El Ruiseñor


Capitulo 20: Festín


La mágica Avanta, la ciudad que se levantaba sobre un risco, la ciudad que era imponente y maravillosa, estaba bajo un asedio que Ichigo se aseguró que nunca vieran llegar. ¿Quién invitaba a los enemigos para que los conquisten? Ichigo había hecho, en palabras de su tío, un festín para los cuervos. Se aseguró de mover tan bien sus piezas que, a pesar de que no hubiese comunicación alguna, los rumores llevarían la información para que la Triada se empezara a mover. Vayalat estaba lista para atacar Gardelia, Jetaiya estaba lista para atacar Kuvar, en caso de que fuera necesario, y los mercenarios estaban listos para neutralizar a los invasores.

Antes del asedio de Kuvar, a la gente se le avisó que estarían en peligro si se quedaban ahí y Kaien intentó hacer lo mismo que había hecho Gardelia cuando fueron contra ellos, intentó hacer que la ciudad se vaciara lo más que se pudiera pero la gente no se quiso ir, tenían miedo de que sus cosas fueran saqueadas o sus casas invadidas por los sin hogar. Pocas personas realmente tomaron sus cosas y se fueron de la ciudad hacia las colinas o hacia los pueblos más alejados de las costas, aquellos que estaban seguros que no serían atacados por el momento.

Una parte de la flota de Kuvar desembarcó en la playa que había antes de llegar al risco, usaron botes para llegar a la costa y comenzar el desembarco de los hombres que se encargarían de plantar batalla en tierra, la otra parte de la flota se dirigía al risco sobre el cual se levantaba el castillo para encontrarse con la flota escudo de Avanta. Los arqueros de Uryu se había desplegado en las murallas con las flechas listas para disparar a todo aquello que intentara acercarse a ellos, también estaban repartidos en el borde del risco a todo lo largo del terreno del castillo y parte del bosque, tenían la orden de disparar a todo lo que estuviera intentando escalar la piedra.

Lo que más le preocupaba a Kaien era el asedio ya que ellos interrumpían la entrada de comida a la ciudad y, según el hombre encargado de revisar las bodegas, los recursos que tenían no iban a durar mucho tiempo si tenían que alimentar a los soldados y a la gente de la ciudad, aun estaban en verano y las cosechas todavía no habían sido recogidas para llenar las bodegas.

De vez en vez un grupo de hombres intentaba escalar los muros pero eran repelidos, al igual que los que intentaban escalar el risco para llegar al castillo que era vigilado por otra parte de los arqueros. La flota de Avanta seguía ahí, enfrentada a la flota enemiga que tampoco atacaba, de vez en vez veían movimientos de barcos pero nada más, no atacaban ni retrocedían.

El señor de Gardelia envió pocos hombres y solo un General, ellos habían entrado por el viejo camino del bosque, al ser tan pocos no levantaron sospechas hasta que aparecieron en la puerta del castillo que daba al bosque y se presentaron como lo que eran antes de que los arqueros los llenaran de flechas. Ellos iban bajo la instrucción de cuidar el castillo para proteger a Yoruichi, de ser necesario sacarla de ahí y ser su escolta para que volviera a Gardelia. Kaien recibió una bofetada al leer la carta que había enviado el señor de Gardelia, él se había declarado soberano de sus tierras rompiendo el acuerdo de adhesión, el que habían obligado a su padre a firmar, y advertía que no levantaban un ataque en su contra solo por la seguridad de Yoruichi, agregó también que si su hija sufría algún daño de parte de él no tardarían en marchar en su contra para hacerlo pagar por ello. Era evidente que el hombre seguía molesto por la muerte de su nieto e iba a aprovechar ese momento de debilidad.

El asedio hizo que la mayoría de los soldados se quedaran dentro de la ciudad para protegerla y repeler el ataque, los que habían salido tenían la intención de unirse a Toshiro para completar la defensa en la frontera sur donde, según informes del General, estaban cada vez más cerca de entrar a la capital. Kaien se la pasaba pensando en cómo hacer para repeler el ataque inminente que tendrían cuando los kuvaritas decidieran que ya los habían asediado lo suficiente, lo único que lo tranquilizaba era saber que los mercenarios se habían movido y se habían alejado de la costa entre Kuvar y Avanta hacia mar adentro, como si ya no fueran a atacar.

Los mensajes tardaban en llegar o simplemente no llegaban, los kuvaritas tenían bloqueados todos los accesos al lugar e Ichigo perdió a su águila cuando una flecha enemiga la derribó, tuvo suerte de que el animal cayera dentro de las murallas y el mensaje pudo llegar a él a través de un solado que le presentó a su ave con una flecha kuvarita atravesando su cuerpo y el mensaje en la pata.

Era un mensaje de Toshiro avisando que Kuvar estaba por caer y que Vayalat había atacado Gardelia. De inmediato se lo mostró a Kaien para que estuviera enterado de aquello.

— Toshiro no sabe que Gardelia nos abandonó, esos traidores van a caer. — Dijo cuando leyó ese mensaje. Era como sí celebrara la desgracia de esa tierra por haberse separado del reino. — Solo tenemos que resistir unos días más y Kuvar será nuestra, entonces habremos ganado.

Vaticinó Kaien volviendo a leer los papeles que Ichigo le había llevado. Los consejeros no estaban con él y los generales estaban con sus hombres esperando la mínima señal de ataque para repelerlo. Ichigo conocía a esos hombres que se habían ido a la guerra, eran los mismos hombres que no aceptaban a Kaien, eran los mismos hombres que le seguían siendo fiel a él y por él es que iban a pelear.

Sin embargo las noticias que les habían llegado a ellos, también les llegaron a los Kuvaritas que seguían el asedio, y al día siguiente iniciaron el ataque a la Ciudad en una carrera contra reloj para determinar que ciudad caía primero.

Los cuernos de guerra sonaron desde el asedio enemigo y fue una advertencia para los soldados de Avanta que empezaron a moverse dentro de las murallas. Los arqueros de Uryu se prepararon para repeler a los hombres con sus flechas y detrás de ellos estaban los soldados que se enfrentarían a los que lograran pasar esa primera muralla.

— Sin duda alguna, vamos a morir, pero moriremos peleando, moriremos llevándonos tantos de esos bastardos a la muerte con el filo de nuestra espada. Un soldado que sobreviva a una batalla sin haber peleado por defender su tierra, entonces no merece ser llamado soldados. — Hablaba Ulquiorra recorriendo la formación de los soldados que estaban dispuestos a morir en la batalla cuando los arqueros ya no pudieran seguir defendiendo la entrada. Mas arriba, en la muralla, se escuchaba como Uryu le daba un discurso similar a los hombres. Los Generales tenían miedo, pero no era el miedo a la muerte inminente que se podría cernir sobre sus cabezas, sino el miedo a que por un error todo lo que estuvieran haciendo fuera en vano.

En el mar también se habían empezado a mover los barcos y los cañones, que disparaban con la intención de hundir la flota escudo, no se hicieron esperar. Parte de la flota activa de Avanta regresaba el ataque con tanta precisión que por un momento pensaron que las Deidades estaban de su lado hasta que los enemigos utilizaron un cañón que no era habitual y empezaron a derribar barcos con una facilidad abrumadora. El agua de la cosa de Avanta, que era tan azul como el cielo, se había llenado de restos de madera, cuerpos y sangre. Los kuvaritas estaban atacando con todo y, cuando sintieron que no había tanta resistencia de los barcos de Avanta que quedaban protegiendo el risco, empezaron a enviar hombres en botes con cuerdas para escalarlo. El enemigo estaba tratando de llegar al castillo y tomarlo tan rápido como fuese posible.

El muro exterior resistía bien, las flechas volaban en ambas direcciones pero los arqueros de Avanta tenían mejor puntería a comparación de los enemigos. Uryu se había movido a la segunda muralla, la que protegía directamente la ciudad con un grupo de soldados como escudo, para dar ordenes a los arqueros que iban a impedir el avance si aquella primera muralla caía. Los arqueros que estaban vigilando el risco estaban haciendo las flechas volar también, era un trabajo difícil debido a la brisa del mar y a las elevaciones entre la piedra que servían de protección a los escaladores que habían aprendido de aquellos que se habían aventurado en los días anteriores sobre aquél risco probando los puntos débiles de esa defensa.

El eco de los cañones que se disparaban de barco a barco llegaba con una claridad magnificada al castillo, Yoruichi podía sentir como todo el cuerpo le vibraba con cada nuevo estallido, era como si un rayo cayera muy cerca de ahí, se le erizaba la piel. El General que había enviado su padre le había dicho que ya tenían una ruta segura para sacarla del castillo y ella inmediatamente había mandado a ordenar sus cosas. No tenía nada que hacer ahí, el reino del que era reina estaba a punto de ser conquistado, su hijo estaba muerto, Kaien no le importaba e Ichigo, él sería una buena razón para quedarse pero no lo haría; volvería a su tierra y cuando todo su hubiese calmado regresaría por Ichigo, por las buenas o por las malas.

Yoruichi estaba esperando la orden del General de su padre para salir de ahí, los cañonazos se habían detenido por un momento y, al asomarse de nuevo por la ventana, vio como una segunda flota se acercaba a ellos; esos debían de ser los mercenarios, la caída de Avanta era inminente. Dejó de mirar por la ventana, no quería ver como esos hombres se le unían a los enemigos para acelerar su caída, se acercó a su tocador y tomó la caja que contenía la Corona de Guerra, la corona que la anterior reina había portado, una donde se notaba aquella piedra diferente a los diamantes y rubíes, un pequeño zafiro que Isshin había mandado a colocar para simbolizar esa victoria sobre Gardelia. Le parecía gracioso porque esa victoria ni siquiera se podía llamar victoria, Ichigo había montado todo un espectáculo para cumplir su promesa de entregarle el reino a cambio de ayudarlos aquella noche.

— Un espectáculo. — Susurró mirando aquél zafiro en la corona. De repente todo parecía agitarse cuando de nuevo un cañonazo sonó en la lejanía haciendo que de nuevo su cuerpo se erizara. — Un espectáculo.

Volvió a decir antes de acercarse corriendo a la ventana para ver lo que pasaba en la costa. La segunda flota estaba atacando a los kuvaritas, los mercenarios los estaban defendiendo el reino. ¿Cómo era eso posible? Ichigo había dicho que los kuvaritas habían contratado a los mercenarios, ¿por qué atacaban a sus contratistas? Todo se le estaba agolpando en la cabeza de golpe, todo parecía que gritaba una sola respuesta que se arremolinaba en la punta de la lengua.

— Ichigo... es Ichigo... — Dijo aquello apretando la corona entre las manos con una sorpresa que se volvió incredulidad y luego enojo.

Ichigo estaba montando un espectáculo de nuevo, estaba haciendo todo eso para derribar a Kaien, si Kaien caía entonces Juha se volvería el rey. Ichigo quería hacer rey a su hijo, ahora que su hijo estaba muerto. Su hijo, muerto. Aquello le cayó como un balde de agua fría en la cabeza, solo de pensar aquella oración sentía que el mundo le daba vueltas. Ichigo era peor que Kaien, Ichigo había mandado a matar a su hijo.

Tuve que desplegar un equipo de búsqueda para encontrarte — Le había dicho aquella vez, él sabía dónde estaba pero había movido todo para que pareciera lo contrario. Ichigo sabía mover a los soldados, Ichigo pudo haber hecho lo mismo cuando se perdió su hijo. Ichigo... Ichigo...

En ese momento no le quedó duda de que tenía que avisarle a Kaien, Ichigo estaba haciendo todo eso y ella necesitaba que el Comandante pagara por haber matado a su hijo. Necesitaba ver la cabeza de Ichigo rodar a causa de la espada de Kaien. Sin soltar la Corona de Guerra se dirigió a la salida de su habitación pero se detuvo en seco, Rukia estaba parada ahí, recargada contra el marco de la puerta como si estuviera esperando que ella se diera cuenta de su presencia.

— Su alteza, si va a huir del castillo, le recomiendo que no se lleve mi corona, es bastante bonita y muy preciada, además tiene mucha historia. — Habló Rukia empezando a caminar hacia dentro del cuarto. Yoruichi pudo notar como uno de los guardias que custodiaba la puerta extendió la mano para segurar que la puerta se quedara cerrada. Se suponía que los guardias que cuidaban su puerta era de su padre.

— ¿Tu corona? — Preguntó apretando más aquella corona en su mano hasta el punto de lastimarse. — Solo eres la amante de Kaien, nunca portarás esta corona. Ahora quítate, tengo cosas que hablar con el rey. — Dijo yendo hacía ella para que moviera pero Rukia no se movió. Solo clavaba sus ojos violetas en ella con aquella sonrisa de victoria en sus labios. Un cañonazo sonó de nuevo.

— Claro que portaré esa corona, pero no por se la "amante" de Kaien. — Dijo avanzado hacia ella haciéndola dar un paso hacia atrás. Todo era demasiado tenso, Yoruichi detestaba la mujer que estaba frente a ella porque quería todo lo que le había costado conseguir.

— ¡Guardias! ¡Guardias! — Gritó para que entraran los soldados en su puerta y se llevaran a la Dama de las Llaves.

— No te molestes en llamar a los guardias, ellos no te harán caso. Solo me obedecen a mi. — Aquello la hizo fijarse en el movimiento que hizo Rukia con las manos y en el medallón de plata que le mostraba.

Ese tipo de medallón lo había visto antes, se lo había visto a la Dama de las Llaves que había muerto, pero ese era un animal diferente. Loly le había dicho que había servido en el templo de la luz, en las Tierras del Ocaso, antes de trabajar en el palacio; esa vez había pensado que había embrujado a Kaien para terminar en su cama pero desechó la idea porque esas artes no se aprendían en el templo de la luz. Dio un paso atrás, alejándose de Rukia que estaba frente a ella, al ver aquél medallón.

— ¡Tú! — Exclamó señalando a Rukia con un dedo al llegar a una conclusión que estaba segura no podía equivocarse.

— Yo. — Rukia se acercó a ella y la tomó del brazo con tanta fuerza y la hizo sentarse. En ese momento le quitó la corona.

— ¡Guardias! — Volvió a gritar pero nadie entró. Rukia solo la miraba, parada frente a ella, evitando que se levantara.

— Te dije que no van a entrar. — Volvió a hablar Rukia casi con un aire divertido. — Así podemos hablar tranquilamente y sin que nadie nos interrumpa, aunque a estas alturas no creo que alguien se atreva a entrar a esta zona, la mayoría de los sirvientes han corrido al bosque en busca de refugio y esperando huir de la guerra.

— ¿De qué quieres hablar? — Preguntó Yoruichi que había aceptado el que los guardias no iban a entrar. Solo esperaba tener el momento oportuno para lanzarse contra ella y golpearla para poder huir de ahí. — ¿O vienes con la intención de matarme? — Rukia sonrió. Yoruichi sintió que algo la mantenía sujeta al asiento, no se podía mover.

— Verás, la idea de matarte es la razón por la que vine pero luego pensé, ¿por qué ser buena con alguien que me hizo perderme en las Tierras del Ocaso? — Dijo y Yoruichi abrió los ojos con una sorpresa aterradora.

— ¡Lo sabes! ¿Desde cuándo?

— Claro que lo sé, lo sé desde hace bastante tiempo, desde antes de ser la Dama de las Llaves. — Comenzó a hablar sin verla, se había ido al espejo que había en esa habitación y se estaba poniendo la Corona de Guerra. — No fue una decisión fácil pero en ese tiempo estábamos apostando a que nuestro hijo viviera, Ichigo sabía que no podríamos vivir así y bueno, ahí entrabas tú. Hiciste bien tu trabajo pero no pudiste evitar alardear de lo bien que lo pasabas con Ichigo y que lo volverías a pasar bien con él. Gracias por mandarme a las Tierras del Ocaso, no sabía por qué quería ir ahí, todo era tan confuso… ah y también gracias por los golpes, un toque más dramático en mi llegada.

Yoruichi había empezado a forcejear con la fuerza invisible que la retenía en su lugar. Los cañonazos sonaban en el fondo, en la batalla que se había desatado en el mar, tenía que llegar con Kaien, tenían que matar a Ichigo.

— Tan dramática como esta situación. — Hizo una pausa escuchando los sonidos de la guerra. — Kaien e Ichigo son iguales, no es porque haya estado con los dos, igual que tú, pero sí, son iguales. Ambos mienten muy bien solo que nadie podría dudar de Ichigo, él es tan honorable, tan entregado, tan perfecto. En cambio Kaien dejaba ver lo que era, todo el mundo lo sabía y se comportaba a cómo quería. El príncipe de la corona, decían. — Se sentó en una silla frente a Yoruichi y se recargó como si fuera un pequeño trono.

Yoruichi miraba a Rukia sin dejar de luchar contra esa fuerza invisible. Ichigo mentía, esa parte ya le había quedado claro pero, qué tantas cosas de las que había dicho eran mentira. Había mentido por ella, entonces por qué pensó que no le mentiría a ella. Rukia se quedó en silencio esperando que el cerebro de la reina llegara solo a las conclusiones.

— Mi hijo. ¡Tú tienes a mi hijo! — Le gritó y, si no fuera porque no se podía mover, se había lanzado contra ella para golpearla por hacerle pasar aquello. Rukia no pareció reaccionar ante eso más allá de una pequeña sonrisa que le confirmaba que ella tenía al niño.

— Si no hubiese sido por ti, eventualmente habría regresado a Avanta, habría conocido a Ichigo y de nuevo habríamos estado juntos, solo necesitaba un beso pero me mandaste a las Tierras del Ocaso con la esperanza de que no regresara y de que Ichigo te hiciera caso de nuevo. — Se escuchó un cañonazo en el fondo y ambas voltearon a la ventana pero desde donde estaban no se veía nada del mar.

— ¡Tú tienes a mi hijo! ¡Dime dónde lo tienes! — Le exigió a Rukia la miró sin inmutarse.

— ¿Qué harías por tu hijo, Yoruichi? ¿Qué estarías dispuesta a hacer o dejar por él? — Preguntó levantándose de su asiento. — Yo acepté hacer un gran sacrificio, con la esperanza de que mi hijo viviera, a pesar de que todo estaba en contra, ¿Qué harías tu, Yoruichi? — Yoruichi sintió como ese agarre invisible que la sujetaba en la silla se esfumó pero no del todo, sus pies parecían estar aferrados al piso.

— Lo que quieras. — Se arrodillo frente a ella. — Dame a mi hijo, te lo suplico, dame a mi hijo, dime en dónde está. Me iré del reino, no volverás a saber de mí. ¿Eso quieres, no? Me iré del reino, te puedes quedar con todo, con Kaien si quieres, ser la reina, no me importa, solo regrésame a mi hijo.

— Lo haré, me quedaré con todo. — Dijo haciendo que le soltara la falda del vestido. — Pero no sé si puedo confiar en ti, la última vez hiciste lo que quisiste y bueno, por eso estamos en esta situación.

— ¡Te lo suplico! — Yoruichi seguía de arrodillas ante Rukia. La Dama de las Llaves la tenía en donde la quería.

— Avanta va a caer esta noche pero tú puedes irte ahora, abajo Ichigo tiene un caballo preparado para que te vayas, piensa que es nuestra forma de pagarte por haber sido parte de la posibilidad de que nuestro hijo sobreviviera. También debería de hacerte lo mismo que me hiciste y dejarte seis años sin saber de la existencia de un hijo pero yo no soy tan cruel.

— ¿Dónde está mi hijo? — Preguntó aun en el piso.

— Ichigo te lo dirá. — Rukia se apartó de ella y se dirigió a la salida de esa habitación portando la Corona de Guerra.

Yoruichi sintió como aquella fuerza invisible relajaba el agarre que tenía en sus pies y recogió sus cosas tan rápido como pudo. Los cañonazos volvieron a sonar en el mar, no quería ver aquél espectáculo que Ichigo había planeado. Avanta iba a caer y Kaien caería con el reino. Rukia le había dicho que Ichigo tendría un caballo para ella, eso significaba que solo ella iba a salir de ahí, sin sirvientes y sin más cosas que las pudiera cargar en las manos.

Al salir de aquella habitación se pudo dar cuenta de los cuerpos que estaban tirados en el piso de ese pasillo, todos cargando la armadura blanca de Gardelia completamente teñida de rojo, los habían matado a todos. Bajó tan rápido como pudo a los establos del palacio e Ichigo ya estaba ahí junto con un caballo preparado para el viaje. El Comandante tenía puesta una armadura diferente a la del reino, era pequeña y ligera, solo cubría su pecho.

— Si vas a Gardelia, no te prometo que sigas con vida, tu hijo está en Vayalat y ahí te vas a quedar. — Dijo mientras la ayudaba a montar el caballo.

— Mientes. — Habló molesta, dispuesta a no creerle.

— Como quieras, tu vida es tuya.

No le dio tiempo de decir algo más, Ichigo golpeó los cuartos traseros del caballo y este emprendió la marcha. Yoruichi se agarró con fuerzas de las riendas y encaminó el caballo a la salida de los terrenos del palacio siguiendo el viejo camino del bosque, la entrada principal estaba cerrada y la gente se estaba empezando a reunir para entrar al castillo temiendo a la guerra.

El sonido de los cañonazos era más seguido, era más cercano. La flota de Avanta estaba siendo apoyada por los mercenarios habían llegado como un refuerzo. Era una marejada de balas, madera y sangre. En la muralla era la misma historia, los mercenarios asaltaron sin aviso el campamento de los kuvaritas, las ordenes se gritaban y se repetían, se hacían formaciones de arqueros y las puertas se abrieron dejando salir a la armada de Avanta para atacar a los enemigos por todos lados. Los Generales kuvaritas gritaron por una retirada pero no pudieron hacerlo, la batalla no se detendría hasta que todos los invasores estuvieran muertos.

Los reportes de la batalla llegaban cada tanto tiempo, Kaien los recibía en ausencia de Ichigo que había desaparecido en ese momento, leía como los mercenarios los estaban ayudando a acabar con las fuerzas enemigas y como poco a poco esa batalla estaría llegando a su fin. De alguna manera Ichigo había logrado contratar los mercenarios para que los ayudaran en tan poco tiempo.

Salió de su sala privada, donde estaba completamente solo, y empezó a caminar por el castillo que ya estaba casi vacío. Los sirvientes habían salido de ahí y los consejeros también habían salido del castillo. Kyoraku y Ukitake se habían ido primero, ellos se habían ofrecido a entrar en la batalla como una espada más e Ichigo no se había negado, pasando por alto la palabra del rey que se negaba a aquello. En ese momento, al ver a los mercenarios atacando, supo que el plan de Ichigo para salvar el reino estaba funcionando.

Llegó a la sala del trono y lo primero que vio fue a Rukia sentada en su trono, con la Corona de Guerra puesta en su delicada cabeza, y con un libro en las manos.

— Querida, no deberías de estar aquí. Debiste de haber salido del castillo junto con los demás. — Dijo Kaien acercándose a ella con una sonrisa. Rukia también sonreía pero no le respondió en ese momento, sino que abrió aquél libro en una pagina que estaba marcada.

"En el mes de febrero, del año 18 del reinado de nuestro rey Isshin, se declara culpable de traición al reino de Avanta a Soujun Kuchiki, el actual señor de Bosque Oscuro, y a su hijo, Byakuya Kuchiki, heredero de tal señorío. El príncipe Kaien ha presentado pruebas irrefutables que ambos hombres han estado planeando, a espaldas del rey, maneras de hacerse con el trono de Avanta. Los acusado no pudieron presentar alegatos que probaran su inocencia y contrarrestaran las acusaciones del príncipe Kaien y de los testigos que él ha presentado. A ambos hombres se les sentencia a la muerte por decapitación."

Kaien detuvo su avance hacía Rukia cuando escuchó aquellas palabras, una mueca de sorpresa y maldad se le dibujó en el rostro haciendo que Rukia juntara las cejas a manera de enojo. La Dama de las Llaves no dijo nada y por un momento se hizo un silencio que solo era interrumpido por los cañonazos que sonaban desde el mar.

— Vaya, lo descubriste.

— ¿Por qué? — Preguntó Rukia, esa vez le tocaba a ella preguntar. Durante años había vivido con aquella duda, la razón por la cual su padre y su hermano habían muerto. Ella sabía que ellos no eran traidores, pero aun así los habían matado.

— Por ti. — Dijo sin más pero no se movió de su sitio, parado frente al trono de Avanta donde Rukia seguía sentada. — Llevarte a la cama fue fácil, y habría sido divertido si no hubieses ido a espiarme mientras estaba con otra mujer. Después de aquella "plática" creí que te irías pero no lo hiciste, te quedaste y te encargaste de rechazarme cada vez que intentaba acercarme a ti.

— Déjame adivinar, "nadie rechaza al heredero de la Corona". — Dijo con una mueca de desprecio ante Kaien que asentía con la cabeza.

— Y como no querías volver a ser mía, entonces no serías de nadie más. Debía de buscar una manera de hacer que ningún señor se fijara en ti, haber dicho que fuiste mi amante habría aumentado tu valor pero acusar a tu familia de traición me aseguraba que vivieras tu vida en una completa miseria, pudiste haber sido reina pero te quedaste en nada.

— ¡Mataste a mi familia! — Rukia gritó levantándose del trono y andar a paso rápido a él, bajando los escalones que elevaban el trono en la sala.

— No, tú mataste a tu familia. — Dijo Kaien muy seguro se sí mismo. — Soy el rey y si yo digo que tú eres una traidora nadie lo va a contradecir.

— No sabía que ser un rey significaba estar con tantas mujeres como fuera posible y acusar de traición a cuanta persona se cruzara enfrente. — La voz de Ichigo hizo eco en la sala vacía al igual que la punta de su espada que arañaba el piso de la sala a cada paso que daba. Los cañonazos habían dejado de sonar. El ataque había acabado.

— Ichigo, arresta a la Dama de las Llaves, por insolencia, por entrar a la sala del registro y tomar los volúmenes sin permiso, y por sentarse en el trono del rey. — Dijo mirando a Ichigo que solo asintió a lo que dijo. — Luego me encargaré de ti, querida...

Pero Kaien no terminó de hablar, no supo cómo pasó aquello, no se dio cuenta del movimiento que hizo Ichigo porque había sido demasiado rápido. El sabor a sangre llenó su boca y sintió como escurría por la comisura de sus labios. Sus ojos se posaban en Ichigo con incredulidad.

— I…chi…go… — Jadeo agarrándose al brazo del comandante que aun sujetaba la espada, aquello hizo que se le enterrara más en el pecho. Rukia se puso detrás de Kaien que aun estaba entendiendo lo que pasaba.

— Por el reino, hermano mío, solo por el reino. — Ichigo recordó la vez que había muerto su padre, aquello mismo decía cada vez que envenenaba el jugo que procuraba que él bebiera.

— Reclamo la deuda de sangre que se le debe a mi familia, reclamo la justicia por la infamia levantada contra mi familia. Reclamo que el verdadero culpable muera por mi mano para lavar sus pecados. — Susurró y, con un pequeño cuchillo que llevaba entre sus ropas, le rebanó el cuello al rey.

"En el año 385 de la Tercera Era, se libró una batalla por mantener la autonomía de nuestro reino. Los soldados repelieron con valor a los enemigos y los mercenarios, contratados de una manera acertada por el Comandante del reino, nos dieron la victoria final. Kuvar cayó ante la espada conjunta del reino y las alianzas, y Gardelia, al declararse independiente de la mano de Avanta, contempló su caía bajo la espada de un reino aliado. La pérdida del Rey Kaien, ante las espadas infiltradas de Gardelia que se habían instalado bajo la falsa promesa de protección a la reina Yoruichi, fue algo lamentable, la pérdida previa de su heredero generó un vacío que por un momento se pensó no podría ser llenado y durante varios días se consideró la posibilidad de que el título de Príncipe le fuera regresado al Comandante pero este, humildemente, rechazó la oferta ofreciendo a su pequeño hijo, protegido por la reina Masaki, como el nuevo rey de Avanta. Los consejeros sobrevivientes evaluaron la situación y, al no encontrar ningún problema debido al bendito nacimiento del niño, se le ha coronado como el Rey de Avanta en un festín que duró tres días, como dictan las tradiciones. Después de aquél evento, el Comandante del reino desposó a la Dama de las llaves en una ceremonia bendita dónde ella tomó el papel de Reina madre del reino.

Se desconoce el paradero de la reina Yoruichi y de la mitad de los consejeros que no volvieron al palacio después de la guerra.

Larga sea la vida del rey Juha y próspero su reinado."

— Fin. —


Notita de la autora: Y así se acaba el viaje por la Mágica Avanta. Espero que les haya gustado esta pequeña historia que no tenía ni pies ni cabeza cuando inició pero que solita se fue formando. Gracias a todos los que leyeron y más gracias a todos los que comentaron, fueron de gran ayuda para encaminar la historia hasta su final. Sí, se que hay muchas dudas sobre muchas cosas pero dejaré que su imaginación vuele, si logro consolidar la historia previa a este cuento, les prometo que la verán.

— Gracias a todos. —