El Ruiseñor


Capitulo 19: Caída


Aquella noche, la noche que cambió todo, la luna de verano brillaba de una manera esplendorosa, su luz se filtraba por entre las ramas de aquellos árboles y hacía que el bosque tuviera una presencia fantasmal ante cualquier movimiento. Esa noche Ichigo daba vueltas de un lado al otro, la molestia y la desesperación lo llenaban de una forma que lo hacían sentir impotente ante la situación que estaban viviendo; el miedo también revoloteaba dentro de él, era ese constante temor de que los soldados de su padre los encontraran en aquella cabaña, se culpaba por no haber salido con Rukia de la ciudad cuando pudieron hacerlo, quizás en una de las caravanas que pasaban constantemente por ahí para ir a cualquier lugar fuera del alcance de su padre.

— Aun estamos a tiempo de irnos de aquí, si nos vamos esta noche estoy seguro que podemos llegar a Vayalat. — Sugirió como una medida desesperada aunque sabía que aquello era tan imposible como el volver al castillo con Rukia y su hijo. Estaban varados en medio de la nada y para donde avanzaran la Sombra se cernía sobre ellos dispuesta a cobrar el tributo que todo mundo le debía.

Rukia solo lo miraba caminar de un lado a otro, tenía a su pequeño durmiente entre sus brazos y suspiraba porque, aunque aquella idea le parecía muy buena, sabía que no podían hacer un viaje así; la mujer que la había ayudado a dar a luz le había dicho que necesitaba descansar debido a lo difícil que había sido el parto.

— Sabes que no lo vamos a lograr, no han dejado de buscarte y si intentamos salir de la ciudad nos van a atrapar. — Rukia miró a su hijo y lo acarició como si fuera el tesoro más preciado del mundo. El miedo que la recorría desde que se había enterado que estaba embarazada solo se había hecho más grande cuando su hijo nació. — Nuestro hijo no va a sobrevivir.

Ichigo se detuvo en seco y clavó la mirada en el rostro de Rukia que seguía contemplando a su pequeño hijo. Él sabía que eso era verdad, su hijo aun era muy pequeño y el viaje, hecho sin ninguna de las comodidades que se podría tener en un viaje real, podía resultar en algo terrible para los tres. Era tan pequeño que aun no le ponían nombre, las tradiciones dictaban que tenía que pasar un mes antes de que los recién nacidos fueran nombrados. Era una tradición estúpida, tan estúpida como el no permitir que ningún príncipe tuviera familia antes del heredero de la corona.

— No sé que hacer, no tengo idea de qué hacer. — Se quejó con desesperación antes de sentarse en la cama junto a Rukia y su hijo.

Llevó una de sus manos a la cabeza de su hijo que dormía, tenía el cabello tan negro como Rukia pero cuando abría los ojos podía ver en él los ojos de la reina. Le parecía irreal que algo tan pequeño y tan frágil fuera de ambos, que tuviera tanto de él como de Rukia. Solo tenía la certeza de que debía de salvarlos a ambos, no podía permitir que corrieran la misma suerte que le estaba esperando a él en cuanto pusiera un pie en el castillo.

Rukia estaba consiente de que si los atrapaban los iban a matar, sin piedad, sin compasión; eran un peligro porque supondría una división del reino y el rey no iba a permitir eso, ningún rey lo iba a permitir. Conocía las estúpidas tradiciones de la familia real, sabía que Ichigo sería juzgado como traidor y que le cortarían el cuello junto con ella, también sabía que iban a ahogar a su hijo con una almohada mostrando un poco de piedad. ¡Piedad! Necesitaba que las Deidades les dijeran que hacer, necesitaban ser iluminado antes de que Yoruichi llegara a dónde estaban ellos.

— Puedes ir a la guerra y acabar con la vida de tus enemigos pero no sabes que hacer para salvar la vida de nuestro hijo. — La voz de Rukia le sonó en un susurro dolido y él apartó la mano de la cabeza de su hijo consiente de la verdad en esas palabras. No sabía que hacer, se sentía inútil, sentía que todo lo que le habían enseñado no servía de nada en ese momento dónde se suponía que debía de cuidar a su familia.

Se escuchó como golpeaban la puerta de manera suave, la doncella que ayudaba en esa cabaña fue a ver quién era e Ichigo se levantó de su asiento para tomar su espada, no iba a dudar en matar lo que fuera que estuviera detrás de la puerta si eso ponía en peligro a su familia. Dio la orden para que la doncella abriera la puerta y fue Yoruichi quien apareció del otro lado. La princesa de Gardelia entró mirando todo con sus enormes ojos dorados y sonrió al mirar a Ichigo que estaba parado junto a una cama sujetando la espada.

— Que gran bienvenida, Ichi... — Dejó inconcluso el saludo tan informal al ver que había alguien más con él. La sonrisa se le esfumó de los labios al notar a la mujer y al bebé. — ¿Para qué me llamaste?

Una mueca de disgusto se formó en los labios de Yoruichi e Ichigo supo que haberla llamado ya no era tan buena idea. Se maldijo por haber sugerido aquella idea tan descabellada y se maldijo más cuando Rukia aceptó que podría ser una opción viable. Rukia le entregó su hijo a la doncella y con ayuda de Ichigo se levantó para llegar a donde estaba la recien llegada.

— Mi esposo dice que sabes hacer magia. — Rukia quedó frente a ella al decir aquellas palabras y pudo notar como la maldad cruzó como una luz en los ojos dorados de la mujer..

— ¿Eso dijo? — Preguntó levantando una ceja mirando a Ichigo que supo, con toda certeza, que la relación con ella no había terminado tan bien como había supuesto.

Rukia apartó el recuerdo cuando entró en esa habitación, se movía con el silencio que hacían las Sombras, sus pasos eran un murmullo que se confundía con la respiración de la reina que dormía ahí. Era culpa de aquella mujer que se perdiera tantos años de vida de su hijo, era culpa de la reina que hubiese terminado en las Tierras del Ocaso.

Te buscaré, te prometo que lo haré, lo juro por la vida de nuestro hijo. — Le había dicho Ichigo antes de que Yoruichi hiciera su magia en ella, antes de que ella le hiciera olvidar que tenía un hijo y le hiciera olvidar la vida con Ichigo. ¿Si Ichigo hubiese sabido lo que iba a hacer en verdad Yoruichi, aún así la habría llamado?

Cuando recuperó sus recuerdos supo que aquello, el irse a las Tierras del Ocaso, no había sido idea suya sino una idea que Yoruichi metió en su mente cuando la llevó hasta Bosque Oscuro. Ichigo la buscó, justo como había prometido, pero ella se había ido y estuvo a punto de no volver al reino. Llevó su mano al medallón con ese ruiseñor de ojos rojos y agradeció que, gracias a él, había vuelto a ver a su hijo.

— ¿Qué serías capaz de hacer por un hijo, Yoruichi? — Susurró antes de tomar con cuidado al pequeño príncipe que dormía junto a su madre.

El bebé se removió entre los brazos de Rukia pero ella lo calmó con pequeños golpecitos sobre las mantas que estaba envuelto. Así había calmado a su hijo cuando era pequeño; sabía que nadie, ni nada de lo que hiciera, le regresaría esos años perdidos pero su alma gritaba por hacerla sentir lo mismo, sabía que la muerte era poco para ella.

— Lo siento pequeño, pero tengo asuntos pendientes con tu madre y tú me vas a ayudar. — Le dijo al niño que dormía plácidamente entre sus brazos y lo sacó de la habitación sin hacer ruido, justo de la misma manera en la que entró.

Ichigo estaba parado frente la puerta del rey, justo como el hombre había dispuesto que estaría todas las noches que la Dama de las Llaves estuviera en su cama; Kaien lo hacía porque disfrutaba de ver la expresión de Ichigo cuando llevaba a Rukia hasta su habitación, era esa molestia e impotencia que era imposible de ocultar. Rukia se asomó por ese pasillo, con ese andar tan silencioso que parecía un murmullo, y llegó hasta donde estaba Ichigo haciendo guardia.

— Comandante. — Dijo fijando su mirada neutra en Ichigo. El comandante la miró sosteniendo la mirada que ella dirigía en él.

— Bienvenida, mi Dama de las Llaves. — Susurró con una sonrisa. Abrió la puerta para que ella pudiera entrar y él, después de comprobar que nadie más lo vería, entró tras ella en un movimiento rápido. Solo se escuchó el sonido de la llave asegurando la puerta.

— Está hecho. — Rukia evitó mirar al rey que dormía en la cama y le dio a espalda a Ichigo. Tenía ambas manos apoyadas en la puerta con el manojo de llaves colgando del cinturon del vestido. — Mañana será un caos, pero cada vez estamos más cerca del final.

Rukia apoyó la frente contra la puerta y mantuvo los ojos cerrados por un momento, no los abrió a pesar de sentir como Ichigo empezaba a deshacer los nudos del vestido de Rukia, con esa habilidad que se obtenía con la práctica, y le besaba el hombro desnudo haciéndola morderse los labios por eso. Una de sus manos sostenía el vestido que ya estaba completamente suelto y se giró apoyando su espalda desnuda contra la puerta mirando fijamente a Ichigo que tenía esa mirada maliciosa que se obtenía con los años.

— Entonces déjame prepararte para el caos de mañana, mi ruiseñor. — Susurró acercando sus labios a los ella de una manera lenta, sabiendo que tenían tiempo para hacer lo que quisieran mientras el rey soñaba con algo que nunca iba a pasar. Las manos de Rukia recorrieron el pecho de Ichigo hasta enredarse en el cabello que crecía en su nuca y su vestido cayó al piso en un susurro que se podía confundir con cualquier cosa.

Kaien era listo, era malvado y potencialmente tiránico pero era listo, había logrado ser rey a pesar de que tuviera muchas cosas en contra y sabía que sus palabras serían escuchadas y obedecidas si querían conservar su favor y su vida; Kaien era listo pero Rukia lo era más. Sabía que Kaien no relajaría la guardia frente a alguien que considerara peligroso y también sabía que su debilidad eran las mujeres, estaba apostando a que por ser mujer no fuera considerada peligrosa, estaba apostando a que aquellos sentimientos de querer demostrarle a Ichigo que era superior a él, y que siempre tendría todo lo que Ichigo deseaba, siguieran ahí.

Se había jurado que Kaien nunca más la iba a volver a tocar, después de haberla golpeado aquella vez no iba a permitir que sus sucias manos la volvieran a tocar, había pecado de ingenua pero eso no volvería pasar. Le daba asco que él le tocara las manos, suprimía el impulso de empujarlo para alejarlo, pero sabía que era necesario si quería quedarse en el castillo, lo suficiente como para poder empezar a maquinar todo lo necesario para logar su caída. Dormirlo y montar todo como si hubiesen pasado la noche juntos era fácil, Ichigo siempre estuvo a su lado y se encargaba de todo, nadie mejor que él para montar una escena realista del encuentro desenfrenado entre un par de amantes que se desean.

Había noches en que, ayudada por Ichigo, metía a una doncella para que se hiciera pasar por ella y estuviera con el rey toda la noche. Sabía que el rey no notaría nada diferente, la Sombra la protegía y una parte de ella vivía en ella, era parte del sacrificio que había hecho en el templo de la Sombra mientras estuvo ahí. Esas noches libres las usaba para entrar al cuarto del registro, Ichigo era la fachada en la puerta del rey, sabía que él no dejaría entrar a cualquiera a ese cuarto, era una muralla humana que la protegía mientras ella buscaba entre los enormes libros que guardaban años y años de historia del reino.

Antes de encontrar lo que buscaba, que era el registro de la muerte de su padre y su hermano, encontró el registro de príncipes que habían sido ejecutados por su propio padre al desobedecer aquella ridícula regla sobre los hijos. No bastaba con exiliarlos, el que siguieran vivos era un peligro para el trono del futuro rey. La ultima anotación sobre los príncipes traidores era el referente a Ichigo.

"En el año 18 del reinado de nuestro rey Isshin, se declara al príncipe Ichigo, hijo de nuestro rey Isshin y la reina Masaki, como traidor a la corona y al propio reino de Avanta. El crimen, como consta en los registros previos, es haberse casado y haber procreado un hijo con una doncella del servicio ignorando totalmente las reglas de sucesión y herencia y poniendo en peligro las lealtades del reino. Se le declara culpable de tratar de incitar a la división del reino y se condena a muerte por decapitación junto con el producto de la traición, la mujer ha sido declarada muerta y sus restos serán quemados para evitar la posibilidad de llegar con las Deidades."

Mas abajo de aquella sentencia se encontraba un nuevo escrito referente a Ichigo.

"Nuestro generoso Rey Isshin ha anulado la sentencia de muerte previa al príncipe Ichigo y su hijo, la reina Masaki ha apelado por la vida del príncipe Ichigo bajo el alegato de que el heredero al trono es producto de la infidelidad del rey, y que por lo tanto, si se puede heredar un reino a un bastardo entonces un heredero legítimo es capaz de tener hijos y esposa sin culpa alguna. No se tiene registro de reina alguna que haya sido capaz de alterar la decisión de un rey por salvar la vida de un hijo."

— ¡Búsquenlo, busquen a su príncipe! — Gritó Yoruichi en pánico total esa mañana.

Primero había pensado que se había caído de la cama, después que se había ido gateando hasta donde estaban las doncellas, en el cuarto de junto, pero cuando se dio cuenta de que realmente el niño no estaba en la habitación hizo que los sirvientes y los soldados, que se suponía debían de cuidar la entrada para que eso no pasara, empezaran a buscar a su hijo por todos lados. Avanzó casi corriendo por los pasillos del palacio hasta llegar a las habitaciones del rey, donde Ichigo estaba parado custodiando la puerta.

— ¡Quítate! — Ordenó molesta pero Ichigo no se movió.

— Su alteza, sabe muy bien que... — Empezó el comandante aquella explicación que le daba cada vez que ella intentaba entrar a esa habitación y él estaba parado ahí.

— ¡Me importa un carajo! ¡Que te quites, Ichigo! — Tenía tanto enojo y desesperación que empujó con fuerza al comandante haciéndolo tambalear y quedar apoyado en la silla que siempre disponían para él. Abrió la puerta de golpe y lo primero que vio fue que Rukia se incorporaba asustada en la cama seguida de Kaien que se había despertado de golpe.

— ¡Qué demonios te pasa! ¿Cómo te atreves a entrar a mi habitación así? — Kaien estaba molesto pero Rukia seguía sentada en la cama, como si estuviera aturdida por la interrupción de la reina.

— ¡Me atrevo porque soy la maldita reina aquí! — Habló y miró a Rukia que había empezado a buscar sus cosas con la mirada para vestirse. — ¡Tu hijo se pierde y tú estas aquí, revolcándote con tu amante!

— Su alteza... yo... — Había empezado a hablar Rukia haciendo que la reina se fijara en ella.

— ¡Y tú te callas, lárgate de aquí! — Yoruichi estaba furibunda y desesperada.

— Comandante. — Kaien llamó a Ichigo que estaba detrás de Yoruichi. El comandante tenía una expresión insoldable en el rostro y procuraba no mirar a Rukia que se vestía a toda prisa. — Lleve a la Dama de las Llaves a su habitación.

La pasividad con la que dio esa orden hizo que Yoruichi se lanzara contra él, que se había parado y puesto el pantalón, en un arranque de odio buscando golpearlo tanto como se pudiera. Ichigo se apresuró a detenerla pero las manos de la reina habían logrado darle un arañazo en la cara al rey. Kaien pasó sus dedos dónde había sentido el arañazo, notó que había algo húmedo y algo de dolor; con calma, e ignorando a la reina que seguía sujeta por el comandante, revisó sus dedos notando algo de sangre. Su expresión se tornó en una de enojo total.

— ¡Encierra a la reina en su habitación! ¡Mueve a tus hombres para que busquen a mi hijo! ¡Ahora! — Ordenó haciendo que Ichigo se llevara a la furibunda Yoruichi que gritaba y pataleaba para que la soltaran. La riena quería matar a Kaien y encontrar a su hijo, en ese orden.

Karin se dirigía a la Gran Casa con paso lento, había estado hablando con Toshiro durante toda la mañana sobre los planes que Ichigo había estado mandando como respuesta a lo que ellos le enviaban, los soldados ya estaban listos, realmente deseosos de probar lo aprendido del mercenario que se la pasaba caminando por ahí y que se había fijado en la hermana menor de Karin. Antes de entrar a la Gran Casa escuchó un batir de alas sobre su cabeza, levantó la mirada y encontró un halcón que revoloteaba, no tenía nada para protegerse de las garras del animal y con la mirada buscó a alguno de los soldados.

— ¿Qué pasa? — La voz de Toshiro sonó detrás de ella haciéndola girar sobre sus pies para verlo. De inmediato notó la capa que ondeaba a su espalda y se la pidió señalando el ave que seguía revoloteando sobre ellos.

Karin dobló la tela con rápidez y la puso sobre su brazos, llamó al ave con un silbido y esta se posó con elegancia en su brazo cubierto con tela, hizo un gesto de dolor cuando sintió que una de las garras del animal pasó la tela pero logró quitarle el mensaje que cargaba con ella. El ave voló de nuevo y leyó el mensaje con rapidez ignorando la sangre que manchaba la capa de Toshiro.

— El halcón es de Yuzu pero el mensaje es de Ichigo, dice que es hora. Que marchen a Kuvar e inicien el ataque para recuperar las tierras. — Le pasó el mensaje al General para que lo leyera comprobando lo que decía.

— Bien, justo a tiempo. Los soldados están ansiosos y hay que empezar a soltar los rumores. — Karin asintió y entró a la casa para empezar a hacer su parte del trabajo.

Toshiro se reunió esa tarde con Ukitake, que había llegado para prestar su consejo fingiendo que estaba de reposo médico, con Renji que estaba procurando la seguridad del Bosque y de su nueva familia, con el capitán de la guardia de Jetaiya que había llegado unos días antes como el representante del rey de Jetaiya, y con el mercenario que se sentía solo desde que Yuzu se había ido de ahí por ordenes de Ichigo. Cada uno estaba ahí siguiendo las ordenes del Comandante, cada uno por sus propios intereses pero todos con el mismo fin, quitar a Kaien del trono y conquistar Kuvar en el proceso.

— El momento que estábamos esperando ha llegado. Los que están en el palacio han empezado a moverse para distraer sus ojos y no se fijen en lo que pasa de este lado. Mañana marcharemos a las tierras que Kuvar ha creído fácilmente conquistadas y las vamos a recuperar. Del éxito de este movimiento, y de la habilidad de los soldados que se han entrenado, sabremos si la caída de Kuvar es un hecho o no. Haremos que se defiendan y los obligaremos a moverse para atacar Avanta. — Hablaba Toshiro frente a los hombres que estaban atentos a lo que decía, con las ansias de guerra empezando a hervir en su sangre.

— ¿Y cómo haremos que ellos ataquen Avanta? — Preguntó el Capitán de la guardia de Jetaiya mirando al General.

— Expandiremos los rumores de la falta de soldados, los haremos creer que hemos movido a todos los soldados hacia el sur para recuperar las tierras.

— El Comandante me confió la tarea de hacerle llegar al rey kuvarita una carta junto con un pequeño regalo de su parte. — Dijo Ukitake con esa calma que lo caracterizaba.

— ¿Cuál regalo? — Preguntó el invitado del otro reino.

— Uno que voy a cosechar cuando estemos en el campo de batalla. — Habló el hombre, que había dejado esa calma tan habitual en él, dejando ver las ganas de batalla que también tenía.

Al día siguiente, cuando la luz del sol peleaba por salir entre las Montañas Azules, los soldados tomaron la formación aprendida y emprendieron el avance hacía la frontera sur de Avanta con la clara intención de plantar batalla. El mercenario partió después de ellos, tomando el camino junto con el Capitán de la guardia de Jetaiya, para llegar a las Tierras quebradas donde sus hombres habían hecho el campamento. Todo estaba dispuesto, todos seguían las ordenes que debían de seguir y todos sabían que si algo salía mal entonces todo podía perderse.

Ichigo se encargó de montar la búsqueda del príncipe por todo el castillo y los terrenos del bosque que tenían, e incluso más allá de este. Hizo que los soldados buscaran en la ciudad, en las casas y el mercado, en el templo y en cualquier lugar que pudiese ser un escondite para un niño. Sabía que el primer día debía de mover todo, hacer que se sintiera la desesperación en todos los soldados por encontrar al niño, que vieran la desesperación que emanaba de él por cumplir con su misión para que, conforme pasaran los días de búsqueda, se fueran reduciendo las esperanzas de encontrarlo vivo y solo quedara la idea de encontrarlo.

Un soldado se le acercó a Ichigo una tarde, tenía en las manos un trapo sucio y roto que le presentó junto con una condolencia. Ichigo se le quedó mirando detenidamente buscando comprender lo que el soldado había dicho eso hasta que notó como Ulquiorra se acercaba a él a paso lento. Ichigo lo miró detenidamente, fijándose en lo que cargaba entre los brazos y que estaba envuelto con la capa, hasta comprender lo que estaba pasando; miró el trapo sucio que tenía en las manos y luego a Ulquiorra que ya estaba frente a él.

— No pudieron encontrar la cabeza pero estamos seguros de que es el príncipe Kane, la ropa desgarrada es de él. Creemos que fue abandonado a su suerte y los animales se lo comieron. — El general no demostraba emoción alguna e Ichigo asintió a lo que dijo con un gesto compasivo en la mirada.

— Le avisaré a los reyes. Hagan los preparativos para el funeral. Declaren el luto para el príncipe Kane. — Pidió antes de darse la vuelta para dirigirse al castillo con paso firme. Hizo que llamaran a los reyes a una de las salas, una cuyas ventanas daban al templo de las Deidades, y se dedicó a esperarlo pensando la forma en que tenía que decir aquello.

La primera en llegar fue Yoruichi, Kaien ya le había levantado el castigo por haberle golpeado y la había dejado andar libre por el palacio con la condición de que no se le acercara a la Dama de las Llaves. La reina se le acercó con la mirada suplicante, la misma que había tenido todos los días desde que se perdió su hijo, la misma que tenía cuando por las noches esperaba escuchar una buena noticia.

— Ichigo, dime que lo han encontrado. — Habló en un susurro. Tenía los ojos rojos, parecía que no había dejado de llorar desde que se había perdido el niño. Ichigo titubeó un poco pero negó con la cabeza. Yoruichi reprimió un gemido y apretó entre sus manos una de las mantas de su hijo.

— Comandante, ¿Qué noticias tiene de mi hijo? — Preguntó Kaien entrando a la sala donde estaban ellos, andaba con un paso ligero, como si la pérdida de su hijo no fuera más que un evento sin importancia. Ichigo miró al rey pero, antes de que él pudiera decir algo respecto al príncipe, las campanas del templo de las Deidades empezaron a sonar de una manera lenta.

Todos se quedaron en silencio y de nuevo se escuchó una campanada lenta, con el sonido metálico haciendo un largo eco antes de volver a sonar. Era el toque de luto. Yoruichi lo reconoció en ese momento y soltó un grito tan desgarrador que el siguiente sonido de la campaña fue ahogado por el de la garganta de la reina.

La mágica Avanta se tiñó de negro por la muerte del príncipe, era muy joven, le faltaba vivir la vida, la faltaba conocer el mundo y le faltaba que fuera real. Todo aquello era una farsa tan grande como la búsqueda para encontrar al niño. Rukia no tenía el valor para matar a un niño e Ichigo no lo aprobaría aunque pudiera, era su sobrino y su sangre corría en él aunque fuera hijo de Kaien.

Esa noche, la noche en que tomó al niño, Rukia había recorrido en silencio los pasillos del palacio, los soldados estaban en el cambio de guardía, como todas las noches, y no notaron que ella salía del castillo utilizando aquellos pasajes ocultos que se habían construido para realizar un huída de emergencia. Afuera la estaba esperando Yuzu, vestida con una capa de viaje oscura, para tomar al niño e irse de ahí antes de que alguien pudiera verlas. Ulquiorra no estaba de acuerdo con el plan pero lo había hecho porque era una forma de salvar al niño de la posible masacre que se desataría en el palacio, además de que iba a estar con una de las princesas y el niño no correría peligro alguno.

Una cosa era aventar a la Dama de las Llaves desde un balcón y otra muy grande herir a un niño, solo Kaien era así de cruel para lastimar a un niño.

Ichigo dejó que el luto pasara por un par de días antes de mostrar las cartas que iban dirigidas a él desde el frente de batalla. Kaien estaba en una reunión privada con su suegro, que había llegado para los funerales del pequeño príncipe, y miró mal que fuera interrumpido de aquella manera. El señor de Gardelia también lo miró molesto, le habían asegurado que Ichigo era el mejor hombre del reino y se debatía en pensar quien de los dos hombres que estaba ahí era el más culpable de la muerte de su nieto.

— ¿Qué significa esto? — Exigió el rey mirando como su irrespetuoso comandante se acercaba a él enseñándole un par de cartas firmadas por Toshiro para que él pudiera leer.

— Kuvar, su alteza. Están atacando la frontera sur. — Explicó con algo de urgencia en la voz.

— Se supone que tú eres el comandante, arregla esto. — Dijo con molestia antes de leer las cartas que tenía en sus manos.

— Eso he estado haciendo, su alteza. He enviado tropas pero parece que no son suficientes.

— Aquí dice que una flota con la bandera de Kuvar se está moviendo a nuestro reino y que hemos perdido dos señoríos. ¿Cómo pasó esto? — Exigió hombre con una creciente alarma en su interior. ¿Cómo había permitido Ichigo que pasara eso?

— No tenemos tantos soldados, su alteza. Con los recortes al salario que aprobó el verano pasado, muchos de los soldados desertaron alegando que ganaban más arreando vacas. Pocos se quedaron para servir, temo que solo tenemos la mitad de lo que teníamos antes, quizás un poco más. Si no mal recuerdo, le expresé mi preocupación por los soldados en la primavera, su alteza. — Kaien hizo una mueca de enfado, Ichigo le estaba mostrando las debilidades del reino al señor de Gardelia.

Kaien caía en cuenta que las preocupaciones que le había expresado Ulquiorra e Ichigo eran realmente importantes. Nunca pensó que algo así podría pasar, nunca imaginó que lo atacarían y que el reino estuviera tan desprotegido. Ichigo le estaba preguntando qué debían de hacer pero por un momento el pánico lo había congelado y no encontraba su propia voz.

— Es obvio, atacar. — El señor de Gardelia se levantó de su asiento mirando a los hombres que estaban ahí. — Regresaré a la ciudad y haré que se prepare la armada. Enviaré a los hombres para que defiendan la capital. — Ichigo intuyó que aquello era más un escape que una manera de ayudar a Kaien pero no dijo nada. Le convenía tanto si Gardelia se movía como si no lo hacía.

— Convoca un consejo de guerra. Necesito aquí a los generales, llama a Ukitake, él estuvo con mi padre y su consejo nos puede ser útil. La flota de Kuvar es grande, tardará un par de días más, tenemos tiempo si es que piensan atacar la capital. Necesitamos saber con cuántos hombres contamos antes de que preparar una defensa y un contraataque. Y haz un llamado para reclutar soldados, promete buena paga y gloria a su nombre.

Ordenó haciendo que Ichigo se moviera con rapidez para hacer todo lo que él pedía. El consejo de guerra se reunió entrada la noche, Ukitake entró en el salon con un trapo que cubria su boca y una ropa que cubria cada parte de su piel, él había estado en el frente de batalla y no podía permitir que lo supieran ya que la versión oficial era que estaba enfermo, fue el último en llegar y la razón por la cual la reunión inició tarde.

— Contamos con 10,000 soldados a pie, 3,000 a caballo y 1,000 arqueros. De Gardelia no sabemos con cuantos vamos a contar hasta que el señor de Gardelia envíe los soldados. — Informó Ichigo mientras colocaba los soldados en la capital. Kaien sabía que no tenían los números que podrían asegurar una victoria rápida. — Tenemos la esperanza de que en un par de días aumentemos esos números con los que se recluten y los que envíe Gardelia pero no puedo asegurar que los reclutas nuevos puedan manejar correctamente la espada.

— ¿Y la flota cómo está? — Preguntó Ukitake sin descubrirse la boca.

— La mitad de los barcos necesitan reparaciones. — Agregó el comandante naval poniendo los barcos en las aguas cerca de la capital.

— ¿Y la otra mitad? — Preguntó Kaien contrariado.

— Resistirán un ataque y tienen lo suficiente para atacar. Podemos poner los que necesitan reparaciones en primera fila, como un escudo. La falta de presupuesto no nos permitía tener todos los barcos en óptimas condiciones. No previmos que algo así podría pasar, con su padre estas cosas no pasaban. — El comandante naval dijo aquello con un dejo de reproche en la voz. Kaien fingió no escuchar eso último.

— Tenemos suerte de que solo sea Kuvar. — Se lamentó Kaien que, aunque había visto a su padre planear ataques cuando estuvo solo con él, nunca imaginó que algo así podría pasar.

Aun no podía asimilar que eso estuviera pasando, Avanta era el reino más poderoso, no podía caer. No lo iba a permitir. Uno de los soldados irrumpió en la sala, completamente agitado y con pánico en la voz, pidiendo hablar con el rey.

— Su alteza, nos acaban de informar, han visto una flota de barcos que se acerca por las costas de Kuvar.

— Ya lo sabemos, son…

— No, su alteza. Son mercenarios. Tienen la bandera de las espadas y el cráneo.

— ¡¿Qué?! — Kaien se levantó de su asiento casi como si tuviera un resorte por piernas. No podía creer que hubiese mercenarios enfilandose hasta ellos.

— ¿Kuvar contrató a los mercenarios? — El comandante naval estaba sin palabras y varios de los que estaban ahí murmuraban cosas sobre estar perdidos.

— ¿Algo más de lo que debamos saber? — Preguntó Kaien mirando como el mapa se llenaba de barcos y soldados que no eran suyos.

— Nada más su alteza, solo rezar a las Deidades para que Vayalat no se les una. — Soltó Ichigo apoyado en la mesa poniendo varios soldados en la capital. — O en verdad, vamos a caer.


NotitaDeLaAutora: Tengo que admitir que me equivoqué, pensé que este era el último capítulo pero resultó ser muy largo y tuve que cortarlo en dos. Mis disculpas a todos, espero hayan disfrutado este capítulo, el próximo capítulo estará en un par de días. Gracias por leer.


Reesen555: Now you know that it was all part of a plan and no, it didn't involve Ichigo and Rukia being with other people. In this story I had promised that it would be love between them and only between them. Thanks for read

Aby: Esa era la idea pero me equivoqué, espero te siga gustando. Gracias por leer.

Lana: Me cree una "famita" con ese jajaja pero no, este fic era para ellos y solo ellos, sin que alguien más estuviera metiendo sus manitas en esa relación. Gracias por leer.

OsiOsi: Un poquito nada más, espero te siga gustando. Gracias por leer.

aCloud: A verdade, a ideia central desta história, nasceu em um RPG onde se houvesse guerras, era bom planejar os ataques. Tinhas razão, o amante era a Rukia e não, não sei como voltaram a se encontrar, cada vez que tento imaginar é algo muito agressivo e sexual, então não vou colocar e deixar para a imaginação de cada um. A mudança na lei foi ideia de Kaien, lembre-se que Ichigo e Rukia se casaram e Juha nasceu legitimamente em todos os lugares. E para finalizar agradeço por ler a história, fico feliz em saber que te ajudou um pouco, obrigada por continuar lendo.