella estaba acomodando todo en su caballo para irse.

— Pensé que te quedarías aquí.

— No, me quedé aquí por usted pero ahora que ya no estará no tengo nada que hacer aquí. Regreso a Avanta, si tengo suerte la Dama de las Llaves me volverá a admitir para trabajar en el palacio o las cocinas.

Rukia no tenía como replicar eso, Kiyone no era Yuki, ella venía de una ciudad más ruidosa que Bosque Oscuro y ella había servido en un enorme palacio, Bosque Oscuro se veía lúgubre comparado con el castillo de Avanta. Yuki sacó una bolsita con monedas de oro y le pagó a Renji por el caballo que se iba a llevar alegando que podría comprar uno mejor con ese dinero. Salieron de Bosque Oscuro antes de que el sol pudiera calentar, el otoño se dejaba ver en los colores de las hojas en los árboles y con la fresca brisa que se dejaba sentir de vez en vez. Renji las despidió hasta que se perdieron de vista en el camino y regresó a la casa que alguna vez había sido de Rukia.

El camino hacia Avanta no era tan largo como el que se tomaba hacia Gardelia, Kiyone se despidió de ella en el cruce y Rukia evitó mirar mucho tiempo el castillo en el risco que se podía ver desde donde estaba, no quería ir al castillo porque sabía que Ichigo no le diría nada y sería una pérdida de tiempo.

Varios días después llegó a Gardelia, se había unido a una caravana de personas que se dirigían para esa ciudad y eso la relajó un poco por no tener que ir sola en todo el camino. No pasó desapercibido el lugar donde los soldados de Avanta habían hecho el campamento para atacar la ciudad y la gente de la caravana empezó a comentar sobre esta, nada comparado a cuando los soldados lo contaban, incluso decían cosas que no tenían sentido pero todos siempre llegaban al hecho de que el Comandante no había ido a la campaña y no sabían por qué.

Rukia nunca le había preguntado a Ichigo por qué no había ido y él parecía no tener ganas de hablar de eso, nunca había mencionado el tema en todo el tiempo que había estado ahí más que la vez que aquel soldado le preguntó directamente cuando estaban en la plaza.

Gardelia se mostró enorme y blanca, con muchas palmeras y mucho ruido por todos lados. Ellos tenían un puerto que era famoso por los barcos que llegaban desde el otro lado del Mar Turquesa cargados con cosas que no se daban ahí, con frutas extrañas y muy dulces y con gente de piel morena que vestía pieles de animales que en Avanta no había.

Se quedó un par de días en Gardelia para descansar del viaje y volver a tomar provisiones para el viaje que le faltaba hasta el Templo de la Sombra que estaba en el Desierto Rojo. Tenía dos formas de llegar, se lo habían explicado en el Templo de la Luz, la primera era ir directamente desde la Puerta de la Arena de Gardelia y seguir derecho en medio del Desierto sin perder de vista una montaña con forma de garra; la otra forma era salir por la Puerta del Mar de Gardelia y tomar el camino de la costa flanqueado por palmeras que llegaba hasta la desembocadura de un rio, si se pasaba solo encontraría más desierto y se podría perder, debía de doblar a la izquierda antes de cruzar el rio y seguir su corriente hasta llegar a la montaña con forma de garra, ahí estaba el Templo de la Sombra que estaba construido rodeando un manantial que nutría al rio que debía de seguir.

Seguir el camino del desierto era una sentencia de muerte porque el agua se secaba antes de que llegaras a la Garra, el sol quemaba como si se hubiese ensañado con esa tierra y la noche congelaba como si tratara de hacer el equilibrio extremo con el día. Solo los nómadas del desierto vivían en ese clima tan hostil, ellos sabían dónde estaban los manantiales que formaban pequeños oasis y entendían el cambiante entorno que los rodeaba. Tenías suerte si te encontrabas con ellos en el camino, eran los únicos que habían cruzado el desierto hasta el norte donde había más reinos con sus reyes y que preferían tener ese desierto como línea divisora con los reinos del sur.

Su caballo lo había cambiado por un caballo del desierto, los que criaban los nómadas y aguantaban mejor el camino en ese lugar seco y caliente, y siguió el camino del mar hasta que llegó a su destino. El templo estaba construido a la sombra de las montañas de piedra que formaban la Garra y se podía escuchar el ruido de una cascada que tronaba contra las piedras en algún lugar de ahí, ese debía de ser el manantial que aseguraba la vida en ese lugar.

Tocó la enorme puerta de madera con una aldaba de acero con forma circular para que le abrieran, se colocó el medallón del ruiseñor con los ojos violetas, y vio como la puerta de madera se abrió de par en par dejándola pasar. Entonces la Sombra se la tragó.


NotitaDeLaAutora: Muchas gracias a todos por el apoyo a la historia, saber que les gusta y les intriga me llena de emoción. Reclasifiqué la historia como M porque siento que de repente se me puede ir la olla y poner contenido adulto, algo que he intentado por todos los medios porque me estoy regenerando, pero es mejor prevenir.

Lana: Me gusta enredar las cosas solo para desviar la atención. Muchas gracias por leer y comentar.

Abby: En verdad Isshin es bastante desesperante y Yoruichi, ah que te digo... es Yoruichi. Muchas gracias por leer y comentar.

OsiOsi: ¿Verdad que te engañé? (inserta el meme de Skiper). Muchas gracias por leer y comentar.

Inverse: Me siento culpable por desvelarte, los sueños de belleza son importantes. Una aquí esmerándose en tratar de no ser predecible y luego llegas tú que sabes demasiado. Una galleta para ti y el próximo capítulo destapa toda la verdad del inicio o casi toda. Muchas gracias por leer y comentar.