Hubo quien subestimó la fiereza del invierno en un pasado, condenando a muerte a un ejército que en su gloria parecía imbatible. Una ciudad incendiada y en ruinas diezmado en soldados no parecía una amenaza pero la nieve y el hambre fueron la venganza de una patria que vio a sus hijos morir e incendiarse por protegerla. Otros asaltos futuros tuvieron el mismo final, el frío parece inofensivo hasta que la sangre comienza a pesar sobre los miembros congelados.

Sin embargo Chuuya era inocente de haber subestimado nada, culpable únicamente de su propia ignorancia. No leyó nunca el destino del vuelo y de haberlo hecho su desconocimiento de la geografía no le hubiera puesto en alarma sobre nada. Era un ser hecho de fuego, vivía en la intemperie del desierto árabe y aunque era una criatura sobrenatural no era indestructible. Abrió todos los equipajes, apropiándose de cuanto abrigo y manta encontró pero conforme el vuelo avanzaba el frío se le iba enraizando más hasta llegarle al corazón. Tenía una corporeidad más volatil que la carne, era un ser de fuego, se repitió, pero por eso mismo no contaba con una sangre que le diera calor y era vulnerable al frío.Iría a quedarse congelado en ese sitio hasta que Dios se apiadara de su creación y lo reclamara o en todo caso Iblis lo reconociera como uno de los suyos y le brindara el descanso eterno. En el proceso probablemente se toparía con Azrael y le podría dar el puñetazo que llevaba guardando para él en nombre de Yumeno. Inhaló un poco y meditó sus opciones pero abandonar su vengaza no era una de ellas y si alguna consciencia ajena lo analizara le recordaría por qué el Imperio Ruso le había robado el título de "Magno" a cierto conquistador o dejó en ridículo a cierto francés para siempre en la historia. Pero Chuuya estaba mimetizado con la naturaleza maternal de Kouyou y ésta también incluía esa parte un poco más oscura e irracional del amor que protege, el que desgarra y asegura que las futuras generaciones sobrevivan en los tormentosos círculos de la naturaleza. No sólo había torturado a su ángel, había herido a Ryuu.

La rabia logró darle algo de calor a sus mejillas pero no sería suficiente para mantenerlo con vida y lo sabía.

Hubo quienes sucumbieron a su propio egocentrismo y Chuuya podría contarse entre los ingenuos, usando su poder para prender fuego a las maletas, suspirando aliviado ante el calor que lo abrazó sin razonar que el humo pronto llamaría la atención de los humanos y con ello también la del kitsune.

Dazai escuchó los murmullos inquietos sobre el olor a quemado y antes que en las bocinas se anunciara el descenso de emergencia ante un pequeño incendio en la zona de equipaje él ya había usado su visión para saber lo que estaba pasando. La mirada se le ensombreció ante la escena de haber perdido al ángel y tener en su lugar a un estúpido genio medio muerto de frío arruinando más las cosas para él. El trato se terminaba hasta que entregara a la criatura pero si el cliente era humano no tenía por qué preocuparse, obligaría al intruso a tomar la forma de un ángel de la muerte y le lanzaría un hechizo para que no pudiera volver a su forma original hasta que Dazai se lo permitiera. Los humanos no viven mucho de todas maneras, el genio podría sobrevivir unos cincuenta o sesenta años disfrazado sin que fuera para él más que un minuto. Aprovechó el revuelo para levantarse disimuladamente e invizibilizarse hasta la zona de equipaje antes que programaran el descenso.

La escena podía resultar adorable, como para adornar un cuento infantil pero a Dazai la ternura le repugnaba. El genio estaba hecho un ovillo entre las mantas y abrigos robados, pegado al fuego que ardía y volvía el aire irrespirable al mantenerse el humo encapsulado. Dazai no necesitaba oxígeno y por lo que comprendía menos el genio quien parecía más atento a su propia sobrevivencia que a su aparición.

Antes que pudiera materializarse, antes de siquiera notarlo sintió una fuerte patada derribarlo de bruces contra el montón de maletas que hacían la hoguera y apenas sus reflejos lograron salvarlo de quemarse, tomando la forma de zorro para escabullirse al otro lado del espacio, notando la fiera mirada azul que ahora combinaba con el tono azulado en los labios del genio.

— No creas que vas a escaparte, maldito zorro.

— Perdona que no me parezcas intimidante mientras estás temblando como un tonto ¿Nadie te ha dicho que los genios y la nieve no son buenos amigos?

— Cierra la maldita boca.

No alcanzó a esquivar la mano de Chuuya en su garganta incrédulo ante la velocidad del genio no así a su fuerza. Lanzó un chillido por el dolor, intentando morderlo para zafarse, tan sólo consiguiendo que Chuuya sacara el sable de su cinto, presionándolo contra su garganta haciendo que Dazai tomara su forma de kitsune para que la diferencia de tamaño y peso no le afectara.

— ¿Qué te ofreció Azrael por lastimar a mi bebé? ¿Tan podrido está ya como para mandar herir a los ángeles que él mismo abandonó?

— ¿Tu bebé?— Dazai dejó salir una risa asfixiada, el color marrón rojizo de sus ojos brillando con malicia—. No tengo idea de quién es Azrael, yo trabajo para un contrabandista.

— ¿Contrabandista?

— Sí, algún desquiciado con dinero decidió que era buena idea tener un ángel de la muerte para adornar su sala o algo así. Yo sólo obedezco órdenes, soy tan inocente com...

Chuuya le clavó el sable en el hombro, retorciéndolo con rabia.

— No sé cómo lograste que Yumeno no te maldijera pero creéme, yo estoy dispuesto a cobrarme todo lo que les hiciste.

— ¿Ese adolescente es tu amo? No parecía muy listo— la mirada azul desapareció de su campo tras una gruesa hoja que cubrió también su boca, Chuuya intentaba arrancársela pero sólo se hacía más grande, envolviéndolo por completo en un capullo que se adhirió al suelo, reteniéndolo—. Al parecer tú tampoco lo eres.

Dazai tocó al genio tras la hoja, logrando que su poder sobre el fuego se inhabilitara y el incendio se apagara y soplando para que el aire quedara de nuevo limpio, volviendo a su asiento después, silbando mientras las bocinas anunciaban que todo había sido una falsa alarma.

La sangre caía por su brazo herido por el sable sin que lo hubiera notado hasta que la mujer que estaba a su lado comenzó a gritar.

—x—

No tenía intenciones de demorar mucho aunque contrario al genio su pelaje le protegía de las bajas temperaturas incluso si lucía humano. Estaba aburrido, adolorido sobre todo. La punta del sable había llegado hasta su hueso y aunque su capacidad de regeneración ya estaba trabajando el dolor seguía allí, haciéndolo arastrar la hoja vuelta capullo por la nieve, sabiendo que el genio sentiría el frío hasta la última de sus partes sin poder hacer absolutamente nada al respecto. Si el genio fuera una mujer sería un ritual de fertilidad arrastrarle mientras sangraba, pero por lo que recordaba tenía una figura masculina. Al contrario de los ángeles los genios sí poseen una genitalidad y muchas veces se comportan según ésta. Los genios podían mantener relaciones sexuales con humanos y generar descendencia, era algo relativamente normal. Enmascarar ese aspecto le parecía complicado pero se recordó que el cliente debía ser humano, difícilmente lograría que el genio se mostrara ante él cuando se marchara y su trabajo terminaba cuando volviera a Japón. Tocó el intercomunicador, dando el santo y seña que se le había brindado para ser identificado y se acomodó el gorro sobre el cabello cuando las puertas comenzaron a abrirse.

Lo primero que notó fue el jardín de rosas azules, no había maleza ni nigún otro tipo de flor o planta pero inundaban todo el jardín, tan altas que sobresalían de la nieve y tan vivas que parecían más bien ser falsas. Un instinto le dijo que lo mejor era no mirarlas mucho tiempo y avanzó hasta la puerta principal, notándola abierta. La calefacción y la luz estaban encendidas pero no había nadie esperándolo, caminó un poco más por el recibidor, aspirando para guiarse por el aroma a humano.

Era curioso.

Allí no olía a nada.

La duda asomó por su rostro y continuó caminando, probablemente el frío o la herida lo habían debilitado.

— Tú debes ser Osamu Dazai, el kitsune.

Fue algo más fuerte que él mismo, un mecanismo de defensa que le hizo abandonar la forma humana y saltar de manera defensiva, girándose para encarar esa voz sin tono ni peso, hueca.

Encontrándose con la figura larga y delgada de un hombre enfundado en un abrigo blanco, el cabello lacio y negro le caía por los hombros bajo su ushanka a juego con el abrigo. Destacaba sus ojos de un profundo y cansado púrpura, la sonrisa más que atemorizante lucía hueca, como si ni siquiera fuera su intención intimidarlo o burlarse. Dazai gruñó, los ojos marrón de un diluido rojo ladrillo que normalmente ocultaba.

— Lamento no haber ido a recogerte, pensé que llegarías ayer. Yo soy Fyodor, bienvenido a mi casa.

Lo vio asomarse curioso, los ojos púrpuras fijos en el capullo de hoja, la sonrisa desapareció en un gesto desilusionado.

— Parece que ha habido una equivocación, yo solicité un ángel de la muerte. Específicamente uno de los que cazaban almas de demonios y esto es un genio.

— No eres humano.

Cortó Dazai, ya recuperando la calma, intentando usar sus ojos de kitsune para ver la verdadera forma de la figura delane de él.

Si no lo miraba con sus ojos humanos, frente a él no veía absolutamente nada.

— No creo que eso tenga ninguna relevancia. Quítale la hoja, puede que logremos llegar a un acuerdo si me resulta útil.

Dazai no era un ser empático, ni siquiera cuando se definía a sí como zenko. Pero algo le latía en una advertencia para no dejar al genio en ese sitio, diciéndole que incluso dejarlo morir bajo la nieve sería más piadoso. Aún así carraspeó dejando que los nervios lo abandonaran o que la máscara de indiferencia se creara, desapareciendo la hoja, liberando al genio quien miraba a ambos con fiereza a pesar de ser incapaz de moverse, los labios y las uñas completamente azules por el frío.

— ¿Lo trajiste de Arabia?

— Sí, resulta que el ángel que deseabas está vinculado de alguna manera que no comprendo con él. Los genios son excesivamente protectores.

— ¿Lo son?— Fyodor se arrodilló, sonriendo de una forma más turbia al ver que Chuuya intentaba ponerse de pie, llevándose la mano a donde reposaba el sable—. Qué espíritu tan envidiable.

— No creo que te sirva mucho, son seres de fuego y en este clima no vivirá mucho.

— Míralo— los profundos y cansados ojos púrpura recorrían a Chuuya haciendo que éste se sintiera extraño, demasiado expuesto—. Un genio sin dueño que adopta ángeles y vive bajo la tutela de una diosa. Si me lo preguntas a mí sería un crimen dejar morir a un ser tan puro. Lo dejaré dormir en el cuarto de las calderas, después le mandaré a construir su propia habitación con la calefacción adecuada. Dile a tu jefe que estamos a mano.

Dazai asintió sin explicarse muy bien por qué se quedó a ver a Fyodor tomando en brazos a Chuuya, llevándolo hasta la habitación de las calderas sin que el genio pudiera hacer absolutamente nada en contra.