El Ruiseñor


Capitulo 17: Comandante


Vayalat, la grande. La ciudad costera donde los hombres daban todo por volverse los soldados de élite que ahí se formaban, dónde iban a la guerra a morir con la intención de llevarse a tantos enemigos como se pudiera y que los que regresaban con vida se volvían héroes laureados. Regresar de la guerra sin un solo rasguño era algo indigno, inconcebible y humillante. Vayalat era la razón verdadera por la cual los reinos de más allá del Desierto Rojo no tomaban sus barcos e invadían a los reinos del sur, les tenían miedo y era el único reino que había logrado conquistar una isla tan grande como para erguir una ciudad integra y sostenible. La isla Trinidad.

Ichigo había crecido en Vayalat casi toda su adolescencia, su madre lo llevó y lo entregó en manos de su tío justo después de que Isshin hiciera algo imperdonable, no creerle.

Pero padre... fue Kaien. — Había replicado Ichigo cuando se le acusó de haber roto uno de los mapas de guerra que estaban en la cúpula.

Deja de culpar a tu hermano mayor, él ha estado conmigo toda la mañana y tú estas aquí, con el mapa roto en tus manos. No mientas. — Isshin habló con una voz atronadora, Kaien no estaba ahí pero Ichigo sabía que estaba escuchando aquél regaño.

Ichigo trató de demostrar su inocencia pero su padre no parecía dispuesto a escuchar, en ese tiempo tenían problemas con Kuvar y el envío de tropas no paraba, su padre estaba decidido a estar molesto con él y, cuando Ichigo volvió a levantar la voz para explicar que no había sido él, fue Isshin quién levantó la mano para golpearlo en la cara.

¡Callate! ¡Irás en este momento a donde está tu hermano y le pedirás perdón por tratar de inculparlo de tus actos! — Isshin gritó tan fuerte que Ichigo se quedó quieto, mirándolo, con una mano en el rostro donde había recibido el golpe.

Si, su alteza. — Dijo haciendo una reverencia y procurando no llorar. Tenía diez años en ese entonces, era muy joven, pero eso lo encaminó al hombre en que se había convertido.

Ese día supo que su padre no lo escucharía aunque tuviera la verdad en los labios. Su madre, después de curarle el golpe y ver que no se hubiese lastimado algo en su boca, tomó sus cosas y se fue del castillo. Ichigo no lo supo pero esa noche sus padres habían discutido y Masaki, que aun no tenía el poder que ostentaba en los últimos años, dejó al rey aventando la Corona de Guerra al piso haciendo que las piedras preciosas salieran desperdigadas por todos lados.

Vayalat los recibió con los brazos abiertos, el abuelo de Ichigo, que aun era fuerte y vigoroso, lo recibió como si el hijo pródigo volviera a casa.

— Mi futuro rey. — Le había dicho con una sonrisa al llegar e Ichigo encontró, en su belicoso abuelo y en su astuto tío, al padre que no tuvo en Avanta.

Isshin los había ido a buscar tan pronto como se le pasó el enojo, le pidió perdón a su mujer y a su hijo, y trató de hacer que ambos viajaran de nuevo con él a Avanta. Sólo Masaki volvió alegando que Ichigo terminaría sus estudios en Vayalat y luego volvería y que ella, en el momento en que volviera a Avanta, sería completamente igual a él, tendría voz y voto en todo lo concerniente al reino; Isshin se tuvo que tragar el orgullo en aquella ocasión.

Ichigo no regresó a Avanta al terminar sus estudios sino que se quedó bajo el cuidado de su abuelo y su tío. En esos años, los que estuvo en Vayalat, él había ido a la guerra y había estado en la batalla de la isla Trinidad cuando el reino de de Cinkam trataba de recuperarla. Las cicatrices en su espalda eran la prueba de que se había vuelto un hombre. Fue en Vayalat donde conoció a Yoruichi, cuando ella fue de visita de estado junto con su padre, fue en dónde se hicieron amantes y dónde su abuelo lo presentó como el futuro rey de Avanta.

Seis años después, que fue el tiempo que vivió en Vayalat, volvió a Avanta y lo hizo solo, no llevó a Yoruichi con él; fue cuando lo nombraron Príncipe de Avanta junto con Kaien que lo nombraron como el Príncipe de la Corona. Ichigo sabía que eso iba a pasar y cuando su padre lo hizo no se inmutó, solo aceptó el título y la promesa de volverse el Comandante del reino. Dos años años más tarde conoció a Rukia y un año después nació su hijo.

Vayalat seguía siendo poderosa y en ese momento de paz, la que había entre ataque y ataque que podía durar meses o años, Kisuke se paseaba por los pasillos del castillo moviendo su abanico en un gesto para tener la mano ocupada. El hombre había crecido en la guerra y esa fue la única manera de superar la ansiedad de sostener la espada. Era el futuro rey y, según la tradición de Vayalat, él debía de ser el Comandante. Sí podía liderar a los hombres a la gloria entonces podía liderar un reino a la gloria también.

— ¡Tiiiiioooooo! — El grito de un niño no tan pequeño, que corría escapando de unos de los guardias que trataba de darle alcance, lo sacó de sus ideas con respecto a lo que podría estar pasando en Avanta en esos momentos. No había dejado de pensar en ello desde que Masaki había llegado el año anterior.

El niño le recordaba a Ichigo cuando era pequeño, aunque Juha era más joven que Ichigo cuando llegó a ese lugar, ambos corrían por aquellos pasillos escapando de algún problema, y parecía que la energía nunca se les acababa. Kisuke fue embestido por el niño, que se ocultó detrás de él jadeando por la carrera tan agotadora que había tenido, y tardó un poco en entender la situación.

— ¿Qué ha pasado? — Preguntó mirando al guardia que se quedó parado frente a él, también estaba agitado por perseguir a Juha, tenía la armadura algo desarreglada y un garabato en el pecho que simulaba ser la grulla de Vayalat. — Oh.

Juha rió un poco demostrando su autoría ante el garabato y Kisuke tuvo que contener las ganas de carcajearse por la imagen que ofrecía el guardia delante de él.

— Su alteza, el pequeño príncipe... — El guardia intentó hablar a pesar de que hervía por el enojo de saber su armadura mancillada así pero Kisuke hizo que se callara agitando su abanico delante de él.

— Vaya, no pensé que las armaduras pudieran verse así de bien con la grulla dibujada en ellas. — Dijo Kisuke haciendo que el guardia se enojara más por aquello. — Usarás esa armadura hoy, quizás también por el resto de la semana y ten por seguro que por tratar de reprender al príncipe usarás esa armadura el día de la celebración de las Deidades, si lo borras entonces el príncipe lo volverá a pintar. Ahora vete.

Kisuke apuntó al soldado con su abanico plegado dejando ver en sus ojos una especie de maldad que hizo temblar al guardia. El hombre le hizo una reverencia a Kisuke y se fue de ahí dejándolo solo con Juha.

— Ahora pequeño príncipe, debe de regresar a sus estudios y ya no ande pintando armaduras, para eso se usan los lienzos. — Dijo cargándolo como si fuera un costal. Juha solo se reía por eso y se dejaba llevar completamente feliz por aquello.

— Pero tío... el maestro es aburrido. No es como el de Avanta. ¿Cuándo volveré a mi casa? Mi abuela está triste todo el tiempo. — Comentó dejando de reír pero dejándose llevar.

— Está vez te daré las clases yo y con respecto a tu abuela, es algo complicado. Algún día, si las Deidades lo permiten, volverás a Avanta, serás un gran príncipe y te volverás Comandante como tu padre y como yo. — Prometió bajando a Juha al llegar al salón. El maestro, que estaba molesto porque el príncipe había escapado, le hizo una reverencia a Kisuke al entrar; el hombre del abanico le hizo un gesto para que saliera del lugar.

— También extraño a mi papá. — Se quejó llegando hasta donde estaba su escritorio para tomar asiento en su lugar y abrir su libro de matemáticas.

— Se fue hace poco, no puede quedarse tanto tiempo, pero también te prometo que lo volverás a ver. — Dijo yendo a una pizarra para tomar una tiza y empezar a escribir. — Hoy veremos, ¿Las Deidades, son buenas o malas?

— Son malas. — Susurró el pequeño Juha.

Solía echarle la culpa a las Deidades porque no estaba en su casa y su padre lo visitaba poco. Le gustaba pensar que su padre estaba en la guerra y que saldría victorioso para poder volver a su casa.

La celebración de las Deidades y de la primavera eran en la misma semana en que el rey Isshin había muerto y, al tener su primer año de muerto, Kaien no podía hacer una celebración por todo lo alto como lo había hecho su padre, así que habían optado por hacer la celebración tan austera y ceremoniosa como fuera posible, eso significaba mucho trabajo para Ichigo aquél día.

Ichigo recordaba ese amanecer, recordaba muchos amaneceres pero recordaba más aquél amanecer del último invierno, aquél en que su padre había muerto. Recordaba todo con una claridad que abrumaba y sabía qué así sería hasta el día de su muerte. Se levantó de aquella cama y se puso los pantalones, tenía que ir al castillo y arreglar todo para esa noche, pero no quería ir.

Desde hacía mucho tiempo que ir al castillo se había vuelto una especie de tortura para él y no tenía nada que ver con lo que había pasado ahí. Abrió la ventana de aquella habitación de par en par, se reclinó en el marco y contempló el amanecer de ese día que era tan diferente al amanecer que se podía observar desde su ventana en el castillo. Extrañaba aquella vista desde la cuál se podía ver el sol salir sobre los árboles y aquellas colinas que los separaban de Vayalat. Todo había pasado cómo él había supuesto que pasaría, Kaien no amenazaba en vano, no desde que tenía la corona de Avanta sobre la cabeza.

Algunos días después de que su madre partiera a Vayalat, junto con Orihime y su hijo, Kaien lo había llamado a una reunión junto con todos los consejeros en la cúpula, algo extraño porque él no sabía que se celebraba una junta aquél día. Al entrar los consejeros, y los soldados que estaban dentro, le hicieron una reverencia, como dictaba el protocolo al ser el príncipe de Avanta, pero Kaien lo miraba de una manera que no podía presagiar algo bueno.

— Su alteza, ¿Me ha llamado? — Preguntó Ichigo después de mostrarle sus respetos al hombre de la corona.

— Ichigo… — Comenzó a hablar tomando su pluma y firmando un papel. Ichigo no se había movido de donde estaba parado, no se había sentado ni hizo algún ademán por acercarse al momento de que su hermano hablara. Kaien tampoco habló, era como si se estuviera dando su tiempo.

— Su alteza, ¿Qué deseaba de mí? — Volvió a preguntar con un gesto serio. Podía notar la incomodidad de los consejeros ante aquella pregunta, incluso el ambiente estaba tan tenso que se podía cortar con un cuchillo.

— Tu anillo. — Dijo levantando la mirada del otro papel que estaba firmando, tenía una sonrisa en los labios al decir aquella oración. Los consejeros hicieron un gesto que daba la impresión de estar evitando decir algo imprudente.

— ¿Mi anillo? — Ichigo lo miraba aun con seriedad. El anillo que lo acreditaba como Príncipe y que su padre le había dado cuando regresó de Vayalat. No tenía que dar grandes explicaciones. Le estaba diciendo que le quitaba el título de príncipe, eso explicaba la reverencia de los consejeros cuando entró a la sala, era la forma de revelarse ante la decisión que había tomado el rey. Suspiró y se quitó el anillo con calma, le dio una última mirada y, con paso firme, se acercó a su hermano para ponerlo frente a él. — Su alteza, ¿desea algo más?

— Si, que desocupes tu habitación. Ya no eres un príncipe de Avanta, ya no tienes por qué vivir en las habitaciones de uno. Se te acomodará una habitación privada junto con los soldados, eres el comandante y no podemos dejarte desamparado. — Kaien lo miraba con una expresión de victoria en el rostro. Había ganado.

— Su oferta es muy generosa, su alteza, pero debo rechazarla. Para la tarde mis pocas pertenencias personales quedarán fuera de este palacio. Volveré a cumplir con mis obligaciones como lo hacen los consejeros. — Aclaró porque no le iba a dar esa satisfacción de verlo dormir en dónde él quisiera.

Kaien juntó las cejas en expresión de enfado pero Kyoraku lo detuvo antes de que empezara a hablar.

— El comandante nos ha traído gloria con sus consejos, creo que sería lo mínimo que podría hacer su alteza, conceder la petición que está haciendo. — Habló Kyoraku evitando mirar a Ichigo y fijando su mirada en Kaien que parecía no estar de acuerdo con aquello.

— En la última campaña su "preciado consejo" no nos ayudó, concejal. — Rebatió Kaien. Ichigo no estaba seguro si él había leído o no lo que le había enviado a su padre, todo había salido tan bien que, para todos los consejeros, el único culpable de que estuviera casado era de él.

— El rey Isshin no permitió que el comandante fuera con nosotros, desconocemos las razones, pero sabemos que si hubiese ido habríamos llegado con una victoria diferente. — Kaien no dijo nada pero vio con enojo a Ichigo porque sabía que su hermano no había ido por su culpa.

— Está bien, puedes irte del palacio y vivir en donde quieras, en un gallinero si quieres, pero te quiero aquí cumpliendo tus obligaciones como siempre. — El tono de advertencia en su voz sonaba bastante agresivo, era una forma de decir que lo tendría vigilado y ante cualquier error entonces lo pagaría.

Ichigo le hizo una reverencia al rey y salió de ahí con paso firme, sin mostrar debilidad alguna por lo que acababa de pasar. Los consejeros estaban en silencio y no dijeron nada hasta que él salió.

Para la tarde sus cosas ya estaban empacadas en los baúles y un coche lo estaba esperando en la entrada del castillo. Los sirvientes subieron sus cosas y se fue de ahí cuando la noche cayó. No se quedó en la ciudad sino en los terrenos que había más allá de la primera muralla, donde tenía una pequeña casa que había empezado a construir desde que su padre murió. Estaba amueblada con todo lo que se podría necesitar y ahí se quedó con dos sirvientes para el cuidado de la casa y la comida, junto con un par de soldados que sintieron que debían de cuidarlo en su nuevo hogar.

— Buenos días. — Susurró una joven detrás de él haciendo que saliera de sus pensamientos. No la volteó a ver pero ella acarició con sus pequeñas manos su hombro desnudo, Ichigo sonrió y tomó aquella mano para darle un suave beso en el dorso.

— Pensé que te levantarías más tarde. — Dijo entrelazando sus dedos con los de aquella pequeña mano. La otra mano de su amante empezó a acariciar su cuello despacito. Ichigo sonrió.

— No puedo dormir si no estás a mi lado. — Susurró la joven en su oreja con un tono que sugería una travesura.

— Si estoy a tu lado hacemos de todo menos dormir. — Ichigo giró su rostro para besarla atrayendo el rostro de su amante a él. — Me tengo que ir. El rey se puede molestar si no llego a tiempo para asegurarme de que sobreviva a esta noche.

— Que se cuide el rey solo. — Dijo con irreverencia la joven juntando las cejas con una pequeña molestia.

— El rey no sabe levantar una espada con propiedad, menos defenderse solo. — Habló Ichigo haciéndola reír por eso y le dio un nuevo beso. No se quería separar de ella pero debía de hacerlo, tenía que ir al palacio. — Te veré en la noche.

— Aquí estaré. — Prometió la joven antes de darle un último beso y dejarlo ir.

Rukia miraba el castillo de Avanta con el deseo de querer destruirlo hasta los cimientos, seguía siendo la mágica Avanta pero lo que había pasado ahí solo le hacía querer ir directo a Kaien y golpearlo hasta que muriera, que sintiera lo que le hizo a ella, que suplicara piedad así como ella lo había hecho aquella noche. Se acomodó la vieja capa de viaje e hizo que el caballo avanzara de forma lenta por el camino hasta llegar a la entrada principal de los terrenos del castillo.

— Soy Rukia Kuchiki, quisiera hablar con la reina. — Avisó a los soldados que la hicieron esperar por lo que le pareció un largo rato, como si no la quisieran dejar entrar o como si la reina no quisiera verla. Se molestó.

Las grandes puertas se abrieron y la dejaron pasar a los terrenos del palacio. El camino blanco que llevaba hasta el castillo seguía brillando al sol y la brisa del mar seguía despeinando su cabello como la primera vez que llegó a ese lugar, pero desde ese día hasta el día en el que se encontraba habían pasado casi 8 años. Le parecía una vida entera y se sentía como tal. Un soldado la ayudó a desmontar de su caballo y se quedó parada en aquella puerta justo como lo había hecho dos años antes, le parecía un dejavu solo que esa vez Yuki no estaba con ella y Renji no iba a llegar con sus cosas.

La Dama de las Llaves abrió la puerta para recibirla, Rukia ya no era la señora de Bosque Oscuro y sin embargo le hizo una ligera reverencia respetuosa.

— Me gustaría hablar con la reina. — Pidió de nuevo mirando a la mujer que parecía algo irritable.

— Mi lady, la reina se encuentra rezando en el templo de las Deidades, puede esperarla adentro si...

— No, también quiero rezar un poco. — Dijo con una sonrisa mirando a la Dama de las Llaves evitando que la llevara adentro del castillo, Ichigo estaba ahí y tenía cuentas que arreglar con él pero ese no era el momento. Habían pasado muchos años, podían pasar un par de días más.

La mujer se quedó un poco contrariada pero asintió a lo que dijo esperando que la reina no se molestara por interrumpirla, la guió por el camino que llevaba desde la entrada del castillo al templo de las deidades con paso lento, Rukia había recorrido ese camino un montón de veces mientras estuvo en el castillo, y más veces de las habituales cuando el rey había dicho que su padre era un traidor. Si no hubiese sido por Ichigo, habría matado al rey en cuanto puso un pie en ese castillo hacía dos años.

Pasar por aquella puerta del templo de las Deidades hizo que Rukia se volviera a sentir como aquella joven que rezaba con desesperación por la vida de su padre y de su hermano. Los recuerdos eran tan nítidos que incluso, si cerraba los ojos podría escuchar palabra por palabra lo que esa niña rezaba.

— Mi Valiente protector, el sol que todo lo ve, sé que mi padre no es el traidor que dicen, sé que mi hermano no es el conspirador que dicen que es, por favor, haz que el rey lo vea, que el rey sepa que no lo es. Mi Dama protectora, tú que eres la noche en la que se ocultan los secretos, revela que no ha salido de boca de mi padre la idea de traición. Sombra que guía a los muertos, no te los lleves, intercede por ellos.

— Por aquí. — La voz de la Dama de las Llaves la hizo regresar a la realidad y pudo ver a la reina haciendo el signo de las Deidades antes de levantarse de su lugar de oración. Rukia se sorprendió un poco al ver que no era Masaki sino una mujer morena que portaba un tocado dorado en el cabello, como si fueran enredaderas y piedras.

— Su alteza, la Reina Yoruichi. — Le dijo a Rukia y esta le hizo una reverencia a pesar de que Yoruichi estaba de espaldas.

Yoruichi se giró molesta porque la Dama de las Llaves la había interrumpido y se quedó estática al ver que Rukia estaba ahí, parada y haciéndole una reverencia; por un momento no supo que responder hasta que se recompuso antes de que ella notara su expresión.

— Mi lady… — Dijo como si no supiera quien era, era lo mejor que podía hacer, fingir que nunca la había visto. Rukia levantó la mirada para verla de forma detenida.

— Lady Rukia, su alteza, si ha de llamarme de alguna manera. — Dijo Rukia con una voz tranquila e incluso dándole una sonrisa educada. Yoruichi hizo un ademan para que la Dama de las Llaves se fuera de ahí. — Para ser honesta, pensé que encontraría a la reina Masaki. ¿Las Deidades se la han llevado a su gloria, su alteza?

— Lady Rukia, se nota que no ha estado en el reino en mucho tiempo. — Comenzó de una forma calmada notando que una vela en la Sombra se apagaba. — La reina Masaki se fue de Avanta después de la muerte del rey Isshin.

— Oh, no lo sabía, que las Deidades lo tengan en su gloria. — Dijo haciendo el signo de las Deidades al mismo tiempo que Yoruichi. — No, su alteza, me he ido del reino poco después de su matrimonio con el rey Kaien.

— Entonces lady Rukia, ¿Qué la trae ante mí? — Preguntó Yoruichi mirando como dos velas más de la Sombra se apagaban al mismo tiempo. El templo incluso parecía más oscuro.

— Su alteza, vine a pedirle trabajo a la reina Masaki en el palacio. Ella me había acogido cuando era una niña y esperaba que recordara que le serví bien en ese tiempo. — Habló Rukia y se apagaron tres velas de cada Deidad. Yoruichi lo notó también.

— No hay trabajo en el palacio, todos los puestos están ocupados. — Yoruichi se sentía nerviosa, algo en Ruka la hacía tener un escalofrío recorriéndole la espalda. Era como si algo le gritara que la mujer frente a ella era peligrosa.

— ¿En verdad? Es una lástima, yo quería saber si podía ser la nueva Dama de las Llaves. — La voz de Rukia le sonaba apenada.

— La mujer que se acaba de ir es la Dama de las Llaves, lady Rukia, y como puede ver ella es muy competente.

Yoruichi no podía reprimir más el sentimiento de molestia que Rukia le causaba, sus respuestas eran cada vez más cortantes pero sentía como si una nota de miedo se le escurriera entre las palabras. Aquello era ridículo, ella no tenía por qué temer de una mujer como la que tenía frente a ella, ella era la reina de Avanta y Rukia, hasta donde sabía, había regalado su título a un muerto de hambre.

— Oh… ¿En verdad? Entonces me retiro, no quiero hacerle perder mas su tiempo, su alteza. — Una vela se apagó en cada una de las Deidades.

La voz y la mirada de Rukia no le gustaron cuando dijo aquello pero trató de no darle importancia y mejor decidió empezar a caminar hacia la salida. Rukia la siguió en silencio, ya que ella misma había dado por terminada la conversación, y no hablaron hasta que salieron del templo.

— Gracias por recibirme, su alteza. — Rukia le hizo una reverencia y se dispuso a irse cuando alguien gritó.

Ambas mujeres levantaron la mirada buscando el orígen de aquél grito y vieron como alguien caía desde uno de los balcones. Fue tan rápido que en un segundo el sonido de algo rompiéndose envuelto en tela les llenó los oídos. Yoruichi corrió hasta donde estaba aquella persona y encontró a la Dama de las Llaves, seguía viva y tenía los ojos abiertos, los movía como si estuviera buscando a alguien. Rukia, que estaba detrás de la reina, notó como los ojos de la mujer se posaron en ella, vio el miedo en esos ojos violetas y vio como la vida escapaba de aquella mujer. Rukia disimuló una sonrisa y Yoruichi soltó un grito.

Ichigo llegó corriendo a donde estaba el cadáver de la Dama de las llaves. Un soldado le había avisado del incidente y él dejó todo lo que estaba haciendo para ir a ver personalmente aquello. Al llegar vio como los soldados levantaban el cuerpo de la mujer y lo intentaban llevar al cuarto de la médica. No podía creer que la Dama de las llaves estuviera muerta.

— ¿Cómo pasó? — Preguntó a los soldados que estaban ahí. El ruido que había provocado la conmoción por la muerte de Loly había atraído a mucha gente del palacio.

— Comandante, al parecer cayó de aquél balcón. — Señaló el balcón desde donde había caído la mujer. — La reina estaba aquí cuando pasó. Está desconsolada. ¿Debemos de avisar al rey?

— Si, háganlo. Hay que investigar cómo pasó. Interroguen a todos, yo iré a ver a la reina. — Ordenó y el soldado que había hablado con él se dirigió hacia adentro del castillo en busca del rey.

Ichigo hizo que los que estaban de curiosos se fueran a sus obligaciones y se quedó contemplando la mancha de sangre en el césped, luego miró el balcón de donde había caído como si intentara ver a alguien desde ahí. Dejó de contemplar el sitio y se dirigió hacia adentro del castillo para ir a las habitaciones de Yoruichi. Ella era una mujer fuerte, no sabía si en verdad la habría afectado ver esa escena o solo fingía tan bien como siempre.

— A un lado. — Le ordenó a los guardias que se movieron para dejarlo pasar a donde estaba Yoruichi. Era la habitación que había pertenecido a su madre, la habitación de la reina. — Su alteza, ¿Qué ha pasado? — Preguntó pero Yoruichi hizo un sutil gesto con los ojos para avisarle que no estaban solos.

— Haz tardado en llegar, Comandante. — La voz de Kaien lo hizo girarse para encontrarlo regresando del balcón.

— Su alteza, disculpe es que estaba viendo el lugar del accidente. — Se excusó Ichigo haciéndole una reverencia al rey.

— Me alegra saber que haces tu trabajo y que hayas llegado, la reina se había reusado a hablar hasta que tú estuvieras presente. — Dijo Kaien sentándose en una de las sillas junto a su mujer que cargaba una taza de lo que supuso, era té.

Yoruichi no parecía conmocionada, más bien parecía tensa e incómoda y no dijo nada hasta beber un sorbo del té que había en su taza. Se aclaró la garganta y dejó la taza en una mesita.

— Estaba en el templo de las Deidades rezando antes de tener que arreglarme para ir a la celebración en la ciudad cuando la Dama de las Llaves llegó con una visitante. — Comenzó buscando una manera sutil de decir aquello y preparar a Ichigo. — Estuve hablando con lady Rukia durante un largo rato en el templo, nada importante solo que buscaba trabajo en el palacio, le dije que no había vacantes y se decepcionó; entonces salimos del templo, se despidió de mí y de repente escuchamos un grito y la Dama de las Llaves cayó desde el balcón. Fue todo.

— ¿Rukia está aquí? — Preguntó Kaien con la mirada iluminada al escuchar aquél nombre. Yoruichi asintió pero notó la expresión de asombro en el rostro de Ichigo, solo duró un segundo, sabía que la presencia de Rukia en Avanta no era algo bueno para Ichigo ni para ella por lo que le habían hecho. — Bien, ella ya no es señora de Bosque Oscuro así que no veo problema alguno porque trabaje aquí, y necesitamos a una Dama de las Llaves nueva, además ella ya sirvió aquí cuando era joven y sirvió muy bien. — Aquello último lo dijo con un tono y una mirada lasciva sabiendo lo que provocaría en Ichigo.

— Entendido, su alteza. Enviaré por ella al terminar de hablar con la reina. — Ichigo estaba serio ante eso y Kaien se sorprendió al ver que no había causado en él aquella misma reacción que tuvo la noche de las Deidades.

— Bien, habla con la reina, que te diga todo sobre el incidente y sobre Rukia. La quiero esta noche en el palacio, inicia mañana como la nueva Dama de las Llaves. — Ordenó antes de irse de la habitación dejando solos a Ichigo y Yoruichi.

Ambos se quedaron en silencio durante un largo rato, escucharon cómo los pasos de Kaien se alejaban del lugar, pero no se relajaron; Yoruichi se levantó de su asiento y se acercó a Ichigo haciendo el menor ruido posible.

— Comandante, tenemos un problema. — Susurró y ambos se alejaron lo más posible de la puerta para que no pudieran escucharlos por error, aun así ninguno levantó la voz más allá de un susurro.

— ¿En serio? — El sarcasmo en Ichigo era tan palpable que golpeaba. — Se suponía que la había dejado en Bosque Oscuro y ahora está aquí. Le dije lo que quería saber para dejarla tranquila y no volviera a este lugar, ¿Crees que me hace feliz tenerla aquí?

— ¿No te hace feliz? Pensé que sí, es tu esposa, ¿no? — Dijo levantando la ceja cruzándose de brazos.

— No, anulé el matrimonio cuando volví de Bosque Oscuro. — Yoruichi se mordió el labio por eso. — ¡No! Ni se te ocurra, eso no va a volver a pasar. Te lo dejé claro aquella vez. Y no, no te debo nada, te pague muy bien por quitarle la memoria a Rukia, te di el maldito reino.

— Me diste el reino y un rey pero yo te quería a ti. Ahora que sé que nada te ata a Rukia entonces si podré matar a Kaien, tengo un hijo que es heredero al trono, como viuda me puedo volver a casar y ahora si tendré todo lo que quiero, el reino y a ti. — Ichigo sonrió con una mueca sombría.

— No. — Dijo sin más mirándola como si se le escapara algo a su gran plan.

— ¿No?

— Nos ata un hijo además… si Kaien muere, el que sigue en la línea de sucesión es Juha, no tu pequeño Kane. Si lo matas entonces mi hijo se vuelve el rey. Si Kaien muere, tú dejarás de ser reina porque no tienes rey, y no serás reina madre porque tu hijo no es el rey. — Dijo aplicándole lo mismo que Kaien había hecho con su madre.

— ¡Mientes! — Exclamó Yoruichi en susurros. — Estás mintiendo.

— No, Kaien me quitó a mí el título de Príncipe de Avanta, me sacó de la línea de sucesión y puso a mi hijo un poco más cerca de ella. Mi hijo es un príncipe legítimo, nació en un matrimonio bendito por las Deidades.

— Haré que Kaien le quite el derecho de sangre a Juha. — Amenazó molesta.

— Hazlo y me aseguraré de que tu sangre no llegue al trono. — Amenazó mirando a Yoruichi quedarse inmóvil con ira y miedo en la mirada. — Bien ahí, teme a mis palabras. Kaien no es el único que podría matar, es más él no ha matado nunca en su vida pero yo… — se acercó a ella para susurrarle al oído. — Yo he ido a la guerra y he matado todo aquello que se ha movido, espero me entiendas.

Ichigo salió de la habitación notando que no había guardias que cuidaran el lugar, aún tenía que mandar a buscar a Rukia y llevarla ante el rey. Solo de pensar en ese momento se ponía tenso.

— Estás muy tenso hoy. — Ichigo sintió como las manos de su amante empezaban a masajear sus hombros desnudos aquella noche, los soldados no habían encontrado a Rukia y tuvo que informar de eso a Kaien que no parecía nada contento.

— Es por el trabajo, tuve que ver que los soldados hagan bien su trabajo en la celebración de la noche. — Ichigo cerró los ojos dejando que aquellas manos acariciaran y presionaran en su piel en puntos muy exactos. — Además hay disturbios en la frontera sur, al parecer el rey kuvarita quiere extender sus tierras, siento que se acerca algo grande.

— ¿Y quieres que eso pase? ¿Quieres que el kuvarita conquiste las tierras de tu hermano? — Preguntó y dejó un beso en la nuca de Ichigo haciéndolo sonreír.

— Podría ser, quizás haga una alianza con la Triada y ataco desde adentro a Avanta, me hago rey y así te hago mi reina. ¿Eso te gustaría? — Preguntó con aquella sonrisa pícara en su rostro. Su amante sonrió por eso y acarició su pecho con sus manitas aun estando desde su espalda.

— Reina de Avanta, me gusta cómo suena eso pero primero deberíamos de casarnos. — Susurró besando el cuello de Ichigo debajo de su oreja.

— Tengo aquí el anillo para eso, ¿quieres que te proponga matrimonio? — Preguntó con gracia en la voz.

— Yo no rechazaría esa oferta, me gusta la idea de ser reina y me gustas tú.

— Entonces cásate conmigo. — Murmuró Ichigo antes de besar a su amante que había empezado a acariciar partes de su cuerpo demasiado sensibles.


NotitaDeLaAutora: Si crees que esto tendrá un final feliz, es porque no me has leído antes... es broma... casi.

Lana: La verdad si cae mal, pero nadie es enteramente bueno o enteramente malo. Gracias por leer.

Reesen555: Hello again and thank you. The truth is that the idea is that it feels realistic. As much as possible. For the story in English I already have a collaborator who will help me with the language, so I just have to finish it. I hope you like this chapter too.

Abby: Me hace feliz que la historia te hace felíz y la verdad no creo que falte tanto para el final, solo espero saber llevarlo bien. Gracias por leer.

aCloud: Olá! Eu gosto que você goste de história. Existem muitos mistérios e eu realmente espero que todos sejam resolvidos no restante da história. Espero que goste dos capítulos a seguir e goste deles. Obrigado por ler e por seu ótimo comentário.